FARO Documento 6 - La Organización (pt. 1)


A- La organización político - militar

De acuerdo a la ideología, que enseña que para poder cumplir nuestro programa de cambio de estructura es necesario tomar el poder, y a la estrategia y táctica políticas que muestran que esto sólo se podrá alcanzar por medio de la lucha armada, la organización para ser verdaderamente revolucionaria, debe ser político-militar, concediendo prioridad absoluta en la primera etapa a su desarrollo militar.
La organización debe ser política para movilizar el pueblo y actuar en la defensa de sus intereses, con la mas estrecha vinculación con las masas, pero a la vez, la organización debe ser militar para garantizar la lucha de las masas y asegurar su victoria.
Es oportunista la creación y desarrollo de una organización exclusivamente política, porque de esa manera nunca se podrá llevar la lucha de clases a niveles superiores y menos aún se podrá tomar el poder. Constituye una actitud inconsecuente e irresponsable llevar a las masas y a los militantes a un callejón sin salida, donde sean derrotados sin luchar. El oportunismo de este tipo ha provocado que el inmenso caudal de energías del pueblo en los momentos culminantes de la crisis política y social, no sea debidamente encausado y se pierda en miles de estériles esfuerzos.
Es aventurera la creación y desarrollo de una organización exclusivamente militar, porque estará condenada al fracaso, al no contar con el apoyo del pueblo, que es el único que puede constituir su infraestructura, su red de base y sustentación, el “agua del pez” en que se pueda mover con toda confianza, donde se puedan concentrar los combatientes de relevo, el refugio, la solución a las necesidades materiales.
La organización oportunista típica en el Uruguay es el Partido Comunista. Ninguna de las organizaciones revolucionarias conocidas en cambio, tiene el carácter de aventurera, porque todas ellas están dirigidas por una ideología y una política correctas, y buscan apoyarse en el pueblo para organizarse. La mejor prueba de esto es el gran apoyo que ha logrado el MLN, que no solo ha cosechado simpatías o efectos propagandísticos, sino un apoyo muy real y muy concreto de la población, sin el cual hace rato que habría dejado de existir. Es bueno aclarar bien esto, para los reformistas que publica o subrepticiamente, han pretendido tacharlos de aventureros.
No se puede oponer dentro de una organización lo político o lo militar, porque es muy difícil establecer dónde termina uno y donde termina el otro, ya que ambas materias están en la práctica revolucionaria íntimamente relacionadas, por pertenecer a un todo inseparable. Las únicas diferencias entre lo político y lo militar serán las derivadas de la división del trabajo, la especialización, la economía de esfuerzos, la seguridad interna o la compartimentación.
Por lo tanto nos e puede oponer lo político a lo militar y por lo mismo, no se concibe un cuadro político que no sea a la vez un cuadro militar.
En resumen, lo que hoy define en todo el continente el carácter revolucionario de una organización es su relacionamiento con la lucha armada.
De acuerdo a estas premisas, corresponde entonces analizar la organización política militar de acuerdo al siguiente esquema: la organización reformista y su caracterización, la organización política revolucionaria, que comprende el estudio de su sistema organizativo, para analizar dentro de éste la denominación, la dirección, los cuadros y la masa.
El último punto, que se estudiará por separado o independientemente por quienes corresponda, lo constituye el análisis de la organización militar revolucionaria, que abarca dos grandes temas: la guerra, que puede ser regular o irregular o de guerrillas, y ésta a su vez urbana, y rural, y por otro lado, la organización de la guerra, que es la materia militar propiamente dicha se refiere a todo lo que tenga que ver con el elemento humano combatiente, mientras que en la materia logística, o de servicios, o es red de base, de apoyo o sustentación, atiende a todos los elementos materiales necesarios para hacer la guerra. Los elementos materiales necesarios para hacer la guerra. Estas secciones se complementarán con otras cuatro: Información, contrainformación, comunicaciones, estrategia.

B - La organización política reformista
La caracterización de la organización reformista debe hacerse analizando también la ideología, la política, la organización política y la organización militar.
a) En su ideología la organización reformista se transforma en revisionista de las verdades fundamentales de la teoría revolucionaria marxista-leninista, a la que solo usa para desvirtuarla, deformarla y servirse de ella predicando el tránsito pacífico, pretendiendo combinar politiquería con revolución, en una empresa que a la corta o a la larga resulta imposible, aunque causa mucho daño en las etapas actuales.
b) En lo político sus desviaciones son múltiples a saber: I) son partidos parlamentarios, porque ponen todo su esfuerzo en actividades electorales, subordinando su trabajo a esto, aunque se esfuercen en tratar de demostrar que no es así, con la teoría de la acumulación de fuerzas indefinida. II) no realizan un verdadero y efectivo trabajo entre las masas populares, porque aplican un estilo burocrático de trabajo. Sus militantes no se integran verdaderamente a la masa, sino que cabalgan sobre ellas. III) son partidos de prensa, que centran su esfuerzo en el mantenimiento de un diario, desde el cual realizan una propaganda demagógica entre las masas, sin organizarlas ni movilizarlas de manera efectiva contra sus enemigos reales. IV) son partidos urbanos, que no establecen vínculos con las masas campesinas. Cuando van al campo, en muy contadas ocasiones, lo hacen de un modo burocrático y temporal, con el fin de tratar de alistar a los campesinos en sus objetivos electorales. Inclusive en el proletariado urbano su política es simplemente de arrastre electoral y no de verdadera movilización de masas antiimperialistas o antioligárquicas.
c) En su organización política son partidos legales, que solo saben actuar dentro de los márgenes permitidos por la reacción. En la alternativa de tener que optar entre sacrificar su masa o su aparato legal, político, y sindical, optan siempre por el sacrificio de cada vez mas extensos sectores del pueblo.
Debe combatirse en todas las formas, la mezquina idea en boga de que partido es una sede, actos públicos, “reunionitis” y posiciones sobre todo lo que lo rodea, aquí y en todo el mundo. Lamentablemente, esto es lo que se ha hecho durante sesenta años, en el Uruguay, y los resultados están a la vista.
d) En su organización militar la omisión es total, porque carecen simplemente de toda organización, y no se preparan a las masas para la lucha armada. Toda su actividad en esta materia, la constituyen las llamadas brigadas de autodefensa o “guardia del partido”, que solo han servido para vigilar sus actos públicos; lo que es mucho mas grave todavía, para defender los edificios de la Embajada Norteamericana, atacando a los combatientes revolucionarios, con la peregrina excusa de que son provocadores. Esto es tanto mas lamentable, porque han creado odios y rencores entre las filas del propio pueblo.
Y cuando se han decidido a preparar algún grupo de combatientes, no lo han hecho con verdadera convicción revolucionaria, sino para politiquear con la propia revolución, con la idea de obtener a cambio de esa preparación determinadas ventajas políticas. El resultado ha sido la dispersión y desaprovechamiento de esos cuadros preparados para el combate, con la excusa de que por ahora, hay que seguir acumulando fuerzas, porque todavía la lucha armada está lejos. En su enajenación no quieren ver la lucha armada ni cuando se desarrollan ante sus propias narices.
En cuanto al desarrollo de los servicios logísticos, el panorama no es menos desalentador, porque se desaprovechan para la revolución las inmensas posibilidades que tendría todavía hoy la organización reformista, de obtener cantidad de elementos materiales para la guerra. Como no existe la preparación para la lucha armada ni la mentalidad necesaria para el combate, todo lo que se pueda hacer es episódico, desorganizado, incoherente, insuficiente. En la medida en que tanto los elementos humanos como los materiales sólo se pueden desarrollar en la propia lucha armada, la organización reformista carece de lo más importante, que es la experiencia de la guerra. A esta altura ya hemos aprendido que de la nada, que de la inmovilidad, no se pueden extraer huelga generales revolucionarias o insurrecciones armadas, porque en la revolución no existen prestidigitadores ni galera.

C) LA ORGANIZACIÓN POLÍTICA REVOLUCIONARIA
La caracterización de la organización revolucionaria permite encontrar las múltiples y abismales diferencias que la separan de la organización reformista.
a) En su ideología, la organización revolucionaria debe mantener siempre una gran pureza, unidad y solidez ideológica, sustentándose en el nacionalismo revolucionario latinoamericano guiado por la teoría marxista-leninista.
b) En su política, la línea es a grandes rasgos la siguiente:
1) La política es el alma de la organización y lo dirige todo.
2) Se va desarrollando en y por la lucha armada, preparando a sus cuadros y a la masa para la guerra, practicando concretamente actos revolucionarios, aquí y ahora, como un aspecto esencial de su línea política.
3) Los revolucionarios luchan con la perspectiva de construir una organización vinculada estrechamente a las masas, cuyos cuadros realizan una plena y total integración con las masas populares para movilizarlas, conviviendo con ellas y aplicando en todo su trabajo la línea: de las masas a las masas.
4) El o los periódicos deben ser instrumentos al servicio de la tarea central en este punto, que es la movilización de masas y el trabajo de convencimiento personal.
5) De acuerdo a las necesidades de la guerra popular y de la alianza obrero-campesina, debe prestarse especialísima atención a las tareas de organización y movilización de las masas campesinas, tanto a nivel nacional como regional.
c) en la organización política, se deben adoptar las formas más apta para el trabajo clandestino, pues si su acción es verdaderamente revolucionaria, su actividad no será admitida por las clases dominantes. Esto es fundamental, las organizaciones verdaderamente revolucionarias, son y serán ilegales, clandestinas. Toda su actividad deberá estar centrada por esta condicionante, sin perjuicio de que, como veremos después existan formas de trabajo legal y aún público, secundarias y no principales, que puedan aprovechar todas las posibilidades que la situación permita.
d) En la organización militar, es donde debe ponerse el énfasis principal, volcando a toda la organización en las tareas de la lucha armada, con el fin de desarrollar los elementos humanos y materiales imprescindibles para hacer la revolución.
Es tan importante esto, y está de tal manera en el primer punto de la orden del día, que tanto el estudio de la guerra como el de su organización deben merecer un tratamiento especial. Este trabajo debe encararse por separado, no solo por la alta especialización que el mismo exige sino también por obvias razones de seguridad.

SISTEMA DE ORGANIZACIÓN
Incluye los siguientes capítulos: 1) Denominación 2) Dirección 3) Cuadros 4) La Masa.

1) DENOMINACIÓN: Los revolucionarios brasileños afirman que no es imprescindible adoptar una sigla determinada, porque una organización se impone a la consideración del pueblo por la acción que desarrolla y no por la sigla que adopta. Cada grupo revolucionario y las pequeñas organizaciones son libres de adoptar las siglas que deseen, sin tener la obligación de someterse a una denominación general o modificar sus siglas de origen. Todavía hay un largo camino por correr, concluyen, antes que la revolución brasileña llegue a tener un comando único, en virtud de que la dispersión de las organizaciones en lucha y de la disparidad de sus objetivos.
La revolución brasileña está mostrando precisamente esto, pues aparecen múltiples nombres de grupos revolucionarios (Acción Libertadora Nacional, VAR, Palmares, MR-8, MR-26, COLINA, FLN, etc.)La aparición de nombres múltiples y diversos puede ser una forma más de desorientar a la represión, y en todo caso revela la gran riqueza de combatientes que existe en el campo revolucionario.
Sin perjuicio de lo anterior, que constituye una idea a tener en cuenta, la denominación tiene una indudable importancia para la organización revolucionaria, porque va vinculando sus acciones a un determinado nombre, que va creciendo poco a poco en su importancia a los ojos y en la conciencia del pueblo.
El nombre de la organización debe corresponder al contenido de la misma. También debe cuidarse la elección de símbolos, banderas, escudos, himnos y saludos, dentro y fuera de la organización, porque ellos son los con el correr del tiempo vinculan a todos sus integrantes, tanto frente a los ataques del enemigo, como en el reconocimiento de su propia fuerza y desarrollo en manifestaciones públicas de cualquier tipo.
Es bueno reiterar que tanto los nombres como los símbolos, solo servirán cuando vayan unidos a una actividad revolucionaria creciente y día a día mas capacitada, porque es la acción la que hace al nombre y no a la inversa.

2) DIRECCIÓN: Son varios los principios de dirección que deben ser analizados, a saber:
a) el centralismo democrático
Consiste en la práctica del centralismo basado en la democracia, y democracia con orientación centralizada. Son los dos aspectos contradictorios, pero indisolublemente unidos.
La experiencia indica que el estilo leninista de dirección es el mejor. Sus principios son los siguientes: convicción ideológica del dirigente y fidelidad a la causa del pueblo, elaboración colectiva de las resoluciones y acciones, selección, educación y distribución de los cuadros con arreglo a sus aptitudes y nivel político, control sistemático sobre el cumplimiento de las resoluciones, reforzamiento de los vínculos con laS masas populares, saber tener en cuenta y aprovechar la experiencia colectiva y la opinión de la mayoría, y unidad de la teoría y práctica.
El centralismo está basado en la democracia, esto es, los organismos dirigentes de la organización en todos los niveles son elegidos por los miembros del partido. Deben rendir cuenta siempre a la organización y deben ser sometidos al control del conjunto de los militantes. Por esto el centralismo se basa en la mas amplia democracia, y se opone diametralmente a la arbitrariedades de un puñado de dirigentes o de una sola persona.
La democracia se adecua a una orientación centralizada. Las decisiones elaboradas por los organismos dirigentes resumen las opiniones de los militantes y de las masas. Los militantes deben someterse a la organización y acatar la disciplina, por esto la democracia es bajo una orientación centralizada, opuesta o incompatible con la tendencia desintegradora y la falta de disciplina.
Sin democracia no puede haber auténtico centralismo, porque el centralismo sin democracia es dictadura y arbitrariedad. Para desenvolver la democracia interna subrayamos la necesidad de los cuadros dirigentes de tratar a las personas en pie de igualdad, de comportarse con modestia y prudencia. Los cuadros deben prestar oído a todo lo que digan las masas. Tanto opiniones favorables como desfavorables, correctas o erróneas. Se debe tener la paciencia de escuchar las palabras opositoras y garantizar los derechos democráticos de los militantes.
Sin embargo, dice con exactitud un documento de una organización revolucionaria, la aplicación del principio del centralismo democrático debe ser analizado en forma concreta y no abstracta, porque en sí mismo, implica una contradicción insoluble entre centralismo y democracia, que no es antagónica y no puede serlo, porque se da en el seno del pueblo y no frente al enemigo de clase. El ideal es que haya un equilibrio entre los dos polos de la contradicción, pero en ciertos momentos históricos, se debe producir inevitablemente un desequilibrio entre ambos. En el ejemplo mas obvio, el de la situación actual, debe predominar en la organización el centralismo sobre la democracia, porque ésta es una etapa esencialmente organizativa de la lucha armada, donde la necesidad de enfrentarse al enemigo obliga a una rígida centralización de las tareas. Por atender la democracia y anteponer ésta a las tareas militares más urgentes, fue detenido y asesinado casi todo el Comité Central del Movimiento Huk en 1955, en las Filipinas.
La cuestión de la democracia interna no depende tampoco de la existencia de minuciosos estatutos o reglamentos, porque es una cuestión formal, sino una actitud de la base y de la dirección. Mientras dure la guerra, cada compañero abdica inevitablemente de una cantidad de posibilidades democráticas, y esto deben tenerlo bien claro quienes ingresen, para que nadie se llame a engaño.
De todas maneras, ni el centralismo ni la disciplina pueden ser impuestos por nadie, y para su aplicación es necesario un amplio acuerdo mayoritario y un respecto consciente de las normas de la organización.
b) Dirección colectiva y responsabilidad personal
El primer principio permite recoger las experiencias de diferentes personas, evitando o disminuyendo las posibilidades de error. Solo así la línea del partido podrá concordar con la realidad objetiva. Las decisiones individuales son incompatibles con este principio.
Todo los problemas deben ser objeto de la discusión colectiva en todos los niveles y las decisiones deben ser tomadas de acuerdo con el principio de la sumisión de las minorías a las mayorías. Si en una reunión hubiere divergencias de principios, siempre que no se trate de un asunto de urgencia, no nos debemos apresurar a tomar una decisión. Es necesaria que todos los compañeros hagan nuevas investigaciones y discutan todavía más profundamente la cuestión. Solo después de lograr una posición mas o menos unánime entre todos los militantes, es posible adoptar una decisión.
El principio anterior se debe combinar con la responsabilidad personal y la división del trabajo, porque sin estas premisas no es posible realizar ninguna tarea completa. De aquí la necesidad de encarar una razonable división del trabajo, para evitar que haya tareas de las cuales nadie está encargado. Cada militante debe asumir audazmente sus responsabilidades dentro de los límites de sus facultades y dar libre curso a su capacidad creadora, jugando plenamente su iniciativa consciente.
c) Crítica y autocrítica
Los revolucionarios somos servidores del pueblo. Por eso tenemos el coraje de defender la verdad y descubrir nuestros propios errores y deficiencias, sin temer ni rehuir las críticas, cualquiera sea quien las haga. En la lucha revolucionaria es inevitable cometer errores y tener fracasos. Los errores y deficiencias en el trabajo son difíciles de evitar, por lo cual la clave de la cuestión consiste en emplear el método de la crítica y de la autocrítica para corregirlos. Solo de este modo podemos evitar que los errores aislados y parciales se agraven y se conviertan en errores sistemáticos que afecten toda la línea política. Es a través de este proceso de crítica y autocrítica, superación y rectificación de los errores e insuficiencias, que la organización se fortalece.
d) Ligazón con las masas
La organización debe mantener una estrecha ligazón con las masas. La línea de masas significa partir de las masas para volver a ellas.
Esta es la consecuencia más importante de la aplicación de la teoría del conocimiento marxista-leninista a la sociedad en que vivimos. El abandono de este método significa la degeneración política.
La dirección debe sintetizar constantemente la opinión y la experiencia de las masas. La dirección investiga, hace el balance y convierte las opiniones de las masas en principios de dirección, llevando nuevamente estos principios a las masas. La tarea consiste en: a) partir de las masas para volver a ellas b) resumir en la dirección para aplicar en las masas.
La organización debe saber interpretar en forma resumida la opiniones de las masas y su sabiduría. Las opiniones de las masas así como si experiencia en la lucha práctica, aparecen en forma dispersa y poco sistematizada. Es a través de la práctica que la organización debe someter a prueba su política y su línea para saber si son correctas. Luego debe reunir nuevamente esta experiencia y discriminar los aciertos de los errores. Así en ciclos infinitos de repetición, hasta lograr que la línea política se torne cada vez mas correcta.
Todos los militantes deben servir de todo corazón al pueblo. Los revolucionarios confiamos firmemente en la sabiduría, capacidad creadora y poderío de las masas populares, y por eso debemos apoyarnos firmemente en ellas para conducirlas al triunfo: por lo tanto debemos combatir todas las nefastas desviaciones de burocratismo, autoritarismo y seguidismo. El seguidismo consiste en tomar las opiniones de los elementos más atrasados de las masas como opinión de conjunto. En consecuencia, equivale a ponerse a la cola de las masas.
El punto esencial de esta experiencia consiste en que todas las líneas de orientación de la organización no pueden ser producto de las especulaciones de algunos dirigentes encerrados en sus cuartos sino el resumen de las experiencias de las luchas de las masas, sino llevar de nuevo al seno de las masas para ser sometidas al pueblo y en la práctica, Como dice MAO, militante que no ha hecho práctica no tiene derecho a hablar.
La dirección no puede atenerse al simple enunciado de una determinada orientación, sino que tiene que tomar en sus propias manos la realización de la tarea fundamental que traza su propia orientación y, en algunos casos, tiene que llevar directamente a la práctica la orientación completa.
La propia dirección tiene que abrir la brecha en el trabajo, participando así en la aplicación de la orientación. Este es el único método correcto para comprender la situación, comprobar la veracidad de sus métodos y afirmaciones e impulsar con ese conocimiento el cumplimiento de la orientación por otros.
Se debe señalar no solo las cuestiones generales de una determinada orientación, sino también algunas particularidades que concreten la manera y el método para llevarlas a cabo.
Se debe señalar y establecer con claridad cual es la tarea principal, sin olvidar que no se puede hacer varias tareas principales en el mismo tiempo y en el mismo sitio. Es conveniente además, ordenar las tareas no principales y establecer su correcta relación.
Para una correcta dirección, es necesario que las orientaciones lleguen en forma correcta, oportuna y clara a las organizaciones, a las masas y a los individuos a quienes van dirigidas.
Para obtener la mayor agilidad posible en el traslado de las orientaciones desde la dirección a las bases, deben cumplirse las siguientes normas:
1) Planificar las tareas para un período prudencial e inspeccionar periódicamente su cumplimiento.
2) Mejorar el control a todos los niveles con visitas periódicas a la base para intercambiar experiencias, discutir los problemas del plan, inspeccionar los trabajos e impulsar su cumplimiento.
3) Tomar las informaciones de los dirigentes y compararlos con las opiniones de la base.
4) Utilizar los órganos internos de expresión (revistas, boletines, comunicados, cartas periódicas, etc.) para hacer llegar nuestras orientaciones a la organización.
5) Enviar emisarios personales de las direcciones a la base con orientaciones concretas, boletines internos y correspondencia, en la medida de lo posible.
e) Clandestinidad
En lo organizativo, deben adoptarse las formas aptas para el trabajo clandestino, porque si su acción es verdaderamente revolucionario, no será admitido por la clase dominante. La experiencia histórica demuestra que siempre que verdaderamente se emprende el camino revolucionario, no pacífico, y se atacan los intereses vitales de las clases dominantes, la organización será duramente atacada, reprimida, perseguida y sus militantes serán tratados de apresar, torturados, asesinados, etc.
Para poder soportar una lucha aguda, prolongada, en condiciones dificilísimas y poder desarrollar sus propias fuerzas, la organización debe construirse para funcionar clandestinamente. Para garantizar su desarrollo es necesario que se mantenga lo más absolutamente secreta que se pueda.
Los organismos deben estar estructurados según el principio de aparato reducido y disperso. Sin embargo, deben aprovecharse al máximo las posibilidades legales para desenvolver su trabajo, en vez de despreciar esas posibilidades. Aprovecharlas significa utilizar la legislación de las clases dominantes, las agrupaciones legales, las organizaciones científicas.
Los militantes clandestinos deben aparecer como simples ciudadanos y camuflarse con ocupaciones legales. En su modo de vida y hábitos, deben actuar, vestir, etc.; de la misma manera que la mayoría de los elementos del sector social donde trabaja.
La integración del militante a la organización debe ser secreta justamente para facilitar su actividad pública entre las masas. Cuando más numerosas fueran las organizaciones y actividades de masas, tanto más fácil será mantener a la organización en la clandestinidad. Debemos movernos entre las masas como el pez en el agua. Es de fundamental importancia educar al partido en una disciplina conspirativa con el objetivo de facilitar su actividad en los períodos duros de represión y estar capacitados para ponernos a la cabeza de las masas en la lucha por la liberación.

3 - Cuadros (militancia, activistas, combatientes)

a) - La disciplina: Los principios principales son: los militantes como individuos deben obedecer a la organización; las minorías deben someterse a la mayoría; los organismos inferiores deben someterse a los superiores; toda la organización en su conjunto debe someterse a la dirección.
Todas las actividades deben ser discutidas libre y seriamente dentro de las filas. La organización al decidir sobre una u otra cuestión, permite que las minorías reserven sus opiniones diferentes, pero las decisiones aprobadas deben ser ejecutadas por todos los militantes incondicionalmente.
Un compañero que tiene una opinión distinta al discutir dentro de la organización, puede mantener su opinión, pero debe ejecutar la decisión final aunque ésta sea contraria a su opinión personal, porque no es admisible que un compañero no cumpla las decisiones.
Dentro de la organización no puede ser admitida la existencia de grupos fraccionales o actividades fraccionales. Solo de ésta manera se logrará que la organización sea un verdadero Estado Mayor del proletariado, con voluntad única y comando único.

b) - El reclutamiento: Debe ser selectivo, de acuerdo al método de reclutar audazmente y con prudencia. En una palabra, el reclutamiento de nuevos militantes debe ser audaz y vigilante. Según Mao, se debe “reclutar audazmente y no dejar que se infiltren elementos nocivos”. Debe escogerse y poner a prueba prudentemente a cada uno de los que soliciten entrar.
Los revolucionarios deben ser el sector más avanzado y más consciente del pueblo trabajador, y en el reclutamiento se debe tener muy en cuenta ésta línea divisoria entre destacamento avanzado y masas, para construir una organización de cuadros, de acuerdo al concepto leninista.
El origen de clase de los que ingresan es muy importante, pues se debe poner el énfasis en la integración de obreros, de modo que los compañeros de origen obrero representen cierta mayoría en las filas de la organización. En el campo se debe enfilar el reclutamiento hacia los asalariados agrícolas, los campesinos pobres y los campesinos medios inferiores, que se están empobreciendo. También debemos reclutar militantes entre los intelectuales revolucionarios de la ciudad y el campo, particularmente entre los estudiantes.
En relación al problema del origen de clase del militante, debemos combatir dos desviaciones:
I) Perder de vista el origen de clase y confundir las diferencias entre las clases, lo que es oportunismo de derecha: el reclutamiento excesivo de profesionales acomodados o campesinos medios.
II) Considerar que el origen de clase lo decide todo, lo que es oportunismo de izquierda. Ejemplo: reclutar solo obreros y campesinos pobres, alejando de la organización a los intelectuales revolucionarios.
Los militantes al ser admitidos deben tener un buen origen de clase; se deben conocer datos biográficos y políticos comprobados; deben poseer alto nivel de conciencia de clase y tener una firme posición de clase; deben ser personas fieles a la causa, intrépidos ante los sacrificios, libre de ambiciones personales y dispuestos a luchar hasta el fin de sus días. Serán sometidos a prueba de la lucha revolucionaria, después de ser preparados y educados por el partido en vinculación con las masas.

c) La lucha en el seno de la organización: En una sociedad de clases es inevitable que la lucha de clases influya en la organización. Los militantes de diferente origen social y de distinta formación, abordan naturalmente los problemas de manera diferente. De aquí la necesidad de la discusión en el interior del partido. Esta polémica necesaria y inevitable se agudiza en los momentos de viraje del proceso revolucionario. En el seno de la organización la contradicción y la lucha siempre existe. Es la ley de su desarrollo, por lo tanto, es necesario partir de esa constatación para poder encarar las discrepancias.
Los principios a tener en cuenta son los siguientes:
a) La lucha debe librarse en dos frentes: una contra las desviaciones de derecha y otra contra las de izquierda. Tanto una como la otra provienen del subjetivismo en el método de pensar.
Por regla general, cuando una organización entra en el Frente Unido, fácilmente surgen errores de derecha (unión sin lucha)
En cada lucha revolucionaria, ante de que las masas estén bien movilizadas, es fácil que surjan errores de derecha, donde se subestima la situación. Por el contrario cuando las masas están movilizadas y luchando, es fácil que surjan errores de izquierda. Por lo tanto debemos determinar siempre nuestra orientación de acuerdo con la situación concreta, para poder evitar cualquier desviación.
b) Al encarar la lucha interna, debemos distinguir dos aspectos: I) nosotros y el enemigo II) los compañeros que tienen razón y los que no la tienen
Debemos combatir enérgicamente a los elementos contrarrevolucionarios y elementos nocivos que puedan infiltrarse en nuestras filas, pero a la vez, tener mucho cuidado de no tomar por un enemigo a un compañero revolucionario.
Para ello, debe distinguirse entre lo que es acertado y lo que es erróneo, y entre el aspecto principal y el secundario. Si los aspectos positivos son mas importantes que los negativos. Esto es bueno recordarlo bien, para evitar que los problemas sean abordados en forma subjetiva.
c) Debe aplicarse con perseverancia el principio de severidad en la crítica ideológica y de suavidad en las medidas organizativas. Siempre debe existir el propósito de ayudar al compañero a corregir sus errores.
d) En la crítica a las ideas erróneas, debemos explicar con buenos argumentos, apelando a la persuasión y jamás a la coacción del tipo que fuere. No se debe aceptar una actitud simplista y brutal, inhibiendo a los compañeros. En problemas en los cuales el esclarecimiento no es urgente, no conviene formular conclusiones anticipadas. Por último, dentro de esta lucha en el seno de la organización, deberá encararse la lucha contra el sectarismo que es el espíritu pequeño de grupo, carente de amplitud, y la lucha contra el dogmatismo, que consiste en aplicar mecánica y tozudamente los enunciados de la teoría, sin adaptarla debidamente a la realidad.

d) El código del revolucionario
Lo que piensan y lo que hacen los revolucionarios, debe tener como único objetivo servir de todo corazón al pueblo, Quien no ama entrañablemente a su pueblo, no puede ser miembro de una organización revolucionaria. Para poder dirigir al pueblo, la organización tiene que saber llegar a las masas y ganarse su cariño. Para lograrlo es necesario tener el mas absoluto respeto por los intereses mas elementales del pueblo.
Para actuar al servicio del pueblo, es necesario una elevada posición ideológica proletaria y una práctica revolucionaria de veinticuatro horas la día frente al pueblo. No se puede servir, respetar, amar al pueblo y luchar por él sin estar en permanente contacto con él.
Debemos trabajar, comer, dormir, vivir, vestir, sufrir y gozar como el campesino o el obrero, para crear relaciones de pez y agua con ellos. Lo mismo con las demás fuerzas populares.
Tenemos que poner por encima de los intereses particulares, los intereses generales del pueblo. Tenemos que poner los intereses del proletariado por encima de los intereses de otros grupos sociales.
Tenemos que poner los intereses de la organización por encima de los intereses personales, por caros que éstos sean.
Ernesto Guevara, en un trabajo sobre “El cuadro, columna vertebral de la revolución” decía: “ no se puede suponer un cuadro que no tenga un alto desarrollo político; pero por desarrollo político no debe considerarse sólo el aprendizaje de la teoría marxista debe también exigirse la responsabilidad del individuo en sus actos, la disciplina que coarte cualquier debilidad transitoria y que no esté reñida con una alta dosis de iniciativa, la preocupación constante por todos los problemas de la revolución”.
En la revolución no hay trabajos buenos y trabajos malos, los trabajos son simplemente necesarios para la revolución.
Por tanto, debemos estar siempre dispuestos para cubrir con nuestro modesto trabajo los puestos que la revolución, a través de la organización, nos asigna, sabiendo que tan importante es el trabajo oscuro y paciente del obrero de su fábrica, como el del dirigente de la organización de masas, conocido y querido por sus compañeros. Que tan importante es el trabajo de un enlace o un correo anónimo, como el del camarada dirigente guerrillero conocido por el país y admirado por todos.
Hay que estar dispuestos a entregar la vida por el pueblo, no temiéndole el sacrificio y realizando, cuando sea necesario, actos heroicos. Pero por lo mismo, ahorrarnos todo riesgo inútil que pueda costar vidas y realizaciones, porque con ello no se sirve al pueblo.
Debemos estar dispuestos siempre a ayudar a los compañeros. Quererlos como a nuestros más entrañables hermanos. Querer a los hombres de la masa como a nuestros padres, a sus mujeres como a nuestras madres, y a sus hijos como a nuestros hijos.
No levantar jamás la mano ni las armas contra un hijo del pueblo, pero no temblar para golpear cuantas veces sea necesario al enemigo.
Por último, en lo organizativo, cada militante deberá tener una concepción mental que no le permita olvidar las necesidades militares y logísticas de su organización, aún cuando su militancia personal sea puramente política, y a la inversa. No se puede concebir un cuadro político que no tenga a la vez una mentalidad militar.

e) La educación ideológica
La educación de clase constituye la base de todo el trabajo ideológico de la organización. Un militante que no sabe lo que es la explotación del hombre por el hombre, no puede saber lo que es la revolución. Quien no odia la explotación capitalista con toda su alma no puede ser un militante revolucionario proletario, un militante que no tenga una concepción de clase no podrá servir bien los intereses del pueblo, por eso cuando realizamos el trabajo de reeducación de los militantes o cuadros, debemos apreciar su estado de ánimo desde el punto de vista de la lucha de clases.
El reforzamiento de la educación ideológica es el contenido principal de la construcción ideológica. A la vez de organizar entre militantes y cuadros el estudio del marxismo-leninismo, debemos tratar que se estudie constantemente las orientaciones, la política y las directivas de la dirección.
Debemos oponernos al método de conocer la teoría por la teoría, desligando de la realidad. Estudiar la teoría revolucionaria en forma viva, llegando siempre al estudio con lo que se está haciendo en la práctica. Solo así se logrará tener una ideología orientadora.
La línea política surge de combinar los principios de la ideología orientadora con la práctica de la lucha política y de la lucha armada. Esto es lo que diferencia claramente a la organización revolucionaria, de los partidos reformistas o pequeño-burgueses.
Un primer problema en la construcción ideológica es lograr un estilo de estudio correcto, que se haga carne en la organización, y en sus militantes. En segundo lugar es necesario que todos los militantes se armen con la teoría y transformen su concepción del mundo en un esfuerzo cotidiano por desterrar toda la influencia de las ideologías burguesas y pequeño burguesas. En tercer lugar, trazar una correcta línea política y aplicarla correctamente dando directivas particulares, líneas específicas, para cada medio de trabajo, sin perder de vista la línea general.
Los principios de educación ideológica mas importantes son:
I) Para lograr un correcto estilo de estudio es necesario primero destruir el subjetivismo en todas sus manifestaciones. Y luego sobre la base de un estudio sistemático y multifacético de la situación actual, de la historia del país y de las experiencias revolucionarias internacionales, elaborar teóricamente.
II) Hay que reeducar la mente de los militantes. Transformar la concepción del mundo no proletario. Destruir el núcleo de ideología burguesa, el egoísmo y el individualismo, y sustituirlo por el núcleo de la ideología proletaria, la generosidad y el espíritu colectivo, el espíritu de servir a los demás sin ninguna preocupación por sí mismo.
III) La organización debe trazar su línea política, y en base al estudio realizado, al aporte de los militantes cuyo nivel ideológico haya sido elevado y a la participación plena en las luchas revolucionarias. Las campañas de rectificación ideológica son, cada tanto tiempo, imprescindibles, y están constituidas por un movimiento en que amplios sectores de la organización y de las masas, realizan un estudio de masas, un proceso de reeducación y de auto reeducación. Sobre la base de una amplia reeducación estimulamos a los militantes que corrijan sus errores, de esta forma fortalecemos la organización en su conjunto. Se debe desarrollar sobre la base de la educación en el espíritu crítico de todos los militantes. Es necesario que los militantes aprendan a obrar conscientemente a partir de su propio juicio, pensando con su propia cabeza, preguntándose siempre el porqué de todas las cosas y no siguiendo servilmente a otros.

4 - La masa
Los revolucionarios brasileños han introducido una distinción de mucho interés entre trabajo político y de masas, que es el ya conocido de actividad política y sindical mas o menos burocrática, y el frente político y de masas, que está constituido por la acción armada política y la acción directa en los gremios. Por lo tanto, cuando hablemos de frente, nos estaremos refiriendo concretamente a la lucha armada política de masas.
Como ahora estamos considerando independientemente y por separado a la organización política y militar, por las razones que ya enumeramos, en este capítulo nos referiremos solamente al conjunto de organizaciones ya creadas o a crear en el futuro, que posibilitarán el desarrollo del frente político y de masas, dejando para quienes estudien la organización militar, el análisis de los servicios logísticos militares, que hacen posible el funcionamiento clandestino de aquel conjunto de organizaciones, aún en las condiciones mas duras de represión.
En efecto, mientras la organización reformista es abierta, con locales públicos, integración pública de militantes, etc. permitida por la reacción porque su actividad específica y no de lucha armada, la organización revolucionaria en cambio, solo puede ser clandestina, desarrollada por medio de células, con un rigurosos método de compartimentación tanto para poder proteger a la dirección y a la organización de la represión, como para poder tener la o ofensiva táctica en la lucha armada. El carácter no abierto y clandestino de la organización le da una fisonomía no viable exteriormente, pero de gran eficacia y capacidad de desarrollo, porque permite ir reuniendo muchas capacidades que públicamente nunca se manifestarían, y en cambio secretamente se diseminan por toda la población. Alguien ha comparado esta forma de trabajo con la de la masonería, con lo que se quiere eludir precisamente a la eficacia del trabajo concreto, porque en lo demás, la revolución moderna exige un muy complejo sistema científico de organización, del que la masonería carece,
La forma de trabajo clandestino se refleja en todos los niveles. La prensa escrita deberá ser clandestina, y aunque nos e puedan tener diarios, se puede influir en algunos de ellos por medio de nuestros militantes, al tiempo que se organizan con la mayor regularidad posible la edición de la prensa revolucionaria, que a la larga, llega a tener mas lectores reales que cualquiera de los diarios de la burguesía o del reformismo domesticado, las radios y hasta la propia televisión, se pueden emitir clandestinamente, como lo probaron los combatientes argelinos y como lo hicieron recientemente el MLN. Las finanzas también pasan a ser ilegales, como ya lo analizamos, aunque sin descartarse las finanzas legales, recaudadas eso sí, por vía celular, para proteger tanto al contribuyente como al recaudador. Existirán, en fin, dificultades para crear organizaciones públicas nuestras, pero en cambio nuestras células deben irse introduciendo por todas las organizaciones políticas, culturales, religiosas, cooperativa, deportivas, etc., para hacer llegar a todos los niveles la influencia de la organización, tanto en Montevideo como en el interior.
Pasaremos, ahora, por tanto, a tratar el tema de la masa perteneciente a la organización, en lo que se incluyen sus integrantes, sus simpatizantes y el pueblo, que objetiva y subjetivamente se va empujando a luchar junto a nosotros contra la oligarquía y el imperialismo, a cuyos efectos analizaremos el frente político y el frente social o de masas, distinguiendo las organizaciones clandestinas de las públicas.

barrapunto  Tuenti  twitter  facebook  Meneame  google