Documento de aporte a la historia del MRO

MRO ::
13.Dic.05 :: Historia MRO

Párrafos extraídos del libro “Ecos Revolucionarios. Luchadores Sociales, Uruguay, 1968 - 1973” de Rodrigo Véscovi del año 2003.



IV. 1.3. Movimiento Revolucionario Oriental (MRO)

“Ariel Collazo [fundador del MRO] ni era PC ni tupa, o de los dos, quizás es lo que se tendría que haber hecho.” R. NORIEGA

La trayectoria de esta agrupación política está estrechamente relacionada con la denominada revo-lución cubana. En 1961, varios políticos, obreros y estudiantes enrolados en partidos y agrupacio-nes viajaron a Cuba para conocer el proceso reformador que allí se producía y, algunos de ellos, su-frieron un viraje político. Éste fue el caso del diputado del Partido Blanco Ariel Collazo, que sema-nas después funda el MRO.

«Cuando varios legisladores, dirigentes sindicales volvemos de ese viaje, decidimos vol-carnos en la defensa de la revolución cubana y en el ataque al imperialismo. Esto hace que nos vayamos del Partido Nacional el 10 de marzo de 1961 y formemos, semanas después (tras la victoria de Playa Girón) el Movimiento Revolucionario Oriental. Justamente el día que había una gran manifestación en apoyo a la revolución cubana, el 21 de abril.»

El MRO, desde sus órganos de prensa y los comités de defensa de la revolución cubana (principal-mente impulsados por éste), apoyó la política de Fidel Castro. Para ello realizó actos en Montevideo y en casi todas las capitales del interior. Actividad que, con el tiempo, propició la creación de bases del grupo en varias ciudades. En 1968 el MRO estaba presente en Juan Lacaze, Rosario, Tacuarem-bó, Melo, Pando, Las Piedras y Salto.
Otra de las tareas centrales de esta agrupación fue participar en elecciones generales, presentán-dose en las dos citas que hubo en la década del sesenta y en la del año 1971. Ariel Collazo, fue dipu-tado (desde 1962 a 1971) y uno de los principales responsables de la riqueza política que adquirie-ron las Cámaras de Representantes. Su participación en el Parlamento destacó por las reiteradas pe-ticiones de la reincorporación de huelguistas sancionados, denuncias a la limitación de la libertad de expresión, lecturas de comunicados de grupos clandestinos, defensas de la reforma agraria, la nacionalización y por el reestablecimiento de relaciones con China, Hungría, Mongolia, Corea, Alba-nia, RDA y Vietnam. En 1962 defendió la soberanía nacional de Argelia; en 1968, la de Checoslova-quia y en diciembre de 1970 repudió a los tribunales militares españoles por el proceso de Burgos.
Otras de las características del MRO, señaladas por el propio Ariel Collazo, es que fue integrante de la tendencia combativa y que, a pesar de eso, tenía muy buena relación con el PC y su líder R. Arismendi. En cuanto a la cantidad de los luchadores sociales que nucleaba su organización, asegu-ra que en el momento de máximo crecimiento llegó a ser de algunas centenas, más o menos orgáni-cos. En 1971, encabezando la lista 1811 denominada «Por la revolución oriental», llegaron a tener once mil votos. Aunque acota que fue gracias a que «se corrió la voz de que me iban a detener si no salía», de ahí que contara con votos de una organización abstencionista como la ROE.
La actividad pública del MRO, hasta que fue ilegalizado, consistió en la elaboración de programas radiales diarios, el funcionamiento de una consultoría jurídica gratuita destinada a trabajadores, ju-bilados y militantes, la organización de cine fórum en varias de sus sedes los fines de semana y la publicación de la revista teórica del Comité Ejecutivo América Latina y del periódico Revolución. Sus otras actividades dependían de lo que decidieran las comisiones de finanzas, propaganda, movilización, publicaciones, sindical y orgánica; que se reunían semanalmente. Como los demás gru-pos, realizaban periódicamente, actos, plenarios de militantes, conferencias, cursos de capacita-ción. Militantes del movimiento se dedicaban a la constitución de nuevas sedes en barrios y centros de estudio y trabajo.
Uno de los aspectos que conformaron la peculiaridad del MRO reside en el hecho de que haya sido el primer grupo en intentar emular a los guerrilleros de Sierra Maestra, proyectando un aparato mi-litar.20 Fue una actividad muy marginal, y más teórica que práctica, que funcionó hasta diciembre de 1967. En esa fecha se le ilegalizó. Lo mismo ocurrió con los demás grupos del Acuerdo Época.

20. Ariel Collazo escribió un artículo llamado «El Uruguay no es una excepción», en el que se encuentra un apartado titulado «Insurrección urbana o guerrillera rural»; «Nuestro Movimiento Revolucionario Oriental definió su línea política a favor de la lucha armada en su Segundo Congreso, al aprobar su declaración programática, complementada con la impor-tante resolución de su Junta Central de 9 de julio de 1965.
El documento no sólo define la vía de la revolución uruguaya, sino además la táctica concreta, adoptando como forma principal la lucha guerrillera rural, y como formas auxiliares, la insurrección urbana y el trabajo dentro de las fuerzas ar-madas. No necesitamos extendernos sobre las razones de nuestra posición. La insurrección es un camino cada vez menos probable en las condiciones modernas de desarrollo de los medios represivos del imperialismo y las oligarquías, mientras que las guerrillas, a despecho de algunos fracasos parciales, muestran que cumpliendo con sus reglas de un modo riguroso, son un camino seguro. En el trabajo de Régis Debray “El castrismo o la larga marcha de América La-tina”, al analizar el caso de Venezuela, hay un pormenorizado y lúcido análisis de las inmensas ventajas de la lucha rural frente a la lucha urbana. Como dijera Fidel: “Las ciudades son ratoneras, y constituyen un cementerio de recursos hu manos y materiales”. Campano, Puerto Cabello, las minas de Bolivia y sobre todo Santo Domingo, invadido por cua-renta mil paracaidistas yanquis, son contundentes ejemplos de lo que afirmamos». Ariel Collazo, América Latina, 1968.29-29.

«Hubo un cambio sustancial de todo lo que estaba pasando hasta entonces -declara Co-llazo-. Porque si bien a mí, que era parlamentario, no me pudieron quitar las inmunidades porque no había ambiente en el Parlamento para hacerlo, el hecho de que te impidieran organizarte políticamente [te limitaba la actividad]. Intentamos hacer una reunión allá en junio [de 1968] y nos allanaron, entraron a la reunión y se llevaron el material que tenía-mos allí, con lo cual nos cerraban el camino legal. Ésa es la razón por la cual el MRO deci-dió formar un aparato de tipo fundamentalmente defensivo, que fueron las Fuerzas Arma-das Revolucionarias Orientales, las FARO. De este tema no quiero profundizar más, por ahora. No descarto en el futuro ordenar las ideas de toda esta parte. Pero por ahora no quiero extenderme. El hecho, sí es cierto. Fue público y notorio en aquel momento.»

En este párrafo, Collazo, como otros de los entrevistados, fundamenta la toma de las armas como algo defensivo; por tener cerradas, debido a las medidas represivas, las otras formas de intervención política. Pero más tarde hace referencia a la parte ofensiva del proyecto y a las charlas con otros gru-pos latinoamericanos para extender la acción antiimperialista. Se trataba de:

«Acompañar esa lucha por deber de honestidad. Si hemos proclamado esto y todo lo demás y ahora hay un montón de gente que está luchando aquí, nosotros también de-bemos integrarnos a esto. Era nuestro deber y es lo que hicimos. Con la aclaración de que para nosotros, la lucha urbana seguía siendo muy difícil y en la que el enemigo tenía más ventajas que en la lucha rural.
-¿También pensaban eso para el caso del Uruguay? -se le preguntó haciendo referencia a un paisaje marcado por las llanuras y escasos accidentes geográficos.
-No, siempre hablando en un plano continental, de donde hubiera condiciones.»21

De hecho, el propio Regis Debray, ubica al Uruguay dentro del Plan del Che, menciona al propio Ariel Collazo y hace referencia al MRO como máximo valuarte para dicha empresa.

«Cierto es que este país entraba en sus planes, pero a distancia y por intermedio de uru-guayos separados de su medio de origen. No se había pensado en otra cosa que en la in-corporación ulterior a la guerrilla de una joven organización cuyo líder más conocido pro-cedía de filas del nacionalismo, el Movimiento Revolucionario Oriental. Descartando toda posibilidad de lucha armada en las ciudades, este movimiento hacía suyos, en aquel mo-mento, los criterios, a la sazón predominantes, relativos a la índole rural y continental a la vez, de la guerra de guerrillas. Por esto, los miembros del MRO juzgaban necesario, en un primer momento, expatriarse para integrarse a un ejército continental en formación fuera de las fronteras de su país. Los tupamaros, como es sabido, no compartían esta opinión y se negaban, a pesar de los riesgos que allí corrían, a abandonar el Uruguay, convencidos al contrario y en contra de todos, de que la lucha armada tenía su lugar y un futuro próximo.»22

21. «Uruguay debe ser el país de América Latina que menos condiciones geográficas tiene, tanto para la lucha armada como para la lucha guerrillera rural. ¿Por qué entonces, nosotros sostenemos que ambas cosas son posibles? ¿Por qué creemos que no somos una excepción, como sostiene Debray en su libro Revolución en la revolución? Porque internán-donos en nuestra historia, comprobamos que toda vez que en el Uruguay hubo revoluciones, nunca se gestaron dentro de su territorio aisladamente, sino en los países vecinos. Por eso hoy, lo que no es posible en un Uruguay aislado, lo es en cambio integrado en la lucha continental.» Ariel Collazo, América Latina, 1968. 29.
22. Fragmento del Capítulo v del libro La guerrilla del Che, de Régis Debray publicado en español en 1975, reproducido en Cuadernos no 1, del periódico Los Orientales, (sf), 23.

IV.2.7. Frente Estudiantil Revolucionario (FER)

«Otro asesinato de la dictadura. Despierta pueblo oriental es a tu hijo que asesinaron.»71

Como se comprueba a lo largo de la tesis, uno de los acontecimientos más relevantes ocurridos en el escenario montevideano fue la alta combatividad de estudiantes de signo radical.

«Al interior de este movimiento la agrupación estudiantil más significativa por su pertinaz presencia a lo largo de todo el período mencionado, por su capacidad de movilización, de organización y de elaboración política, fue el Frente Estudiantil Revolucionario (FER).»72

El FER se funda en enero de 1967, como ala gremial de la Juventud del Movimiento Revoluciona-rio Oriental (JMRO) y en el local de esa misma agrupación. En su período fundacional se implanta, con contados militantes y escasa influencia, en los centros de estudio: IAVA. Miranda, liceo del Cerro y nocturno del Zorrilla; con el objetivo de concienciar y organizar en asambleas de clase a los alum-nos y genera runa mayor participación del estudiantado en el proceso revolucionario.73
Horacio Tejera con respecto al nacimiento de este frente estudiantil, que con el tiempo llegó a es-tructura de una u otra manera a más de un millar de personas,74 declara:

71. Enorme frase pintada en un muro de Montevideo y firmada por el FER.
La información base para la elaboración de este apartado fue recogida del testimonio de cinco integrantes del FER: Nora, López Mercado, Bravio, Horacio Tejera y Alvaro Gascue, en concreto sus Apuntes para una historia del FER, texto no 6, sin re-ferencia bibliográfica. Archivo del doctorando.
72. Citado en el texto de Alvaro Gascue que explica que «el nombre en sí de FER no surgió, como podría pensarse, de nin-guna influencia internacional ya que contemporáneamente existieron varios FER en Latinoamérica y Europa, aunque sin ninguna vinculación orgánica, sino por contraposición a la denominación que la UJC había dejado de lado, en 1966, para su ala gremial en el instituto IAVA. Frente Estudiantil Progresista (FEP), por considerarla muy sectaria».
73. «De lo que se trataba no era de aglutinar fuerzas para unas elecciones anuales -asegura Mercado- (…) sino de generar elementos creadores de conciencia, formas de organización realmente eficaces vinculados a la lucha popular. Y [por eso] para esa elección, nosotros no llevamos lista, sino que presentamos una plataforma de principios.» Entrevista iné-dita a Mercado, realizada el 3 de diciembre de 1987, por Milita Alfaro.
74. Con respecto a esta cifra Ricardo matiza: «Mil era solo la gente que se embanderaba directamente con el FER. En la práctica, la fuerza social y política del FER era mucho más grande y poderosa e irradiaba a liceos, facultades, ocupa-ciones obreras, y manifestaciones de todo un poco. Es ridículo reducirla a mil personas. En las manifestaciones estu diantiles oficiales con decenas de miles de personas la gran mayoría seguía las consignas y la organización del FER, así como la práctica de atacar tal o cual objetivo.

«Surge en el IAVA y arrancó siendo un grupo de jóvenes del MRO, eran cuatro, pero no te digo que eran cuatro como a veces se dice, eran cuatro de verdad. Tres de ellos que se ha-bían ido descontentos de las juventudes comunistas por el abandono del PC a la lucha guerrillera del Che. Decían que eran la vanguardia marxista-leninista del IAVA. Ese mismo año son captados por el MLN y el FER pasa a ser un grupo estudiantil del MLN. del cual a medida que ibas teniendo una actuación más destacada dentro del FER pasabas al MLN.»

En 1967 participa en las elecciones de la Asociación de Estudiantes Preparatorios (AEP) con el lema: «por el socialismo y la libertad» y reivindica la acción directa como método de lucha, la uni-dad obrero-estudiantil, el socialismo y los planteos políticos castristas, aunque un año más tarde discrepa con Cuba por su apoyo a la intervención militar soviética en Checoslovaquia. El resultado electoral, con sus cinco votos,75 no mostraba un futuro muy halagüeño para aquel colectivo, sin em-bargo en mayo de 1968 obtuvo, por primera vez, la mayoría en una asamblea general de la AEP, que resolvió apoyar solidariamente la lucha de los cañeros de Artigas, quienes habían sido invitados a participaren un acto organizado por el FER.
Por esa época, los integrantes del FER se separan del MRO de mutuo acuerdo debido a la creciente atracción que ejercía el MLN sobre aquellos estudiantes.
Afínes de 1968, los militantes del FER, con más o menos implicación, eran casi cincuenta regi-dos en asamblea y carentes de estructura jerárquica. Su órgano de prensa era un periódico mimeografiado llamado Barricada que en su primer número sacó en portada los rostros de Artigas, Gueva-ra y Lenin, personajes que como Marx, Trotsky y Mao eran referentes.
Con el correr de los años sus estructuras organizativas se ampliaron: se creó una intergremial de agrupaciones de esa federación estudiantil, en la que se coordinaban militantes de distintos liceos y más tarde, a principios de 1970 -cuando algunas fuentes aseguran que eran unos doscientos miembros más o menos orgánicos-76 constituyeron la Liga Estudiantil Revolucionaria (LER) que coordinaba las agrupaciones del FER y otras de la tendencia combativa. Por ese período también se creó la primera agrupación universitaria del FER, en la Facultad de Derecho, la Alianza Estudiantil Revolucionaria (AER).
Mercado explica el rápido crecimiento de esta agrupación de la siguiente manera:

«Llegamos a tener el control completo de todo el gremio por la forma de organización asamblearia, completamente distinta a la planteaba por parte de sectores como la UJC. Po-tenciamos una forma de organización que era radicalmente distinta de la que se planteaba allí, una organización por asamblea de clase y junta de delegados. Llegamos a tener juntas de delegados con trescientos o cuatrocientos delegados.»

Alberto Correa, que primero fue militante del FER y luego de la FRT, afirma que la agrupación estu-diantil de la que él formaba parte tuvo más militantes y simpatizantes que la propia UJC, la gran rival política por aquel entonces de ellos.

75. «Los cuatro votos eran de los cuatro militantes que había en el IAVA y un quinto que después estuvieron como locos tra-tando de ubicarlo, ese era yo, -explica Tejera-. Creo que por eso después me soportaron tanto tiempo.»
76. Tejera asegura que el FER a pesar de tener «mucha presencia a nivel de la calle y centros estudiantiles» no tenía más de treinta militantes orgánicos, que organizaban pases de películas como Hanoi y Martes 13 y explica que «a la salida de las películas salíamos y reventábamos todo lo que había por delante. Tras La hora de los hornos, y no recuerdo que lo hubiéramos planificado, salimos a romper vidrieras por 18 de Julio.
-¿Cuántos?
-Unos doscientos, contando a esos treinta que por 1970 eran militantes del FER».

Nora al entrar en el IAVA se afilió a las Brigadas Estudiantiles Socialistas pero al poco tiempo pasó a integrar el FER.

«Estar en el IAVA y no ser del FER… Si no eras de la UJC eras del FER, no había otras op-ciones. Formar parte del FER era formar parte de la vida del IAVA. Fue mi etapa más linda a nivel de militancia. No me exigía ningún compromiso que no estuviera dispuesta a asumir. Preciosa época.»

Tejera, sobre la forma de organización y aquella época de militancia expansiva declara:

«La agrupación del FER del IAVA pasó a conformarse en base a pequeños grupos de discu-sión centralizados por una mesa coordinadora, de cuatro miembros e integración rotativa y un grupo de cuatro que era la coordinación. El FER tenía que estar cambiando constante-mente de dirección porque siempre alguno del grupo de cuatro no venía más y ya se sabía dónde estaba, hasta Inteligencia sabía que estaba en el MLN, era una cosa muy evidente [Lo peor es que] no estaba clandestino y la policía podía seguir sus pasos.»

Muchos de los militantes que llegaron al FER en 1968 se fueron integrando a los diversos niveles del MLN, dejando de lado su militancia gremial. La relación entre los dos grupos se estrechó, pero a partir de 1970, hay un descontento de una parte de los componentes del FER con la política tupamara, pues se consideraba que el trabajo político era tan importante, o más, que el accionar armado y que había que desarrollar una dirección que no estuviera basada en el aparato militar, visión que chocó con la dinámica de la guerrilla urbana y que produjo desencuentros en movilizaciones y acciones.77 Como ejemplo de este fenómeno Nora cuenta la vez que salieron a pintar en los muros de la ciudad la frase «Quien siembra viento recoge tupamaros». No fue el hecho de que la consigna vi-niera de la organización tupamara lo que exasperó a varios militantes del FER sino que algunos pro-ponían firmar MLN. Ante la polémica se decidió votar y salió que no se firmaría de ninguna manera. A pesar de eso algunos escribieron «MLN» y los propios dirigentes del FER los sancionaron. Eso pasaba a menudo, recuerda Nora, pero lo que la llevó a abandonar el FER fue la muerte de un compañero suyo que tenía una militancia legal, en su mismo grupo, y otra clandestina, con los tupamaros, en el atentado del Bowling.78 Ligadas a estas desavenencias y a la creciente influencia tupamara, la gran discusión partido-foco en el seno del MLN provocó la división del FER en dos vertientes. El sector que estaba por el MLN, organización en la que las teorías foquistas y «cortoplacistas» habían ganado a las partidistas y «largoplacistas», tomó el nombre de FER 68 en secundaria y utilizó los que ya tenía en el ámbito universitario. Los otros, entre los que estaban los fundadores, siguieron con el nombre inicial de la federación y, más tarde, se unieron a la escisión tupamara que se llevó una pequeña parte de la infraestructura militar y fue denominada por sus integrantes Fuerza Revolucionaria de los

77. En el FER se trabajó mucho en lo teórico, con discusiones sobre temas de fondo y mucha lectura. Se escribió un docu-mento en el que la URSS fue caracterizada como una dictadura de la burocracia y los países del este como dictaduras de-pendientes de ésta. En lo nacional se preveía la instauración de una dictadura gracias al incremento del ala más autori-taria del estado, a la poca presencia de la coordinadora FRT-FER-FOR y a la ineficacia de la «izquierda reformista» y del MLN al que veían con una predeterminación demasiado militarista.
78. Muchos de los militantes del FER al pasar a la facultad militaban en el 26 de Marzo, Nora, debido al fallecimiento de su amigo y las polémicas con el MLN, decide afiliarse a las Brigadas Universitarias Socialistas. A continuación, Nora aporta nuevos datos que indican el grado de compromiso de algunos jóvenes con la organización en la que militaban, «en el úl-timo curso antes de entrar a la universidad, la gente más comprometida del FER suspendía los exámenes para quedarse en preparatorio», y explica su sentimiento en los primeros tiempos de su militancia vinculada al PS, «al entrar en la Uni-versidad me dividí, parte de mi era FER, acción por la acción, pero entré a una organización en la cual la teoría era funda-mental, no podía ser socialista si no estaba formada, esto implicaba que había que leer todo lo que había que leer; en el FER con lo de que “crear muchos vietnams” ya era suficiente».

Trabajadores (FRT) y «cartillistas» por gran parte del resto de tupamaros. Éste segundo grupo pen-saba que el enfrentamiento armado y generalizado contra el estado iba para largo y que las activi-dades tenían que ir en función de esa hipótesis, por ejemplo en coordinarse con otros grupos del continente, como hicieron con algunos argentinos.79
En 1971 al surgir el Frente Amplio, la militancia del FER 68 se adhirió al Movimiento 26 de Marzo y la del FER optó por actuar fuera de esa agrupación política parlamentaria, con una actitud crítica al frenteamplismo por considerarlo una coalición electoral reformista.80 A pesar de sus críticas a los tu-pamaros y al FA, el FER, lejos de debilitarse, creció.
En 1972 se crea el Frente Obrero Revolucionario (FOR), plataforma sindical de la FRT y en cierta manera el equivalente del FER en el ámbito obrero, pero fue un proyecto que no prosperó y su órgano de difusión Política obrera tan sólo apareció en un par de ocasiones.81
Después del golpe militar de 1973, el FER obtiene representación en las elecciones universitarias pero al poco tiempo se disgrega; una parte importante se integra en la Resistencia Obrera Estu-diantil y un sector minoritario en el Movimiento Marxista, organización lejanamente emparentada con el MUSP.
Como balance de la trayectoria del FER y posterior desintegración, varios testimonios aseguran que no pudo desarrollarse en el ámbito estudiantil por el auge que hubo de adhesiones al MLN y por el resultado de las elecciones nacionales de 1971. Y que no llegó a insertarse a nivel obrero, sobre todo, porque sus militantes eran casi todos de clase media alta.

IV.2.8. Fuerzas Armadas Revolucionarias Orientales (FARO)

El accionar de las Fuerzas Armadas Revolucionarias Orientales, la estructura militar del MRO, siem-pre estuvo ligado al marco estratégico regional, guardando un estrecho contacto táctico-operativo, y con coordinación estratégica con organizaciones de América del Sur. Principalmente, con las Fuerzas Armadas de Liberación, de Argentina y con la Alianza de Liberación Nacional, orientada por Carlos Marighela; la Vanguardia Armada Revolucionaria Palmares, conducida por el capitán Lamarca y con el Frente de Liberación Nacional, todas ellas de Brasil. En Bolivia, tuvieron contacto con el Ejército de Liberación Nacional dirigido por los hermanos Peredo y, en Chile, con el Movi-miento de Izquierda Revolucionaria, fundado, entre otros, por Miguel Enríquez.
Al preferir, Ariel Collazo, no abordar el tema del aparato armado, se consultó a otros de los mili-tantes históricos del MRO. Mario Rossi Garretano, quien sigue dirigiendo a dicha organización, facili-tó documentos internos y públicos de las FARO. En dichos documentos, se caracteriza a la organiza-ción armada y se enumeran los objetivos de la misma.

79. Uno de los testimonios resumía de esta forma las dos tendencias: «Vamos a salir [a actuar] a ver si viene la revolución o vamos a parar y dejar de hacer macanas […]. El FER [tras la escisión] vive un período de estancamiento, con su apara-tito militar al que no sabía hacerlo funcionar y además no tenía mucho interés en hacerlo funcionar.»
80. Hay versiones que dicen que de todos modos se sugirió a los militantes votar la lista del MRO para salvar del presidio a Ariel Collazo. Aunque sorprenda, fue así, los foquistas estuvieron con los partidos polítcos parlamentarios y los parti-distas no. Y es que en aquella época la visión de algunos sobre el partido tenía más que ver con una concepción organi-zativa de la clase y «su vanguardia» y lo consideraban totalmente diferente y antagónico a los partidos burgueses y par-lamentarios.
81. El primer número del periódico, correspondiente a agosto y septiembre de 1972, proclamaba: «¡Adelante la lucha de los gremios del transporte! […] A no parcializar esta lucha en tal o cual gremio. A extenderla a toda la clase obrera. A unificar la lucha de estos sindicatos, impulsando una movilización creciente, ascendente, cada vez más profunda por pan, trabajo y libertad».

«La ideología será el marxismo-leninismo, enriquecido con el pensamiento de los revolu-cionarios de nuestra época, que deberá orientar en nuestro continente el nacionalismo re-volucionario latinoamericano. Por tanto nuestra lucha en el Uruguay será por la revolución en camino al socialismo […].
1) Liberar al Uruguay del imperialismo yanqui, descendiendo todos los compromisos contraídos con él, nacionalizando las riquezas que se encuentren en su poder en nuestro país, y socializando los grandes medios de producción que detente.
2) Nacionalizar y redistribuir las riquezas de la oligarquía y socializar sus medios de pro-ducción más avanzadas.
3) Realizar una reforma agraria primero y una revolución agraria después, colectivi-zando los latifundios improductivos o de poca productividad y entregando tierras a los campesinos que quieran trabajarlas, con el apoyo crediticio, sanitario, educacional téc-nica y habitacional del estado.»82

En otros materiales de la organización se insistía en la necesidad de acabar con el problema y mo-nopolio de la vivienda, la banca, el comercio exterior, los servicios públicos y la urgencia en llevar a cabo una reforma sanitaria, nacionalizando todos los institutos privados y otra educacional que comprendiese la erradicación del analfabetismo. Con respecto a la política estudiantil, sus militan-tes proponían impulsar la consigna «todo el poder a las asambleas de clase» y, tal y como se estable-cía en un documento interno escrito en enero de 1970, se recomendaba agrupar a los estudiantes «conjuntamente con el resto de la enseñanza, incluidos los docentes y los funcionarios administrati-vos». Tenían a Lenin como principal referente teórico -aunque también a combatientes como Artigas y el Che- y se reconocían como de su mismo partido histórico, el bolchevique.
Como objetivos a más largo término luchaban por integrar al Uruguay en las futuras repúblicas unidas de América Latina;83 destruir el aparato represivo de la oligarquía e instituir en su lugar las fuerzas armadas (y policía) revolucionarias y «castigar ejemplarmente a todos los enemigos del pue-blo y muy especialmente a los esbirros torturadores de patriotas». Perseguían, al fin y al cabo, una revolución antiimperialista, antilatifundista y antioligárquica
En «Programa político», de un documento farista de enero de 1970, se aclaraba que «este pro-grama podrá hacerse más minucioso y detallado, pero para tales efectos bastará con recoger los principios fundamentales incluidos en los programas del FIDEL, de la Unión Popular, del Congreso del Pueblo o de la CNT» y se afirmaba que «lo que hace revolucionaria a una organización no es su programa, sino su táctica o método de lucha».
En cuanto a la forma de organización establecieron que la dirección fuera colectiva y la responsa-bilidad personal;84 que la clandestinidad siguiera el principio de aparato reducido y disperso; la im-posición de la mayoría sobre la minoría; la prohibición para los cuadros de actividades fraccionales; la autofinanciación y autoabastecimiento; una lucha interna contra el sectarismo y el dogmatismo; la educación ideológica para destruir el subjetivismo, el egoísmo y el individualismo y que las con-tradicciones no se resolvieran por la coacción sino por la discusión.

82. Texto no 1. Archivo del autor.
83. Cabe señalar que las FARO, aunque valoraron algunas medidas concretas, criticaron los regímenes militares de Perú y Bolivia por considerar que no habían cambiado las estructuras sociales.
84. En un documento interno, (Texto no 1), afirmaban que se basaban en «el centralismo democrático o estilo leninista de dirección, que constituyen dos aspectos contradictorios, pero indispensablemente unidos ya que son opuestos, no son antagónicos.»

Las FAR “Orientales” contaban con su propio órgano de difusión, El Guerrillero Oriental, de apari-ción irregular y difusión clandestina, a través del cual informaban sobre su accionar. El mismo giró en torno al apoyo a conflictos obreros: copamiento de la fábrica de productos porcinos Ernesto Otto-nello, donde expropiaron armas y leyeron una proclama a los trabajadores; atentados contra City Bank, Banco Comercial, Banco de Londres y América del Sud, Banco Mercantil, y al pertrechamien-to: expropiación de armas a coleccionistas y policías, y de dinero en bancos, financieras, usureros privados, empresas como la The National Cash Registrer y cambios no regularizados. Otros operati-vos famosos fueron la reapropiación de alimentos de la cadena de almacenes Manzanares, con pos-terior reparto en barrios marginales y en las ollas populares de las fábricas en huelga; las acciones punitivas y de castigo como la ocupación de AFUTE, sindicato patronal; y las de propaganda armada, como la toma del cine Plaza y la embajada de Suiza. Muchas de estas operaciones formaron parte del plan Ñandú, un aporte de los presos de las FARO para posibilitar una fuga masiva y en función de la necesidad de impulsar su organización.85
La historia del MRO-FARO, además de estar estrechamente relacionada con las organizaciones guerrilleras de América Latina, estuvo marcada por su relación con el MLN. En referencia a este as-pecto y a modo de balance, Rossi sostiene que las FARO no cayeron en el militarismo ni en el aparatismo porque fue una guerrilla que nació de un movimiento político y fue la continuación, no sustitu-ción, del trabajo electoral, sindical y estudiantil previo. Explica que la autocrítica posterior se basaba no obstante, en el poco trabajo político en el movimiento popular y en que faltó una mayor inserción en la clase obrera. Aclara que esta carencia no se debió a un desmedido accionar militar y reconoce que hubo una subestimación de las fuerzas del enemigo.
Para finalizar este apartado véase uno de los panfletos distribuidos por esta organización.

«Exhortamos y exigimos a todos los verdaderos orientales capaces de sentir en su mejilla la ofensa en la ajena, su participación en la lucha, y que a nadie le faltara un lugar y un arma en las FAR “Orientales”, instrumento del pueblo para la revolución nacional, antiimperialista y antioligárquica. Libertad o muerte / América o muerte / Venceremos»86

85. Este proyecto establecía acciones del siguiente tipo: expropiaciones de recursos para desarrollar logística, infraestruc-tura y frente de masas, hostigamiento a las fuerzas policiales militarizadas, desarrollo del atentado político y pertrecha-miento de armas.
86. Se observa la importancia que esta organización le daba a la lucha continental, pues otros grupos proclamaban «patria o muerte».

V. 1.7.4. Propaganda armada
Para explicar en qué consistió esta forma de lucha se narra una acción llevada a cabo por las FARO, denominada operación Zeta y situada dentro del plan Ñandú. Consistió en el copamiento del Cine Plaza en un momento de máxima asistencia, tres mil quinientas personas.
Antes de esa acción, a las nueve de la noche del 24 de mayo de 1970, se allana la sede de AFUTE, el sindicato amarillo de UTE, donde se establece el centro de operaciones para el copamiento del cine y en el que se incauta documentación que, según aquellos combatientes, cuando se hiciera pú-blica «sería de sumo provecho para la creencia revolucionaria de los trabajadores de UTE».46
Instantes después, llegan al lugar los «guerrilleros» -que se distinguen por los brazaletes que lle-van en el antebrazo- y los «conductores» -dos de ellos con coches requisados- y, junto con algunos colaboradores -que ya se encuentran entre el público del Plaza-, toman el cine.
En el edificio de espectáculos, diseminados por las tres plantas, hay en total treinta miembros de las FARO. Unos expropian la recaudación del día y otros intentan llevar a cabo otro de los objetivos de la operación: arengar al público mediante una cinta grabada, aclarando visualmente los conceptos políticos.47 Un fallo en la información recogida, para tomar el centro de proyección, imposibilita el pase de las cintas audiovisuales, por lo que se concreta la propaganda armada con el plan de re-cambio: la volanteada. Se distribuye un panfleto titulado «Luchar ahora».

«Frente al cierre parcial o definitivo, por parte del gobierno fascista y dictatorial, de los me-dios de expresión, como los diarios Época, Democracia, De Frente, Ya y los semanarios El Sol, El Oriental y Marcha.
Frente al avance represivo de un gobierno que traiciona a los intereses populares, tra-tando de monopolizar la información, alienar y desinformar.
Frente a la campaña de calumnias a profesores y estudiantes de secundaria y la univer-sidad. verdaderos ejemplos de justificadas protestas y rebeldías.
Los comandos “Indalecio Olivera”, “Arturo Recalde”, “Hugo de los Santos” y “Mario Robaina Méndez”, de las Fuerzas Armadas Revolucionarias “Orientales”, se hacen responsa-bles de la toma del cine Plaza, para explicar y educar el poder revolucionario en nuevos in-tentos revolucionarios de comunicación y de lucha.
Y al decir del Che, es necesario “llevar la guerra a donde el enemigo la lleve, a su casa, a sus lugares de diversión, hacerla total”.
¡América o muerte!
Fuerzas Armadas Revolucionarias “Orientales”.»

De forma sorpresiva, entran cuatro policías pero son reducidos por los guerrilleros, que tras vito-rear algunas consignas, realizan una retirada escalonada, la mitad a pie y el resto en coches. En el comunicado no 24 de las FARO, el operativo se consideró un éxito político y económico y una «de-mostración de poder y audacia que sólo las organizaciones revolucionarias tienen». Como puntos negativos se enumeró el fallo de observación, que imposibilitó la proyección de la arenga y el hecho de que, en la retirada, dos combatientes fueran olvidados en la sala. Aunque se aclaró que la «sere-nidad y la suerte» los devolvieron a la lucha. Se especificó que esos errores se debieron a que era la primera operación coordinada en comandos, en la que cada uno de ellos se encargaba de aspectos que sólo los principales responsables conocían.

46. Comunicado interno no 24 de las FARO. escrito en Montevideo el 1° de junio de 1970 (texto no 1, archivo del autor), ex-plica el operativo y detalla el material incautado: ficheros, carnés de talones de asociados, planillas de cobro, correspon-dencia del secretariado, carpetas con nombres de renunciantes de AUTE.
47. La proclama no emitida hablaba de aspectos como la situación de los países denominados subdesarrollados, el pro-blema de la vivienda, el éxodo de jóvenes al extranjero y empezaba de la siguiente manera: «iAtención, atención! Esta sala se encuentra tomada por un comando revolucionario de las FAR “Orientales”. Nadie debe levantarse de su asiento y advertimos a los funcionarios policiales que se encuentren que no intenten resistencia. Hay más de cincuenta guerri-lleros en los diferentes pisos. En caso de no acatar la orden serán responsables del daño que se pueda ocasionar a los es-pectadores. Repetimos. A continuación se proyectará una serie de documentos explicativos de la situación nacional de la profunda crisis, con la única, real y posible (solución): la lucha armada». Texto no 1.

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