Salud a los Estudiantes Mártires de la Revolución

14.Ago.06    Noticias
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El 14 de agosto de 2006, se cumplen 38 años de la muerte del primer estudiante a manos de los aparatos represivos del Estado burgués, bajo el gobierno colorado de Jorge Pacheco Areco. Ese día del año 1968 Líber Arce cayó herido de muerte, disparado por un agente policial.



Apenas un mes después, la misma policía homicida, impune y cancerbera del poder, asesinaba a los compañeros Susana Pintos y Hugo de los Santos.
Estos hechos no pueden desvincularse de lo que pasaba en nuestra América y en el Mundo con la lucha de clases. El 8 de octubre de 1967 caía en combate el Comandante Che Guevara en la selva boliviana. En ese mismo 1968 sucedía el levantamiento estudiantil en Francia, conocido como el mayo francés, la masacre de la plaza de las Tres Culturas en México DF, luchas obreras y estudiantiles en Berlín, Belgrado, Amsterdam, Roma, Río de Janeiro, Lima, Bolivia.
En nuestro país, en aquel momento, existía la lucha de los cañeros de Bella Unión y se sucedían enfrentamientos entre los trabajadores y los aparatos represivos, como en el 1° de mayo del 68.
El grado de movilización y combatividad alcanzado por el estudiantado no tenía precedentes. Cuanto más aumentaba la represión (aplicación de Medidas Prontas de Seguridad en junio), más aumentaba la lucha y la confrontación por parte de los jóvenes.
La base material de supervivencia, o sea la situación económica del proletariado era cada vez más complicada. El congelamiento de precios y salarios exacerbaba la expropiación habitual del sistema capitalista y llevaba a permanentes movilizaciones y ocupaciones de centros de trabajo por parte de los obreros. Por lo tanto esto, y la situación del estudiantado llevó a que se produjera la unidad obrero-estudiantil en la lucha, en las calles.
Esa profundización de las contradicciones de clase, producto de una crisis en la estructura económica del país, sumado a una toma de conciencia de su situación por parte del proletariado, el estudiantado conciente y demás sectores oprimidos, generó las condiciones para el avance revolucionario, elevó el calor de la lucha de clases y puso sobre la mesa la necesidad de la ruptura revolucionaria con el sistema opresor.
La objetiva situación revolucionaria, llevó a que surgieran en nuestro país los movimientos armados como el MLN-T (Movimiento de Liberación Nacional – Tupamaros), la OPR-33 (Organización Popular Revolucionaria 33 Orientales) y las FARO (Fuerzas Armadas Revolucionarias Orientales), a las que se incorporaron buena parte de los jóvenes que combatían en las calles contra el sistema.
Las ideas de la revolución y el socialismo prendía en los jóvenes rebeldes. Se sentía la necesidad de modificar las bases que sustentaban al sistema, sus leyes y sus aparatos.
Aun con diferencias de método, de estrategias y de prácticas de acumulación, se luchaba por la revolución y el socialismo. Se combatía, se caía prisionero y se moría por la revolución, por el cambio radical de la sociedad, por la superación del sistema capitalista y la concreción del socialismo como sistema de la verdadera justicia social.
Hoy, 38 años después, la situación de opresión de la clase obrera y de amplísimos sectores del pueblo no ha variado en su fondo. El sistema opresor sigue siendo el mismo. Quizá ha cambiado la forma en la que se oprime, intentando ocultar, por parte de gobernantes, parlamentarios, jueces, etc., la naturaleza injusta y expoliadora del sistema. Hoy nos quieren convencer de que el socialismo ya fue y que hay que mejorar el capitalismo. Ahora bien, quienes prometieron durante más de treinta años que intentarían “humanizar el sistema”, hoy no solo no lo hacen, sino que mediante medidas de tipo fascistas reprimen y condenan en forma a veces descarada, a veces encubierta a los jóvenes, los trabajadores de la ciudad y el campo, a los jubilados, etc.

El movimiento estudiantil y su compromiso con la clase

Somos cada vez menos los hijos de trabajadores, de obreros, que hoy podemos acceder a la educación. La actual situación económica imposibilita a una familia proletaria, que debe sobrevivir con escasos recursos, sustentar los estudios y carreras de sus hijos. Por lo tanto, el movimiento juvenil, rebelde por naturaleza, debe asumir, por contar con un mayor nivel de conciencia, su compromiso con los más oprimidos. El hecho de poder acceder a una formación cultural a la que no puede el obrero, que debe dejar hasta 12 horas de su sudor a beneficio del patrón, lo obliga a hacer suyos los intereses de clase de los trabajadores. Es ahí que la rebeldía innata de los jóvenes debe encausarse, entendemos nosotros, en la lucha por los intereses de la clase obrera y el pueblo explotado.
Históricamente, ése ha sido el compromiso que el movimiento estudiantil ha asumido. Ligar sus intereses particulares, a los intereses generales y estratégicos de la clase trabajadora. Así surgieron los procesos revolucionarios más importantes de la historia.
Entendemos, humildemente, que el mensaje que nos dejan los mártires estudiantiles, así como los mártires de la clase obrera y del campesinado, a nivel nacional e internacional, es que debemos asumir nuestro compromiso con nuestro pueblo en la lucha por su liberación de la opresión y miseria a la que es sometido.
Somos plenamente concientes que hoy buena parte de nuestro pueblo está adormecido y anestesiado por la parafernalia “progresista”. De esto no escapa, tampoco, el estudiantado y el movimiento juvenil, en su mayor parte. Las ideas del etapismo, el gradualismo, el pacifismo, el “hacé la tuya”, el “no te metás”, el “ser egoísta no está mal”, etc., ha calado hondo, sobre todo en la juventud. Proliferan y seducen las alternativas alienantes y escapistas. La drogadicción, el alcoholismo y otras “hierbas” son utilizadas por el sistema como válvulas de escape para desencausar la rebeldía. Intentan, mediante éstos métodos, que los jóvenes no nos rebelemos ante las injusticias que se cometen todos los días contra los más débiles, incluso contra nosotros mismos. Nos invitan a tolerar el desempleo, la mala calidad de la educación, la imposibilidad de tener espacios de recreación saludables, etc.
La realidad que vivimos hoy es, objetivamente, crítica. Las condiciones en las que debemos sobrevivir, como jóvenes, como trabajadores y como hijos de trabajadores es penosa. Particularmente los estudiantes debemos soportar malos programas de estudio, docentes saturados, exhaustos, a veces mal formados, centros de estudio en muy malas condiciones, falta de cursos, altos costos de materiales de estudio y de transporte, poca participación en los ámbitos donde se toman decisiones, etc.
Debemos tener la lucidez suficiente como para darle dirección a una posible situación explosiva, producto de la crisis, cuando esta estalle y sea palpable. Esa debe ser la tarea del movimiento estudiantil comprometido, conciente y siempre rebelde. Debemos poner nuestros hombros, manos y cabeza junto a los trabajadores, al servicio de su causa, que no es otra cosa que la lucha por la liberación nacional y social: la lucha por la revolución y el socialismo.
El imperio y sus lacayos criollos, de ayer y de hoy, son los que han matado, torturado y desaparecido a nuestros compañeros estudiantes y trabajadores, son los que mantienen en la miseria y la explotación a nuestros pueblos, son nuestros enemigos y como tales debemos combatirlos hoy, mañana y siempre. Es nuestro deber rescatar la memoria y darle vida, darle actualidad, nuestros mártires nos han señalado el camino, es nuestra responsabilidad continuarlo. Porque su lucha no fue en vano. Porque nuestra lucha no es, ni será en vano. Porque el camino que recorremos hoy es largo y viene en parte trillado de ayer. No debemos olvidar a nuestros muertos, no debemos olvidar ni perdonar a sus asesinos. La historia juzgará a los verdugos y traidores de ayer y hoy.

¡Salud mártires estudiantiles! ¡Salud clase obrera!