Declaración del MRO sobre la actual situación sindical y el debate en torno a si hay que estar adentro o afuera del PIT-CNT

25.Ago.12    Noticias
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El gran problema actual referido al movimiento sindical uruguayo consiste en el desarrollo de una dirección clasista para el mismo. Esto implica lograr desplazar la actual dirección conciliadora que responde al reformismo en el gobierno y además implica, y sobre todo implica, recuperar los principios fundamentales del movimiento sindical: independencia de clase, unidad para luchar, solidaridad, democracia obrera.


Lamentablemente muchas veces el problema del movimiento obrero se no logra plantear de manera correcta.
Se ha planteado demasiadas veces que el problema principal es si hay que militar “adentro o afuera” del PIT-CNT. Esto es plantear la cuestión en forma equivocada, es no distinguir entre lo fundamental de la actual situación, de los secundario, es confundir los contenidos (la generación de una dirección clasista para el movimiento obrero) con las formas (la generación de un sello, un nombre) y darle más importancia a las segundas que a los primeros.
Esta forma errónea de plantearse el problema solo puede llevar a errores, a exagerar diferencias parciales, secundarias, tácticas, entre sectores del clasismo, privando a la clase de la posibilidad de avanzar.
El problema de cómo generar una dirección clasista para el movimiento obrero uruguayo, como todo problema, primero debe plantearse correctamente para lograr encontrar una solución. Para hacer esto no queda otro camino que partir de un análisis de la realidad concreta, tratando de captar su complejidad, sin perder de vista cuál es el problema central que el momento histórico plantea.
En este sentido podemos caracterizar el actual momento histórico, como el del comienzo del agotamiento de los proyectos que han sido hegemónicos en los sectores populares a nivel político y a nivel de organizaciones de masas durante las últimas décadas, estamos hablando del Frente Amplio y del PIT-CNT.
A nivel político mucho hemos hablado acerca de cómo el ascenso al gobierno del FA ha marcado el comienzo de su fin como organización identificada con la defensa de los intereses populares. Hecho que se verifica cada vez más al profundizarse la renuncia de esta organización a todo vestigio de un programa de liberación nacional y social y que ha provocado una serie de rompimientos de organizaciones y militantes que buscan construir otro proyecto a partir de esta experiencia que ya cada día más se puede considerar cerrada.
En el plano de las organizaciones de masas se repite el proceso, pero hay que ser muy cuidadosos en no trasladar mecánicamente conclusiones sacadas del aspecto político al terreno sindical-social.
Como decíamos antes, hay que analizar concretamente cada situación concreta y nada se gana aplicando mecánicamente esquemas pre-concebidos.
En el movimiento de masas y particularmente en el movimiento sindical, estamos ante un proceso que tiene características similares a las que se observan en el terreno político. La ascensión al gobierno del Frente Amplio agudizó las contradicciones de tendencias al interior del movimiento obrero ya que produjo una radicalización de las posturas de las corrientes conciliadoras al pasar a defender abiertamente a su gobierno. Este hecho ha generado en muchos casos abiertas contradicciones entre la lucha de trabajadores de base con las direcciones de sus sindicatos, o entre sindicatos de base y las cúpulas de la dirección del PIT-CNT.
Esto favorece la denuncia de la traición que estas corrientes defensoras de los intereses del gobierno en el seno de los sindicatos, están realizando contra los trabajadores, y favorece el proceso de toma de conciencia de la necesidad de una construcción alternativa por parte de muchos militantes clasistas, que sin embargo aún son un numero extremadamente minoritario entre la masa de trabajadores.
Sin embargo, como decíamos antes, el fenómeno social de masas tiene características, tiempos, procesos, diferentes que los que se dan en el terreno político.

Es fundamental caracterizar correctamente la realidad material y el estado de conciencia de los trabajadores y para eso hay que partir de su situación real.

En ese sentido creemos importante señalar algunos aspectos fundamentales.

A nivel económico, la escasa recuperación del nivel de vida de los trabajadores respecto a la crisis del 2002 (escasa pero recuperación al fin), deja a los mismos en una situación peor que en ese momento ante la perspectiva de una crisis económica. De hecho ya comienza a sentirse un importante freno de la actividad económica y el gobierno pega un freno en el gasto. Esto repercute en que la situación económica de los asalariados comienza a deteriorarse y por lo tanto se abren mayores tendencias a la lucha.

Sin embargo este proceso aun es embrionario y la mayoría de la masa de trabajadores está aún en una actitud pasiva, producto de esa mejora en sus condiciones de vida y el dominio hegemónico de la ideología burguesa impuesta por el reformismo. Esta situación de reflujo de las grandes masas de trabajadores hace que las posturas conciliadoras impulsadas por las corrientes afines al gobierno tengan en general, mucho más respaldo en los últimos tiempos, que las posturas de lucha y de confrontación levantadas por el clasismo.
La mayoría de las direcciones sindicales y sociales, aliadas al gobierno, han ido acumulando en estos años una práctica de entrega y de impulso de la desmovilización, lo que ha favorecido un descenso importante en el nivel de conciencia de las masas.

Por otro lado, hay que considerar que en muchos sindicatos existen minoritarias organizaciones clasistas de diversas tendencias políticas e ideológicas, altamente fragmentadas. Son contados los sindicatos donde las tendencias clasistas son mayoritarias.

La dirección mayoritaria, afín al gobierno, ha tendido a aislar las luchas que se han dado y ha hecho que se ataque y se condene por parte de los organismos oficialistas a los luchadores y se les niegue solidaridad ante la represión. Esto ha obligado y obliga a tener una política que no se limite a esas estructuras y a pensar una acción sindical que no esté atada a esperar el permiso de las cúpulas para actuar. Por otro lado esto no debe llevar a olvidar la necesidad de contar con el respaldo de los trabajadores de base, de no abandonar las masas.

La situación económica y las condiciones de trabajo si bien son malas y tienden a deteriorarse en general, deben analizarse en cada caso particular porque hay diferencias. De la misma manera las correlaciones de fuerzas entre el clasismo y el reformismo son diferentes y cambiantes en cada sector. Una intervención adecuada requiere un análisis serio y una militancia práctica en cada sector.

En definitiva se puede ver que comienzan a manifestarse objetivamente elementos favorables para el desarrollo de una propuesta clasista alternativa en el movimiento obrero, el problema es cómo hacerlo.
Para hacer esto creemos necesario realizar una intervención política rigurosamente firme en la defensa del objetivo fundamental, la construcción de una dirección clasista para el movimiento obrero, pero extremadamente flexible en la táctica, ya que nos encontramos en un periodo de transición con un desarrollo muy desigual de los niveles de conciencia y de organización de los trabajadores de diferentes sectores.
Actualmente nos encontramos ante una situación sumamente compleja que presenta problemas sumamente variados y que exigen soluciones diferentes.
Por ejemplo: Si somos minoría en el sindicato y los trabajadores del sector están apáticos, no participan, no manifiestan tendencia a la lucha ¿es lo correcto generar otro sindicato paralelo? Creemos que la respuesta es no
O si los trabajadores están comenzando a percibir una contradicción entre sus intereses y la política de su dirección ¿es el momento de irnos y armar un sindicato paralelo? La respuesta es que tampoco en este caso es esa la solución, sino que al igual que en el primer ejemplo, nuestra tarea es la de acompañar a estos trabajadores en el proceso de desengaño de su dirección y en el desarrollo de su nivel de conciencia.
Si, en cambio, estamos en un sindicato o en un núcleo de base que se moviliza, donde hay tendencias a la lucha que pasan por arriba de las posturas conciliadoras, pero que es ninguneado por los aparatos oficialistas, que es atacado por la dirección de las grandes estructuras sindicales ¿acaso debemos atar la lucha a esas estructuras? ¿tenemos que aceptar que se frene la lucha de los trabajadores? ¿o será correcto impulsar el rompimiento con esas direcciones y esas estructuras si es necesario? Seguramente la última opción es la correcta.
Si la burocracia sindical lleva patrones y gobernantes al acto del primero de mayo, mientras hay sindicatos y núcleos de base en lucha contra esos patrones y esos gobernantes ¿acaso no es correcto realizar un acto alternativo donde tengan su expresión los trabajadores que están luchando? Sin dudas que si
Si estamos en un sindicato que funciona de forma autónoma que impulsa una política clasista ¿hay exigir que se integre a las estructuras del PIT-CNT, con el verso de la unidad en términos absolutos? Sin dudas que no.

Por supuesto que la lucha de clases nos presenta cada día muchas más situaciones diferentes y que deben resolverse de maneras diferentes.
Para hacer esto de una manera que ayude a la clase a superar sus niveles de conciencia y de lucha creemos que hay que tener siempre muy claro cuál es el objetivo fundamental en este terreno, recuperar los principios históricos del movimiento obrero: independencia de clase, unidad para luchar, solidaridad, democracia obrera, y generar una dirección clasista para dicho movimiento.

Para trabajar en ese sentido no podemos caer en errores como los que se derivan de no distinguir base de dirección, mayorías de minorías, de no reconocer, en definitiva las contradicciones que se dan a la interna de las organizaciones de la clase.
Es un error, el plantear que tal o cual sindicato traiciona a los trabajadores o que el PIT-CNT está vendido al gobierno, etc. Para nosotros, siempre hay que distinguir entre una dirección integrada por dirigentes que pueden ser, y que actualmente en su mayoría lo son, traidores, y los trabajadores de base que no alcanzan un nivel de conciencia y organización para superar esa dirección pero que también conforman el sindicato. No se puede olvidar, tampoco, la lucha de tendencias a nivel de los sindicatos, que muchas veces lleva a que en la propia dirección existan representantes de posiciones clasistas. Cada vez que nos colocamos por fuera de una organización de trabajadores para atacarla en su conjunto solamente logramos fortalecer la posición de la burocracia, que se presenta ante los trabajadores como defensora de su organización en contra de los ataques externos.
Una cosa muy distinta es analizar, y esto se debe hacer con los militantes clasistas, con los trabajadores de base, nunca desde afuera, si la estructura de tal o cual sindicato al que pertenecen, o del PIT-CNT en su conjunto, hace inviable seguir dentro de ella a partir de tales o cuales experiencias prácticas.
Otro error consiste en imaginar que el solo hecho de generar un nuevo sindicato, una organización por fuera de las estructuras del PIT-CNT garantiza la “pureza” del mismo, lo aísla de alguna manera de las influencias de la ideología burguesa, lo pone a cubierto de la aparición de tendencias conciliadoras y burocráticas en su seno. Ninguna de estas cosas son ciertas y hay que decírselo claramente a los trabajadores en el caso de dar ese paso. En cada nueva organización que se pueda formar renacerá la lucha entre las tendencias clasistas y las conciliadoras y los trabajadores necesitan ser conscientes de ello para dar esa batalla en forma permanente.
Por último es importante señalar otro error en el que caemos demasiadas veces y que consiste en no reconocer que la historia del movimiento obrero uruguayo nos muestra que siempre que se ha dado un avance del clasismo, ha sido a partir de la unidad de sectores de las vertientes más variadas. Nunca han funcionado en nuestro país las experiencias de formar centrales obreras ligadas a tal o cual sector político, (y de hecho el que la dirección actual del PIT-CNT pretenda hacer eso, es lo que está marcando la inevitabilidad del fin de esta experiencia de central sindical única).
La única manera de avanzar es partiendo del reconocimiento de la importancia de las diferentes expresiones del clasismo que responden a diferentes concepciones ideológicas y políticas.
La única forma de avanzar es reconociendo que no se puede defender la independencia de clase sin aplicarla, que no se puede pensar en el movimiento obrero como un mero furgón de cola del proyecto político de una organización.
Es un principio fundamental el que los intereses del conjunto de la clase están por encima de los intereses de cualquier organización política.
Nosotros hemos luchado y lucharemos contra todos los intentos de poner al movimiento obrero al servicio del proyecto político de cualquier organización, este en el gobierno o no.

En síntesis, la postura de nuestra organización política referida a la situación actual del movimiento obrero, es que la cuestión no es si hay que estar adentro o afuera del PIT-CNT, sino que el problema fundamental es cómo generar una dirección clasista para el movimiento obrero y popular.
Este problema está planteado en una situación que se hace objetivamente cada vez más favorable para el desarrollo de una alternativa clasista, pero donde el aprovechamiento de la misma dependerá de si las organizaciones de la clase somos capaces de llevar adelante una política correcta o no.
La solución al problema planteado pasa por no atar la lucha de los trabajadores a estructuras dominadas por la burocracia, pero también pasa por no cortarnos nosotros mismos la posibilidad de militar entre las masas de trabajadores, mientras estas masas aún estén en esas estructuras.
Pasa por lograr los mayores niveles de unidad para luchar, rompiendo el aislamiento que las corrientes oficialistas imponen a los que luchan, tanto dentro como fuera del PIT –CNT y para esto es fundamental fortalecer espacios unitarios como la TCC y el ENTEJ. Teniendo en cuenta que los mismos son expresiones válidas de la unidad de sectores del clasismo, pero que de ninguna manera agotan ese espacio, y teniendo en cuenta también, que los militantes clasistas que no están participando en ellas no son ni traidores, ni cómplices de la burocracia, ni ingenuos, simplemente son compañeros que impulsan tácticas diferentes. Y también es fundamental generar espacios unitarios cada vez más amplios, que superen a los actuales, construyendo herramientas cada vez más fuertes de unidad para luchar.
Pasa, tanto por reconocer la validez de la labor de aquellos militantes clasistas que están trabajando en organizaciones de masas que no pertenecen al PIT-CNT, (donde ya hay varios sindicatos que, de hecho, funcionan hace tiempo como sindicatos autónomos), tanto como por reconocer el trabajo de las organizaciones clasistas que se desarrollan al interior de sindicatos que permanecen en el PIT-CNT.
El germen de una nueva dirección para el movimiento sindical esta en estos sindicatos, en estas agrupaciones de base, en los diferentes agrupamientos de militantes clasistas.
El proceso de construcción es inseparable del objetivo que se persigue. Si queremos construir un nuevo sindicalismo, que rescate los valores históricos del movimiento obrero, con independencia de clase, con solidaridad, con unidad para luchar, con democracia obrera, debemos seguir un camino que vaya poniendo en práctica esos valores. Para eso es fundamental el respeto y la búsqueda del trabajo en conjunto de todas las vertientes del clasismo.

MOVIMIENTO REVOLUCIONARIO ORIENTAL