14 de agosto: Día de las y los mártires estudiantiles

14.Ago.20    Noticias - Nacionales
   



La definición de mártir nos dice sobre una persona que muere o sufre por defender sus ideales. Las ideas guías de aquellos a quienes les arrebataron sus vidas por luchar no se reducían a una educación servil a los intereses de una clase que hace un uso de la educación como herramienta que explota y oprime, las ideas guías que marcaron a aquellos estudiantes fueron la de la unidad y la lucha, con diferencias ideológicas, pero al paso de una lucha transformadora. Los mártires estudiantiles que recordamos hoy por transformar aquella sociedad forman parte de una clase que debe asumir la enorme tarea de destruir este sistema corrupto, putrefacto y obsoleto y no reformarlo, y los estudiantes en ese proceso tiene enormes cargas de vitalidad, creatividad y espíritu combativo.
Por lo tanto, con fuerte voz, con los puños en alto y con los pies caminando hacia la destrucción del capitalismo y la construcción del socialismo decimos:

Recordar es luchar

Por un movimiento estudiantil clasista, solidario y combativo

¡Por la revolución y el socialismo!


Otro 14 de agosto se vislumbra en el horizonte, en honor a todas y todos los mártires estudiantiles que murieron luchando no solo por una educación pública de calidad, sino luchando para transformar esta sociedad en una más justa. Hoy en día, desde los sectores que dicen defender los intereses de las y los estudiantes, hipócritamente de cara a la histórica marcha de todos los 14 de agosto, levantan a los y las mártires anteponiendo los intereses que la cúpula progresista les dictamina desde lo alto, agitando consignas vacías, ajenas a las necesidades reales de todas y todos los estudiantes.

Siguiendo el sucio papel de funcionales al Frente Amplio, usan los rostros de aquellas y aquellos mártires que dieron su vida por transformar esta putrefacta sociedad, transformarla radicalmente, no al modo progresista legitimando esta democracia burguesa donde una minoría es la que tiene el poder real y concreto, no buscando migajas, sino yendo en busca de toda la torta, aspirando a la construcción real de una democracia que esté en manos de los explotados y oprimidos. En este sentido es sumamente importante remontarnos un poco al pasado, rescatando la lucha de los que cayeron, para levantar sus banderas, no levantar cínicamente sus rostros una vez al año, dejando de lado todo su fervor rebelde y revolucionario, palabras que tanto temor provocan en las filas de la clase dominante y de los sectores que apuestan todas sus fuerzas a la conciliación de clase despreciando la lucha de las mismas que es propia del antagonismo en los intereses de una y otra.

Las décadas de los 60 y 70 ofrecían una perspectiva diferente para aquellos de intención revolucionaria. Se avanzaba en el enfrentamiento contra el imperialismo y se abonaba en el camino revolucionario y en la construcción del socialismo. Se encontraban ejemplos vivos como la guerra de Vietnam, el mayo francés, la primavera de Praga, México, Argentina, la revolución cubana, y otras expresiones de lucha que sacudían las estructuras capitalistas a lo largo y ancho del mundo y de las cuales sin dudas la realidad de nuestro país y de nuestra juventud trabajadora y estudiantil no era ajena, Eran tiempos que la chispa se había transformado en calor de luchas, de elevación en la conciencia de los y las jóvenes, que ya no se conformaban con mejoras en el marco del capitalismo sino que apostaban con desdén a la construcción de otra sociedad. Es decir, las condiciones subjetivas, por el marco mundial, y por la propia dinámica de luchas que se enarbolaban en nuestro país, desde la sindical, social, estudiantil, política, armada propiciaban un flujo de masas que estaba dispuesta a dedicar sus energías a la transformación de aquella sociedad.
Pero no solo las condiciones subjetivas impulsaban aquel accionar, si no que las condiciones objetivas promovían la profundización de la lucha de clases. El periodo entre el 68 y el 73 en nuestro país se vio marcado por una crisis económica y social, y en este contexto se enmarca un movimiento estudiantil de masas de rasgos radicales, tanto en su práctica como en sus postulados político/ideológicos.

El agotamiento de la democracia burguesa se fue gestando dando lugar a su verdadero rostro ya sin tapujes ni maquillajes avanzada la década del 60 con énfasis en los 70. Se podía apreciar la figura consolidada de una dictadura de clases, en este caso de la burguesía en su rol de clase dominante. En el marco de gobiernos elegidos según las pautas de la democracia burguesa comenzaron las primeras medidas y síntomas a nivel político, militar y social de lo que sería la arremetida violenta y ejemplarizante ante cualquier intento de levantamiento y enfrentamiento frente a la autoridad burguesa. Medidas prontas de seguridad, persecuciones, hostigamientos, represiones, las libertades democráticas burguesas bastardeadas frente al avasallamiento del imperialismo y la burguesía local. Las fuerzas coercitivas, brazo armado de un estado burgués, cumplían allí su rol protagónico de salvaguardar los intereses de la burguesía como perros falderos. Enfrentados a estos se alimentaba nuestra clase, los trabajadores, los estudiantes, de aquellas ideas guías para la lucha, llevadas en todos sus métodos a la práctica. Se leía Marx, Engels, Lenin, Ho Chi Min, Mao, Bakunin, Proudhon y se encontraban los ejemplos en vida de Fidel, el Che y una enorme cantidad de hombres y mujeres que en todas partes del mundo levantaban las banderas de revolución y destrucción del sistema capitalista.

Los estudiantes muertos en la deteriorada democracia burguesa y la consolidada dictadura terrorista de estado son un ejemplo de esta situación. Aquellas fueron décadas donde todos -con diferentes métodos, con diferentes consignas, transitado desde la lucha reivindicativa a la lucha armada-, se organizaron para luchar. Estudiantes de la UJC, del FER, de la ROE, de la FEUU, no solo militantes gremiales, si no que eran individuos que, insertos en sus lugares de estudios, participaron de organizaciones políticas, sindicales y militares. Con diferentes orientaciones, maoístas, marxistas–leninistas, anarquistas, guevaristas en el marco de movilizaciones estudiantiles, en el marco de la huelga general, en el marco de la toma de pando, enfrentaron al enemigo asumiendo la defensa de los intereses de nuestra clase
Podemos decir entonces que el movimiento estudiantil llevaba adelante una gran variedad de métodos de lucha válidos, por los que muchos murieron o sufrieron torturas, desapariciones, persecuciones por el escuadrón de la muerte bajo el pachecato, fueron obligados al exilio, vieron como sus familiares y amigos sufrían las consecuencias de su militancia, el enemigo se mostró sin tapujes, y también utilizó todos los métodos para hostigar, amedrentar y eliminar a los subversivos como desde las fuerzas del orden se calificaba a quienes luchaban por una sociedad justa.
Desde las enseñanzas que podemos retomar de estas épocas en sus errores y aciertos, es necesario hacer el análisis del movimiento estudiantil actual.

Como en el plano sindical y que el movimiento se encuentra cooptado por el progresismo, que levanta aquí las mismas banderas que en otros ámbitos.
“Sin educación pública no hay futuro” y “la crisis no la pagará el pueblo” son las consignas para este 14 de agosto, día de los mártires estudiantiles. Desde estas consignas vacías se pretende hacer críticas al gobierno de turno y su nefasto accionar, pero con la mera intención de aportar al camino de campaña electoral del FA, que desde ya están preparando. Se pretende defender la educación pública desde un partido que durante sus 15 años de gobierno impulsó políticas privatizadoras, (como las PPP), que rebajó la calidad y contenido en planes decadentes, que utilizó la promesa de un 6% en presupuesto para la educación como campaña, pero estuvo lejos de cumplirla, pero justamente ahora aparecen como los grandes defensores de la educación pública.

¿Podemos dejar de lado al impulsar esta consigna las promesas electorales y las sentidas y repetidas palabras de Mujica en su discurso inaugural como presidente mencionando tres veces la palabra educación y a los meses mandando a las y los maestros a dar clases debajo de un árbol de ser necesario?

¿Podemos impulsar esta consigna que se coloca en función de los intereses partidarios del Frente Amplio, cuando esta fuerza política reprimió a palo limpio a estudiantes y trabajadores que ocupaban el CODICEN en pos de un presupuesto que el gobierno negaba mientras exoneraba de impuestos y beneficiaba a la educación privada bajo el discurso de que no había recursos económicos?

¿Podemos obviar el impulso del ‘cambio de ADN’ en la educación impulsado por el gobierno de Tabaré Vázquez, y el discurso de una educación pública en crisis, para legitimar la puesta en escena de Eduy 21 donde confluyen personajes de los más amplios espectros de la clase dominantes y sectores reformistas, desde lo político, sindical y social?

¿Qué lugar ocupa una educación que recibe recursos si se cumplen con los lineamientos de las organizaciones financieras internacionales que claro esta, responden a los intereses del Imperialismo, y colocan a la educación como una herramienta funcional de donde obtener la mano de obra barata y que permita seguir andando a un sistema que los exprime y luego los desecha?

¿Dónde está el futuro que esta educación le debería asegurar a miles y miles de niños, niñas, jóvenes y adolescentes que son desertores de un sistema educativo que los expulsa y que para que ello suceda tiene una gran incidencia su origen socioeconómico, donde los quintiles más pobres de la sociedad elevan las cifras de desertores?

Para ellos el futuro que el sistema educativo les brindó son planes que certifiquen que completaron los estudios, cursando un par de materias en un par de años, con el fin de que los números prometidos en la campaña electoral den y que al presentarlos frente a las organizaciones financieras se siga habilitando el crédito.

Para miles y miles de estudiantes el futuro es tener la obligación de trabajar para poder costearse los estudios, es la obligación de estudiar lo que se puede y no lo que se quiere por no tener los recursos, es posponer y esperar que haya cupos en las facultades, ya que no hay lugar para acoger a cientos de estudiantes que no pueden cursar, o deben hacerlo cuando sus futuros colegas se ven impedidos de estudiar por diferentes razones.
Y continuado en esta línea podríamos desenmascarar lo que han sido políticas educativas que pretenden ser legitimadas con ciertas concesiones y otras arrancadas por las luchas, pero que son migajas en comparación a los recursos que se escabullen por la ley de mecenazgo del gobierno de Mujica beneficiando la educación privada, y lo privado religioso, colaborando a la construcción de un discurso donde lo privado es el modelo a seguir para la obtención de mejores resultados y de allí por ejemplo se esgrime la figura de Ernesto Talvi y su modelo chileno.

Pero la consigna no culmina allí. “La crisis no la pagará el pueblo”, dice la consigna que impulsa desde el movimiento estudiantil un sector que tras su periodo de gobierno dejó 400.000 trabajadores informales. Un gobierno que, al igual que el actual, pagó los intereses de la deuda externa, se sometió a las políticas del FMI, BID, Banco Mundial, y a los intereses del gran capital, firmando por ejemplo el contrato con UPM. Entonces si en esta consigna fría del reformismo, “La crisis no la pagará el pueblo”, ¿Quién la pagará? Habría que aclarar qué noción de pueblo viene manejando el progresismo, cuando llama a la unidad nacional, y que de esta crisis salimos todos, metiendo dentro de la misma bolsa a patrones, trabajadores, estudiantes, en una palabra, a explotadores y explotados. En su política de conciliación pretenden, valga la redundancia, conciliar los inconciliables intereses de todas las clases, cuando es imposible tratar de armonizar la brutal diferencia entre capital y salario, entre burgués y trabajador, ya que sus intereses son antagónicos, y de la única manera que se resuelve este antagonismo es a través de la lucha contra la explotación y opresión. Es por ello que juegan con la palabra pueblo a secas, abstracta. La clase social que se enriquece a costa de explotar a otras no puede formar parte de la palabra pueblo. Esto debido a que los intereses progresistas están aliados a los del gran capital, no permitiéndoles ir al hueso del asunto y definir claramente que quienes deben pagar la crisis son quienes la generan, es decir, la clase dominante.

Pero además, debido como ya mencionamos, a sus intereses electorales, con estas consignas pretenden marcar una diferencia entre el gobierno anterior y el presente. Alimentando esa falsa dicotomía entre las fuerzas progresistas y las fuerzas conservadoras, entre “la ola esperanza” y el retroceso, entre pueblo y oligarquía. Cuando justamente en la práctica concreta no se diferencian mucho, siendo básicamente como quien de los dos es el menos malo, el menos lacayo del imperialismo y del gran capital. Por ello, la consigna de este año es una continuación de la consigna del año anterior, “Contra el miedo y el retroceso”, que refería en su momento al proyecto de la reforma y a los supuestos logros del FA que había que apreciar y no dejar ir. Este año, como oposición, el progresismo levanta banderas contra la LUC, siendo que votó más de la mitad de los artículos.
En educación, los sectores progresistas plantean que la LUC es un ataque contra lo público y logros alcanzados en períodos previos. Nosotros entendemos como una profundización de un proceso que se viene gestando desde gobiernos anteriores de privatización, aumento de represión, entre otras problemáticas.

En este contexto ¿Qué significa recordar y mantener viva la memoria de los mártires estudiantiles?

La manera de cambiar esta realidad, la forma de mantener viva la lucha de los estudiantes, de nuestros mártires, los mártires de todos, es levantar sus banderas, aquellas enterradas, aquellas que reivindicaba un movimiento estudiantil con capacidad transformadora de la realidad, un movimiento estudiantil como sujeto político junto a la clase, aquel que mediante movilizaciones, huelgas, acción directa, lucha organizada pensaba y actuaba con el horizonte puesto en la revolución y la destrucción de un sistema que se sostiene en la explotación del hombre por hombre, es decir hacer de los espacios gremiales, una tribuna de las necesidades de los estudiantes de cada liceo, universidad, luchando por solucionar en primera instancia, las necesidades elementales que sufren las y los estudiantes, y en paralelo con estas reivindicaciones, ir más allá de lo inmediato, y luchar por la construcción de un movimiento estudiantil clasista, solidario y combativo, para que los jóvenes seamos participes en la enorme tarea de transformar esta sociedad capitalista, en una sociedad sin explotación ni opresión de ningún tipo, es decir, lisa y llanamente, transitando por el camino de la revolución y el socialismo.

La definición de mártir nos dice sobre una persona que muere o sufre por defender sus ideales. Las ideas guías de aquellos a quienes les arrebataron sus vidas por luchar no se reducían a una educación servil a los intereses de una clase que hace un uso de la educación como herramienta que explota y oprime, las ideas guías que marcaron a aquellos estudiantes fueron la de la unidad y la lucha, con diferencias ideológicas, pero al paso de una lucha transformadora. Los mártires estudiantiles que recordamos hoy por transformar aquella sociedad forman parte de una clase que debe asumir la enorme tarea de destruir este sistema corrupto, putrefacto y obsoleto y no reformarlo, y los estudiantes en ese proceso tiene enormes cargas de vitalidad, creatividad y espíritu combativo.
Por lo tanto, con fuerte voz, con los puños en alto y con los pies caminando hacia la destrucción del capitalismo y la construcción del socialismo decimos:

Recordar es luchar

Por un movimiento estudiantil clasista, solidario y combativo

¡Por la revolución y el socialismo!