Documento sobre la historia del FER, la JMRO y el MRO - 1968

MRO ::
13.Dic.05 :: Historia MRO

Párrafos extraídos del libro “El Movimiento estudiantil de 1968. El IAVA, una recapitulación personal” de Gonzalo Varela Petito, Ediciones Trilce, julio de 2002.



III.1968

Hacia una nueva hegemonía

Mil novecientos sesenta y ocho empezó como siempre, pero pronto hubo novedades. Lo más significativo fue el surgimiento de dos agrupa-ciones muy dispares cuyo destino, sin embargo, se vería extrañamente entrelazado.
La primera era un grupúsculo radical, el Frente Estudiantil Revolucio-nario o FER, fundado en enero de 1967 por gente del sector juvenil del Movimiento Revolucionario Oriental (MRO) asociados con independientes y algún que otro integrante de la Federación Anarquista Uruguaya (FAU). Se presentó a elecciones ese año con la lista 18 y el lema “Por el socialismo y la libertad” logrando muy escasa votación (después habrían de lamen-tarlo, pues cuando llegó la época de las persecuciones la policía echó mano a la lista). En 1968, en cambio, en una posición más principista pero implícitamente también más crítica de las elecciones, presentó a votación no una lista de nombres sino una plataforma de ideas; lo que provocó una discusión en el organismo electoral de la AEP acerca de si era lícita esta modalidad de participación en las urnas, hasta que salomónicamente se optó por autorizarla. Obtuvieron poco más de sesenta votos.38
El MRO era una pequeña organización integrante del FIDEL, aunque disidente de la línea mayoritaria de ese frente, definida por el Partido Comunista. Por sobre todo era vocero oficioso en Uruguay de las posiciones del gobierno cubano, del que según las malas lenguas recibía apoyo económico. Pese a su tamaño el MRO era importante como centro de irradiación de las ideas castristas acerca de la revolución y la lucha guerrillera aquí y ahora.
Como puede leerse en la documentación que ha ido surgiendo, los cubanos mantenían una divergencia con los Tupamaros acerca de cómo proceder con la lucha revolucionaria en Uruguay, no sólo porque consideraran que primero había que “agotar las vías existentes” de la “legalidad burguesa” (más vigente aquí que en otros países de América Latina, como reconoció el mismo Che Guevara en su discurso de 1961 en el paraninfo de la Universidad) sino también porque los cubanos, a partir de su experiencia, habían descartado la guerrilla urbana fuera de su papel de apoyo a un foco rural. Pero aunque Uruguay no ofrece facilidades naturales para este último tipo de experimento, sus seguido-res no descontaban la lucha violenta, pues el diputado Ariel Collazo -principal dirigente del MRO- escribió un artículo muy conocido, “El Uruguay no es una excepción”, en donde especulaba con la posibilidad de que una revolución de base rural iniciada en países limítrofes -y en la que participaran uruguayos- llegara hasta el país.39 Y por tanto, aunque mantuvieran firmemente su banca en el Poder Legislativo, los del MRO hacían gala de un escepticismo y hasta desdén hacia las elecciones, las instituciones representativas y la vigencia de la libertades públicas, que era muy típico de la izquierda radical aunque, para situar esto en su época, hay que recordar que con otros matices el desencanto de la democracia era algo socialmente extendido, inclusive entre gente que no se proponía ninguna salida revolucionaria.

38. En la reconstrucción de la historia del FER hasta las elecciones gremiales de 1968, me baso sobre todo en información de Alvaro Gascue, ob. cit. y verbal.

39. Pero cuando el MRO (por medio de la organización llamada Fuerzas Armadas Revolucionarias Orientales, FARO) se decidió a poner en marcha acciones armadas, sólo lo hizo a nivel urbano. Por su parte el MLN, aunque daba prioridad a la acción urbana, nunca abandonó completamente la idea de desplegar una guerrilla rural en Uruguay.

El FER tuvo una trayectoria algo sinuosa antes de llegar a ser la agrupación preponderante en el lAVA y en toda Secundaria. Su historia, aun en pequeña escala, muestra algunas de las alternativas en que se debatían parte de la izquierda uruguaya y la juventud que adhería a ella, previamente a que decantaran las tendencias políticas del período 1968-1971 (incluido el Frente Amplio).
Algunos de este reducido grupo de estudiantes habían militado en la juventud comunista, donde seguramente habían entrado en contacto con la literatura marxista y habían presenciado el efecto removedor que el conflicto sino-soviético y la revolución cubana habían tenido en el Partido Comunista del Uruguay. Una vez salidos de la UJC e integrados al MRO (a principios de 1966) fundarían la JMRO y el FER (en 1967) que con existencia en varios institutos de Secundaria -el lAVA, el Miranda, el liceo del Cerro y el nocturno del Zorrilla- sería en principio un organismo estudiantil relacionado con el MRO.
La gente de la JMRO del grupo del IAVA fue determinante en dicha evolución. Antes de pasar al MRO, cuando habían sido parte de la agrupación comunista del instituto, uno de los temas de disensión había sido que ésta se disponía a cambiar a partir de 1966 su nombre, entonces Frente Estudiantil Progresista (FEP) por el de Ideas, queriendo denotar una opción más abierta que atrajera a jóvenes de distintas orientaciones, no sólo de la izquierda tradicional ni de inclinación comunista. Mas para aquellos atraídos por una opción “dura y pura” como la que pregonaban chinos y cubanos, ésta era una mala decisión. Juzgue el lector la proximidad onomástica FEP-FER: la nueva agrupación retomaba con un leve cambio (que, sin embargo, acentuaba la postura radical) la denomi-nación descartada.
Pero no hay que insinuar la idea de una influencia comunista en el origen del FER. Las divergencias en teoría y sobre todo en método, no podían ser mayores; con relación a lo que llegó a ser el caudal humano de la agrupación, los que efectivamente tuvieron esa procedencia eran contados con los dedos de una mano; y además, en una época en que sólo había dos importantes partidos de izquierda, tanto el Socialista como el Comunista atraían a personas de variada mentalidad y sesgos ideológi-cos. Generalmente se ve con mucho relieve el papel que el PS tuvo como vivero de algunas corrientes radicales que al separarse dieron lugar a organizaciones como el MUSP o el MLN; mas, a pesar de una mayor disciplina, el PC jugó en parte un papel similar.
Al igual que en otras estructuras similares de izquierda, la integración a la agrupación estudiantil FER no implicaba automáticamente una afiliación a la organización partidaria MRO. Esto pesó especialmente en el IAVA, donde como hemos anotado se integraron también inicialmente personas que no respondían al MRO sino a tendencias antiparlamentarias. En 1967 el FER se presentó a elecciones gremiales probablemente porque, además de que era ésta hasta entonces una costumbre incuestionada de las agrupaciones de estudiantes, el MRO, como inte-grante del FIDEL, también lo hacía en los comicios nacionales. Sin embargo, en el interior del primer FER los del MRO eran criticados por los de otra orientación por esta participación en un frente electoral y por su alianza aunque sólo fuera nominal con los comunistas. Las tensiones llevaron a que luego de las elecciones estudiantiles de 1967 se produjera una ruptura y se formara el GEA, quedando un par de solitarios militantes de la JMRO con la sigla FER, prácticamente vacía de recursos humanos. Pero el GEA pasó y el FER del IAVA resurgiría a principios de 1968, ya alejado del MRO y más definido en su identidad, ideología y militancia, con nuevos afiliados.
No eran, según mis recuerdos, muchos más de una decena -de los que sólo voy a recordar ahora especialmente a Pablo Recagno y Daniel Scasso- vistos como muy radicales y algo cerrados aun por la gente de izquierda y aunque cortos de simpatizantes tenían presencia en los corrillos de la AEP, en mi opinión gracias en particular a cierta capacidad de “networking” de quien era entonces su dirigente. (…)

El punto de inflexión

Girando el dial hacia atrás recordemos que el 12 de diciembre de 1967 Jorge Pacheco Areco, recién llegado a la presidencia por la muerte de Osear D. Gestido, decretó el cierre de los periódicos Época y El Sol y la disolución de siete grupos políticos de izquierda que habían apoyado cuando menos verbalmente la línea guerrillera. Esto generaba, en muchos militantes radicales o en vías de radicalización, un efecto de confirmación de la idea -difundida a partir de la revolución cubana y fortalecida ante la proliferación de gobiernos militares latinoamericanos bendecidos por Estados Unidos- de que la lucha armada era el único camino válido, pues la legalidad era tan inútil que la propia clase dominante, a quien supuestamente beneficiaba, la abandonaba. Era señal de que sonaba definitivamente la hora para otro tipo de empresa política. Pero por el momento nada sucedió.
Lo que supe poco más de un año después (por uno de los participan-tes) sobre lo que pasó en el MRO, fue que su dirigencia postuló pelear en el terreno legal la revisión o la anulación del decreto del Poder Ejecutivo, cosa que generó discrepancias con el sector juvenil (la JMRO) que consideró que se trataba de una inconsecuencia respecto de la prédica que el Movimiento llevaba a cabo.42 Lo cual era sinónimo de “verbalismo” (decir pero no hacer) entonces uno de los peores vicios políticos a los ojos de la izquierda revolucionaria. Se generó así una separación y al menos el FER del IAVA quedó fuera del MRO en los primeros meses de 1968, lo que abría la puerta a posibles contactos con el MLN, aunque no se evidenciarían sino más tarde. (…)

42. También un documento del MLN de esa época, hablando de las ilegalizaciones, observaba que “las direcciones de algunos grupos se han dado a luchar por un estatuto anterior”, lo que impedía una acción común con los tupamaros; véase Movimiento de Liberación Nacional (Tupamaros), “Documentación propia”, INDAL, Heverlee-Louvain (Bélgica), 1973, pp. 43 y 44. (Algunas de estas organizaciones emprenderían años después acciones armadas, aunque en menor escala que los tupamaros.)

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