1er. Documento de Acuerdo Político de la CUR

23.Feb.06    Noticias
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Coordinadora de Unidad Revolucionaria

(Colectivo Militante, Refundación Comunista, Columna Artiguista de Liberación 1971, Frente Revolucionario por una Alternativa Socialista, Movimiento Revolucionario Oriental)


Etapa y gobierno

1.1. La capitulación de la capa dirigente del Frente Amplio-Gobierno a la lógica de la mundialización capitalista-imperialista y a los programas neoliberales de las instituciones financieras internacionales, relativizan el alcance político de la victoria popular en las elecciones del 31 de octubre 2004. Se trata de una capitulación que viene de lejos y que fuera convalidada en los dos últimos congresos del Frente Amplio, a tal punto que desde hace años el programa progresista puede caracterizarse como un “reformismo sin reformas”. Es decir, sin reformas ni transformaciones estructurales y radicales.

Imposibilitados de continuar gobernando, los partidos de la derecha y las clases propietarias transformaron su crisis de legitimidad, en una licencia al progresismo para comandar el aparato del Estado. En tal sentido, las fuerzas interesadas en mantener y reproducir el orden capitalista obtuvieron un éxito: consiguieron extender su hegemonía más allá de sus bases tradicionales, haciendo que las direcciones de organizaciones y corrientes políticas de izquierda asociadas históricamente a la lucha anticapitalista y antiimperialista (MLN-tupamaros, Partido Comunista, Partido Socialista), se sometan a los programas de “libre comercio” y se adapten completamente a las reglas de la “democracia electoral”.

1.2. Aquellos que creen que los cambios políticos electorales produjeron una “derrota histórica” del neoliberalismo, no hacen otra cosa que difundir una fantasía. Lejos de haber sido derrotada, la hegemonía neoliberal continúa impregnando políticas, programas y estrategias de las fuerzas (y gobiernos) que en la percepción popular se ubican en el campo de la izquierda, la centroizquierda y el progresismo. Valen a modo de ejemplo los “modelos” de Lula (Brasil) Lagos (Chile) Kirchner (Argentina) y Torrijos (Panamá).

Las alianzas con fracciones decisivas de la burguesía, los pactos programáticos y la subordinación a la “gobernabilidad democrática”, se explican, entre otras razones, por las derrotas de la clase trabajadora, las mutaciones políticas, ideológicas, sociales y culturales que atravesaron a la izquierda en las dos últimas décadas a escala nacional e internacional, y por el carácter destructor de la ofensiva neoliberal. Estos factores no pueden ser dejados de lado a la hora de analizar el nuevo escenario político, donde nociones tan esenciales como acumulación de capital, explotación, opresión, naturaleza de clase del Estado o dominación imperialista, aparecen disueltas en el cliché de “país productivo”.

1.3. La legitimidad popular del Frente Amplio-Gobierno no está, por el momento, cuestionada. Es más, si la coyuntura de crisis se agrava, si el “crecimiento económico” anunciado sufre un retroceso, o si el “desborde militar” vuelve a manifestarse, existe la posibilidad de que amplias capas populares y de la militancia de izquierda que hoy cuestionan la política económica y la conducción de Astori, se contengan en sus demandas y protestas. Seguramente las direcciones del Frente Amplio y del PIT-CNT reforzarán el discurso sobre defender a “nuestro gobierno” y las resistencias pueden llegar a moverse en la frontera resbaladiza de cómo “cambiar la línea económica” “sin desestabilizar al gobierno”. A esa disyuntiva dramática, también tendrá que responder la izquierda revolucionaria, evitando el sectarismo y el discurso auto-proclamatorio.

Esa legitimidad del progresismo ¿implica que el movimiento obrero y popular ha delegado en el gobierno sus reivindicaciones? La realidad demuestra que, de manera desigual y fragmentada, los movimientos sociales continúan con sus reclamos y movilizaciones, aunque de conjunto no se recuperen del reflujo. Sin embargo, sea por aquello de ejercer presión para producir cambios en las políticas gubernamentales, sea por enfrentar la prepotencia patronal que continúa generando conflictos, despidos y desconocimiento de los derechos laborales, o para ampliar y fortalecer la organización popular, la resistencia mantiene un hilo de continuidad.

1.4. Es el conjunto de factores políticos, económicos y sociales, son las contradicciones que se acumulan, las que componen un proceso de final abierto, conflictivo, de lucha de clases, aún en el cuadro de una relación de fuerzas desfavorable para las propuestas anticapitalistas. En todo caso, la palabra decisiva es de la resistencia social, de los movimientos populares, de la izquierda clasista y revolucionaria. Un proceso donde también caben las manifestaciones de crítica y protesta que aparecen en sectores militantes del Frente Amplio, en diversos Comités de Base, Coordinadoras y en organizaciones políticas, especialmente el Movimiento 26 de Marzo.

La brecha se puede profundizar, lenta pero sostenidamente, en la medida que hay un movimiento popular que reclama “soluciones”. Sería ilusorio creer que un gobierno como el de Tabaré Vázquez (heredero de la crisis socio-económica y de la pérdida de credibilidad de los partidos burgueses) puede mantener de forma prolongada y sin tensiones la “gobernabilidad democrática”. Pero las políticas económicas neoliberales del progresismo, pueden agravar la fractura social y el debilitamiento de las posibilidades de respuestas colectivas por parte de los asalariados, los desempleados, los pauperizados.

Resumiendo, la etapa no tiene ni de lejos características pre o francamente revolucionarias, es una etapa de acumulación de fuerzas en un proceso de lucha prolongada, de consolidación de una tendencia clasista en el plano social y un sujeto político revolucionario en el contexto de la crisis socio-económica, profundizada por el programa neoliberal (capitalista) del gobierno del Frente Amplio.

Coyuntura política y resistencias

2.1 La continuidad de la impunidad del terrorismo de Estado y las diferentes gambetas de la dupla Tabaré Vázquez-Gonzalo Fernández para “dar vuelta la página”, indican de forma clara que los resortes fundamentales del régimen de dominación (instituciones políticas, parlamentarias, judiciales, aparatos represivos del Estado burgués) que cobijan esa impunidad y garantizan la reproducción capitalista, continúan actuando como mecanismos claves de coerción y chantaje.

Tanto la represión de la Ciudad Vieja, como las sentencias contra los cuatro compañeros y compañeras, las amenazas y persecuciones a militantes de la izquierda radical, y la escalada de provocaciones antisindicales (despidos, incumplimiento de convenios salariales, etc.), se inscriben en un paisaje donde las patronales y la derecha política, intentan retomar la ofensiva luego de la doble derrota electoral (octubre 2004 y mayo 2005). Es aquí donde la criminalización de la protesta (por ahora selectiva y destinada a los “ultras”) puede llegar a ser un instrumento (no el único) de disciplinamiento social como forma de asegurar el “buen clima de negocios”. Este giro en el escenario político, ha sido favorecido por la capitulación de la capa dirigente del Frente Amplio-Gobierno a los intereses del capital, de los “mercados” y su más completa subordinación al imperialismo.

2.2. La continuidad del programa económico de ajuste y compresión salarial, en sintonía con todas las condiciones impuestas en los acuerdos con el FMI, está fuera de toda discusión. Peor todavía, el gobierno cumple más allá de lo acordado, por ejemplo, con el FMI: el superávit primario cerró el 2005 con 200 millones de dólares más de lo establecido en la Carta de Intención. Mientras tanto, la “recuperación” salarial no alcanzó el 5% y el desempleo se mantiene en la frontera del 13%. Para colmo de la vergüenza, el Instituto de Economía informa que durante el 2005, el ingreso de la capa más rica de la población aumento un 6% y el de la capa más pobre ¡un 0,3%! Es decir, lo ricos cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres. De allí, la indecente propaganda del gobierno y los medios de prensa a su servicio, sobre el aumento de un 66% en la venta de autos cero kilómetros, o por venta a capitales privados extranjeros de casi 300 mil hectáreas de tierras, en su mayoría exoneradas de impuestos gracias a la Ley Forestal.

El curso neoliberal (edulcorado de a ratos con un discurso desarrollista o neo-keynesiano) se ha acelerado desde firma de la Carta de Intención con el FMI: apoyo a las multinacionales papeleras, aceptación del Tratado de Protección de Inversiones con EEUU, y ley de presupuesto que mantiene la matriz restrictiva en términos de salarios e inversiones y pago de la fraudulenta deuda externa (transferencia neta de riquezas nacionales). En tales condiciones, no habrá “distribución del ingreso”, ni “país productivo”. La publicitada reforma tributaria, mientras tanto, mantiene como hasta ahora, el peso de la recaudación fiscal sobre los asalariados y las capas medias. En el proyecto presentado por el equipo económico – asesorado por técnicos del BID – el impuesto a la riqueza, es decir, al patrimonio, no figura ni en la letra chica. Para más adelante, espera el proyecto de “asociación público-privado” que apunta hacia las privatización directa o encubierta de las empresas estatales, verdadera zona de pillaje de las multinacionales.

2.3. La política de “combate a la pobreza” no se aparta un milímetro de las estrategias del Banco Mundial y el BID. En efecto, ya pocos discuten el carácter parcial y asistencialista del PANES. Los discursos de la ministra de Desarrollo Social, Marina Arismendi, repiten una y otra vez que se están “construyendo sujetos autónomos”, capaces de desempeñarse como “ciudadanos plenos”, chocan con una política gubernamental que, no solo deja intactas las realidades de explotación y sobre-explotación que están por debajo de la pobreza (de la injusticia, para ser más precisos) sino que convierte en condiciones (“contrapartidas”) lo que deberían se derechos democráticos básicos: el derecho a la salud, la educación, la vivienda y el trabajo.

Hasta ahora, todo el universo del PANES se apoya en las contraprestaciones. Mientras que los empleos temporales del plan “Trabajo por Uruguay” apenas alcanzan a una mínima franja del enorme ejército industrial de reserva (desempleo de masas) que afecta al movimiento popular. Si la construcción de “sujetos autónomos”, si la construcción de “ciudadanía”, si el apelar al potencial emancipatorio latente en la “sociedad civil” se reduce a esto, se puede afirmar que el PANES es una terapia de muy corto alcance. Menos que eso todavía. Su presupuesto apenas alcanza al 0,6% del PIB, o sea, siete veces menos de lo que se llevan anualmente los “acreedores” por concepto de intereses de la deuda externa.

La política (burocrática) del ministerio de Desarrollo Social, es funcional a una estrategia de contención y focalización de la emergencia social. Diversas investigaciones y encuestas a los propios “beneficiarios”, dan muestra que no hay ningún trabajo de concientización, socialización y promoción de la auto-organización. En su gran mayoría, las y los entrevistados responden parecido: es “una ayuda que sirve”. Punto. Sin embargo, las calles y el transporte colectivo siguen siendo testigos del drama: miles de personas (en su mayoría jóvenes desempleados y niños) adoptaron la limosna como estrategia de sobrevivencia.

A la burguesía la “emergencia social” le sale gratis. Esto porque el gobierno ha optado por la línea de menor conflicto con las clases propietarias. De lo contrario, en lugar de un programa de mayor focalización asistencial que, por definición está dirigido a los grupos de “pobreza irreversible” (cerca de 300 mil personas), el gobierno hubiera focalizado las baterías sobre el despilfarro de recursos que hacen los ricos, muchísimo más importante desde el punto de vista del volumen y de la justicia social.

Por ejemplo, si hubiera incursionado, perentoriamente, sobre las gigantescas evasiones fiscales de las grandes empresas, sobre las escandalosas exoneraciones tributarias, sobre el incumplimiento sistemático de las leyes laborales por parte de las patronales, o sobre los miles de millones de dólares que las mafias del contrabando lavan en el sistema bancario.

En lugar de controlar a los pobres y sancionar a aquellos “beneficiarios” del PANES que no cumplan con las “contrapartidas”, la sociedad (y el gobierno) debería acentuar un real control sobre los ricos y sus fortunas. Tendría que requisar los grandes stocks de alimentos y ropa almacenados en las cadenas de supermercados, grandes shopping y firmas distribuidoras; y aplicar un impuesto sobre el porcentaje de las ganancias empresariales. Para hacer realidad aquello de que “pague más, quien más tiene”.

2.4. El “cambio posible” se ha nutrido de otras decisiones políticas no menos importantes: el voto favorable al candidato de Washington para la presidencia del BID; el apoyo a la participación en la Operación Unitas; y la propuesta de enviar más tropas de ocupación a Haití. En las dos últimas cuestiones, el gobierno consiguió alinear a la inmensa mayoría de la bancada parlamentaria. Por otra parte, mantiene las “misiones de paz” en Kampuchea y el Congo, defendiendo incluso a las tropas denunciadas por corrupción y abusos sexuales aberrantes contra la población civil.

Ni los acuerdos comerciales con Venezuela, ni la iniciativa para que ese país y también Bolivia se integren a un MERCOSUR en crisis, permiten afirmar que estamos ante una política exterior soberana. Al firmar el Tratado con EEUU, el gobierno progresista no solo se arrodilla políticamente, sino que termina por aceptar el formato NAFTA/ALCA de “libre comercio” que incluyen todos los tratados bilaterales impulsados por la administración Bush. Por ello no puede extrañar la intención de firmar un acuerdo de “libre comercio” con EEUU, tal cual lo adelantara Tabaré Vázquez meses atrás en una entrevista al semanario Búsqueda.

2.5. La crisis socio-económica tiene como consecuencia un crecimiento exponencial de los antagonismos de clase (hoy deformados bajo el eufemismo de “conflictividad social”). Es decir, habrá un aumento de la resistencia popular aún sin romper con las ilusiones reformistas de las masas y ni erosionar completamente la confianza en el gobierno progresista.

De todas maneras, la lucha de clases es absoluta, continuará expresándose sordamente, sin ruidos estridentes, en ocasiones históricas. En este primer año de gobierno del Frente Amplio, el desarrollo de los acontecimientos políticos y sociales no alcanzaron el ”terreno crítico”. Se entiende por “terreno crítico”: a) una crisis de la base económica de producción y reproducción capitalista (que no está sucediendo); b) en un auge de luchas sociales que supere la mera resistencia “antineoliberal” y ponga en tela de juicio la política “distributiva” francamente regresiva (aunque se anuncie con bombos y platillos un crecimiento del PIB); c) una crisis en el Estado con renuncias de ministros o cambios ministeriales fruto de diferencias políticas, mas allá de los amagues, no las hubieron; d) votaciones divididas en el equipo parlamentario de gobierno de significación en determinada leyes (no las hubieron); e) una crisis en los partidos políticos importantes que dan respaldo al gobierno (no las hubieron a pesar de las tensiones en el MPP).

2.6. Las tensiones con Argentina por las plantas de celulosa no han generado una división en el gobierno, ni en los partidos, por el contrario se crea un escenario de “unidad nacional” patriotera con blancos, colorados y corporaciones patronales. De colaboración de clases. Un escenario en donde los movimientos sociales se presentan débiles, e incluso divididos, y en donde los movimientos ambientalistas cuestionan a las plantas de celulosa desde una sola perspectiva ecológica, sin asociarla a la penetración del capital multinacional. Casi nadie pone en tela juicio la estrategia gubernamental de promover las “inversiones extranjeras”.

Las oposiciones políticas a las medidas entreguistas del gobierno se mantienen en un plano defensivo y atomizado. En muchos casos con un valor testimonial: marchas del agua, concentraciones en el parlamento contra el Tratado con Estados Unidos, contra la operación Unitas, contra el envío de tropas de ocupación a Haití. Por otro lado, no hubo crisis en las fuerzas políticas del Frente Amplio. El disciplinamiento operó sin fisuras significativas. La excepción fue Chiflet (pues Lorier sigue en la tesis del PCU como “bisagra”). Las tensiones internas en el MPP y el PCU, no salen de un estado larvario y nadie habla de una ruptura con el programa y la estrategia del progresismo.

En tal sentido, no se vislumbra una crisis política, ni del gobierno, ni del régimen burgués de dominación en su conjunto, a menos que exista un aumento de la resistencia obrera y popular y un proceso de unificación de las luchas (hoy separadas y aisladas) que empalme con el descontento político de amplias franjas de la militancia de izquierda, incluidos sectores críticos al interior del Frente Amplio.

En el campo de los movimientos sociales y de la lucha de los trabajadores: se generaron decenas de ocupaciones de fábricas y centros de trabajo, se crearon 350 nuevos sindicatos, y hubo un aumento de las afiliación sindical (cerca de 70 mil); se realizaron movilizaciones por el salario, por el presupuesto (COFE), la vivienda, los médicos de salud pública y la educación. Movilizaciones de pequeños ahorristas estafados o pequeños productores rurales a punto de ser ejecutados (MADUR). Marchas y manifestaciones por el Agua, en protesta contra las plantas de celulosa y de oposición al ALCA. Y, sobre todo, hay que destacar la lucha de miles de compañeros y compañeras, principalmente de la izquierda clasista y revolucionaria, en la campaña de la Plenaria Memoria y Justicia por la liberación de los presos de la Ciudad Vieja. Y el 2006, comienza con la marcha de Fucvam a Punta del Este, y con la ocupación de los peludos de Bella Unión, volviendo a colocar en la agenda la cuestión de una reforma agraria borrada de todos los programas progresistas.

Obviamente, nada de esto puede hacernos olvidar que se firmaron 95 convenios colectivos, en muchos de ellos con pérdida o congelamiento salarial en los hechos, en donde la dirección conciliadora del PIT-CNT consiguió imponer su estrategia de negociación con un mínimo de confrontación movilización. Tampoco olvidarnos que la Ley de Fuero Sindical es vista como una verdadera conquista por muchos trabajadores, con lo que se refuerza la legitimidad de la burocracia conciliadora y su capacidad de controlar las estructuras del movimiento sindical.

La estrategia de “diálogo” y negociación se mantiene mayoritaria, incluso en sectores que, como el bancario, enfrenta elementos de una crisis muy seria: desmantelamiento del Banco Hipotecario, reestructura del Banco Central, liquidación de COFAC.

En resumen, la dinámica de la lucha de clases no ha generado una crisis de la estabilidad de la “gobernabilidad democrática”. Ni siquiera la política de DDHH, los ascensos policiales y militares fueron motivos de una crisis. El maridaje entre la oposición de derecha y el gobierno es casi total, salvo en temas secundarios (libertades anticipadas a presos sociales, doble discurso del gobierno, críticas al “cambio de programa” de la izquierda, etc.) En algunos casos esa mimetización con la derecha va más lejos, como por ejemplo en la propuesta Baraibar y Faropa para bajar la imputabilidad de los “menores delincuentes.

Alternativa revolucionaria

3.1. Ir conformando una política alternativa al programa del progresismo, constituye una urgencia social y política aún mayor que una resistencia acantonada en sectores reducidos de los movimientos sociales. Porque se trata de construir una amplia convergencia social de los de abajo para derrotar la política económica del gobierno y el FMI.

Esta es la cuestión de fondo (estratégica) que se plantea para una izquierda radical y anticapitalista que, más allá de su táctica de “acumulación de fuerzas” y su horizonte de “reagrupamiento”, ha sido incapaz de construir una política alternativa y unitaria, tanto para superar la dispersión como para promover la acción y la movilización popular.

Aquí está el déficit mayor. La izquierda radical se encuentra a la defensiva y atomizada en una decena de grupos con volumen militante e implantación social diversa. Los sectores de la izquierda revolucionaria se sienten acorralados por el enorme peso ideológico y político del reformismo en la sociedad en general y en el movimiento popular en particular, golpeados por las derrotas en el plano internacional y atrapados en muchos casos por sus errores sectarios. De todas maneras, los espacios de coordinación política que comienzan a desarrollarse son muy positivos y hay que extenderlos a los sindicatos, los barrios, las organizaciones de derechos humanos, la comisión por la defensa de agua, el movimiento contra las plantas de celulosa. Es decir, al campo de las resistencias sociales y las demandas populares más urgentes.

El desafío es darle una fisonomía político-organizativa a una propuesta anticapitalista que empalme las demandas democráticas y socio-económicas básicas, con las luchas clasistas, radicales y antiimperialistas de una amplia franja del movimiento popular.

Las condiciones están casi explícitas. Hacer confluir en la práctica militante y en la elaboración programática la riqueza de las diversas experiencias que, aún en un cuadro defensivo, se manifiesta en las múltiples resistencias sociales. La izquierda socialista revolucionaria debe atrincherarse tanto en posiciones clasistas, antipatronales, como en la más plena independencia política frente al gobierno y al conjunto de la arquitectura institucional del Estado que da forma al régimen político de dominación.

En cada fase histórica, se desarrollan procesos profundos de enfrentamientos capital-trabajo en las esferas de la producción, distribución y reproducción (por lo tanto, que no se limitan a un antagonismo entre asalariados y empresarios como se imaginan algunas corrientes políticas y sindicalistas de la izquierda). Promover la auto-organización de los trabajadores [empleados, precarizados, desocupados] es otra de las condiciones básicas para empezar a superar la frustrante realidad de una “izquierda oficial” cada vez más parasitaria y de un sindicalismo conciliador, de compromiso, que, a lo sumo, reduce su accionar al campo de la negociación sobre las conquistas mínimas y provisorias, pero que jamás pone en tela de juicio la propiedad privada y el despotismo patronal en la unidad de producción.

El inicio de ruptura (inicio en el sentido de la comprensión que puedan adquirir sectores relativamente decisivos de la militancia política y social) con el programa y la estrategia del Frente Amplio-Gobierno, será lento y desigual en el tiempo. La izquierda socialista revolucionaria entender ese proceso sin sectarismos y establecer diálogo militante con esos sectores. Al mismo tiempo, la izquierda socialista revolucionaria deberá asumir la responsabilidad de una implantación real en las luchas de resistencia para construir una convergencia con los movimientos sociales, particularmente con su componente más activo y politizado. De esto se desprenden cuatro implicaciones:

a) El respeto por las fuerzas socialistas revolucionarias, de la autonomía de los movimientos sociales en lo que se refiere a su capacidad de decidir, paso a paso, tanto sobre la metodología como las próximas etapas de la lucha. El respeto de esa autonomía va acompañada de la exposición pedagógica y respetuosa de los distintos puntos de vista (pluralidad) existentes al interior de los movimientos sociales. Estas opciones sobre la orientación de los movimientos sociales deben ser expuestas, entre otros, por los militantes que participan activamente de estos movimientos y sus luchas, y si estos militantes están organizados políticamente, deben hacerlo sin esconder su adhesión política;
b) Es esta orientación práctica la que crea confianza mutua entre los militantes no organizados políticamente del movimiento social, los militantes organizados políticamente, y los contingentes de luchadores sociales que, puntualmente, participan de las movilizaciones. De esta combinación surge el liderazgo de una vanguardia. La autonomía del movimiento social no implica para nosotros – a nombre de la unidad y los acuerdos - la renuncia al debate político abierto, a la propaganda política, a la agitación de las ideas socialistas. Por el contrario, esta es la mejor forma de politizar el movimiento social, en el entendido que éste no puede escapar a la política, cuya sustancia delante de un enfrentamiento de clase, es precisamente tener que definir lo que hacer hoy y mañana en el terreno de la lucha y la disputa de la relación de fuerzas en el plano político;
c) Las fuerzas políticas radicales que se van reconstruyendo y reagrupando en este período de resistencia popular, deben ir reconociendo la importancia de los procesos unitarios anteriores como marco de aprendizaje, acumulación y alianzas de la izquierda radical. Estas experiencias pasadas deben ser integradas, radiografiadas, reflexionadas. Evaluando lo positivo y negativo. Pero esto debe ser hecho para enfrentar políticamente las tareas del período presente que son marcadas por esta interconexión estrecha entre anticapitalismo, antiimperialismo y perspectiva de un socialismo a construir;
d) Para construir un nuevo reagrupamiento socialista, democrático y revolucionario (cuyo formato detallado no podemos diseñar hoy) se debe desarrollar una “estructura” que permita, al mismo tiempo, centralizar las tareas políticas inmediatas y garantizar el más abierto debate sobre las perspectivas revolucionarias en el mediano plazo. Esto es todo lo contrario a monolitismo burocrático y ahogo de las diferencias políticas. Cuando decimos centralizar las tareas políticas inmediatas esto significa, por ejemplo, un acuerdo inquebrantable sobre la necesidad imperativa de un programa alternativo que no solo se oponga al que implementa el gobierno, sino que defienda derechos adquiridos y avance en la recuperación de una conciencia de clase de carácter anticapitalista

3.2 Las relaciones entre fuerzas políticas y fuerzas no organizadas son decisivas en la construcción de una nueva organización socialista revolucionaria, en las relaciones de respeto entre esa nueva organización y los movimientos sociales. Esto torna obligatoria la necesidad de reflexionar, elaborar y debatir a la luz de la experiencia práctica. Que existan diferencias sobre las distintas temáticas y exigencias, no hace más que reflejar la vitalidad de la lucha y de los necesarios puntos de vista diversos y divergentes. Por analogía, en esta fase en la cual se (re) organizan lo viejo y lo nuevo, es imperativo que se pueda traducir bajo una forma racional y organizada la discusión sobre una nueva fuerza de la izquierda socialista revolucionaria.

Este debate puede asumir distintas formas. Desde luego como expresión pública en charlas, seminarios, talleres, publicaciones de carácter plural (revistas, folletos, etc.). Justamente, porque se trata de hacer visible la propuesta de reagrupamiento revolucionario en el cuadro de la dinámica de lucha de clases que marca el conjunto de resistencias y demandas del movimiento de las masas trabajadoras.

Obviamente, este proceso de construcción y reagrupamiento, cuyo primer peldaño son las coordinaciones entre fuerzas de la izquierda revolucionaria, será mucho más rico si demuestra su capacidad de acción eficaz en las luchas de los movimientos populares, en la solidaridad internacionalista – al menos en una escala regional y continental – en las relaciones democráticas al interior mismo del campo revolucionario, y si la nueva organización privilegia los intereses y necesidades de las masas trabajadoras, por encima de cualquier privilegio o interés de aparato, grande o pequeño.

3.2. La profundidad de la crisis capitalista y la brutalidad de la ofensiva contra los trabajadores, coloca como más urgente y necesaria la cuestión de la lucha por el poder y el desmantelamiento de estructura estatal de la dominación burguesa. Este es el centro de la acción militante y la perspectiva estratégica de la izquierda socialista revolucionaria. La destrucción del poder político que representa la concentración y centralización del capital, es la condición infranqueable para comenzar a transitar un proceso de emancipación social.

Plantearnos esta cuestión decisiva, nada tiene que ver con la supuesta “toma del Palacio de Invierno” que tanto la derecha como la izquierda reformista, caricaturizan a la lucha revolucionaria. Luchamos contra un poder de arriba (burgués) que está social e ideológicamente desacreditado, pero que cuenta con todos los recursos represivos, financieros y mediáticos a su alcance. Plantearse entonces la cuestión del poder, no quiere decir otra cosa que la unidad dialéctica entre la organización revolucionaria, la vanguardia colectiva de luchadores sociales y el movimiento de masas, siendo en esta etapa, la tarea principal el impulso de todo movimiento de acumulación de experiencias de resistencia, de acciones directas de masas, de cuestionamiento de la propiedad privada, y de reforzamiento de la conciencia para los enfrentamientos futuros.

Pero esto se debe hacer conjuntamente a la elaboración de un programa de reivindicaciones inmediatas vinculadas a las luchas contra los planes de ajuste y compresión salarial del FMI y del resto de las instituciones financieras internacionales. Simultáneamente, acompañarlas con propuestas de democracia directa (Referéndum, Plebiscito, Ley de Iniciativa Popular, etc.), como forma de ir rompiendo con la lógica de parlamentarización de la política que impone la “democracia representativa”. Es decir, para una fuerza de la izquierda revolucionaria, la alteración del orden institucional burgués, está estrechamente ligada al proceso de auto-organización y centralización de organismos populares que vayan prefigurando una “institucionalidad” popular alternativa.

De tales procesos, que se constituyen en el tiempo – con aceleraciones, pausas, repliegues, relanzamientos – surgen las chances de llegar a una alternativa real (no a la certeza de una victoria para las masas trabajadoras) que se forja por aproximaciones sucesivas, reagrupamientos, y un liderazgo amplio, donde la organización socialista revolucionaria (en el interior de esos procesos) pueda hacer coexistir diferentes corrientes como expresión de la heterogeneidad de la conciencia y de las diversas experiencias socio-económicas de lucha.

Ese liderazgo no puede afirmarse solamente en el terreno de las reivindicaciones democráticas, económicas y sociales. Tampoco bajo la idea de un supuesto “contrapoder” horizontal que solamente resiste y pero que deja la verdadera lucha por el poder y la disputa por la relación de fuerzas, librada a la rebeldía de los “nuevos” movimientos sociales.

Un liderazgo anticapitalista debe atacar los mecanismos – cada vez más sofisticados – del imperialismo y sus aliados locales (las clases propietarias de cada país). En otros términos, ese liderazgo socialista revolucionario amplio, societario, debe conquistar posiciones político-culturales, captar la imaginación creativa popular, formar, convencer y organizar referentes militantes, luchadores con autoridad y legitimidad que puedan identificarse con las luchas y los intereses de los trabajadores.

Igualmente, ese liderazgo socialista revolucionario, debe entender la capacidad que las fuerzas sociales tienen tanto para poner en práctica las reivindicaciones que reclama, como para contrarrestar la represión y las maniobras de un poder político burgués socialmente deteriorado, pero que dispone de una inteligencia político-represiva alimentada por el imperialismo.

Un elemento central de esta batalla se ubica en el plano de la “opinión pública”, o mejor dicho, en cómo reforzar la ruptura de la percepción mayoritaria en la llamada “sociedad civil” de que un cambio radical es imposible, dada la coerción-manipulación diaria ejercida por los mecanismos de reproducción caóticos del capital, y las estrategias colectivas e individuales de sobrevivencia desesperada de los oprimidos y explotados. Esta batalla consiste en establecer una coordinación de contra-información popular conectada a las movilizaciones y las luchas (experiencia de radios comunitarias, medios de prensa alternativos, redes electrónicas) para responder al monopolio mediático de los capitalistas. Las experiencias desarrolladas en México, Argentina, Bolivia, Colombia, Paraguay, Venezuela e inclusive Uruguay, ilustran la importancia de esta batalla.

3.4. Es el conjunto de los elementos y factores mencionados lo que provee el arsenal constituyente e imprescindible para esta etapa de resistencia táctica unida y en lucha con una estrategia de ofensiva; la auto-defensa popular, puede tener pasaje a una fase de ofensiva, ligada a coyunturas excepcionales, pues el arco es de resistencia, ofensivas que deben ser pensadas con anticipación como instrumentos de auto-protección en las luchas cotidianas.

Demás estaría decir que, en la construcción de una alternativa estratégica, debe incorporarse la dimensión regional y continental, de solidaridad y coordinación internacionalista con los movimientos sociales y políticos que articulan la resistencia. De una lucha asociada al combate contra la mundialización capitalista y el pillaje de los recursos naturales; en la oposición radical a los planes de conquista de mercados y empresas públicas de las transnacionales imperialistas (norteamericanas, europeas, japonesas) y a la expropiación de riquezas nacionales vía el pago de la deuda externa; a los Tratados de Libre Comercio (ALCA, TLCs con EEUU, acuerdos con la Unión Europea) y la los proyectos de integración capitalista y subordinada como el MERCOSUR; de rechazo al creciente proceso de militarización de América Latina por parte del imperialismo norteamericano (Plan Colombia, bases militares, Unitas) a las operaciones encubiertas por la ONU (ocupación en Haití), al bloqueo a Cuba y la campaña desestabilizadora contra el gobierno de Chávez.

La reflexión y el debate sobre la necesidad de construir un nuevo reagrupamiento político de la izquierda revolucionaria, de una nueva organización unitaria, ya comenzó. No solamente está colocado en la agenda de la Coordinación que hoy compartimos, sino también para quienes participan en la Fuerza Militante Revolucionaria. No se trata pues de promover contradicciones o “competencias” artificiales, sino de asumirnos como componentes de una misma izquierda clasista y revolucionaria.

Evidentemente, se trata de un proceso embrionario y molecular. Que se acelera, sin embargo, a partir de experiencias y acciones comunes (contra el Tratado de Inversión con EEUU, contra el ALCA, escraches contra la impunidad del terrorismo de Estado, contra las plantas de celulosa, en defensa del Plebiscito del agua, en la solidaridad con los cañeros de Bella Unión). Pero también en los piquetes contra el hambre, en espacios clasistas en varios sindicatos (cuyo ejemplo más importante es la lista 810 de AEBU), en los barrios, en las coordinadoras sociales, entre los estudiantes, y en el movimiento de derechos humanos.

Montevideo, 7 de febrero 2006

Movimiento Revolucionario Oriental
Colectivo Militante
Frente Revolucionario por una Alternativa Socialista
Columna Artiguista de Liberación 1971
Refundación Comunista