ERNESTO ‘CHE’ GUEVARA: LA VIGENCIA DE UN IDEARIO

Ponencia en Charla-Debate sobre Vigencia del Pensamiento Político y Filosófico del Che Guevara realizada en la ciudad de Concepción del Uruguay, Entre Ríos, Argentina, el 6 de octubre de 2006.



Intervención a cargo de Federico Boga Medina
Integrante de la Junta Central y Comité Ejecutivo del Movimiento Revolucionario Oriental (Uruguay). Responsable político de la Juventud Guevarista.

Compañeros, compañeras; hermanos entrerrianos.

Antes que nada queremos agradecer a los compañeros que organizan esta actividad, por haber tenido la deferencia de invitarnos. Saludar también al compañero Carlos Paiva, verdadero referente de la lucha consecuente por los intereses de los trabajadores y por el socialismo y al compañero Daniel De Santis, sobreviviente de la mejor experiencia de lucha revolucionaria por el socialismo en la Argentina, ex integrante de una organización política revolucionaria como el PRT-ERP, ejemplo de lucha contra el capitalismo y el imperio, llevando hasta las últimas consecuencias las ideas guevarianas de revolución social.

El tema que hoy nos convoca es charlar y debatir sobre las ideas, la práctica, en fin, el ejemplo de revolucionario comprometido con el pueblo oprimido, con la clase obrera, con los campesinos, a 39 años de la caída en combate del compañero Comandante Che Guevara.

Soy integrante del Movimiento Revolucionario Oriental de Uruguay. El MRO es una organización que cuenta con 45 años de historia y de lucha en nuestro país. Fundado en 1961, fue co-fundador del Frente Izquierda de Liberación (FIDEL), junto con el Partido Comunista del Uruguay en el año 1962 y co-fundador del Frente Amplio en 1971.

Nuestra organización ha transitado en estos más de cuarenta años de existencia por todos los métodos de lucha. Tuvimos parlamentarios, desarrollamos la lucha sindical, estudiantil, barrial, en derechos humanos, etc. Es más, nuestra organización surge con un proyecto de ley de reforma de la Constitución para establecer una Reforma Agraria. El asumir la lucha por los intereses de la clase obrera y el pueblo, nos llevó a desarrollar la lucha armada en el Uruguay, fundando las Fuerzas Armadas Revolucionarias Orientales (FARO) en julio de 1967.

Adheridos al marxismo revolucionario, y con la concepción de que la única vía posible para la liberación social de los trabajadores es mediante una revolución, nos incorporamos al Plan del Che para la liberación de América Latina. Participamos en la reunión de la OLAS (Organización Latinoamericana de Solidaridad) en La Habana, Cuba. Co-fundamos, junto con el Partido Socialista, el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (posteriormente PCR), Federación Anarquista Uruguaya, Movimiento de Acción Popular Unitario e Independientes de Época (de donde saldría el MLN-T) el Acuerdo de Época, editando un periódico con el mismo nombre. El presidente Jorge Pacheco Areco ilegaliza a todas las organizaciones firmantes de este acuerdo, incluso la nuestra, en el año 68. Nuestro Movimiento recupera la legalidad provisoriamente en 1971, para las elecciones, integrándonos en aquel momento al Frente Amplio. En el 73 y con el golpe de Estado, nuestra organización vuelve a ser ilegalizada y se pasa nuevamente a la clandestinidad.

Finalizada la dictadura cívico-militar en 1984, nuestra organización recupera la legalidad en 1985 y se integra, luego de algunos meses de discusión, nuevamente al Frente Amplio en 1986. Para ese entonces ya habían sido discontinuadas las FARO, que funcionaron clandestinamente hasta 1985. Reincorporados a la legalidad burguesa, co-fundamos en 1989, junto con el MLN-T, el PCR, PST, PVP entre otros, el Movimiento de Participación Popular (MPP).

Sin separarnos nunca de nuestras posturas revolucionarias y fieles a la ideología del proletariado y a la doctrina de liberación nacional y social, asumimos la lucha ideológica contra las concepciones socialdemócratas y reformistas que tenían cada vez más peso en el MPP y en el FA. Es así que en el año 1993 nuestra organización rompe con el FA, quedando a la intemperie, en un aislamiento brutal, producto que el 95% de la izquierda estaba inserta en el FA. En el 2003 y tras varios intentos de forjar la unidad de los revolucionarios, co-fundamos el Frente Revolucionario por una Alternativa Socialista, junto con agrupaciones marxistas y militantes independientes de Montevideo y el Interior. No conformes con esto, en lo que tiene que ver con unir a los revolucionarios, ha surgido la Coordinadora de Unidad Revolucionaria, intento unitario entre varias organizaciones de distintas tendencias, la cual integramos.

Aclaramos que esto no es más que una síntesis muy apretada y por lo tanto carente y superficial, dado que no es fácil resumir cuarenta y cinco años de historia en unos pocos párrafos. Pero, de todas maneras, es una síntesis necesaria para que ustedes ubiquen de alguna forma quienes somos.

La Doctrina que definimos Guevarismo

Definirse guevarista no significa idealizar al Che Guevara como hombre, ni considerarlo un Dios o un Mesías. Para nosotros no hay ni países, ni partidos, ni hombres guías, sino que hay ideas guías. En ese marco es que tomamos del Che los aportes en lo que tiene que ver con las ideas de liberación social, así como también la práctica que va de acuerdo con esas ideas.

Nosotros creemos que para definirse guevaristas se deben asumir determinadas ideas y cuestiones relativas a la práctica que el Comandante Guevara nos legó. Hay cuatro aspectos del pensamiento y acción guevarianas que para nosotros son centrales para destacar en esta etapa, en este momento histórico. Primero es el valor de la ideología y la necesidad de rescatarla y reasumirla por parte de la clase obrera, como elemento orientador de la práctica revolucionaria. Segundo el valor que el Che le daba a la organización política de la clase, el partido revolucionario del proletariado, como generador de conciencia, sintentizador de experiencias de lucha y orientador de las mismas. En tercer lugar lo que tiene que ver con los métodos de lucha que hagan avanzar a la clase obrera y sus aliados estratégicos hacia una ruptura revolucionaria con el sistema capitalista, hacia la instauración del Socialismo. En cuarto lugar su consecuente lucha antiimperialista, que lo llevó a participar en varios levantamientos revolucionarios, como un verdadero proletario internacionalista, cayendo, como se sabe, en la Quebrada del Yuro en Bolivia, el 8 de octubre de 1967.

Tomamos estos aspectos porque consideramos vitales rescatarlos en esta coyuntura. Somos conscientes que el Che aportó en otros muchos aspectos, como en la economía por ejemplo. Pero entendemos que en esta etapa debemos hacer hincapié en los elementos centrales que nos permiten argumentar que se puede ser guevarista en el siglo XXI. Refutando, además, a aquellos ex revolucionarios, ex combatientes de la clase obrera, que por ahí dicen que hubieron ciertos últimos guevaristas. Para nosotros los últimos guevaristas serán aquellos que logren concretar el sueño del Che de tener una América Latina, un Asia y un África liberadas del imperialismo. Por tanto consideramos que aun quedan guevaristas, acá en la Argentina, en nuestro país y en el resto de América y el mundo. El hecho de que hayan muerto los Che, los Santucho, los Camilo Torres, los Enríquez, los Marighela, los Sendic y cientos de compañeros y compañeras caídos en combate a lo largo y ancho de nuestra América, no significa que su lucha haya concluido o haya sido derrotada para siempre. Se perdió una batalla ideológica, política y militar, en la guerra por la liberación de nuestros pueblos. Se perdieron, pierden y perderán muchas batallas en esta guerra a muerte contra el capitalismo y su fase superior y culminante que es el imperialismo. También se ganaron, ganan y ganarán batallas que acercarán el camino a la victoria definitiva de los pueblos contra sus opresores. Pero, los ideales por los que luchaban nuestros compañeros caídos, siguen estando vigentes. La revolución, la liberación social y el socialismo siguen siendo una necesidad de los pueblos para alcanzar la verdadera felicidad.

Ideología

El aspecto central que condiciona al resto es el de la ideología. Ya que cuando uno asume una determinada ideología ésta afecta la visión sobre lo económico, lo político, lo cultural, etc. Mucho más cuando se trata la de lucha de clases, la ideología orienta la práctica política y social del hombre. En el caso del Che y del guevarismo de lo que estamos hablando es de la ideología marxista revolucionaria.

Che fue un ferviente marxista. Conoce el marxismo en Perú, en su recorrida por América Latina, en 1952 al acceder a libros de José Carlos Mariátegui. Pero, el período de mayor dedicación al estudio del marxismo se da entre 1954 y 1956 en Guatemala, donde Hilda Gadea, quien sería su compañera, le acerca varios libros de Marx. En México estudia vorazmente los tres tomos de El Capital, y después de haberse convertido en un expedicionario del Granma, participa junto con Raúl Castro en la formación de los restantes integrantes del Movimiento 26 de Julio.

Una de las particularidades más importantes que tenía el Che era su pensamiento agudo y escudriñador. Era un crítico por excelencia. Si bien en los primeros años de “descubrimiento” del marxismo, se autodefine estalinista (firmaba como Stalin II en cartas a su tía y su madre desde Guatemala y México), en la medida que va avanzando en su formación y en la incorporación del pensamiento dialéctico se transforma en una marxista cabal y antidogmático.

Se forma en el Materialismo Dialéctico e Histórico, herramientas de análisis y razonamiento científicas, elaboradas y sistematizadas por Marx y Engels, que constituyen la base de la ideología del proletariado. Por lo tanto si uno pretende ser continuador de las ideas de Guevara debe asumir al marxismo como el basamento ideológico. Asumirlo tal y como el Che nos enseñó, sin seguidismos a dogmas y sin escolasticismos.

Cuando al Che le preguntan si se considera marxista, él responde:

“hay verdades tan evidentes, tan incorporadas al conocimiento de los pueblos que ya es inútil discutirlas. Se debe ser ‘marxista’ con la misma naturalidad con que se es ‘newtoniano’ en física o ‘pasteuriano’ en biología” (extraído del Discurso en Punta del Este, Uruguay, el 8 de agosto de 1961).

En el pensamiento del Che el concepto de ser marxista o ser revolucionario siempre está ligado al desarrollo de una ética y una moral revolucionarias, a la formación de un hombre nuevo. En el prólogo a “El Partido Marxista-Leninista de la Dirección Nacional del Partido Único de la Revolución Socialista de Cuba (PURSC)”, en 1963, el Che expresa:

“El marxista deber ser el mejor, el más cabal, el más completo de los seres humanos pero, siempre, por sobre todas las cosas, un ser humano; un militante de un partido que vive y vibra en contacto con las masas; un orientador que plasma en directivas concretas los deseos a veces oscuros de la masa; un trabajador incansable que entrega todo a su pueblo; un trabajador sufrido que entrega sus horas de descanso, su tranquilidad personal, su familia o su vida a la Revolución, pero nunca es ajeno al calor del contacto humano”.

El Che no fue solo un hombre de práctica, fue un hombre formado e instruido. Un médico que se dedicó a formarse ideológica, económica, política y militarmente. Además de Marx, estudió a Lenin y también a Trotsky, en sus últimos días en Bolivia. Sobre Lenin el Che decía:

“El valor del leninismo es enorme, en el mismo sentido en que el trabajo de un gran biólogo es valorable en relación con otros biólogos. Lenin es probablemente el líder que ha hecho mayor aportación a la teoría de la revolución. Ha sido capaz de aplicar el marxismo, en un momento dado, a los problemas del Estado y salir con leyes de validez universal”.

Su formación crítica y antidogmática en todos los aspectos, lo llevó a desilusionarse muchísimo cuando su visita a la URSS, donde encontró desviaciones filo capitalistas. Su critica abierta a estas desviaciones lo llevó a ser catalogado de “trotskista” y de aventurero pequeño-burgués por los soviéticos.

Para el Che el valor de la ideología era fundamental, central, neurálgico. En este sentido también era fundamental la formación de cuadros políticos, económicos y militares, para asumir las tareas de construcción, defensa y desarrollo de la revolución socialista. Para él, el cuadro es la columna vertebral de la revolución. Y ustedes se preguntarán, ¿qué es un cuadro?. Dejemos que responda el mismo Che:

“Un cuadro es un individuo que ha alcanzado el suficiente desarrollo político como para poder interpretar las grandes directivas emanadas del poder central, hacerlas suyas y trasmitirlas como orientación a la masa, percibiendo además las manifestaciones que ésta haga de sus deseos y sus motivaciones más íntimas. Es un individuo de disciplina ideológica y administrativa, que conoce y practica el centralismo democrático, que sabe practicar en la producción el principio de discusión colectiva y responsabilidad única; cuya fidelidad está probada y cuyo valor físico y moral se ha desarrollado al compás de su desarrollo ideológico, de tal manera que está dispuesto siempre a afrontar cualquier debate y a responder con su vida de la buena marcha de la Revolución”; “…con capacidad de análisis propio, lo que le permite tomar las decisiones necesarias y practicar la iniciativa creadora de modo que no choque con la disciplina”. (Extraído de El Cuadro, columna vertebral de la revolución. Setiembre de 1962)

En este sentido, creemos que hoy la lucha está planteada en el campo de las ideas, como dice el compañero Fidel Castro. Entendemos que las ideas de la revolución, del socialismo fueron derrotadas circunstancialmente. Ingresaron en un período de reflujo. Pero siempre y en tanto exista la clase obrera, existirá en su seno un sector, por más débil y pequeño que parezca, que se antrincherará en estas ideas que más temprano que tarde ganarán la batalla contra la ideología dominante, sus propulsores, sus defensores y su sistema de dominación. Esta lucha incluye también, y aquí retomamos al Che, la lucha contra el reformismo, el revisionismo, el gradualismo y el etapismo. Hoy esta lucha se enmarca en el combate a las concepciones socialdemócratas y seudo progresistas que tanto daño le hacen a la clase obrera, engañando y embaucando a los trabajadores pretendiendo convencerlos que se puede humanizar el capitalismo, y que burgueses y proletarios comparten los mismos intereses, ocultando los antagonismos de clase que son inherentes al sistema capitalista.

Para qué hablar nosotros sobre cosas que ya dijera el Che. En el folleto “Táctica y Estrategia para la Revolución Latinoamericana” escrito en octubre/noviembre de 1962, el Che decía:

“Frente a esta táctica y estrategia continentales (referido a la necesidad de la revolución latinoamericana y que la cordillera de los Andes está llamada a ser la Sierra Maestra de América), se lanzan algunas formulas limitadas: luchas electorales de menor cuantía, algún avance electoral, por aquí, dos diputados, un senador, cuatro alcaldías, una gran manifestación popular que es disuelta a tiros, una elección que se pierde por menos votos que la anterior, una huelga que se gana, diez que se pierden, un paso que se avanza, diez que se retroceden, una victoria sectorial por aquí, diez derrotas por allá. Y, en el momento preciso, se cambian las reglas del juego y hay que volver a empezar.
¿Por qué estos planteamientos? ¿Por qué esta dilapidación de energías populares? Por una sola razón. En las fuerzas progresistas de algunos países de América existe una confusión terrible entre objetivos tácticos y estratégicos, en pequeñas posiciones tácticas se ha querido ver grandes objetivos estratégicos. Hay que atribuir a la inteligencia de la reacción el que haya logrado hacer de estas mínimas posiciones defensivas el objetivo fundamental de su enemigo de clase.
En los lugares donde ocurren estas equivocaciones tan graves, el pueblo apronta sus legiones año tras año para conquistas que le cuestan inmensos sacrificios y que no tienen el más mínimo valor. Son pequeñas colinas dominadas por el fuego de la artillería enemiga. La colina parlamento, la colina legalidad, la colina huelga económica legal, la colina aumento de salarios, la colina constitución burguesa, la colina liberación de un héroe popular… y lo peor de todo es que para ganar estas posiciones hay que intervenir en el juego político del estado burgués y para lograr el permiso de actuar en este peligroso juego, hay que demostrar que se puede estar dentro de la legalidad burguesa. Hay que demostrar que se es bueno, que no se es peligroso, que no se le ocurrirá a nadie asaltar cuarteles, ni trenes, ni destruir puentes, ni ajusticiar esbirros, ni torturadores, ni alzarse en las montañas, ni levantar con un puño fuerte y definitivo la única y violenta afirmación de América: la lucha final por su redención.
Contradictorio cuadro el de América: dirigencias de fuerzas progresistas que no están a la altura de los dirigidos, pueblos que alcanzan alturas desconocidas, pueblos que hierven en deseos de hacer y dirigencias que frenan sus deseos. La hecatombe asomada a estos territorios de América y el pueblo sin miedo, tratando de avanzar hacia la hecatombe, que significará, sin embargo, la redención definitiva. Los inteligentes, los sensatos, aplicando los frenos a su alcance al ímpetu de las masas, desviando su incontenible afán de lograr las grandes conquistas estratégicas: la toma del poder político, el aniquilamiento del ejército, del sistema de explotación del hombre por el hombre. Contradictorio, pero esperanzador, las masas saben que “el papel de Job no cuadra con el de un revolucionario” y se aprestan a la batalla.”

Partido de cuadros

Para asumir la ideología del proletariado, defenderla y transmitirla, se necesitan cuadros. El cuadro se construye todos los días, en el proceso dialéctico de estudio y práctica. Los cuadros se forman orientados por la organización política. Es ésta la que introduce en el seno del movimiento obrero y popular la ideología del proletariado, las ideas de la revolución, la liberación social y el socialismo.

Para el Che esa organización política no era otra cosa que el partido. Si bien el Che no participó, previo a la revolución cubana, en ningún partido comunista (no se integró al PGP de Guatemala, ni al PSP de Cuba), fue pilar fundamental en la unificación de las organizaciones revolucionarias de Cuba con la formación de las ORI, Organizaciones Revolucionarias Integradas y del PURSC, Partido Único de la Revolución Socialista de Cuba. En ambas organizaciones fue integrante de sus direcciones.

Para el Che el partido debía ser de cuadros. Individuos formados ideológica, política, económica, militar y administrativamente para la construcción del Socialismo. Integrado por los mejores entre los mejores, elegidos éstos por los trabajadores entre sus pares, entre aquellos que más se destacaran en la humildad, el sacrificio, la solidaridad, el cumplimiento consciente de la tarea, etc. Para el Che el partido era la vanguardia del pueblo, selectivo, reducido pero de gran ascendencia en las masas.

Dice el Che en El Socialismo y el Hombre en Cuba (1965):

“Ya no marchan completamente solos, por veredas extraviadas, hacia lejanos anhelos. Siguen a su vanguardia, constituida por el partido, por los obreros de avanzada, por los hombres de avanzada que caminan ligados a las masas y en estrecha comunión con ellas. Las vanguardias tienen su vista puesta en el futuro y en su recompensa, pero esta no se vislumbra como algo individual; el premio es la nueva sociedad donde los hombres tendrán características distintas: la sociedad del hombre comunista.”

(…)

“El Partido es una organización de vanguardia. Los mejores trabajadores son propuestos por sus compañeros para integrarlo. Este es minoritario pero de gran autoridad por la calidad de sus cuadros. Nuestra aspiración es que el Partido sea de masas, pero cuando las masas hayan alcanzado el nivel de desarrollo de la vanguardia, es decir, cuando estén educados para el comunismo. Y a esa educación va encaminado el trabajo. El Partido es el ejemplo vivo; sus cuadros deben dictar cátedras de laboriosidad y sacrificio, deben llevar, con su acción, a las masas, al fin de la tarea revolucionaria, lo que entraña años de duro bregar contra las dificultades de la construcción, los enemigos de clase, las lacras del pasado, el imperialismo…”

Para nosotros el partido es una necesidad de la clase obrera. No vemos un proceso revolucionario, insurreccional, sin una dirección. Tampoco creemos, y Cuba fue un ejemplo de eso, que exista un único partido capaz de liderar la revolución. Creemos que esa dirección será colectiva, entre varios partidos y organizaciones. No nos autoproclamamos EL PARTIDO, pero sí nos consideramos un afluente hacia la construcción de ese gran partido del proletariado, el partido leninista de nuevo tipo, preparado ideológica y organizativamente para el combate contra el sistema y sus aparatos represivos. Esto es algo que tomamos de Lenin, el Che y otros procesos revolucionarios victoriosos.

Decimos esto, porque sabemos que hoy en día estas tesis leninistas y guevaristas son resistidas y combatidas por no pocos sectores de la izquierda de “intención revolucionaria”. Para nosotros el partido debe estar ideológicamente cohesionado y organizativamente disciplinado, si es que pretendemos hacer la revolución en serio. En ese sentido, creemos que, como decía el Che, el verdadero revolucionario debe dedicarle las mejores horas y energías de su vida a hacer la revolución, ésta no acaba hasta que se construye a nivel mundial. Por lo tanto la patria es la clase. El revolucionario no está ligado a su tierra más que circunstancialmente, no pertenece a una nación, pertenece a una clase, y la clase obrera no tiene país, es una clase mundial y por lo tanto nuestra patria es el planeta, es en todo lugar donde haya un explotado. Esto no niega, sino que complementa la lucha por la liberación nacional, entendida esta como un proceso liderado por la clase obrera, en alianza con otras fracciones de clase explotadas, en lucha contra el imperialismo opresor y las oligarquías aliadas.

Siguiendo las ideas y el ejemplo guevariano, estamos convencidos de que construir el socialismo en un solo país hoy sería una utopía, dado el avance en la penetración en nuestro continente por parte del imperialismo yanqui, y que las burguesías criollas no tienen la más mínima intención, ni la fuerza, de liderar procesos antiimperialistas. Por eso seguimos creyendo que por compartir el mismo suelo, el mismo cielo, prácticamente la misma cultura e idioma, los mismos niveles de explotación y expoliación, América Latina es el campo de batalla donde se desarrollará la lucha por Socialismo, y es circunstancialmente la patria de los revolucionarios, hasta que el socialismo sea a escala mundial.

En este marco, que puede parecer utópico y/o teóricamente muy lúcido, el revolucionario debe desarrollar la lucha en su propio suelo, en su propio país. Para esto necesita enfrentarse con los enemigos directos: la clase burguesa y sus aparatos de represión. Para enfrentarlos necesita cohesión, convicción ideológica, disciplina y decisión de combate. Para esto debe existir el Partido. En él el individuo se forma ideológica, política, cultural y organizativamente para asumir la lucha revolucionaria. No debemos permitir que el espontaneísmo combativo, que existe y seguirá existiendo, se lleve la vida de los mejores exponentes de nuestra clase y el pueblo. El 20 y 21 de diciembre en Argentina, los tres levantamientos en Bolivia, los levantamientos en Perú, Ecuador, etc. son un ejemplo de esto. Che decía que la sangre de los pueblos es el tesoro más preciado, pero que debemos derramarla hoy para evitar mayores derramamientos en el futuro, lo que no significa que los pueblos deban inmolarse en las calles sin una alternativa al sistema imperante; la única alternativa válida y viable es el socialismo. Y es el partido el que debe introducir éstas ideas en el seno de la clase trabajadora y el pueblo. Para esto se debe dar la lucha ideológica contra las tesis espontaneístas, de auto-organización y contra el reformismo.

El combate será de largo plazo. Cruento, sangriento. Debemos preparar a la clase obrera para la lucha y la resistencia. No debemos dejarla librada a impulsos espontáneos, por meros intereses económicos, sino que debe orientarse hacia la toma del poder político. Sin desmerecer los avances que dentro del sistema se puedan conseguir para palear las situaciones de extrema miseria a la que es sometida buena parte de la población latinoamericana. Pero entendiendo esto como meros avances tácticos, de carácter relativo mientras quienes tengan el sartén por el sean la burguesía y el imperialismo.

Los métodos para la liberación

Asumir entonces, la ideología del proletariado nos lleva a organizarnos, o sea a conformar el partido de la revolución, más allá de la denominación que éste adopte. Este partido debe estar concebido para la lucha. La lucha revolucionaria es el único camino para concretar los cambios sociales reales, profundos, estructurales. No es en el marco del sistema que se logra la felicidad de la clase obrera y demás sectores populares.

Esto pone arriba de la mesa la cuestión de los métodos. Asumir la ideología marxista revolucionaria nos condiciona en cuanto a qué partido conformaremos y cómo lucharemos. Los que no son marxistas, o mejor dicho, los que son francamente reformistas o revisionistas tienen sus propios métodos, para nosotros equivocados. Éstos se desenvuelven en el marco del sistema y no van más lejos que eso. Como ejemplos tenemos: el dialoguismo, la conciliación, el etapismo, el gradualismo, el electoralismo porfiado, etc., etc. Como leninistas consideramos que todos los métodos de lucha son válidos, incluso los reformistas, siempre y cuando acumulen hacia la salida revolucionaria. Son meras variantes tácticas, circunstanciales, secundarias. El elemento principal es la lucha de carácter revolucionario, mediante métodos revolucionarios, atacando al sistema en los pilares que lo sostienen.

El Che decía en el artículo La experiencia de la Revolución Cubana de octubre de 1963, hablando sobre la Lucha Armada, lo siguiente:

“Faltaron en América condiciones subjetivas de las cuales una de las más importantes es la conciencia de la posibilidad de la victoria por la vía violenta frente a los poderes imperialistas y sus aliados internos. Esas condiciones se crean mediante la lucha armada, que va haciendo más clara la necesidad del cambio (y permite preverlo) y de la derrota de ejército por las fuerzas populares y su posterior aniquilamiento (como condición imprescindible a toda revolución verdadera)”.

En el mismo artículo referido anteriormente, sobre el Camino Electoral, el Che dice:

“La real capacidad de un revolucionario se mide en el saber encontrar tácticas revolucionarias adecuadas en cada cambio de la situación, en tener presente todas las tácticas y en explotarlas al máximo. Sería un error imperdonable desestimar el provecho que puede obtener el programa revolucionario de un proceso electoral dado, del mismo modo que sería imperdonable limitarse, tan solo, a lo electoral y no ver los otros medios de lucha armada para obtener el poder, instrumento indispensable para aplicar y desarrollar el programa revolucionario. Si no se alcanza el poder, todas las demás son inestables, insuficientes, incapaces de dar las soluciones que se necesitan por más avanzadas que puedan parecer.
Y cuando se habla del poder por vía electoral, nuestra pregunta es siempre la misma: si un movimiento popular ocupara el gobierno de un país por amplia votación popular, y resolviese, consecuentemente iniciar las grandes transformaciones sociales que constituyen el programa por el cual triunfó, ¿no entraría en conflicto inmediatamente con las clases reaccionarias de ese país?, ¿no ha sido siempre el ejército el instrumento de la opresión? Si es así, es lógico razonar que ese ejército tomará partido por su clase y entrará en conflicto con el gobierno constituido. Ese gobierno puede ser derribado mediante un golpe de Estado más o menos incruento y volver a empezar el juego de nunca acabar (…)”

En esto no podemos engañarnos ni engañar al pueblo. No estamos haciendo aquí un llamado a tomar las armas e iniciar la lucha guerrillera. Simplemente decimos, desde la honestidad revolucionaria que es parte de una ética y una moral revolucionaria, que el asumir un camino consecuentemente revolucionario, como lo hicieran el Che, como tantos miles en nuestra América, dando su vida por ello, lleva a tomar definiciones claras al respecto de qué cambio social queremos y cómo lo vamos a hacer. Creemos que las ideas y el ejemplo que guiaron al Che en su práctica revolucionaria, también son nuestra guía.

No debemos repetir mecánicamente recetas aplicadas en determinados momentos históricos, en situaciones particulares. Lo que sí debemos es analizar con mente abierta y espíritu crítico todas las experiencias revolucionarias, las victoriosas y las derrotadas, para sacar de éstas ejemplos e ideas orientadoras hacia el nuevo e indudable auge revolucionario.

Antiimperialismo

Para finalizar, compañeros, debemos hacer una última referencia al legado guevariano: la lucha contra el imperialismo. Che fue y es uno de los ejemplos más importantes en la lucha contra el imperialismo, sobre todo el hegemónico en nuestro continente: el imperialismo yanqui.

La contradicción fundamental que rige la lucha de clases a nivel mundial es entre dos sistemas: el capitalismo y el socialismo. En ese marco, la contradicción principal de la etapa, que dinamiza la fundamental, es entre el imperialismo y los pueblos. Contradicciones que son antagónicas, por tanto, desde el punto de vista dialéctico, cuando existe este tipo de contradicciones, las mismas se resuelven por la eliminación del otro polo. Significa que se resuelven por la violencia, donde uno debe destruir al otro.

En este momento el imperialismo se encuentra en una feroz ofensiva armada, con invasiones directas, solapadas, encubiertas, etc. Pero el hecho es que la crisis que golpea la economía yanqui ahora, y la que se le vendrá, lo obligan a salir a raptar recursos económicos y naturales en aquellos países que le resultan atractivos para esto. Iraq lo fue por el petróleo, al igual que lo es Irán, Colombia, Venezuela, Bolivia, etc. Afganistán lo fue por sus reservas gasíferas y por las plantaciones de amapola, además de ser una zona estratégica de pasaje entre el oriente y el occidente. Haití lo fue para controlar el mercado de las drogas en el ingreso y egreso de clorhidratos de América Latina al norte y viceversa.

En nuestro continente el objetivo son nuestros recursos económicos, asegurados por la Deuda Externa, y los recursos naturales como la tierra, el agua y la biodiversidad.

Hoy la penetración, sobre todo aquí en el Sur, se viene dando por la vía diplomática, impulsando desde la Casa Blanca y con la connivencia de gobiernos cipayos, acuerdos de libre comercio, libre circulación de capitales, etc. Obviamente, como decía Karl von Clausewitz, la guerra es la continuación de la política pero por otros medios. Entonces, de la mano de estos tratados y de los impulsos privatizadores y desreguladores de la soberanía estatal de nuestros países, vienen las Bases Militares como la que existe en Paraguay y como la que se quiere construir en nuestro país.

Pero esta realidad es casi idéntica en todos los países de América Latina. La política del FMI es la misma para todos los países y la resistencia de los gobiernos es más desde lo declarativo que en los hechos concretos. Creo que las excepciones hoy las podemos encontrar en Cuba, Venezuela, y en menor medida Bolivia. El resto, ya sea con gobiernos de derecha, de centro o los autoproclamados “progresistas” son absolutamente sumisos frente a las imposiciones del amo imperial.

Los únicos que se resisten, con mayor o menor éxito, a las políticas saqueadoras de las multinacionales, la Casa Blanca y los organismos internacionales de crédito, son los pueblos. No se puede confiar en ningún gobierno en donde el poder no esté verdaderamente en las manos de la clase trabajadora y el pueblo. Y esto solo pasa en Cuba. Por tanto la lucha y resistencia frente a la invasión solapada del imperialismo está en manos del pueblo, sus luchadores sociales y sus organizaciones políticas revolucionarias.

Debemos enfrentar sin dilaciones a aquellos gobiernos que, escudados en un pasado de izquierda, hoy son los principales aliados del imperialismo con sus políticas genuflexas. No debemos tener empacho en denunciarlos y en confrontarlos. Quizá hoy el pueblo no nos comprenda, pero la prédica del ejemplo es fundamental para sentar las bases hacia una futura y definitiva ruptura con el imperio.

A nosotros nos pasa, y estamos seguros de que aquí también pasa, que muchas organizaciones que consideramos hermanas de lucha, no se atreven a declararse abiertamente enemigos del gobierno y a confrontarlos, porque entienden que el pueblo tiene depositadas sus expectativas en él. Ahora bien, nuestra tarea no es desesperanzar al pueblo, sino todo lo contrario, debemos generarle la esperanza de que el socialismo es posible. Pero que será posible siempre y cuando se enfrente, combata y derrote al imperialismo y sus súbditos criollos. Sólo así veremos a nuestros pueblos libres.

La revolución no se hace con pueblos desilusionados, sino con pueblos esperanzados. No podemos permitir que los oportunistas implantados en el seno del pueblo jueguen con las esperanzas de los trabajadores. Debemos luchar denodadamente contra estos verdaderos pro-imperialistas infiltrados, travestidos de izquierdistas y revolucionarios. Esta lucha es ideológica y política.

El primer paso para la unidad de nuestra América es en la lucha contra el imperio. Si hay en algo en lo que sin dudas coincidimos todos los pueblos latinoamericanos es en que tenemos al mismo enemigo. Por tanto debemos enfrentarlo en cada país y en cada región, teniendo siempre presente el internacionalismo proletario que pregonaba el Che, cuando decía:

“(…) cada pueblo que inicia su lucha, empieza también a cavar la tumba del imperialismo y debe merecer todo nuestro apoyo y todo nuestro aplauso”.

Esto significa que hoy en día ser internacionalista no necesariamente significa, como pasó en momentos de auge revolucionario, enviar destacamentos a luchar en otros países, sino que significa asumir la lucha en nuestros países en solidaridad con aquellos que son agredidos por el imperio. Pero además significa oponerse a toda avanzada imperial de acceder a nuestros recursos económicos y naturales, y esta oposición se ejerce luchando. Denunciando y luchando en la calle. Señalándole a nuestro pueblo quién es su principal enemigo, el enemigo estratégico, pero también quién es su enemigo actual, o sea los gobiernos cipayos y sumisos, ya sean estos de derecha o de seudo izquierda. Aquí no debemos ser moderados. Hay que hablar claro, aunque sepamos que a buena parte del pueblo no le gusta que le critiquen a “su” gobierno, sobre todo si tiene aun depositadas en él sus más puras esperanzas.

Esta es la lucha que nos unirá a los revolucionarios latinoamericanos. Luchar hasta vencer o morir contra el imperialismo. Sentir en nuestra mejilla cualquier golpe dado por el imperialismo a nuestros hermanos de clase en cualquier parte del planeta.

Para culminar, cerraremos con algunas frases del Che:

“(…) debemos practicar el verdadero internacionalismo proletario, recibir como afrenta propia toda agresión, toda afrenta, todo acto que vaya contra la dignidad del hombre, contra su felicidad en cualquier lugar del mundo”. (Prólogo a “El Partido Marxista Leninista”. Dirección Nacional del PURSC. 1963)

“Toda nuestra acción es un grito de guerra contra el imperialismo y un clamor por la unidad de los pueblos contra el gran enemigo del género humano: los Estados Unidos de Norteamérica”. (Mensaje a la Tricontinental. Abril de 1967)

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