Editorial Periódico En Lucha N°6

20.Sep.12 :: Noticias

¿Un gobierno de izquierda?



El Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (MTSS) adoptó una decisión “sin precedentes” por el monto. Multó a la empresa Fripur con 1.600.000 pesos (cerca de 80.000 dólares). La sanción fue por lo archisabido: violar todas las normas laborales y por llevar adelante una sistemática represión sindical. Se trata de los mismos patrones que mantenían en situación de semiesclavitud a las trabajadoras bolivianas en su mansión de Carrasco. Los mismos patrones que pagan la banda presidencial del jefe tupamaro, le “prestan” un Volvo a Tabaré Vázquez o ceden su avión familiar para los viajes de Mujica-Astori. Los mismos patrones que se benefician de la “asociación público-privada” en los negocios, proveyendo -a través de Frimara, otra de sus empresas- los infames contenedores de acero donde el Instituto del Niño y Adolecente del Uruguay (INAU) encierra y tortura a los “jóvenes infractores”.

Los partidarios del Frente Amplio se deben sentir aliviados en su maltrecha conciencia. En el reino del progresismo no habría lugar para “intocables”. Ni siquiera para los burgueses del clan Fernández. Como debería ser bajo el “gobierno de izquierda” que votaron. Un espejismo sin duda, pero que sostiene la hipnosis.

Poco antes de asumir como presidente, Mujica lo había dicho: “No me voy a disfrazar de capitalista, digo lo que pienso, pero vivo en un país capitalista, y el capitalismo es el motor que mueve a la economía, y cada mañana el afán de lucro que tiene mucha gente que sale a tratar de multiplicarlo es la fuerza principal que está empujando a la economía, y esta tiene sus reglas”. (Brecha, 29-8-2009) Hace pocos días, la senadora Lucía Topolansky dejaba constancia: “las prioridades que el gobierno visualiza no coinciden con las del movimiento sindical” (UNoticias, 9-8-2012). Tiempo atrás, el ex Director Nacional de Trabajo y hoy “embajador itinerante”, Julio Baraibar, había sido enfático: “Si en este momento les entregáramos los medios de producción a los trabajadores, fundiríamos al país”. (Crónicas Económicas, 11-10-2009).

Extraño este “gobierno de izquierda” ¿no?. Acepta el “afán de lucro” (las ganancias de los patrones) como motor de la economía; reconoce que sus prioridades son distintas a las que tienen los sindicatos; y se opone a que los medios de producción esté en manos de los que, realmente, producen la riqueza económica y social.

El gobierno de Mujica cumplió se medio mandato. Con ello, van siete años y medio de progresismo. Y el programa de lo que debería ser un “gobierno de izquierda” brilla por ausencia. Mejor dicho: es todo lo contrario.

La política económica no está al servicio de satisfacer las necesidades básicas de la clase trabajadora (alimentación, salud, vivienda, educación), sino a garantizar la acumulación y reproducción del capital, y a “cumplir los compromisos” con las instituciones financieras internacionales, empezando por pagar las fraudulenta deuda externa.

El sistema impositivo no está organizado para eliminar las desigualdades sociales y exonerar de impuestos el trabajo de los asalariados y asalariadas, sino para favorecer las “rentas de capital” haciendo que los ricos paguen cada vez menos.

El modelo de “país productivo” no está orientado al desarrollo industrial y agropecuario, sino hacia la concentración económico-financiera y la extranjerización de la tierra, promoviendo a su vez los negocios especulativos, el lavado dinero, y la depredación del medio ambiente a través de la producción sojera, la forestación, la megaminería.

Los “programas sociales de transferencia” no están destinados a erradicar las causas estructurales de la pobreza, ni a la creación de un plan de empleo estable, digno y bien remunerado, sino a “contener a los más vulnerables” mediante las miserables Asignaciones Familiares, el subsidio parcial al consumo (Tarjeta Uruguay Social), y extendiendo el trabajo precario (Uruguay Trabaja).

La estrategia de “seguridad pública” se hace eco de las campañas mediáticas que alimentan el miedo y de la presión que ejercen blancos y colorados para aplicar “mano dura”. La criminalización de la pobreza y de la protesta social, apunta a reprimir toda manifestación de descontento, indignación y rebeldía. Violando derechos humanos fundamentales.

La política exterior no está dirigida a construir una posición latinoamericanista, internacionalista y soberana, sino al sometimiento que imponen las instituciones de la mundialización capitalista, y a la complicidad con las operaciones imperialistas neo-coloniales como, por ejemplo, la ocupación militar de Haití.

Cada tanto, el presidente de la República se encarga de hacer saber porque su gobierno no es de izquierda y que, en términos económicos, “no habrá sorpresas”: continuará la orientación neoliberal de su antecesor. Así lo hizo en la reunión del Council of the Americas con empresarios locales y extranjeros (Hotel Radisson, jueves 9 de agosto 2012). Además de confesarles a los dueños del dinero que solo aspira a terminar su gestión “arreglando las veredas”. Lo cual (por otra parte) parece demasiado poco para un “gobierno de izquierda”.
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