Declaración de la CGI sobre la situación en Catalunya



En las últimas semanas ha tenido gran repercusión internacional el conflicto en Catalunya, que se da entre los sectores que promueven la independencia de esa nación y el gobierno central español.

Este conflicto que tiene una larga historia, se agudizo a partir del estallido de la última crisis capitalista que exacerbó esta y todas las contradicciones de clase.

Hablamos de contradicciones de clase, porque, si bien estamos ante un conflicto que adquiere la forma de la lucha independentista de una nación respecto al estado central español, lucha impulsada por sectores de diferentes clases sociales, el contenido de la misma revela la agudización extrema de la lucha de clases en el corazón mismo de las potencias imperialistas, que la crisis capitalista no deja de generar.

El conflicto en Catalunya no puede analizarse por separado de fenómenos como la salida de Inglaterra de la Unión Europea, la crisis en Grecia e Italia, las expresiones de xenofobia, el resurgimiento de la extrema derecha en toda Europa, etc. En definitiva, una serie de fenómenos que pautan un panorama de fragmentación y crisis en ese continente.

La gran burguesía busca aprovechar la crisis para aumentar los niveles de explotación de la clase obrera, y además el proceso de centralización de capital se acelera, de la misma manera que la competencia inter burguesa y el fagocitamiento de los capitales menores por parte de los más grandes.

En este contexto es que las viejas contradicciones entre el estado central y las diferentes nacionalidades se agudizan.

El estado español es el representante en primerísimo lugar de la gran burguesía del país, de los capitalistas propietarios de las grandes multinacionales con origen en ese país, y los mismos están dispuestos a hacer pesar ese hecho, no solo contra la clase trabajadora, sino también en las disputas inter burguesas.

Del mismo modo la burguesía de menor escala, de las diferentes regiones, busca generar su contrapartida, a partir de mayores niveles de autonomía en los aparatos estatales regionales, buscando mejores condiciones de negociar con la gran burguesía central, el reparto del fruto de la explotación de la clase obrera.

Este proceso se da en el marco de grandes luchas de masas que se dieron en los últimos años, en contra del desempleo, los desalojos, la corrupción, los privilegios de unas zonas sobre otras, y del centro del país respecto a las diferentes regiones, etc, es decir contra las manifestaciones de la crisis que más golpearon a los sectores populares. Pero estas manifestaciones se produjeron en el marco de un enorme atraso ideológico, sin la acción destacada de partidos revolucionarios, sin que la clase trabajadora generara una línea política propia, que le permitiera insuflar un contenido y una perspectiva revolucionaria y socialista al proceso.

Es así que esa enorme oleada de movilizaciones de masas que se dieron en España a principios de esta década fue capitalizada por corrientes reformistas de diferente tipo que se colocaron desde la cima de esas luchas, como continuadores y garantes de la institucionalidad. Podemos, en el estado español, y la CUP en Catalunya, entre muchos otros, son ejemplo de esto.

Son sectores que buscan, y han conseguido hasta el momento, desviar el grueso de la movilización popular hacia la conciliación de clases y hacia la institucionalidad burguesa.

El “Proces”

En este contexto comienza, en 2010 el proceso que ha llevado al referéndum del pasado 1 de octubre.

El mismo se dispara cuando en ese año, a instancias del ala más reaccionaria de la burguesía española, representada políticamente por el PP, se declaran inconstitucionales varios artículos centrales del nuevo Estatuto de Autonomía para Catalunya, que acordado en 2006, reflejaba el resultado de las negociaciones entre el gobierno central y el gobierno regional, es decir entre los representantes de la gran burguesía española y los de la burguesía catalana.

Aquí es necesario detenerse un momento para clarificar mejor esta caracterización. Cuando hablamos de la gran burguesía española, nos referimos a dueños de grandes capitales, cuyos intereses no se ciñen a una región u otra, sino que por la escala de los mismos refieren a España como un todo, e incluso exceden los propios límites nacionales. Estos grandes capitales, aún aquellos cuyo origen es catalán, son los primeros interesados en el mantenimiento de la unidad política del estado español. De hecho, como medida de presión ante la realización del referéndum, varias de estas grandes empresas amenazaron con recolocaciones de sus instalaciones en Catalunya, dándose la aparente contradicción de que varias de ellas son empresas de origen catalán.

En lucha con estos sectores, con el interés de negociar mejores condiciones de explotación de la clase obrera, se encuentran los capitalistas cuya producción se concentra más fuertemente en la región. Catalunya es la zona más rica de España. La región representa casi el 20% del PBI del estado español y desde allí se origina un 25% del total de las exportaciones españolas. Es la región que presenta el mayor desarrollo industrial, cuenta con el menor desempleo y con una renta per cápita que en 2016 se situó un 19,6% por encima de la media de España.

En la región existe una burguesía media y pequeña muy numerosa, y cuyos intereses en el conflicto pasan por disminuir la porción de plusvalía que el estado central se apropia de la clase obrera de la región. Este sector social aspira a obtener mejores condiciones de reparto del fruto de la explotación de los trabajadores, reclaman que el gobierno local, sobre el que pueden hacer pesar con mucha más fuerza sus intereses, tenga mayor autonomía para fijar presupuestos, fijar impuestos, distribuir subsidios, arbitrar conflictos, etc.

Por supuesto que estos reclamos empalman con la larga historia de resistencia contra la opresión económica, política y cultural que el estado central español, Madrid, Castilla, mantiene sobre las regiones y sobre Catalunya en particular.

El planteo independentista ha canalizado mucho de los reclamos populares y en particular de la clase obrera.

La identificación del estado central español con los grandes capitalistas, con la política económica que se descarga contra los explotados, con la corrupción, con la represión cultural, hace al mismo el blanco central de la lucha de los trabajadores. Esto de por si, por supuesto que significa un paso en el sentido correcto, pero el problema es que esto no se ve acompañado entre las masas de un planteo con carácter de clase, revolucionario, socialista.

La salida, el objetivo buscado, es la independencia nacional, a secas. Esto refleja que el movimiento de masas que impulsa la lucha independentista esta hegemonizado ideológica y políticamente por la burguesía.

El objetivo central del mismo, mientras esto siga así, será el llegar a instancias de negociación que permitan discutir mayores niveles de autonomía para el gobierno local, expresando de esa manera, mejores condiciones de apropiación de plusvalía por parte de la burguesía de la zona. Políticamente esto se expresa en el intento de resolver la situación mediante negociaciones entre el gobierno institucional catalán y el gobierno central español, es decir, mediante los representantes de la burguesía, dejando a las masas populares como meros puntos de apoyo para los mismos.

Sin embargo las cosas no son tan sencillas. En primer lugar porque la clase obrera, aún sin dirección política propia, tiende inevitablemente con su lucha a rebasar los límites que la burguesía pretende dar al proceso, forzando planteos más radicales, generando las condiciones para formas de lucha que superan los procesos que se dan en el marco de la institucionalidad burguesa.

Y por otro lado, porque el gobierno del PP ha respondido con una posición intransigente, dificultando cualquier negociación, llegando a la feroz represión contra el pueblo catalán durante el plebiscito del 1 de octubre y al planteo de la destitución del gobierno regional.

Lo que sucedió este el 1 de Octubre en Cataluña es la firme decisión por una gran parte de los catalanes de separarse del Gobierno Central de España y su Monarquía.

Rajoy minó Cataluña de policías los días anteriores al plebiscito, secuestró urnas, boletas electorales del Referendum, intentó generar terror en la población para que desistan de ir a votar por la separación del Estado Español.

Aun así los resultados los resultados fueron los siguientes: SI: 2.020.144 (90,09%), NO: 176.566 (7,8%), BLANCO: 45.586 (2%),NULOS: 20.129 (0,89%)

En todo el territorio español hubo numerosas movilizaciones en contra de la represión sufrida por el pueblo catalán y manifestaciones minoritarias apoyando la represión del Gobierno de Rajoy y la unidad de España.

La movilización popular se ha mantenido y el anuncio de Rajoy de destituir al gobierno catalán fue recibido con una nueva oleada de movilizaciones populares.

Rajoy busca dar una imagen de mano dura, de estar dispuesto a todo por defender los intereses de los grandes capitalistas, a los cuales representa. Es que la estrategia de la gran burguesía en España toda, y en realidad en toda Europa, pasa por el aumento de los niveles de explotación, por la quita de conquistas populares en educación, salud, etc, por la reducción salarial, por aumento de los niveles de subsidio a los grandes capitales por parte del estado a costillas del pueblo, para lo cual apuesta a la represión ante la lucha social. La creciente militarización de la sociedad, con la excusa del terrorismo, el resurgimiento del nazismo, la xenofobia, son expresiones del auge de la ideología más reaccionaria, que ha llevado al gobierno a sectores que apuestan a esas predicas.

Es el caso del PP en España, y por lo tanto no puede extrañar a nadie que este sector político, representante de lo más rancio de la burguesía, heredero de la tradición franquista, reaccione con represión ante la movilización popular.

El viernes 27 de octubre, después de que el Parlamento de Cataluña votara la declaración formal de independencia, 70 legisladores lo hicieron a favor, dos en contra y diez se abstuvieron, en tanto los 52 parlamentarios del Partido Popular, Partido Socialista Catalán y Ciudadanos se retiraron de sala por considerar ilegal la votación, el gobierno de Rajoy, con la anuencia del Senado de España, hubo 214 votos a favor y 47 en contra, dispuso tres medidas que agudizan aún más el conflicto:

El presidente de Cataluña, Carles Puigdemont y el vicepresidente Oriol Junqueras fueron destituidos, así como los restantes once jerarcas. Sus funciones son asumidas por el gobierno nacional con plenos poderes. El Parlamento catalán es cesado en sus funciones desde el viernes y será reemplazado por el Poder Legislativo que surja de las elecciones. El gobierno de España dispuso la convocatoria a elecciones en Cataluña para el jueves 21 de diciembre. Al mismo tiempo el gobierno de España cesó a Josep Lluis Trapero como Mayor de los Mossos dEsquadra, la policía autónoma catalana.

Estas medidas marcan que el gobierno vuelve a subir la apuesta, intentando acabar con la cabeza política del movimiento independentista.

La respuesta del gobierno depuesto fue tan timorata como toda su política. Carles Puigdemont salió públicamente al día siguiente con un discurso emitido por la televisión pública catalana en el que continuó siendo presentado como “presidente de la Generalitat” y llamó a los catalanes a ejercer una “oposición democrática”. Puigdemont pidió a los catalanes “continuar perseverando sin violencia y sin insultos” en la defensa de la declaración de independencia que en realidad solo existió discursivamente. Sostuvo que “nuestra voluntad es continuar trabajando para cumplir los mandatos democráticos y al mismo tiempo buscar la máxima estabilidad y tranquilidad”. Después de este planteo llamando en realidad a la no resistencia ante el nuevo avasallamiento de la autonomía catalana por parte del gobierno central, Puigdemont no anunció absolutamente ninguna medida concreta para afianzar la supuesta declaración de independencia catalana, que realizara el parlamento el viernes.

Estos últimos episodios ponen una vez más absolutamente claro que la dirección burguesa del movimiento independentista esta en primerísimo lugar preocupada por el mantenimiento del orden y la estabilidad del sistema burgués de gobierno y en segundo plano recién viene el planteo independentista.

La salida

El conflicto por la independencia catalana tiene raíces históricas muy profundas y una base social actual dada por el enorme descontento de las masas populares ante el deterioro constante de sus condiciones de vida, en beneficio de los grandes capitalistas.

Hasta ahora el proceso ha sido dirigido ideológica y políticamente por la burguesía catalana y sus representantes políticos que ocupan el gobierno, dándole al proceso el carácter de disputa interburguesa, por el reparto de la plusvalía que arrancan a la clase trabajadora.

La clase obrera en este proceso ha ido a la cola de la dirección política burguesa. El planteo de la movilización es la lucha por la independencia catalana a secas, sin que aparezca a nivel de masas un planteo claro de que esta lucha debe empalmar con la lucha anticapitalista para liberar a los explotados no solo del yugo de la dominación del estado central, sino de toda la dominación capitalista.

Si en estas condiciones se da el caso que se declare la separación de España, Cataluña seguirá manejándose como un estado capitalista, con las multinacionales más importantes del mundo dentro de su territorio, donde se seguirán agravando los problemas como la sanidad, la educación, el trabajo, vivienda, seguirá la explotación y el saqueo.

En este sentido creemos que debe centrarse la intervención revolucionaria en este conflicto. Es imprescindible dotar a esta lucha del contenido de clase que le permita a la clase trabajadora catalana tener un planteo propio, independiente del planteo burgués que aspira a mantener la estructura de dominación capitalista, con o sin independencia.

La lucha por la soberanía del pueblo catalán debe ser encabezada ideológica y políticamente por la clase obrera de esa nación con un contenido socialista, y en ese sentido esa lucha debe ser inseparable de la lucha de toda la clase trabajadora española, en primer lugar, contra toda la explotación capitalista.

El planteo de la independencia nacional contra la opresión exterior no se puede separar de la lucha por el socialismo, lucha por la revolución socialista que es una sola, para la clase trabajadora y los explotados de todo el mundo.

COORDINADORA GUEVARISTA INTERNACIONALISTA

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