FARO Documento 5 - La Táctica Revolucionaria en lo Social o de Masas (pt.1)


2 - LA TÁCTICA REVOLUCIONARIA - EN LO SOCIAL O DE MASAS -

I) En el movimiento obrero
Las organizaciones que integraban el Acuerdo de Epoca vivieron múltiples dificultades a raíz del decreto de diciembre de 1967, que hicieron fracasar por entonces las posibilidades de que el acuerdo se continuara aplicando en lo político y en lo organizativo.
Sin embargo, hubo un plano en que el acuerdo continuó y, se fue consolidando, porque todas las organizaciones coincidieron en dicho objetivo. Ese plano fue el de la lucha sindical por la aplicación de la táctica revolucionaria en el movimiento obrero.
Así fue como nació lo que corrientemente pasó a denominarse “la tendencia sindical revolucionaria”, para enfrentar la línea reformista que era y todavía sigue siendo mayoritaria dentro de la CNT
Alguna de las primeras tentativas fracasó transitoriamente. En el gremio de la construcción, donde se intentó crear una tendencia revolucionaria que enfrentara la línea reformista, fracasó porque un grupo numeroso de obreros que hasta entonces habían sido afiliados al PC no encontraron mejor forma de enfrentar los métodos virtualmente gansteriles de la mayoría de la directiva del SUNCA, que formar un sindicato amarillo paralelo con los auspicios del entonces Ministro Acosta y Lara, su diario “Ultima Hora” y los dólares de la Embajada yanqui. Los militantes revolucionarios del sindicato se vieron así, entre las pinzas triturantes del reformismo y del amarillismo, entre los fuegos de dos tendencias gansteriles, educados por años en una escuela de prepotencia, pandillerismo, y caudillismo burocrático que el PC no solo toleró, sino que incluso estimuló en muchas etapas para asegurar el dominio de la dirección del gremio.. Los que antes se dividieron entre los partidarios de Mario Acosta y Henderson Cardozo, la volvieron a hacer después, entre partidarios del Sunca y del Foncra, demostrando a qué extremos de deformación de los cuadros sindicales puede llevar una dirección burocrática, vertical y antidemocrática. La consecuencia fue el retraso por mucho tiempo del desarrollo del gremio de la construcción, que en el Uruguay es quizás el gremio de mas contenido clasista y por tanto de mayor capacidad revolucionaria potencial.
El otro fracaso momentáneo se registró en el gremio de los municipales, donde la nueva tendencia, que logró obtener un representante en el Comité Ejecutivo de ADEOM, fue excluido sistemáticamente por la dirección reformista, hostilizando y maniobrando en forma permanente a los compañeros, mientras sus dirigentes se entendían con el Intendente Herrera, para que éste anunciara “concesiones” y “conquistas” en vísperas de las elecciones del sindicato. En pocos gremios una dirección ha sido más descaradamente claudicante, conciliadora y burocrática que en el gremio de los municipales, a pesar de tener en sectores como el de los obreros de limpieza, uno de los núcleos más aguerridos de la clase obrera uruguaya.
Pero la línea que se pretendía imponer con la nueva tendencia era correcta, y por lo tanto, tenía que comenzar a triunfar. Así fue como en febrero de 1968, el gremio de FUNSA ocupó la fábrica y obligó a transar a la reacción, demostrando en forma práctica a los propios trabajadores que los verdaderos dueños de los medios de producción son ellos mismos, y que sin ellos, no hay fábrica.
En otros gremios más, como el de BAO, la tendencia mostró su combatividad y posibilidades. Sin embargo, todo era todavía incipiente y tenía necesidad de desarrollarse mucho más.
La oportunidad se encontró finalmente, en el gremio bancario, con la constitución de la lista 19. Es bueno hacer notar que su creación no se debió sólo al esclarecimiento gremial de sus fundadores, sino fundamentalmente a su clarividencia ideológica y política, que les permitió superar los pequeños problemas personales de anteriores enfrentamientos, para poner encima de todo la necesidad política de crear una nueva tendencia sindical; que no solo se pusiera al servicio de los bancarios, sino de todos los trabajadores.
Las dificultades han sido y todavía seguirán siendo muchas, antes de que la tendencia se imponga en la mayoría de los gremios, para el Congreso de la CNT en mayo de 1969, mostró ya todas sus posibilidades, cuando en un total de 550 delegados, alrededor de 150 respaldaron la nueva concepción, aportando los más lúcidos y capacitados planteos, ante el silencio resignado de los reformistas. El futuro pues, solo puede estar a favor de los que hoy luchan por la nueva tendencia sindical.

1) el modelo bancario: la ciencia marxista-leninista enseña que los principios de la táctica revolucionaria debe ser aprendida de las propias luchas de las masas, de la propia realidad.
Por tanto, nada mejor para estudiar la táctica en el movimiento obrero que extraer enseñanzas del mayor enfrentamiento y del más importante conflicto que han librado los trabajadores en los últimos años: el conflicto de los bancarios. La racionalización y sistematización de esta experiencia, adaptándola desde luego a cada uno de los sectores de trabajadores, constituirá el mejor aporte en el campo de la táctica. Esto no significa olvidar otras luchas, mas largas y mas duras, como la de los obreros de la carne, sino tomar la lucha de los bancarios, por haberse constituido en un modelo por la variedad, la diversidad y la profundidad que pudo alcanzar la táctica revolucionaria en el movimiento sindical.
¿Cuales son las enseñanzas del conflicto bancario? Podemos intentar una clasificación, distinguiéndolas según el orden ideológico, político militar y organizativo.
a) En lo ideológico
Quedó definitivamente en claro la traición del reformismo, que actuó dentro del gremio como una quinta columna propagandista de la entrega, objetivamente aliada a la reacción.
La CNT dejó de ser ante los ojos de la mayoría el representante genuino de los trabajadores, para transformarse en el organismo cómplice del propio gobierno. En efecto, no sólo no realizó medidas solidarias, suspendiendo un paro general que estaba proyectado, negándose a acompañar a los huelguistas de hambre de la Catedral, aunque más no fuera un minuto de paro del transporte, sino que a espaldas de la dirección de la Asociación de Bancarios, su presidente José D¨Elía actuó de mediador ante el gobierno, desertando su calidad de trabajador y por tanto de parte en el conflicto, para convertirse en un neutral, no representante de la clase obrera, que trataba de conciliar a los trabajadores con el gobierno.
Los representantes del reformismo en la dirección bancaria, por su parte hicieron durante el conflicto el más crudo divisionismo. Como ha dicho Bancario Destituido en Marcha: “ Iban a las puertas de los Bancos lanzando rémoras, (podemos dar nombres si es preciso), diciendo que “no había salidas, que estábamos embretados, que nunca debimos salir a la laucha, que había que buscar la fórmula de volver a los bancos, que esto era una aventura”. La traición la consumaron en la Asamblea del Miedo del 11 de setiembre de 1969, donde luego de haber rechazado la fórmula del Gobierno en el Consejo Central, par lograr que hubiera Asamblea, terminaron recomendando su aceptación en el Palacio Penarlo, tachando a la dirección mayoritaria de incapaces, en el ejercicio del más crudo divisionismo. Como ha dicho el gran dirigente sindical argentino Ongaro: “Declarando en las palabras, una unidad que quebraron en los hechos”.
En su carta del 15 de setiembre de 1969, la FAU ha resumido muy bien esto: “Desde dentro del propio Consejo Central de AEBU partió la traición. Los que siempre se entregaron sin luchar, los que fueron desautorizados por el gremio en las últimas elecciones, los que nada tuvieron que hacer en medio de la heroica resistencia de los bancarios, no podían admitir que la huelga continuara. Si el conflicto terminaba en un triunfo, sería la demostración definitiva de que lo que dice el Partido Comunista es mentira.
Que hay condiciones para luchar a fondo. Que es posible enfrentar a la reacción. Por eso finalmente, fueron sinceros, sacándose la careta, olvidándose de sus recientes chácharas sobre la “huelga general revolucionaria”, prepararon, en sugestiva coincidencia con los ministros de Pacheco, lo que pensaron sería el final de la lucha de bancarios. Y fueron a la asamblea a hacer lo único que son capaces de hacer, a sembrar el derrotismo, aprovechándose de un momento difícil. A predicar la derrota, mientras Charlone amenazaba con los despidos. Al mismo tiempo, el mismo día en que debía realizarse un paro general, que una mayoría de la dirección de la CNT echó atrás. Fueron a decir que no habría más posibilidades de acuerdo, mientras el gobierno y la patronal decían que no habría más acuerdo. A decir que la prolongación del conflicto se debía a la intransigencia de los “extremistas”, como dice la reacción. Al echarle la culpa a la prolongación del conflicto al gremio, que no aceptó varias fórmulas de acuerdo. A sacar, bajo presión urgentemente, dentro de un plazo fijado por las bayonetas, lo que el gobierno y la patronal querían: el levantamiento del conflicto. Como siempre, se hicieron eco del terrorismo oficial, como siempre, buscaron “la culpa” en los que luchan y no en los que explotan y reprimen. Como siempre, esparcieron la falsa sensatez del que claudica, la falsa seguridad del que se agacha, la falsa madurez del que se entrega. Al gremio con mas de dos meses de dura lucha, sometido a la tremenda presión de toda la reacción confabulada, le ofrecieron el engañoso remanso de la capitulación. Ellos, los hábiles y experimentados dirigentes, que siempre tuvieron la razonable precaución de entregarse sin combatir. Los que se han pasado de maduros. Los que en su larga marcha hacia la degradación política tendrán - y que les dure - sus diputados y sus diarios. Y su partido. Que nadie clausurará, que nadie prescribirá, porque sirve para estos trabajos de “responsabilidad”. Ellos, la “izquierda de derechas”. Los que todos conocen. Los dirigentes del Partido Comunista”.
La conclusión más importante pues, en lo ideológico, fue el desenmascaramiento del reformismo, La heroica lucha no sólo sirvió para mostrar al gobierno como sirviente de la patronal de los bancos, sino también para pensar por fin en su verdadero lugar la tendencia reformista, porque esta vez fue el propio pueblo trabajador el que denunció por todas partes la traición.
Es bueno, por último acotar, que el traidor reformismo tuvo sus buenos compañeros de ruta, sólo los que llevaron su claudicación hasta transformarse en carneros, pasando por los prudentes y apaciguadores dirigentes viejos que solo hablaron en asambleas para apoyar la entrega, o que en sus debilidades y en sus odios, se agusanaron dentro de la propia izquierda y apoyaron, objetivamente, la línea del traidor reformismo, criticando a la dirección revolucionaria, mientras omitían toda crítica real al reformismo.
b) En lo político: varias fueron las consecuencias políticas del conflicto, a saber:
1) Los bancarios provocaron el más grave conflicto de poderes que ha existido en el país desde 1933, obligando al Poder Ejecutivo a amenazar con el golpe de Estado en nota dirigida al Poder Legislativo. Esto sirvió tanto para poner en evidencia el carácter dictatorial del titular del Ejecutivo, como la lamentable sumisión del parlamento o de sus mayorías. Quedó en evidencia la dictadura real que padece el país, y el gobierno de clase tuvo que desembarazarse de todos sus afeites.
2) Se Puso en evidencia la impotencia del sistema represivo y de la militarización: a los bancarios no se los encontraba en sus domicilios en las fechas en que había que presentarse para evitar ser desertores, había que correrlas. Los famosos tribunales militares preferían lavarse las manos y no procesaban a los “desertores”. La militarización se fue transformando en una fantochada ridícula y el poder de la “autoridad” se venía al suelo. En el anterior conflicto de la banca oficial en 1968, la militarización había logrado su objetivo. También en le conflicto de UTE. Pero en este conflicto de los bancarios privados, 2.067 “desertores” desconocían nada menos que el “poder militar”, y se pudieron transformar en 7000 “desertores” sino hubiera sido por la Asamblea del Miedo. Con lo que la patronal hubiera tenido que tirar la esponja, porque su situación era ya insostenible debido al sobregiro de varios bancos en moneda extranjera.
Resultó claro pues, que la militarización se podía derrotar, y el gobierno ya no tenía mas armas contra el gremio, después de haber prohibido el pago de sus cuotas, cerrado sus locales, etc. Lo que impidió la victoria total no fue la militarización ni la firmeza patronal, sino la traición del reformismo, que aunque en minoría, conserva todavía considerable fuerza en el gremio, y sólo podrá ser derrotado con la más dura de las batallas ideológicas, en las luchas futuras.
3) Se ganó por primera vez toda la opinión pública, hasta el extremo de que los propios reformistas tuvieron que salir a reconocer el avance logrado en la movilización. Los bancarios dejaron de ser para el pueblo “los privilegiados de cuello duro”, transformándose en el reconocimiento general en “los más aguerridos integrantes de la clase trabajadora”.
4) Se abandonó el silencio cómplice de otras épocas para salir a denunciar todos los negociados conocidos de los banqueros, mostrándoles al pueblo en su verdadera condición de ladrones, estafadores y entregadores del país.
c) En lo político-militar:
La acción directa en el frente de masas se ejerció con una notable fecundidad y prodigación, aventando lejos todo el polvo del burocratismo y la conciliación de clases.
Las acciones revistieron dos formas bien diferenciadas:
1) Las acciones de la propia masa, que asumieron múltiples formas, y donde cada bancario se transformó en un combatiente, ya fuera atacando los domicilios de los carneros, prestando su auto para una acción, ofreciendo casas para reuniones, haciendo finanzas y propaganda, atacando las casas y autos de los banqueros, etc.
Dentro de estas acciones, el punto más alto lo marcó la huelga de hambre de 17 compañeros destituidos, porque ese gesto tuvo la inmensa significación de obtener nada menos que la Catedral de Montevideo para su realización, desde cuyo altar mayor hablaron por primera vez los trabajadores. Y la solidaridad se volcó hacia ellos de manera ejemplar, en un sacerdote que se plegó a la huelga de hambre, en la manifestación de las mujeres que fueron apaleadas y vejadas en el atrio, en el apoyo de los estudiantes, o en el de jóvenes cristianos que se lanzaron a hacer propaganda y finanzas para los compañeros de la Catedral.
2) Las acciones de las organizaciones revolucionarias de vanguardia. Los Más grandes fueron la destrucción de la modernísima computadora del banco Comercial y el secuestro del banquero Gaetano Pellegrini Giampietro, pero existieron otros menos conocidas, tales como la destrucción de numerosas dependencias bancarias en cuyos frentes detonaron potentes artefactos, o el ataque a los domicilios de algunos de los representantes más odiados de la patronal bancaria.
Estas acciones constituyeron una excelente experiencia de la combinación de la lucha de masas con la lucha propiamente militar de comandos, que permite al pueblo ir comprendiendo cuales son los objetivos que se proponen los revolucionarios. Con estas formas de solidaridad concreta, el pueblo se va identificando poco a poco con la lucha revolucionaria, porque va conociendo quienes lo atacan y quienes lo defienden.
d) En lo organizativo:
El gremio se organizó como nunca, los huelguistas pasivos se redujeron al mínimo, y nuevos cuadros surgidos en el combate ocuparon el lugar de los que claudicaron en el pantano de la traición, del carnerismo y del reformismo.
Esa organización ejemplar tuvo sus aristas más salientes en el cumplimiento de los siguientes principios:
1) Se practicó una auténtica democracia sindical, que no se resintió ni aún en los momentos más duros de la represión. Se dio plena participación, información y posibilidad de discusión a la base. Siempre existió un compañero que explicó los alcances de una fórmula o le desarrollo de una situación. Quien estuvo dispuesto a colaborar, encontró siempre una tarea para hacerla. A pesar de la detención de varios dirigentes, siempre se ubicó un sustituto para ocupar su lugar.
2) La dirección y la organización se hicieron clandestinas. El cierre de los locales sindicales no entorpeció la lucha, porque estaba prevista la clandestinidad de su organización. Pero no sólo la dirección sino la mayoría de todo gremio tuvo que vivir fuera de su casa. Para lograr eso, se construyó un sistema de células por banco y por sucursal, las comisiones policiales y militares se desesperaban sin poder encontrar mas que a quienes querían ser encontrados, para carnerear “ obligados por la militarización”. Pero en el problema de los carneros, la dirección demostró un indudable tacto, porque a todos los que se consideraba recuperables se les iba a visitar para que recapacitaran, y así se logró que muchos que en un momento carnereaban, después dejaron nuevamente de trabajar y se reincorporaron al conflicto.
3) La autoridad lograda ante el gremio por la dirección de la 19, sirvió para aglutinar también a la dirección de la lista 55, integrada por democristianos, michelinistas o independientes. Esto demostró que la firmeza en la lucha, la rectitud de los procederes, y la convicción ideológica, permiten alcanzar a muchos sectores que no pertenecen propiamente a la tendencia y transformar en mayoritaria una representación minoritaria. Y lejos de constituir una alianza contra natura, como sostienen los reformistas, la unión de la 19 y la 55 no sirve sino para demostrar que una dirección consecuente es capaz de ganar a la mayoría del sindicato radicalizando la masa a la izquierda, así como la inconsecuencia y la claudicación sólo logra hacer Pasar A quienes practican esa línea, de la izquierda o del centro, a la derecha. la lista 55 expulsó a sus dirigentes de derecha y se volcó decididamente a la izquierda, con la cual dialécticamente, la lista 3 se transformó en la derecha del gremio bancario.
La conclusión a extraer es que no corresponde razonar, como se ha hecho a veces, que no interesa obtener la mayoría del gremio, sino luchar desde adentro solamente. Lo que interesa es que nuestra línea revolucionaria es la correcta y por serlo representa objetivamente los intereses del gremio. Por tanto, tenemos el deber de luchar para que la mayoría del gremio comparta nuestra posición, y no auto-excluirnos por anticipado de la posibilidad de obtener esa mayoría.
4) En el interior, las persecuciones policiales generaron nuevas formas de autodefensa y organización, y un reguero de campamentos apareció en los montes cercanos a los pueblos, para eludir la represión policial y militar.
Fue ésta una de las más novedosas formas de organización descubiertas en el conflicto.
5) Los bancarios pasaron grandes dificultades económicas, ante la cual idearon, las más diversas formas de autofinanciación, llegando a obtener de muchos clientes del banco, importantes préstamos que se distribuyeron banco por banco. Así se vieron muchos ejemplos de solidaridad que eran además un estímulo moral para seguir adelante. El mejor juicio que se hizo de éste conflicto que tanto y también enseñó a la clase trabajadora, lo hicieron los destituidos que hicieron la huelga de hambre en su declaración final: “ la orquestación de una verdadera tenaza que en la última instancia cayó sobre el gremio, maquinada por patronal, gobierno y claudicantes dirigencias comprometidas con el régimen, todos ellos defensores acérrimos a pesar de publicitadas proclamas, de falsa combatividad, defensores del statu quo vigente, nos imposibilitaron en última instancia la posibilidad de un rotundo triunfo.

2) La táctica sindical revolucionaria: prácticamente todos los principios de la táctica han tenido aplicación en este modelo del conflicto bancario que terminamos de analizar. Abordemos por tanto su estudio, extrayendo la teoría a través de la generalización de la práctica.
Algunos de los principios tácticos a extraer son los siguientes:
a) En lo ideológico:
I) Lucha contra la oligarquía y el imperialismo:
la política del gobierno responde a estos intereses, que se expresan a través de los planes del FMI.
Esta política significa la muerte de la política liberal y reformista de la burguesía y por lo tanto, de la democracia burguesa. Para derrotar al gobierno, hay que derrotar a Las clases reaccionarias que le sirven de apoyo.
Las derrota de la clase dominante y del gobierno sólo se podrá lograr con un cambio de la estructura social y económica del país, lo que implica que es necesario hacer una revolución.
Este cambio sólo podrá lograrse por medio de la lucha armada, a cuya preparación debe dedicarse todo trabajo de masa desde ahora.
Pero el movimiento sindical no es el organismo idóneo para dar la batalla, porque no puede sustituir a la fuerza armada popular, aunque debe jugar un papel importante en su formación, preparación y apoyo.
II) Lucha contra el reformismo: Ya hemos hecho su análisis. Sin embargo, es bueno ver cuales son algunos de los vicios más graves que genera el reformismo en el movimiento obrero.
Uno) el sectarismo: ser sectario es defender en forma ciega, no razonada, la “secta” (grupo, partido, federación) a la cual se pertenece; es anteponer los intereses parciales de la “secta” a los intereses generales de la clase trabajadora, es despreciar todas las ideas y acciones que no provienen de la “secta”, donde la única preocupación es ganar nuevos militantes para la “secta”. El sectarismo es como el cáncer. Si no se opera a tiempo causa la muerte. Los dirigentes de este tipo, predican la unidad y, sin embargo, con sus actitudes sectarias están provocando la división. La construcción de la unidad de la clase obrera pasa, pues, por la lucha contra el sectarismo de sus dirigentes.
Dos) las contradicciones en el seno del pueblo: son enemigos del pueblo aquellos que le explotan. Son amigos del pueblo, aquellos que luchan para destruir el actual sistema de explotación. Las contradicciones entre nosotros y nuestros enemigos son contradicciones antagónicas. La lucha es a muerte. Como los intereses son contradictorios no existe ninguna posibilidad de conciliación.
Pero las contradicciones que pueden surgir en el seno del pueblo son de otro carácter muy distinto, ya que existen sobre la base de una comunidad fundamental de intereses.
Por lo tanto, deben también ser diferentes los métodos para resolverlas. Contra los enemigos del pueblo debe utilizarse la fuerza y la presión. Pero en cambio contra aquellos que integran el pueblo aunque planteen ideas erradas, no se debe usar la presión ni ningún método autoritario.
En estos casos, los únicos métodos a utilizar deben ser la discusión, la crítica, la persuasión y la educación. No se debe utilizar la fuerza para someter a las minorías que sostienen puntos de vista diferentes. La minoría debe ser protegida, porque incluso a veces la verdad puede estar de su lado. Quizás uno de los errores más graves de Stalin fue no haber hecho esta distinción, resolviendo todas las oposiciones con los métodos autoritarios que sólo deben emplearse con los enemigos del pueblo.
Luchar por la unidad de la clase obrera es, por lo tanto luchar porque puede darse una discusión ideológica dentro de las organizaciones de trabajadores. Actuar con espíritu autoritario o sectario no dejando que se exponga otras ideas que las de su “secta”, es demostrar un grave síntoma de debilidad. Quines se sienten seguros de sus opiniones, no temen la aparición de ideas opuestas, pues saben que mediante la persuasión pueden llegar a convencer a los demás del error.
Tres) la crítica y la autocrítica: son sospechosos todos aquellos movimientos, partidos, federaciones o dirigentes que nunca reconocen cometer errores, que siempre son los puros los buenos, los que tienen razón. Para enfrentar este grave vicio, es necesario establecer orgánicamente un sistema de críticas y autocríticas.
Cuatro) calidad y no cantidad: el reformismo siempre busca el dominio cuantitativo de las organizaciones, lo que se presta a todos los manipuleos electoralistas y politiqueros que conocemos. La capacidad para mantener la dirección de un movimiento, debe mostrarse no porque somos mayorías, sino por la mejor calidad de nuestros dirigentes, por su mayor espíritu de iniciativa, de entregar a la causa, de servicios a los intereses generales del gremio. Las revoluciones no han sido hechas por las organizaciones cuantitativamente más numerosas, sino por las cualitativamente más dinámicas, mas creadoras, mas capaces de lanzar consignas justas, que hagan avanzar el movimiento revolucionario en cada nueva coyuntura.
b) En lo político: deben extraerse entre otros, los siguientes principios:
I) La lucha sindical: no debe abandonarse la lucha por las pequeñas y grandes reivindicaciones, porque es correcto que sólo en la lucha se educan las masas populares. Esto no implica ilusionarlas con que dichas reivindicaciones se pueden lograr en su totalidad, como tampoco que puedan obtenerse por confrontaciones sindicales decisivas con el gobierno. Esto solo podría conducir a la destrucción del movimiento obrero organizado. Estas luchas deben ser limitadas y medidas, graduándolas en su forma, a las reales condiciones del enemigo, así como el nivel y capacidad de las masas, consideradas en conjunto y en cada lugar.
De acuerdo a esto, toda plataforma general de lucha debe ir acompañada de una plataforma reivindicativa inmediata, con los reclamos inmediatos y concretos de cada gremio, o incluso de cada fábrica. Los postulados de carácter general sólo se hacen carne en los trabajadores cuando se les combina y entrelaza correctamente con la lucha reivindicativa inmediata.
II) La lucha política y sindical: las luchas gremiales deben transformarse paso a paso en políticas, por lo cual deben dejar de ser sólo economistas y reivindicativas. Las consignas a levantarse no deben ser las de reformismo, que coloca al movimiento obrero a la cola de la burguesía nacional, sino que la labor fundamental será dar clara conciencia de que el país ha cambiado, que los yanquis nos dominan y que sin derrotarlos no hay avance posible, para lograr lo cual debemos abocarnos desde ya a desarrollar la lucha armada que lleve a la guerra popular. Por eso mismo, no deben agitarse ambiciosos programas de cambios de estructura, sin explicar muy bien al gremio, la necesidad previa de la revolución para obtener tales objetivos.
b) En lo político- militar: la lucha en este plano se debe realizar en la defensiva y en la ofensiva, tanto por el propio gremio como las organizaciones revolucionarias de vanguardia.
Los trabajadores agredidos por la reacción, tienen el derecho y el deber de defenderse, creando brigadas de autodefensa que permitan respuestas parciales pero exitosas, que canalicen correctamente la rebeldía de las masas. Estas brigadas son los gérmenes de las fuerzas armadas del pueblo.
Pero en los momentos de conflicto, los obreros deben colocarse además decididamente a la ofensiva, tomando las más diversas medidas de lucha para decidir el triunfo, dejando lo mínimo posible librado a la espontaneidad.
Las organizaciones revolucionarias son las encargadas en estas circunstancias, tanto de realizar acciones de violencia revolucionaria en apoyo a los obreros, como de adiestrar a éstos y con las obvias medidas de seguridad, proporcionarles los medios necesarios para combatir, en las acciones armadas de las masas.
Sobre este problema de la Acción Político Militar en el Frente de Masas, existe un documento del MLN, el número 3, que tiene una gran importancia y ha sido objeto de una fuerte polémica dentro de la izquierda revolucionaria en el año 1969.
Nos parece por lo tanto esencial transcribirlo, para poder comentarlo.

El documento N. 3 del MLN
“Nuestra Estrategia implica la instalación de la lucha armada sistemática apenas estemos preparados para sostenerla y haya condiciones de ello.
Nuestra estrategia condiciona nuestra acción cotidiana.
No es lo mismo actuar para un movimiento que proclama la lucha armada y además ha tomado la iniciativa de prepararla, que actuar para otra clase de movimiento cualquiera.
Dicha estrategia consiste esquemáticamente en lo siguiente: un grupo armado preparado como para sostener una lucha prolongada, es decir, preparado como para no ser destruido de inmediato, inicia las acciones.
Ante el hecho consumado, el resto de la izquierda y el pueblo se ven ante estas alternativas: o sumarse a la lucha armada, o permanecer indiferente a la misma, o servir de “soldado tranquilo” de la contrarrevolución.
Para ver que posibilidad hay de mantener airosamente cada una de estas actitudes, tenemos que ubicarnos en el nuevo panorama político que crea la instalación de la lucha armada dentro del país.
Esquemáticamente también: si la fachada democrática es insostenible ya ahora en períodos de crisis, entonces no es previsible que huelgas, manifestaciones y libertades sindicales pueden ser permitidos cuando se ha pasado a la etapa de la lucha armada. Será cuando la represión no solo golpeará a los izquierdistas que tomaron las armas sino también el sindicalista, al simple huelguista y aún al mero manifestante.
Ahora bien, si el momento para desatar la lucha armada ha sido bien elegido, si se ha tomado una etapa de gran penuria popular y las huelgas y manifestaciones populares son inevitables… en el casa particular de nuestro país donde el aparato sindical es extenso, donde a cada ajuste presupuestal los gremios paralizan el funcionamiento de gran parte del aparato estatal, entonces, la alternativa de la represión es de hierro: o enfrentar la lucha armada con el aparato del estado deteriorado, o liquidar a los gremios persiguiendo a sus dirigentes y prohibiendo huelgas y manifestaciones.
Y, aunque en menor grado que en Diciembre de 1966 (porque los servicios de inteligencia se han afinado), frente a un brote de lucha armada también se dará el golpe ciego a todo el que ha hablado de lucha armada.
Quiere decir que se dará la secuencia clásica de todos los lugares donde se ha aplicado esta estrategia: el grupo armada golpea a un sector extenso de la izquierda, sino a toda la izquierda.
Esto transforma en muy incómoda la posición de los izquierdistas que no hayan optado por apoyar la lucha armada o unirse a ella: quedan marginados del verdadero foco de la lucha de clases y sufriendo las consecuencias del mismo. Políticamente; la historia ya no se pasa por ellos. No es ya una declaración pública, su acto de repudio, su discurso admonitorio, lo que concita la atención del pueblo desconforme, en aquellos momentos en que medidas mas eficaces para destruir el régimen, están ya en marcha.
La alternativa para estos izquierdistas es unirse al convoy de la revolución aunque sea como furgón de cola, o perder definitivamente el tren.
Trabajamos pues para iniciar acciones que van a crear este panorama.
Nuestra acción presente debe tender a facilitar nuestra acción futura, no a entorpecerla.
No debemos organizarnos gremial y políticamente en forma pública, aunque hacer política o gremialismo hoy sea lícito y no sancionable penalmente. En el futuro no va a ser así y de no tenerlo en cuenta estaremos facilitando ya el trabajo de nuestros enemigos. Ellos tendrán a través de nuestros gremialistas públicos actuales, la lista de quienes nos dan respaldo y posibilidades dentro del movimiento de masas y ya no golpearán a ciegas. Eso significaría “entregar” por un afán de la hora a los cuadros que permitirán el crecimiento del Movimiento en los momentos peores de la batalla y darle puntería a los golpes de la represión.
Hoy sería más cómodo y más fácil no organizar a los gremialistas en células clandestinas sino públicas, pero esto es comernos el futuro.
Y también implica comernos el futuro ceder a la tentación de participar en la eterna polémica menuda de nuestra izquierda como lo ha hecho tradicionalmente toda organización que haya tenido mas de una hora de vida. Esto no significa que no tengamos grandes discrepancias con muchas organizaciones políticas y gremiales de la izquierda, sino simplemente que no creemos en la polémica como medio para superarlas. Inútil discutir si es conveniente o no hacer movilizaciones del tipo de una “marcha de peones rurales, por reclamo de tierra para trabajar. Hay que hacerla y, en la misma conmoción pública que crea obligará a los sectores con quienes discutimos en vano, a seguirla de atrás.
Inútil discutir si hay que lanzar o no la lucha armada. Hay que lanzarla y que se atrevan a discutirla, entonces. La polémica, sobre todo cuando ocupa el 80% de nuestras energías revolucionarias, no hace mas que volver más recalcitrantes a los sectarios y más impermeables, a los sectores que orientan los sectarios. Esto también es comerse el futuro, porque nosotros sabemos que dentro de cualquier fuerza de izquierda hay valores útiles para la revolución. Y echarnos prematuramente encima a esos valores por cuestiones del momento es restar fuerzas a una empresa futura que solo saldrá con el esfuerzo de todos.
Esos hombres, o no están maduros, o están mal orientados, pero, ¿para qué aislarnos de modo irreconciliable de ellos, por sus posiciones de hoy, si está dentro de nuestras posibilidades hacer sonar a corto plazo la hora de la verdad, donde los revolucionarios auténticos podrán reencontrarse. ¿Por qué crear prejuicios o prevenciones contra nosotros, por la forma de llevar las pequeñas luchas de hoy, si está de por medio la preparación de la gran lucha por el Poder donde la unidad significará ahorro de sangre y sacrificios y mayores posibilidades de éxito?
Creeríamos en una polémica objetiva y constructiva dentro de la izquierda si, pero como nunca la hemos visto practicar la consideramos imposible. Tal como se da la polémica actualmente, cada vez es más remota la posibilidad de que haya una verdad universal para toda nuestra izquierda, antes bien, cada sector enarbola su “verdad”.
La variante que podría admitirse es que algunos sectores la vociferan por diez mil bocas y otros solamente por cien. Recuérdese el ataque de Arismendi a la FAU acusándola de traición y connivencia con la patronal por el conflicto de Funsa. En dicho conflicto dirigido por compañeros de FAU hubo una toma de fábrica con resistencia al desalojo policial, pero culminó dejando la decisión del conflicto a la Suprema Corte de Justicia que aplicó una multa al sindicato.
Esto crea un segundo problema, éste de economía de fuerzas y fácil de resolver aplicando principios militares tal como el de dar batalla solamente cuando el sacrificio no va a resultar totalmente estéril.
Es en ésta polémica estéril de la izquierda en la que hemos rehusado no intervenir desde diciembre de 1966, -sino en los cinco años que tenemos de existencia.
Diciembre de 1966 sólo nos permitió constatar un logro parcial de esta política: el hecho de que no nos hubiéramos dedicado a cultivar enemigos irreconciliables dentro de la izquierda a través de polémicas estériles permitió que un grupo incipiente recibiera el apoyo de los más dispares sectores que de hecho actuaron como cobertura, lo que es de por sí mucho mas importante y valioso que 400 manifiestos revolucionarios. En síntesis: en lugar de la polémica de palabras revolucionarias, nosotros proponemos cambiar la gente con hechos revolucionarios.
Ahora bien, esto puede implicar en la acción cotidiana por ejemplo, el sacar una posición de lucha dentro de un gremio y la consiguiente polémica con otros sectores. Esta es una discusión necesaria que nosotros consideramos útil y digna dentro de nuestros esfuerzos porque tiende a definir modos de actuar, hechos concretos, porque tienden a una radicalización de la lucha y nada tiene que ver con la vieja querella teórica matizada de copiosos objetivos, a la cual nos referíamos anteriormente.
Y volviendo a los términos militares, no nos interesa una batalla general en el campo de la polémica verbal, porque no es en ese terreno donde se va a definir la vanguardia revolucionaria ni la revolución, pero si nos puede interesar una escaramuza en el lugar donde tenemos fuerza, con el fin de sacar una posición de lucha concreta. No perder de vista la estrategia general, nos permite resolver una serie de problemas que se dan en la lucha de masas diaria.
Por ejemplo: si nosotros sabemos que al desatarse la lucha armada, las direcciones sindicales pueden verse obligadas a ocultarse y ser detenidas por la represión, entonces no debemos darle tanta importancia a la gravitación negativa que tienen actualmente muchas de esas direcciones.
Su reinado absoluto termina con el status que hay entre las clases: cuando la lucha pasa a la etapa violenta, esas direcciones pierden el control de las masas y muchas veces hasta el contacto con ellas, pues el aparato sindical actualmente en nuestro país, no esta preparado para funcionar indefinidamente en formas clandestinas.
Por lo tanto, es más importante montar un aparato de funcionamiento clandestino que nos permita actuar en las masas, que no se despegue de ellas, que las mantenga en la lucha aún en los períodos de mayor represión y no “copar” direcciones legales de sindicatos. Decimos “es más importante” en el entendido de que tampoco es despreciable la dirección de un sindicato desde donde se pueden radicalizar las luchas y crear el aparato clandestino que permita la continuidad de éstas, pero no hacer de la lucha por el poder en los gremios el único objetivo de nuestros militantes.
Pasando a otros aspecto: para nuestros compañeros que tengan gravitación en los gremios: la consigna es contribuir a apresurar el proceso de la radicalización de las luchas. Para ello nada más eficaz que trasladar la técnica de la lucha armada al campo gremial.
Doscientos cañeros actuando como foco de repudio activo a la embajada de los EEUU obligó a una manifestación de miles de trabajadores el 1 de mayo a enfrentarse a la policía cuando los planes de los, al parecer, omnipotentes dirigentes de la CNT eran muy otros. Incluso obligaron a estos dirigentes a refrenar al otro día todo, lo que trastocó sus planes y hasta a decretar un paro general para la jornada siguiente. Es a esto a lo que llamábamos “(furgón de cola)” para no perder definitivamente el tren.
Unos centenares de estudiantes franceses actuando en un momento propicio, convierten en cruento uno de los habituales choques con la policía.
Al otro día todos los estudiantes son mas los que luchan contra la policía en las calles de París. Y luego un par de centrales obreras anquilosadas, cuyos dirigentes no han hecho otra cosa que ajustar salarios desde tiempos inmemoriales, se ven obligados a sacudirse el polvo y decretar el paro mas grande de la historia de Francia.
Y la onda se expande; también los campesinos se suman a la movilización y el gobierno se tambalea.
Y si no cae es porque el movimiento no cuenta con una organización atrás para el asalto al poder de modo definitivo, en momento que el estado se hallaba completamente paralizado.
En fin, esto ilustra también sobre todo lo que hemos venido diciendo al respecto a la importancia relativa del hecho de detentar la dirección sindical cuando la lucha pasa a otra etapa.
En conclusión: nuestra estrategia determina una serie de pautas generales para la acción en el frente de masas a las cuales debemos ajustarnos estrictamente.
El hecho de que no entremos en polémicas con tras fuerzas de izquierda, no indica que transemos con sus métodos.
No discutimos, pero demostramos en la práctica que los nuestros son mejores.
La teoría de conocimiento marxista exige que cada hipótesis de trabajo sea cotejada con la práctica para comprobar su validez
Nosotros debemos hacer lo propio.
Ver - a la luz de la práctica - los resultados de nuestros métodos de trabajo.
Para poner un ejemplo en el campo gremial: la acción de UTAA frente a la acción de otros activos grupos minoritarios como trotskistas o muspianos.
La práctica demuestra que a igual esfuerzo un movimiento se expande, en tanto otros se enquistan y se aislan.
Y esa es la mejor demostración de la corrección de una línea gremial
Mayo 68″

Nuestra opinión
Los temas involucrados son fundamentalmente dos: a) el de la acción en el frente de masas, b) el de la lucha contra el reformismo. En ambos el MLN coloca por delante de todos los demás temas, el de la lucha armada, lo que nos parece correcto, porque en el presente y hacia el futuro, la lucha armada tiene absoluta prioridad.
Así lo afirmó la conferencia de las OLAS, asó lo han sostenido los principales teóricos revolucionarios, así lo exige la actual situación pre-revolucionaria latinoamericana, así lo ha impuesto ya el foco de lucha armada en desarrollo en el Uruguay.

a) la acción en el frente de masas: Desde el punto de vista político militar, se encuentra en el primer punto de la orden del día la radicalización de las luchas, lo que significa la radicalización de los métodos de lucha. La radicalización cada vez mayor, provocará la agudización de las contradicciones del sistema, dejará cada vez más en evidencia al reformismo, mostrándolo en su verdadera esencia de traidor reformismo, desarrollará nuevos cuadros que pasarán a integrar la organización revolucionaria, aumentará la conciencia de las masas y fortalecerá la dirección de la revolución.
Se ha criticado esto, sosteniendo que las masas no serán nunca, llevados a la lucha por el ejemplo heroico de unos pocos combatientes ajemos a ellas, sino por su propia experiencia en la lucha, por la lucha de la propia masa.
Esto no es una verdad nada más que en apariencia. Por qué ¿cuál es la experiencia que las masas deben realizar: la de las movilizaciones pacíficas, o la de la lucha armada?
El primer tipo de experiencia ya se ha visto que se agota en el reformismo, que no conduce a la toma del poder, sino la capitulación y conciliación con el enemigo. Por lo tanto, la experiencia de las masas debe ser la de la lucha armada, en la cual deben estar de acuerdo todos los revolucionarios, so pena de caer otra vez en el reformismo.
Es la polémica conocida entre la famosa “concientización” o “preparación de las condiciones”, y la lucha armada. Si se trata de convencer primero a toda la humanidad, o si se trata de hacer la revolución. Poniendo un ejemplo sencillo ¿cuántas veces se pudo haber tomado el poder en la Argentina, si hubiera habido una dirección revolucionaria esclarecida y preparada, que hubiera sabido aprovechar las inmensas energías de ese pueblo, tantas veces desperdiciadas.
Pero la experiencia de las masas, no puede limitarse a una guerra meramente defensiva, con brigadas de autodefensa, porque esto, si bien puede ser un buen comienzo de preparación para muchos trabajadores, el carácter de otras perspectivas, termina con el propio conflicto, y el obrero que pudo transformarse en un cuadro militar y clandestino, se desperdició por falta de organización y tarea revolucionaria posterior al conflicto gremial. Así se ha dilapidado las posibilidades de cientos de conflictos y miles de trabajadores en estos años. Qué diferente va a ser el futuro, para las organizaciones revolucionarias, para realizar hechos revolucionarios, en lugar de concurrir a un acto del PC de apoyo al conflicto, para que los obreros voten dentro de tantos años al FIDEL.
La experiencia de las masas por tanto, solo puede ser la de la lucha armada. Pero es claro que de un día para otro toda la masa no va a poder participar en la lucha armada, no solo por razones de conveniencia, sino por muy concretos de organización.
Porque la lucha armada, como toda lucha, como sucedió hace muchos años en las luchas sindicales, empieza de a poco, y el comienzo se desarrolla muy lentamente. El acto más simple para quien se haya convencido de la necesidad de la revolución, de comenzar la lucha armada, debe ser el de procurarse un arma, si tiene dinero la compra, y si no lo obtiene, lo consigue de un agente de la represión. Luego convencerá a otro compañero para conseguir otra y otra más. Algún día llegará a tener una organización pequeña y aparecerán otros que tenían la misma idea que él. En esta etapa, si se quiere que la organización sea algo mas que un grupo de amigos, deberá obtener financiación. Si no lo puede obtener por otros medios, deberá realizar expropiaciones a los ricos, porque la expropiación de la oligarquía no es solo una finalidad para después de la toma del poder, sino que debe cumplirse desde ahora, desde el comienzo, imponiendo el método en la conciencia del pueblo.
Con la organización ya creada y en desarrollo, comenzará entonces la etapa pública, con la propaganda de los hechos revolucionarios que hagan conocer su nombre y las ideas por las que se lucha. Aquí empezará a desarrollarse, entonces, la acción en lo político, por la propaganda armada y por todos los medios posibles, y será recién a esta altura, cuando empiece a haber primero, después tres, después media docena de militantes clandestinos en el movimiento estudiantil y en los gremios obreros, que comenzará propiamente la acción en el frente de masas. Y claro que la experiencia propia de las masas en la lucha armada, no se dará en aquellos conflictos gremiales donde todavía no existen militantes revolucionarios en número y calidad suficientes, y por lo tanto, estos conflictos se resolverán de acuerdo a los métodos reformistas.
Pero allí donde se haya alcanzado ese mínimo de militancia, como sucedió dentro de los estudiantes en 1968, y en bancarios en 1969, los conflictos tendrán otro cariz, mostrarán una radicalización mucho mayor y, permitirán avanzar mucho más, tanto en conciencia general y del gremio en particular, como en organización, lo que se traducirá en incorporación de nuevos cuadros a la lucha armada, aunque el conflicto se haya terminado.
La táctica gremial de radicalización y desarrollo de la lucha armada, pondrá casi seguramente en peligro todo el aparato sindical del reformismo, que tratará por todos los medios de salvarlo, pero para lograr esto, deberá transar con la reacción y su traición quedará en evidencia ante el gremio y ante las masas en general. Con la consecuencia inevitable que ciando la táctica se generalice y abarque a muchos gremios más, y los conflictos se hagan mas y mas radicalizados en cada vez mas extensos sectores, solo habrá dos posibilidades: o la destrucción del aparato sindical del reformismo por parte de la reacción si este pretende acompañar la radicalización de las luchas para no perder la dirección de los gremios o su transformación en sindicatos amarillos, apéndices de la reacción, con lo cual conservarán sus aparatos burocráticos, pero perderán cada vez más rápidamente a la masa trabajadora que irá siendo ganada por la revolución.
Quienes sostienen que las masas no serán movilizadas por los actos heroicos de algunos combatientes, sino con su propia experiencia, agregando que hay que prepararse para la guerra popular, colocándose de cara a la guerra revolucionaria, olvidan decir no sólo en qué consiste aquella experiencia, sino en qué consiste la “preparación” para la guerra popular. Porque la pregunta surge solo en qué consisten aquella “experiencia y esta “preparación”.
Consiste en la realización aquí y ahora, de los hechos concretos de la lucha armada, tanto a nivel de los militantes de masas como de los combatientes revolucionarios. Porque aquella “experiencia” y esta “preparación no son previas, sino simultáneas al proceso. El que diga que las experiencias de las masas y la preparación para la guerra son previas a concientización TAN EN Boga en algunos sectores, por la espera de las famosas condiciones de que tanto hablan los revisionistas. Está optando por el reformismo, aunque esté hablando de una futura guerra popular. Y aunque se desarrollen las críticas muy correctamente, a las tiendas reformistas, aunque se destaque la necesidad de entrelazar la lucha gremial con lo político, aunque se exija a nuestro juicio con exactitud que no se abandone la lucha reivindicativa, si sólo se hace esto y nada mas que esto, y si a la vez no se practican los hechos concretos de la lucha armada todo aquello no serán sino métodos reformistas, y, muchas veces, nada mas que malas copias de sus tácticas.
Pero éstas no han sido las únicas críticas a la táctica de la lucha armada. Desde otros ángulos, se ha sostenido que en lo táctico, no puede darse una separación tan tajante entre lo militar y el trabajo d e masas porque se desconectan de éstas, y que en lo organizativo, no puede hacerse acciones de continuo con la exigencia inevitable de realizar continuas expropiaciones, que hacen peligrar toda la organización, sino que deben compasarse al ritmo del movimiento político y de masas del país.
Nos parecen erróneas ambas críticas porque se trata otra vez si se pone o no la lucha armada en primer término. La lucha armada es la forma superior de la lucha de clases, y por lo mismo, es también la más exigente. Una vez que se pone en movimiento ya no se puede detener. Federico Engels ha dicho: “No jugar mas con una insurrección armada, porque cuando ésta comience, se debe llevar hasta el fin”.
Y cuando ya ha comenzado a haber presos y aún muertos, las razones que existen para no detener nunca más la lucha, no son sólo políticas, sino también morales.
Desde luego que sería mucho mejor combinar mucho mas estrechamente la acción de masas y lo militar, porque permitiría combinar muchos más factores de un modo regular, pero lo que sucede es que lo militar tiene exigencias como la de la compartimentación y separación más rigurosa de todos los elementos, que impiden habitualmente efectuar esa mezcla con la actividad de masas, por lo cual la vinculación entre ambas, solo puede hacerse en el más alto nivel, evitando toda mezcla de la acción de masas con las acciones militares a niveles intermedios.
Y cuando a la crítica en lo organizativo, la continuidad en las acciones no la puede dar sino la lucha armada y sus necesidades propias, acentuando las tareas políticas y propagandísticas en los momentos de crisis, y las de organización en las épocas de mayor bonanza, entre las cuales se encuentra en primer término las de aumentar la potencia de fuego y los recursos financieros. Este no incluye que considere muy bien para la realización de las acciones armadas, el estado de conciencia de la población en cada momento efectuando a veces inútiles acciones provocativas.
Nosotros, pues, entendemos que hay que distinguir dos aspectos: el de la oportunidad y el de la naturaleza de la combinación de las tareas de masas y las militares. Es decir el cuándo y el cómo se realizan.
El problema de la oportunidad consiste en saber si un trabajo debe preceder al otro, o si d debe ser simultáneo. Para nosotros, sin ninguna duda deben ser simultáneos en esta etapa del proceso revolucionario uruguayo. Creemos que no deben existir dos opiniones sobre el punto. Y si antes existió algún desnivel en perjuicio del Frente de masas, eso se ha debido al carácter tremendamente exigente de las tareas militares, que cuando la organización es incipiente y tiene pocos cuadros, absorbe casi en su totalidad el tiempo de los dirigentes.
El problema de la naturaleza consiste en precisar qué son las tareas de masas, para lo cual debe distinguirse muy bien entre trabajo de masas, consistente en la tradicional lucha reivindicativa, economista y sindical, y el frente de masas, que comprende dos aspectos estrechamente ligados a la lucha armada: a) las acciones directas de las masas ejercidos por grupos de autodefensa, dentro del marco de las propias luchas gremiales y b) la integración individual o por grupos de trabajadores a las tareas permanentes de la lucha armada, mas allá de la propia lucha gremial, donde cada uno aporta lo que tiene y puede para las tareas revolucionarias.
Una vez que se ha logrado desarrollar el aparato militar, sobre la base de la agitación y la organización políticas preexistentes en el país, resultado de muchos años de todas las organizaciones de izquierda, debe planificarse cuidadosamente, sin dejar ningún lugar al espontaneísmo en materia organizativa, la combinación de las tareas de masas en esos tres sectores, sin subestimar la importancia de ninguno de ellos, porque un buen trabajo sindical y reivindicativo previo resulta imprescindible para poder organizar luego acciones directas de masas, y de la experiencia de estas acciones es que podrán seleccionarse en la prueba de la propia lucha y con mucho menor riesgo de infiltraciones del enemigo, los mejores cuadros para el aparato militar. Con este método integral es que se podrá que la organización revolucionaria sea de verdad la expresión concentrada de lo mejor del proletariado y se consolide como su vanguardia.
Los vietnamitas lo han definido bien, cuando han dicho, lo que hay que formar es “un ejército para la lucha política”,
Porque en la etapa pacífica o no armada, el trabajo político y de masas es el que se prepara la conciencia hacia la lucha armada, cuando esta ya se ha iniciado, es el aparato militar el que debe proveer de cuadros para la lucha de masas. Esa combinación se logra con la célula de masas político-militar, donde la jefatura la debe tener un representante de la dirección político militar, mientras que las tareas de organización, finanzas y propaganda deben estar a cargo de representantes políticos insertos en el frente de masas.

b)La lucha contra el reformismo: Se sostiene que siendo el reformismo el principal freno del avance del proceso revolucionario, tanto en lo político como en el movimiento de masas, mientras las fuerzas mas prestigiosas no lancen también la batalla y critiquen públicamente en su esencia traidora al reformismo, será imposible avanzar, y el PC seguirá beneficiándose de esa ausencia de enfrentamiento de ideas.
El documento N. 3 del MLN contesta: Porqué crear prejuicios o prevenciones contra nosotros, por la forma de las pequeñas luchas de hoy, si está de por medio la preparación de la gran lucha por el Poder, donde la unidad significará ahorro de sangre y sacrificios y mayores posibilidades de éxito.
Es un problema de correlación de fuerzas. Cuando nace la organización revolucionaria es muy débil, mientras que la reacción y el reformismo son muy fuertes, y en el Uruguay, este último es particularmente fuerte. Por eso durante mucho tiempo, al comienzo, la organización permanece absolutamente clandestina, desconociéndose todo sobre ella. Es la única forma de protegerse de la reacción y de su policía represiva.
Y lo mismo debe hacerse frente a los reformistas, que tienen un aparato poderoso frente al incipiente de los revolucionarios. Si somos nosotros los que estamos correctos en la línea de la lucha armada, ésta se seguirá desarrollando, y serán los reformistas los que tendrán que pronunciarse sobre nuestros hechos, y no nosotros que nos pronunciaremos sobre las tácticas y métodos de lucha de ellos. Y aunque los reformistas eviten pronunciarse sobre los hechos revolucionarios y critiquen sordamente a nivel de sus bases nuestros métodos de lucha, ya ha habido varias ocasiones en que han tenido que emitir pronunciamientos, que los han dejado muy mal ante la opinión pública, que han mostrado su esencia traidora, y en el futuro, se verán obligados a pronunciarse cada vez mas frecuentemente, a medida que la lucha se desarrolla, arriesgando perder su aparato y su legalidad si lo hacen afirmativamente, o su masa revolucionaria, sino lo hacen.
Desde luego que la lucha es muy dura, muy difícil y llena de peligros, y duele ver caer a compañeros presos, mientras los reformistas acumulen una infamia tras otra, engañando todavía a muchos trabajadores honestos, manteniendo la ilusión de un supuesto crecimiento en importantes sectores de las masas, escamoteando la realidad o apostando secretamente a la derrota de los revolucionarios. Pero una cosa es lo que políticamente o moralmente nos duela todo esto, y otra es la táctica política mas ajustada que la organización revolucionaria debe emplear.. Porque mas importante que la dureza o las dificultades de la lucha, es su duración, y solo si comprendemos qué significa, aquello de que debemos prepararnos para una lucha larga, independientemente de que después resulte larga o corta, sabremos sobreponernos a los avatares de las pequeñas luchas de hoy, para pensar solamente en la gran lucha estratégica por el poder.
La necesidad de la crítica pública al reformismo político, en el Parlamento, en la campaña eleccionaria o en el periodismo, así como de la necesidad de la crítica a la dirigencia sindical reformista, deben ceder ante las exigencias de la lucha armada, que obliga a desbrozar el camino a la organización revolucionaria, evitando alejarnos irreconciliablemente de la masa del PC, que es revolucionaria, y que no debe encontrar obstáculos por un enfrentamiento menudo en la política de hoy, para su integración a la revolución en el día de mañana.
Sin perjuicio de todo lo anterior, corresponde sin embargo hacer un importante agregado, cuando afirmamos esta táctica, nos referimos exclusivamente a los que puedan ser las posiciones oficiales de las organizaciones revolucionarias, a sus pronunciamientos como tales, o por sus órganos de propaganda oficiales. Pero esto no significa que por otras vías, por otros medios, no deba librarse la batalla ideológica a todos los niveles. A tales efectos, deben difundirse todos los materiales posibles, deben crearse publicaciones destinadas a dar esta batalla, deben utilizarse las cartas, los comentarios, los artículos periodísticos, y todos los medios de difusión para criticar, sin una claudicación, todos y cada uno de los métodos, las consignas, los pronunciamientos, las debilidades, las contradicciones, las traiciones en que incurre permanentemente el reformismo. El suplemento de los viernes de El Popular tiene todo este año una penúltima página dedicada a extractar conceptos de Lenin de los que surgen directa o indirectamente, críticas a los métodos de lucha de los revolucionarios, no porque Lenin no haya sido el mas grande de ellos, sino porque por típica mentalidad revisionista, extractan trozos escritos después de la toma del poder del período revolucionario, y que por tanto se ajustan a épocas muy diversas de las que hoy vive el Uruguay.
Es la típica mala fe de los revisionistas, que hacen la hagiografía de Lenin, pero mutilan infamemente su obra revolucionaria. Los reformistas advirtieron que este año iba a sobrevenir una dura batalla ideológica. Y se prepararon para ello. Nosotros debemos también hacer lo mismo, y enfrentarlos ideológicamente por todos los medios no oficiales que sean posibles.
En cierto sentido el MLN ha hecho esto mismo, aunque de un modo indirecto, porque si bien su organización no se ha pronunciado oficialmente contra el reformismo, lo han hecho en cambio y con creces, otras organizaciones algunas dedicadas casi exclusivamente a dar esa batalla ideológica y la polémica ha existido a todos los niveles. Con lo cual el aparato reformista ha tenido que dirigir sus baterías hacia otros, mientras el MLN ha seguido desarrollándose en base a sus propias acciones.
Nuestra Opinión, pues, es que la batalla ideológica debe librarse siempre que se den las siguientes condiciones: a) que la organización se haya hecho conocer públicamente por sus propias acciones conquistando por lo menos el respeto del pueblo, aunque todavía no haya logrado su adhesión, b) que el ataque se dirija contra la línea ideológica revisionista y la política reformista, claudicante y electorera de la dirección derechista y nunca contra el partido comunista en su conjunto, porque siempre debemos distinguir a su masa que es revolucionaria de su actual dirección que es contrarrevolucionaria, c) la polémica debe librarse desde diversos ángulos, publicaciones, reuniones obreras y estudiantiles, etc., y no solo de organización a organización sobre todo en la primera etapa.
El fundamento de nuestra posición es muy clara. Si no se atacan las posiciones reformistas, se evita también su ataque directo, lo que puede convenir a la organización en sus comienzos, pero como el fenómeno es dialéctico, también el reformismo se beneficia si nosotros no atacamos. A esta conclusión llegan también los dos miembros del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, Torres y Aronde, en su artículo del Monthly Review N. 55.
Por tanto, una vez conocida la organización, debe desatarse la batalla ideológica sin temer el ataque del reformismo. La dura batalla desatada por Lenin contra los socialdemócratas durante la cual se le hicieron todo tipo de acusaciones desde divisionista hasta recalcitrante, y en medio de la cual quedó con solo un puñado de seguidores, es la mejor demostración de que sólo librando la batalla ideológica se puede desenmascarar a los revisionistas y hacer avanzar el proceso, conquistando el apoyo de la clase obrera cuando las contradicciones se agudicen mucho más.

c) en lo organizativo: Aunque las formas concretas organizativas las analizaremos más adelante, los principios a aplicar deben examinarse ahora.
1) Debe realizarse un profundo trabajo que lleve a la creación de organizaciones de base en cada lugar de trabajo. Esta tarea no puede ser sustituida por ninguna otra.
2) Cada gremio y cada lucha debe ser una escuela política y de concientización de los trabajadores, y a la vez cada lucha debe ser acompañada de una amplia campaña de información general y particular en la zona de conflicto.
3) Las batallas gremiales sólo podrán ser ganadas por medio de amplia discusión en todo el gremio debiendo aclararse que amplias no quiere decir masivas, sin que debe discutirse en cada sección, taller, oficina, etc. Sólo así se cumplirá con el principio fundamental de la democracia sindical.
4) En las organizaciones de base, las células deben organizarse aplicando métodos clandestinos de trabajo, no utilizando el lugar de trabajo como eje de actividad, y si bien los compañeros integrantes de las células deben conocerse entre sí, para poder desarrollar su tarea, no deben en cambio ser conocidos como integrantes de la organización a los demás trabajadores.
5) La tendencia debe organizarse en cada elección sindical, pero sobretodo debe reanimar y revitalizar al gremio en las asambleas sindicales, para desenmascarar en ellas a los dirigentes reformistas. Cada vez que una asamblea pase por encima de dichos dirigentes, porque no responden a sus reclamos, debe exigirse que se designe un comité de huelga integrado por el mayor número de asambleístas, que sustituyan a que por lo menos se agreguen a los integrantes de la dirección.
Del acierto y de la firmeza con que se armonicen todos estos principios de la táctica sindical revolucionaria, dependerá en los próximos años el avance de los trabajadores en el Uruguay.

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