Mensaje al V Congreso del MRO (CAL71)

07.Feb.06    Noticias
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Leído por un compañero del Consultivo de Dirección del Coordinador Artiguista de Liberación 1971 en el pleno del Congreso del MRO


MENSAJE DE LA DIRECCION DEL COORDINADOR ARTIGUISTA DE LIBERACION 1971 AL V CONGRESO DEL MOVIMIENTO REVOLUCIONARIO ORIENTAL

Compañero Mario Rossi Garretano
Compañeros del Movimiento Revolucionario Oriental

Compañeros del Frente Revolucionario por una Alternativa Socialista

Compañeros de la Coordinación:
Colectivo Militante por la Unidad de los Revolucionarios y
Refundación Comunista

Compañeros Fogoneros

Como portavoz del Consultivo de Dirección del Coordinador Artiguista de Liberación 1971, tengo la responsabilidad y el honor, de acercar a ustedes este mensaje de nuestro agrupamiento.

ESTOS TRABAJOS PREPARATORIOS del V Congreso de vuestra organización política, para nosotros, militantes convencidos de la necesidad histórica de transformar de raíz la sociedad, a partir de la abolición de la explotación del hombre por el hombre en el marco de la construcción y desarrollo del socialismo, tiene una importancia cardinal.
Llaman ustedes a este encuentro de trabajo “Congreso por la Unidad de los Revolucionarios”; nuestra organización política, humilde espacio de militancia, lucha ideológica y propaganda política, se concibe a sí misma como un aporte en esa dirección y, en consecuencia, desde nuestra primera aparición pública llamamos a la coordinación y unidad de la izquierda clasista, antioligárquica y antimperialista.

La unidad de los revolucionarios es una necesidad estratégica de fundamental importancia; sin ella, es inconcebible el proceso y, menos aún, la victoria. Esta unidad, que se construye a partir de convicciones ideológicas inflexibles y una acción política signada por la capacidad de visualizar y articular vertientes del pensamiento revolucionario en una estrategia por la toma del poder, requiere generosidad, confianza, respeto por los matices y un trabajo de siembra constante, infatigable, sin pausa.

Compañeros del MRO, ustedes, hace ya unos meses nos abrieron las puertas de esta casa; una casa del pueblo. Una casa con una historia de sacrificio y heroísmo como pocas, pero también, una casa que es símbolo de principios, convicción y lucha en una hora en la cual observamos con tristeza y repugnancia, la claudicación cobarde, la entrega rastrera y la traición abyecta y cínica de muchos ex guerrilleros, ex revolucionarios, ex compañeros.

Para nosotros, estar hoy, aquí, junto a ustedes, es motivo de compromiso militante, convicción revolucionaria y una responsabilidad desde la cual nos exigiremos, cada día, no defraudar.

Compañeros todos, nuestras convicciones están sustentadas en el entendido que “la historia de todas las sociedades hasta nuestros días es la historia de las luchas de clases”, como definieran en el Manifiesto los padres fundadores de nuestro movimiento. Desde esta certeza, pretendemos aportar a la gran columna que deberá desarrollar la estrategia que nos ponga ante la cuestión del poder en condiciones de asumir el desafío que todo revolucionario persigue.

Esta estrategia no será encontrada en ningún manual ni libro de bolsillo, pero no debemos despreciar la teoría; esta estrategia estará signada por las particularidades de nuestra historia, nuestra geografía, nuestra estructura socio-económica, nuestra cultura, pero también por las leyes del materialismo dialéctico y las generalidades del desarrollo de los procesos revolucionarios; esta estrategia requerirá de cada revolucionario y de cada organización, pero sobre todo del pueblo y su vanguardia, que, en nuestro modesto entender, será colectiva o no será.

Nuestra revolución deberá procesarse en el marco de nuestra geografía, pero nuestra geografía concebida desde Artigas y no de Ponsomby, desde una concepción de Patria Grande e internacionalismo y no de Estado nacional y chauvinismo narcisista.
Nuestra revolución será si es proletaria y campesina pero también de los marginados y la pequeña burguesía, los estudiantes y los excluidos del saber, las mujeres y los niños, los ateos y los hombres de fe que sueñan con multiplicar panes y peces para saciar el hambre del pueblo.
Nuestra revolución será oriental o no será, pero para ser oriental debe ser latinoamericana, indígena, negra y mestiza.

Estamos frente a una coyuntura en la cual no podemos darnos tregua pero tampoco podemos cometer errores producto de un accionar tacticista, desarticulado y marginal. Deberemos concebir nuestra acción política desde la articulación de nuestras convicciones a partir de vehículos propositivos, propagandísticos y agitativos que expresen las necesidades programáticas de los sectores perjudicados por la gestión de este gobierno, que encarna de manera perfecta los objetivos del imperialismo y las clases dominantes.

Quiere decir esto que no basta con que tengamos razón; deberemos convencer a grandes masas de pueblo y, para ello, tendremos que apelar a operar en todos los terrenos. Nuestros mensajes deberán optimizarse en forma y contenido, nuestras herramientas deberán estar a la altura de los avances científico tecnológicos, nuestro impacto en la opinión pública deberá revertir la creencia instalada en grandes sectores de pueblo, de que este gobierno gobierna para ellos.
No es pequeño el desafío; deberemos desarrollar luchas en todos los terrenos que, en enfrentamientos sucesivos en todos los planos, nos permitan avanzar cualitativamente a condiciones cada vez más favorables.

No tenemos la receta de “la revolución a la vuelta de la esquina”, compañeros; ni ustedes la creerían si nos atreviéramos a plantearla.
Deberemos, en la práctica, desarrollarla, confrontarla con la realidad concreta y continuar hasta vencer. Para ello hace falta que cada organización revolucionaria perfeccione su perfil, defina sus estrategias, sopese su táctica y a la vez, es necesaria la síntesis que signifique la concreción de una dirección colectiva que conduzca la lucha del pueblo sin colocarse por encima del mismo, pero tampoco delegue en la masa la tarea que ésta requiere de la organización.
Este momento, este día, este encuentro de revolucionarios debe ser un mojón en ese derrotero.

Compañeros de todas las organizaciones, no queremos abusar ni de su tiempo, ni de su paciencia; queríamos sí, expresar algunas ideas que pueden contribuir, creemos nosotros, a un debate fecundo, no de gabinete o seminario, sino de militantes populares de pata en el suelo que, un día sí y otro también, sudan y sueñan por y para la sociedad del pan y de las rosas.
Permítannos, antes de terminar, expresar algo más.

Este local tiene, además de su carácter propio vinculado a las luchas de su organización, dueña por mérito propio de un lugar en la historia de la revolución en estas tierras, un valor simbólico especial que le aportan esas banderas; las mismas son la sublimación de la sangre de nuestro pueblo americano, su mejor historia, su más puro ejemplo.
Si no se toma como un atrevimiento de nuestra parte, nos llenaría de orgullo y compromiso, entregar a nombre del CAL71, al revolucionario Mario Rossi Garretano y en él a todos los presentes, la primer bandera del Coordinador Artiguista de Liberación 1971 para que, humildemente, ocupe un lugar en esa pared cargada de historia.

Muchas gracias.

VIVA LA UNIDAD DE LOS REVOLUCIONARIOS
VIVA EL MRO
VIVA LA REVOLUCION SOCIALISTA
VENCEREMOS