Saga del Renegado XXXIII. El tiempo ha puesto las cosas en su lugar (I). Discurso donde el Movimiento Revolucionario Oriental hizo público su alejamiento del Frente Amplio (FA) 21 de abril de 1993 – (Fragmento.)

El reformismo y el oportunismo proliferan en el “progresismo” criollo.

En el gobierno “progresista” se han enquistado un conjunto de profesionales, pequeños burgueses, aristócratas obreros, dirigentes sindicales y profesionales de la política que se hunden en la charca como oportunistas, reformistas, socialdemócratas, entreguistas y corruptos. Han engañado al movimiento popular y lo han llevado a respaldar una política neoliberal, fondomonetarista y continuista basada en la extranjerización de la economía, un mayor endeudamiento con el sistema financiero internacional, una creciente dependencia con el imperialismo, la proliferación de latifundios sojeros, madereros y arroceros, la privatización del patrimonio nacional y estatal, el saqueo impositivo de salarios y jubilaciones y la entrega de migajas al pueblo en un período excepcional del crecimiento de la torta económica repartida en beneficio del gran capital. Se hace necesario, ahora, reproducir el conjunto de razones que nos llevaron a alejarnos del “progresismo”, cuando los objetivos y flagrantes hechos oportunistas de hoy, eran esbozos y señales en el ayer.



“Ruptura con el reformismo

Hemos llegado al tema central de nuestra exposición de hoy.
Como es público y notorio nuestro MRO ha decidido separarse del FA.
Para quienes hemos vivido un accionar político basado en la unidad y en la lucha durante 32 años de existencia, habiendo cofundado varios frentes, tales como: el Frente de Izquierda de Liberación, el Acuerdo de Época, Frente Amplio, Patria Grande, la Corriente, MPP por la Liberación y el Socialismo, el paso ha sido doloroso.
La unidad para nuestro movimiento tiene carácter estratégico, porque somos conscientes de la dimensión de nuestras fuerzas y por lo tanto debemos unirnos por principios y por programa con otras fuerzas de izquierda.
El trámite interno fue discutido, hay heridas que se irán cerrando con la mas firme convicción de servir al pueblo, en esta decisión no entra el oportunismo o la soberbia.
Nuestra decisión está basada en una serie de apreciaciones, argumentos y definiciones ideológicas que han llevado a distanciarnos de la dirección socialdemócratica del FA, su dirección mayoritariamente reformista.
Nuestra decisión a desvincularnos del FA, de romper con el reformismo que domina la coalición, está basada en la caracterización de la conducción mayoritaria del FA, repetimos, la conducción mayoritaria del FA, calificándola de reformista y socialdemócrata.
No nos estamos refiriendo a las bases frenteamplistas, las que consideramos auténticas, potencialmente revolucionarias y hoy influenciadas por esa conducción oportunista.
No estamos calificando de reformistas y oportunistas a los miles de militantes sacrificados sobre los cuales recae el trabajo anónimo y silencioso.
Nos referimos a un conjunto de dirigentes, en su mayoría socialdemócratas que manejan todos los ámbitos de decisión- organismos del FA, bloque parlamentario e IMM-.
Para poder romper con el reformismo, hay que definirlo, y por lo tanto ver si se aplica a esta conducción mayoritaria del FA.
En lo político, el reformismo afirma en los hechos como medio fundamental de lucha, el electoral y parlamentario y en lo social o en el plano del movimiento popular la “concientización” a través de los medios culturales y de la motivación reivindicativa.
Los reformistas están dispuestos a sacrificar todo lo que sea necesario para conservar su legalidad y poder participar en elecciones, tratando a toda costa de evitar que les cierren sus locales y medios de comunicación, por medio de una política de mansedumbre y diálogo, en la que solamente agitan consignas defensivas y a la vez siguen trabajando para realizar alianzas con sectores de la burguesía llamada progresista y liberal, para lo cual se ven obligados a entregar uno tras otro los movimientos reivindicativos de los trabajadores.
Los reformistas necesitan aglutinar al movimiento obrero y popular para oficiar de freno en sus luchas. El vociferar, por lo tanto, por la “unidad”, por cualquier género de unidad, negándose a examinar y rendir cuenta ante el pueblo las razones de principio y los métodos de acción que inspiran dicha unidad, oculta siempre el propósito de aprovechar el sentimiento unitario de los trabajadores en contra de sus intereses.
Puesto que la unidad debe ser consciente, nadie salvo los oportunistas puede negar el derecho a las masas populares a conocer claramente el porqué y para qué de dicha unidad.
Para valorar plenamente el análisis anterior es preciso tener en cuenta “que en toda guerra y la guerra de clases no es una excepción, el enemigo actúa tanto combatiendo frontalmente al adversario, como infiltrándose en sus filas para descomponerlo”
Tales oportunistas se esfuerzan siempre para aprovechar el sentimiento unitario del pueblo, para impedir que se les pida cuenta de la orientación reaccionaria que ellos imprimen a los organismos que controlan.
Una vez lograda esta unificación de las masas en torno a una política reformista, serán los más fervientes defensores de esa “unidad” tan favorable a los intereses de la burguesía.
Todo aquel que se ponga por delante, que critique su orientación política retrógrada o les pida cuenta de sus orientaciones será tildado de “divisionista”, de “antiunitario”, de “enemigo de la organización de los trabajadores”.
Realizan de este modo, un verdadero chantaje por un falso concepto de la unidad y termina ellos por apoderarse de la representación total de las organizaciones de masas, calificando toda oposición a su actividad y líneas reaccionarias como un ataque a la “unidad “y a la organización misma.
Tenemos fresco el ejemplo que los mas grandes sectarios son en cierto momento los que gritan mas fuerte a favor de la unidad.
Luego que estos oportunistas levantan su “griterío por la unidad” engañando a los trabajadores logran separar a amplios sectores del pueblo de una orientación revolucionaria y utilizan como argumentos para afianzar sus posiciones y su actuación, ese mismo hecho.
“Las masas nos siguen” dicen, “y esto demuestra que tenemos razón, que nosotros somos los verdaderos representantes de la unidad de los trabajadores y el resto son divisionistas”
La fuerza del número que mide la profundidad del engaño oportunista la esgrimen como argumento para justificarlo y ocultarlo.
Un hecho de esta naturaleza solo marca el retraso en que se encuentra el proceso revolucionario, señala lo mucho que hay que hacer aún para que los trabajadores se unan en la línea correcta.
La práctica ha demostrado que estos oportunistas son mejores defensores de la burguesía que la burguesía misma.
Es posible que la reunificación de los trabajadores en torno a una línea correcta se concrete en un núcleo reducido de trabajadores, sin embargo, esa será la verdadera unidad, la que se forjará en la lucha. Lo que tiene futuro.
¿Debilidad numérica? ¿Desde cuando plantean los revolucionarios su política en función de que se constituyen en mayoría o minoría?
Ningún revolucionario consciente, por lo tanto, puede hacer el menor caso a los reformistas que pretenden justificar su actividad contabilizando a cuanto trabajador ha podido engañar circunstancialmente o cuando intentan minimizar a quienes sostienen una posición revolucionaria y de denuncia a su traición, calificándolos de “grupúsculos” o pequeños grupos de aventureros.
La lucha contra el engaño de los reformistas por lo tanto no es un proceso ajeno al desarrollo de la revolución, sino es parte fundamental de ese proceso. Esta batalla, por lo tanto, hay que darla resueltamente y sin vacilación alguna, sin importar la magnitud de la influencia de los reformistas.
Los dirigentes reformistas, aunque pertenezcan al movimiento obrero, han renunciado a la ideología e intereses de su clase.
Estos dirigentes no desconocen la historia de las luchas ideológicas dentro del movimiento obrero internacional. El oportunismo ha sido profusamente denunciado por casi todos los dirigentes revolucionarios a lo largo de un centenar de años, no se puede alegar su desconocimiento.
Los líderes revolucionarios han analizado la influencia de la ideología y de la moral pequeño burguesa en las filas de los trabajadores, han analizado el soborno directo de los patrones, han analizado el temor a la lucha revolucionaria y el anhelo de conquistar un reconocimiento legal de la burguesía.
Algunos dirigentes políticos o sindicales se han burocratizado, pues vegetan como funcionarios por años de años, desligados de la producción, ajenos a la explotación que sufren los trabajadores, usufructuando de negociados, así como de los beneficios de instituciones burguesas.
Los oportunistas son elementos hostiles al socialismo, proliferan como funcionarios de sindicatos legales, como parlamentarios y otros intelectuales, y la capa de obreros mejor retribuidos.
Las instituciones políticas del capitalismo moderno como prensa, parlamento, sindicatos, congresos, centros de investigación y estudio sociales, económicos y políticos, han creado privilegios y dádivas para los obreros respetuosos, mansitos, reformistas y patrioteros.
La burguesía imperialista atrae y premia a los representantes de los partidos reformistas con lucrativas prebendas en el gobierno, parlamento, en comisiones y sindicatos.
Estos mecanismos también son utilizados por los capitalistas en los centros de trabajo, mediante provechosos viáticos, ascensos, trabajo asegurado, extras, etc.
Si estos dirigentes reformistas se presentaran como lo son, flaco favor a la burguesía le harían. Estos dirigentes reformistas para embaucar a las masas no dudan en proclamarse marxistas. Los reformistas invocarán al marxismo y jurarán en su nombre. Nadie puede impedírselos. En la historia ha sucedido siempre que después de muertos los jefes revolucionarios cuyos nombres son populares en las masas oprimidas, sus enemigos han intentado apropiárselos para engañarlos. Pasa con Artigas y el Che.
Los reformistas enseñan que los trabajadores deben primero conquistar la mayoría por el sufragio universal, recibir después el poder estatal merced a los votos de esas mayorías y finalmente sobre la base de esa democracia “pura y consecuente”, organizar el socialismo.
Para los revolucionarios primero debe derribar la burguesía y conquistar el estado para utilizar después ese poder para asegurar los intereses de la clase trabajadora.
La sola idea de subordinar a los capitalistas pacíficamente a la voluntad de la mayoría de los explotados, la idea de la liberación obrera por la transición pacífica y reformista al socialismo, no es solo, una extrema estupidez, sino un engaño directo a los trabajadores, un embellecimiento de la esclavitud asalariada, u ocultamiento de la verdad.
La verdad es que la burguesía, aún la mas instruida y democrática, no vacila en recurrir a cualquier crimen, en masacrar a millones de obreros y trabajadores del campo para salvar la propiedad privada, la tenencia de sus campos, fábricas y bancos.
Como dice Lenin. Solamente el derrocamiento de la burguesía, la confiscación de su propiedad, la destrucción de todo el aparato estatal burgués, de arriba abajo, parlamentario, judicial, militar, burocrático, administrativo, municipal, etc.; hasta la expulsión general e internacional de todos los explotadores mas peligrosos y obstinados… solo semejante medidas pueden asegurar la subordinación real de toda clase de explotadores.
Negar la revolución socialista y sustituir por el reformismo burgués, o negar la lucha de clases y su ineludible transformación en guerra civil y propugnar la colaboración entre las clases sin reconocer la necesidad de la guerra revolucionaria, convertir en “fetiche” al parlamento y las formas de legalidad burguesa, olvidándose de los organismos y consignas ilegales en épocas de crisis, esas son las principales tareas de los oportunistas. Hasta aquí Lenin.
Los oportunistas plantean: “no hay que combatir a la burguesía, sino que hay que ganarla mediante una enérgica propaganda, pues si se quiere ganar a estas capas “superiores” de la sociedad o únicamente a sus sectores mas lúcidos, a ningún precio hay que asustarlos. Se debe demostrar que la organización no se inclina al camino de la violencia, de la ilegalidad, se debe actuar en forma pacífica”
Entonces, el programa no se abandona… solo que se rebaja y se posterga para una época indefinida, así, la organización reformista se dedica a toda una serie de basuras y remiendos del orden social capitalista, para poder demostrar por lo menos que algo pasa sin atemorizar al mismo tiempo a la burguesía.
Sin una lucha enérgica en toda la línea contra estos partidos, grupos o tendencias, no puede hablarse de lucha contra el imperialismo, ni de lucha por el socialismo dentro del movimiento obrero.
Es necesario explicar al pueblo que la ruptura con el oportunismo es inevitable e imprescindible, la educación para la revolución pasa por una lucha ideológica y política contra él.”

Mario Rossi Garretano

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