Historia del Movimiento Obrero Uruguayo. (II)

HISTORIA DEL MOVIMIENTO OBRERO URUGUAYO

SEGUNDA PARTE: 1919-1952



Este periodo se puede caracterizar como el de la progresiva integración de la clase obrera a la estructura política burguesa.
La época del primer Batllismo, sobre todo a partir de 1917, implica la consolidación del sistema político de democracia burguesa: sufragio universal, participación a través de partidos, campañas electorales pacificas, elecciones sin fraudes.
Durante el periodo Batllista, penetra profundamente en las clases populares el concepto burgués de “soberanía popular” expresado a través del sistema democrático republicano de gobierno. La noción de “gobierno elegido por el pueblo en elecciones libres en las que participan todos los ciudadanos”, la idea del Estado y de la ley colocados por encima de las clases y del Parlamento como “representante de la voluntad general”, de igualdad de los ciudadanos ante la ley” y de la existencia de un “Estado de Derecho” que garantiza los principios de libertad e igualdad.
Por un lado, mediante la mitificación de las formas democrático republicanas y de las elecciones como expresión de la voluntad popular, el Estado tendía a desorganizar políticamente a las clases dominadas, en tanto las excluía como clase de la función política, negaba la lucha de clases y dispersaba a los trabajadores transformándolos en “ciudadanos libres e iguales”
La subsistencia de estos componentes Batllistas en la estructura política y social uruguaya estuvo vigente en tanto la situación económica y la integración del país en el mercado mundial aseguraban una relativa estabilidad y cierta autonomía en el proceso de acumulación capitalista. Cuando a partir de la finalización de la segunda guerra mundial la situación tiende a modificarse aumentando la dependencia, especialmente respecto a EEUU, las limitaciones dadas al Batllismo por su carácter de clase comienzan a prevalecer sobre su tendencia demócrata, situación que se hará patente a partir de los 50.
Otro aspecto político de gran importancia de la acción del Batllismo, es el hecho de que logro captar a la pequeño burguesía, con lo cual además de ensanchar sus bases de apoyo logro aislarla por mucho tiempo de toda alianza con la clase obrera, lo que reforzó aun mas la debilidad política de esta.
Es un periodo donde las tendencias reformistas en el seno del movimiento obrero crecerán, se consolidaran y pasaran a ser mayoritarias en la dirección del mismo.
En este sentido antes de pasar a un recuento cronológico de este periodo, es conveniente analizar la evolución de las dos grandes líneas que marcaron al movimiento obrero uruguayo, la de los Anarquistas y la del Partido Comunista

EVOLUCIÓN DEL ANARQUISMO DESDE 1918 A LOS AÑOS 50

La revolución rusa provoco un proceso de ruptura a la interna del movimiento anarquista. En torno al periódico Batalla, se forma una corriente de apoyo a la revolución, pero desde la FORU se mantiene una cerrada posición contraria. Esto lleva a la escisión en el plano sindical, cuando los anarquistas que apoyan a la revolución rusa y el recién creado Partido Comunista se reúnan en la Unión Sindical Uruguaya que mantendría cierta influencia entre los años 23 y 31. Posteriormente las diferencias crecientes entre anarco sindicalistas y comunistas llevaron a la disolución de la USU, permaneciendo la influencia anarquista en algunos sindicatos que llegarían a ser conocidos como sindicatos de acción directa, que subsistirán hasta la década del 50.
La FORU, que sobrevivió hasta la década del 50, se fue convirtiendo cada vez mas en un núcleo cerrado, concibiendo al movimiento desde si mismos, haciendo temas ideológicos de cada discrepancia táctica, cayendo en el sectarismo, con escasa influencia en el movimiento.

A fines de la década del 20 y principios del 30 actuaron en nuestro país algunos grupos de acción integrados por militantes anarquistas españoles, argentinos y uruguayos.
Estos grupos encaraban acciones de expropiación, de ajusticiamiento de represores, etc, pero nunca alcanzaron en nuestro país el grado de actividad que se dio en argentina, por ejemplo.

De la misma manera que la táctica sindical del anarquismo se veía limitada por sus concepciones teóricas: la inexistencia de la idea de una organización política revolucionaria, la incomprensión de la revolución como un proceso prolongado, la aversión a la acción política, la simplificación artificial de la cuestión del Estado y la lucha por el poder, su accionar armado estuvo aislado del conjunto de las luchas del proletariado. Sus acciones y sacrificios (prisión, torturas, desapariciones, muertes en manos de los aparatos represivos uruguayos y argentinos) no se visualizaron por la clase y los sectores populares como parte del conjunto de sus luchas en ese periodo.

EL PARTIDO COMUNISTA

Ligado a la III Internacional y en estrecha y creciente dependencia del Partido Comunista de la URSS, el PC uruguayo se comporto de acuerdo a las exigencias de la política exterior soviética.

Durante los primeros años de su acción, primeros de la década del 20, cuando todavía en la URSS no se había implantado el régimen Estalinista el PC milita en el movimiento obrero, en un sentido internacionalista y revolucionario.
El PC desarrolla un discurso y una practica de convocatoria a la acción y a las concepciones revolucionarias.
Estas concepciones no eran diferentes a las defendidas por las tendencias anarquistas que actuaban en el seno del movimiento obrero, pero sin embargo el surgimiento del PC significo un enorme salto de calidad para la conciencia de nuestra clase. Es que el gran avance que implica el PC es la noción de un accionar revolucionario de las masas en la perspectiva de un Partido capaz de actuar, acumular y desarrollarse a lo largo de todo un periodo histórico, en medio de las luchas obreras en las que no solo participa y dirige, sino de las que además recoge experiencias y las analiza a la luz de una teoría científica (el marxismo) volcando las experiencias nuevamente a la lucha de la clase, con la perspectiva de la derrota del régimen burgués, aprovechando las experiencias del proletariado mundial.
El partido Comunista introdujo en la conciencia del proletariado uruguayo la experiencia de la primera revolución obrera triunfante, es imposible dejar de reconocerle ese merito enorme.

Sin embargo en la URSS la participación política directa del proletariado a través de los soviets y el clima de democracia obrera va dejando lugar (muerte de Lenin, burocratización del Partido, ascenso de Stalin mediantes) a un proceso cada vez mayor de burocratización y autoritarismo, en el marco del avance de la reacción a nivel mundial y el consiguiente aislamiento en va quedando el recién surgido Estado Obrero.

Estos procesos arrastraran al joven y débil Partido Comunista Uruguayo, como a los del resto del mundo, generando una extrema dependencia de la dirección del movimiento comunista mundial centralizada en Moscú. De esta manera se coartaron las posibilidades del desarrollo de un pensamiento marxista propio que sirviera de guía revolucionaria en las condiciones específicas de Latinoamérica en ese momento histórico.
Como consecuencia de eso, en el desarrollo de su línea política se dan constantes contradicciones radicales en las caracterizaciones y tareas, que tienen que ver mucho más con los vaivenes de la política estalinista que con la realidad de la lucha de clases de nuestro país.
Así se puede analizar el proceso vivido por la consigna de la UNIDAD que levanta el PC a lo largo de los años: al principio se reclama la unidad de acción del proletariado, para superar la fragmentación que lo había debilitado profundamente (aunque hay que reconocer que en los hechos se trato de una consigna solamente ya que en la practica también se hizo gala del mismo sectarismo que los anarcos). Luego, con el golpe de Estado de Terra se plantea la consigna de Unidad Democrática con el pueblo y los sectores liberales de la burguesía ante la dictadura, pero sin una clarificación de lo circunstancial de la alianza, el PC coloca al movimiento obrero como furgón de cola de los sectores de la burguesía que por mas liberales que se reclamasen no abandonaron nunca la defensa de sus intereses de clase contra los trabajadores. La salida gradual, institucional que se da al proceso de Terra sume en la confusión al PC que termina apoyando a los gobiernos de Baldomir y Amézaga y pasando a la consigna de UNIDAD NACIONAL con la burguesía contra el nazismo, lo que colocaba al movimiento obrero no solo de furgón de cola de la burguesía nacional, sino también del imperialismo yanqui.

La política respecto a la II Guerra Mundial merece un capitulo aparte por ser ejemplo paradigmático de las contradicciones señaladas: En setiembre del 39 el PC la define (acertadamente) como “guerra imperialista”, condenando al fascismo y al mismo tiempo al imperialismo británico y norteamericano. En mayo del 41 se reúne en Montevideo el Congreso Nacional Antiguerrero, a instancias del PC. Se califica a la guerra (nuevamente de forma correcta) como “continuación de la guerra del 14 y en consecuencia como injusta guerra imperialista”, además “al denunciar esta guerra como imperialista proclama la lucha contra ella y llama al pueblo uruguayo a reconocer el peligro de su extensión al continente americano como producto de la política de guerra de EEUU”. La consigna de “lucha contra ambos bandos imperialistas” se levanto hasta el 20 de junio de 1941, al día siguiente los nazis invaden la URSS.
Sin dudas que el cambio de situación hacia necesario asumir la defensa del Estado Obrero (más allá del proceso del estalinismo) ante la agresión imperialista alemana, pero de ahí a igualar esto con la defensa también de las posiciones de los imperialismos norteamericano y británico, que es lo que hace el PC, había un abismo.
Cuando en el marco de la guerra ínter imperialista había que asumir la defensa de los pueblos agredidos y la lucha por la liberación nacional de las colonias (precisamente el camino que habían tomado los bolcheviques de Rusia en su momento), el PC asume la posición de que el movimiento obrero debía defender los intereses de uno de los grupos imperialistas en pugna, el de los aliados, que circunstancialmente estaba enfrentado al imperialismo alemán que estaba atacando la URSS.
El PC llama a la clase obrera y al pueblo a la colaboración sin límites, económica, política y militar con EEUU y sus aliados reclamando además que se aumente al poder de las fuerzas armadas, llegando a reclamar la implantación del servicio militar obligatorio.
La UGT de dominio comunista adopta la política de Unidad Nacional del PC y llega a ofrecer mano de obra voluntaria para construir refugios antiaéreos y militantes sindicales para jornadas de defensa pasiva. Impulso además la creación de comités de defensa y vigilancia en conjunto con las patronales para “expulsar de las empresas a los quintacolumnistas nazis”.

En ese periodo el PC se dedico de lleno a la defensa del orden social establecido. Se pronuncio contra todas las huelgas, generando importantes situaciones de división a la interna sindical. Se enfrento duramente a la FEUU por su postura antibelicista similar a la que el PC había mantenido antes del 41.

La bancarrota ideológica del PC llega al punto de saludar con algarabía la creación del FMI en 1944.
En ese periodo el PC se coloca completamente del lado del gobierno (Baldomir Amezaga) conformando un movimiento de Unión Democrática con sectores batllistas, colorados independientes y blancos independientes, enfrentando a la interna del movimiento obrero a los que impulsaban posiciones clasistas.

El PC se guía por la concepción estratégica de Revolución por Etapas, lo que implicaba para Latinoamérica que la tarea principal del proletariado era la de contribuir a la eliminación de “resabios feudales” permitiendo el desarrollo de las fuerzas productivas bajo el capitalismo.

En el periodo citado toda la acción del PC se centra en la defensa de la URSS y el apoyo a los aliados, toda referencia al imperialismo norteamericano es criticada y presentada como maniobra fascista.
En este contexto estalla una huelga en la industria frigorífica en 1943, en solidaridad ante el despido de varios dirigentes sindicales en el Frigorífico Nacional. Ante esta situación la UGT comunista divide al gremio creando otro sindicato que levanta la huelga, medida acompañada por una ínfima minoría de trabajadores que en general se mantuvieron firmes en sus posturas de lucha.
La prensa del PC fustiga a la dirección del sindicato (que respondía en realidad en su mayoría al PS y nada que ver tenia con el nazismo) tratándolos de “camarilla fascista” y “herreristas que no trepidan en vestirse con el ropaje anarquista de la acción directa”, reclamando la denuncia y la expulsión de los lugares de trabajo a todos aquellos “que no sean de absoluta solvencia democrática”.

Finalizada la guerra y sobre todo a partir del 47 con el desarrollo de la guerra fría, en el marco del clima de persecución anticomunista impulsado por EEUU, el PC se vio atacado duramente desde el gobierno, con el agravante de no contar con el apoyo de otros sectores del movimiento obrero, ante la política divisionista que el había llevado adelante.
Además, si bien ya se había vuelto a colocar en su discurso la crítica al imperialismo norteamericano, se seguía practicando la política de conciliación con la burguesía, bajo el supuesto de la existencia de un sector de la misma con un interés patriótico y antiimperialista. Enmarcado todo esto por el discurso impuesto desde la URSS a favor de la paz y en contra de la guerra, lo que en el caso de nuestro país termino por justificar su política de conciliación de clases.
“Unidad no solo de la clase obrera y el campesinado sino unidad con otras capas sociales: burguesía industrial, pequeños y medianos industriales y también ganaderos perjudicados por el imperialismo yanqui…. Lo que decide la unidad es la lucha por la paz” (Justicia, 10 de octubre de 1952)
Así, si bien el discurso cambiaba, la política llevada en consecuencia era la misma: frenar las luchas, evitar confrontaciones a fondo con el gobierno en la perspectiva de una alianza lo mas amplia posible con el fin de alcanzar un desarrollo bajo el marco capitalista. Es que más allá de los matices del discurso la ideología reformista y no la revolucionaria es la que enmarca toda la política del PC, por lo tanto todos sus razonamientos llegaran a un mismo punto siempre: conciliación, conciliación y mas conciliación, aunque sus dirigentes lo pronuncien como unidad, unidad y mas unidad.

De la línea política del PC va desapareciendo todo análisis de clase, científico, marxista, y por lo tanto, desarmada ideológicamente, la clase obrera es puesta a hacer seguidísimo de quienes deberían haber sido, en algún momento, a lo sumo, sus aliados circunstanciales.

MOVIMIENTO OBRERO DE 1919 A 1940

A pesar de la reforma constitucional de 1918, que concedía derechos a sectores hasta entonces marginados, la reacción continúa desatándose sobre los trabajadores. En 1919 asume la presidencia Baltasar Brum un representante de los intereses imperiales norteamericanos, gran defensor del “Panamericanismo”. Llevaría adelante una política represiva en defensa de los capitales e intereses norteamericanos.
Se da la división del partido colorado entre los sectores afines a Batlle (apoyado en masas obreras y pequeñoburguesas) y el sector de Viera (apoyado en alta burocracia estatal) ambos representantes de los intereses de la burguesía industrial y comercial

En el área de la economía, este periodo se caracteriza por un auge de las exportaciones, con el consiguiente aumento de la carestía de los artículos de primera necesidad para los sectores populares.
En este marco se da un auge huelguístico, donde crece el Partido Socialista (aparece su periódico Justicia) y crece la FORU, siempre en el marco de una escalada represiva contra el movimiento obrero.
A fines de 1919 se observan los primeros síntomas de crisis económica, con el despido de 3000 obreros del sector frigorífico. En 1920 comienza la crisis económica: bajan las exportaciones, la balanza comercial pasa a ser desfavorable. La crisis afecta al sector bancario (quiebra del Banco Italiano), se da la restricción del crédito, paralización de la industria y el comercio, despidos masivos. Para los trabajadores: desempleo y miseria.
A nivel internacional se consolida el proceso revolucionario en Rusia, pero hay retrocesos en Italia y Hungría. Se agudiza una fuerte división y conflicto entre anarquistas y socialistas

En 1920 se dan varios conflictos, especialmente por incumplimientos de las patronales de los acuerdos firmados previamente. Se va a la huelga general, de importancia pues se da en el momento de las elecciones y posee un alto contenido político, contra el estado de represión permanente, convocada por la FORU a la que adhieren el PS y la Federación Marítima. En ese marco el PS convoca a abstenerse en las elecciones.

En setiembre de 1920, por una mayoría aplastante a pesar de la oposición de Frugoni, el Congreso del Partido Socialista resuelve adherirse a la III Internacional, fundada en 1919. Poco después el Partido debe resolver el acatamiento de las 21 condiciones que imponía la inclusión a la Internacional Comunista, hecho que se da por amplia mayoría, sobre todo a partir del apoyo del ala mas joven y vinculada mas directamente al movimiento sindical. El partido adopta entonces el nombre de Partido Comunista del Uruguay, y surgiendo como partido con una clara orientación revolucionaria y opuesta a las concepciones reformistas, ira virando rápidamente hacia posiciones conciliadoras y abiertamente reformistas.

Se da en este periodo una agudización de la lucha de tendencias en el seno del movimiento obrero, a partir de la influencia de la revolución rusa. En la FORU se da una mayoría de anarquistas puros (luchan contra la revolución rusa) que desatan una persecución contra militantes comunistas a la interna de los sindicatos. Proliferan posiciones sectarias, lo que llevara inevitablemente a la ruptura de la FORU. El movimiento sindical retrocede notoriamente empujado por su fragmentación.

El año 1921 se caracteriza por el avance de la reacción mundial. El proletariado sufre derrotas en Hungría, Alemania, Italia, se vive una profunda crisis económica en la URSS, se fortalecen posiciones reaccionarias por todos lados, en Italia se da el surgimiento del fascismo encabezado por Mussolini.
El marco es una crisis económica general que implica a nivel mundial una fuerte ofensiva contra el nivel de vida de lo s trabajadores y por lo tanto una ola de represión.
En Uruguay se sufre la desocupación y la rebaja salarial. Las patronales hacen frente común para reprimir: en julio del 22 se forma la “Liga del Trabajo Libre” formada por industriales y comerciantes mayoristas con el objetivo manifiesto de combatir las huelgas y demás movimientos proletarios
La represión se coordina regionalmente: en 1921 en Buenos Aires se hace un congreso policial con representantes de Argentina, Brasil, Uruguay y Chile, para enfrentar las luchas obreras.
De 1921 a 1925 se vive en un estado de represión constante: encarcelamiento permanente de dirigentes obreros, represión de asambleas y mítines.

En 1923 se produce el Congreso de Unidad Obrera convocado por el PC y algunos sectores anarcosindicalistas. Se crea la USU expresión orgánica de unidad, a pesar de que se dan luchas de tendencias. Pero en 1924 se agudiza la lucha entre anarquistas y comunistas, aun a la interna de la USU, con el telón de fondo de la evolución de la URSS.
Ambas centrales sindicales, FORU y USU viven un proceso de debilitamiento.
La decadencia de las organizaciones sindicales se acentúa en el año 1925, la USU pierde el 40 % de sus afiliados iniciales, varios sindicatos dejan de existir. La FORU también experimenta un raquitismo muy grave en sus sindicatos. En 1927 del total de casi 93 mil obreros y empleados solo 6800 estaban organizados en sindicatos.
A pesar de los avances en la legislación la situación seguía presentando grandes problemas para los trabajadores. A fines de 1927 tanto en la industria como en el comercio las mujeres percibían por igual trabajo de un 50 a un 60% menos que los hombres. Para los obreros industriales y empleados de comercio regía la jornada de 8 horas, pero era violada continuamente por los patrones siendo común las jornadas de 9 o 10 horas. Los trabajadores a domicilio, para quienes no existía ninguna reglamentación, trabajaban de 12 a 18hs por día.

Hacia 1927 se da un periodo de relativa estabilización del capitalismo mundial, (acompañado de nuevas derrotas del movimiento obrero mundial, particularmente en China), que durará hasta 1929.
En Uruguay se produce una recuperación económica pero que no alcanzo los niveles de 1919.
A nivel mundial el imperialismo aumentaba sus exigencias a la colonias o semicolonias lo que se traduce en la tendencia política a gobiernos fuertes: Por Latinoamérica se extiende esta situación: CHILE, PERU, VENEZUELA, CUBA, vivían regímenes dictatoriales.
Estas dictaduras eran ejercidas por dirigentes políticos de las capas más reaccionarias de las oligarquías locales o quienes se pusieran a su servicio, unidos a los gobiernos imperialistas, sobre todo el norteamericano.
En Uruguay la unión se daba entre los representantes de las empresas de países imperialistas que explotaban los principales servicios públicos en el país y los grandes ganaderos y terratenientes.

En nuestro país se dio en ese periodo un choque de intereses entre los imperios británico y norteamericano que pretendía expandirse y consolidarse en esta zona.
El Partido Nacional, especialmente el Herrerismo, defendía los intereses de los grandes ganaderos y terratenientes ligados al imperialismo británico,
El Partido Colorado dividido en varias fracciones representaba los intereses de la burguesía industrial y comercial (alas más liberales representando a sectores más liberales de la burguesía, Batllismo, y alas más reaccionarias representando a sectores más reaccionarias de la burguesía, Riverismo) y estaba vinculado a los intereses imperialistas norteamericanos.

La disputa entre estos sectores políticos por hacerse del control del Estado no puede entenderse solo como una lucha entre los sectores terratenientes y ganaderos contra los burgueses, ni solo cono una lucha por hacerse de la posibilidad de manejar los beneficios de la burocracia estatal, sino como la expresión también del choque de los intereses de los imperialismos norteamericano y británico.
El Partido Nacional había crecido conquistando la simpatía de masas descontentas con la situación económica, lo que le permitió en 1925 obtener dos puestos en tres en el Consejo Nacional de Administración cuya presidencia correspondió a Luis Alberto de Herrera. Sin embargo a fines de ese año el Partido Colorado gana las elecciones a la presidencia con Juan Campistegui del Partido Colorado Riverista, liderado por Pedro Manini Rios.
Se trataba de representantes de los sectores más reaccionarios de la burguesia y los ganaderos y terratenientes.
En 1929 se forma un Comité de Vigilancia Económica integrado por los sectores más reaccionarios y poco después hacen su aparición algunos grupos paramilitares.
A partir de 1930 se comienzan a sentir en nuestro país los efectos de la crisis mundial de 1929.
La crisis dispara las contradicciones a la interna de los partidos y del gobierno, donde el peso político de la masa de funcionarios, capas medias y obreras que conformaban el basamento del movimiento popular batllista era un estorbo para las medidas que el estado capitalista debía tomar para mantener los privilegios de los burgueses y terratenientes y donde se debía tener en cuenta la necesidad de aplastar cualquier intento de resistencia del fragmentado y debilitado movimiento obrero.
Era necesario para los sectores dominantes pasar a una forma de gobierno más ejecutiva, superando las limitaciones que implicaban para el uso del poder estatal las trabas legales, como la existencia de una dualidad de poderes entre la Presidencia y el Consejo Nacional de Administración y los derechos y libertades de que gozaban importantes masas populares, en tiempos en que se imponía un duro ajuste para descargar sobre esos sectores el peso de la crisis.
La resolución de esa situación se da en 1933 con el golpe de estado de Terra que implico la pérdida de libertades y derechos que los trabajadores habían conquistado luchando durante años, implantando en nuestro país, entre otras cosas, un código penal inspirado en el de la Italia de Mussolinni.

En esos años la resistencia ante la dictadura y las luchas que se van dando en el plano reivindicativo pautan un cambio en la estructura de las organizaciones de trabajadores.
Los viejos sindicatos de oficio, punto de apoyo de la tendencia anarquista, pasan a reagruparse en sindicatos por industria (respondiendo así a la transformación de a economía del país), que son los que llevan adelante las luchas dándoles una nueva escala a las mismas. Las huelgas de los gráficos en el 34, frigoríficos en el 35 y la construcción en el 35 y 37 marcan claramente esta tendencia.
En este proceso el protagonismo en la dirección va pasando al Partido Comunista. La lógica de la lucha y la confrontación es desplazada por la lógica de la negociación. Se busca colocar firmemente sometido al movimiento sindical a la corriente política reformista que encarna el Partido. Se tiende a generar direcciones profesionales, dependientes del partido, que actúen en sintonía con su política. En este marco surgen los Consejos de Salarios, fortaleciendo aun mas la tendencia a la conciliación de clases y al verticalismo en las organizaciones de los trabajadores, dejando la resolución de las reivindicaciones en manos de los dirigentes-negociadores profesionales, quitándoles protagonismo a las bases y a los métodos de lucha que pasan a ser, en esta concepción, meros apoyos a la negociación.

NEOBATLLISMO

El estado uruguayo, tal como surge del primer periodo Batllista, consagra el predominio político de una alianza de fracciones burguesas dirigida por la burguesía industrial. Una institucionalidad moderna, con la coherencia jurídica y política propia del sistema de democracia capitalista, incorpora al conjunto de la población al sistema político.
El golpe de Estado de Terra de marzo del 33 significo un corte en este desarrollo. Pero muy rápidamente los intereses de la burguesía industrial se hicieron sentir bajo el terrismo y la política de protección a la industria se reanudo pese a las protestas de los estancieros.
En el plano político los sectores desplazados en el 33 comenzaron a recobrar fuerza con el gobierno de Baldomir lo que se acompasa con el alineamiento irrestricto con la política norteamericana.
Los gobiernos de BALDOMIR (1938-1942), AMEZAGA (1943-1947), BERRETA (1947), BATLLE BERRES (1947-1951) y MARTINEZ TRUEBA (1951-1957) desarrollaron con continuidad y coherencia una alianza estrecha e incondicional con la política mundial y latinoamericana de los distintos gobiernos norteamericanos.
En ese periodo se desarrolla la 2° guerra mundial (39-45), la guerra fría (46-51) la guerra de Corea (51-53) y en el plano latinoamericano las tensiones entre los EEUU y los gobiernos populistas de Perón, Vargas y Cárdenas, la diplomacia uruguaya actuó en coordinación permanente como instrumento de los objetivos norteamericanos en la región y a nivel mundial.
Uruguay se pone a la vanguardia de América Latina en la doctrina del Panamericanismo que consistía en la concepción de que este continente debía estar bajo la hegemonía Norteamérica, fundamentando la intervención del mismo en cualquier país para defender sus intereses con la excusa de la lucha contra el comunismo.
Uno de los elementos jurídicos más importantes de ese momento lo constituye el Tratado de Amistad Comercial y Desarrollo Económico suscrito con los EEUU en 1949. Fue el primero de este tipo suscrito por un país latinoamericano.

A partir del 42 y sobre todo desde el 46, con Amezaga, se restablece la institucionalidad democrática burguesa y a lo largo de las décadas del 40 y 50 la burguesía industrial domina hegemónicamente al país. El sector ganadero exportador no opuso mayores obstáculos a un proceso industrializador que se volcaba al mercado interno fortaleciéndolo, proporcionándole un mercado alternativo para vender e invertir.
Del 45 al 55 la mano de obra empleada en la industria crece un 45% y la producción crece un 97%. Además la industrialización constituye un factor de estimulo a otros sectores de actividad económica e impulsa y posibilita el desarrollo de obras de infraestructura.
Dado que la producción industrial no estaba en condiciones de competir en el mercado internacional, su desarrollo se limito a la expansión del mercado interno; esto constituye uno de los fundamentos económicos de la política de redistribución del ingreso y de aumento del salario real.
Esta política de fortalecimiento del mercado interno se va a expresar en la Ley de Consejos de Salarios de 1943, en un crecimiento de los servicios de seguridad social y una política de subvenciones a ciertos artículos de primera necesidad. Hay durante ese periodo una elevación del nivel de vida de una parte considerable de la población, incluidos los trabajadores industriales. También se da un aumento de la construcción en ciudades y balnearios y un incremento importante de las inversiones públicas. Se extienden las funciones del Estado al influjo de una nueva ola de nacionalizaciones (OSE, AFE, AMDET). Al amparo de la coyuntura económica favorable hay una gran renovación del parque industrial.

El Herrerismo (pro terrateniente, ganadero y pro británico), que había sustentado el golpe de Terra, marginado luego por Baldomir (pro burguesía industrial, pro norteamericano) recompone sus vínculos con el gobierno de Luis Batlle consolidando este proceso a partir de la reforma constitucional del 51 con la instalación del gobierno colegiado presidido por Martínez Trueba. Esta incorporación a la institucionalidad de los principales partidos políticos, así como también los minoritarios, sumado a la incorporación del asalariado urbano a la vida política a través del sistema electoral, es uno de los elementos mas importantes en el mantenimiento por largos periodos de la estabilidad institucional en el país, elemento arraigado profundamente en la conciencia de los sectores populares.

En este periodo se experimenta una serie de mejoras en las condiciones de vida de los trabajadores: jubilación para trabajadores rurales y para la mujer, la jornada de 6 horas para el trabajo insalubre, la indemnización por despido, seguro de paro para trabajadores zafrales, seguro de enfermedad, hospitales y escuelas gratuitos. Todo en el marco de la institucionalidad (Consejos de Salarios, negociaciones) y la conciliación que son los rasgos imperantes en los métodos del movimiento obrero en el periodo.
La elevación del nivel de vida de amplias capas de trabajadores en el marco capitalista y de estabilidad institucional refuerza la tendencia reformista en estos sectores.

Sin embargo, a pesar de los intentos realizados desde el gobierno y posteriormente de las centrales sindicales norteamericanas por regimentar y poner bajo su control a las organizaciones obreras, esto no prospero.
A pesar de sus limitaciones, le corresponde el merito a anarquistas y comunistas el haber mantenido las posiciones de clase en el interior de los sindicatos, defendiendo la autonomía de los mismos respecto al Estado, frenando un proceso que en otros países de América termino por asimilar las organizaciones obreras al aparato estatal burgués.

En este periodo se da un hecho de fundamental importancia en la estructura social del Uruguay: la división entre terratenientes, industriales y banqueros de las décadas del 20 y 30 deja paso a la constitución de una oligarquía dueña de la riqueza sin discriminaciones y socia del capital imperialista en la explotación de los recursos naturales y el trabajo de las masas populares.

Los grandes beneficios obtenidos a partir de la segunda guerra mundial permitieron que los industriales se convirtieran en estancieros y estos a su vez en banqueros.
En la industria 6ª empresas (0,24 del total) posen un tercio del capital total de la industria, un puñado de familias controlan esas empresas, las mismas familias que se encuentran en los directorios de los 10 bancos que controlan el 80% del capital bancario, apellidos como: Olaso, Gallinal, Saenz, Mailhos, Campomar, Carrau, Frick Davies, Peirano, Santayana, etc, apellidos que se repiten también en los directorios de las filiales locales de las empresas imperialistas

TENDENCIAS EN EL SENO DEL MOVIMIENTO OBRERO A FINES DE LOS 40, PRINCIPIOS DE LOS 50

El movimiento sindical debió enfrentar varios problemas en este periodo: represión (despidos, suspensiones, auspicio al sindicalismo amarillo), negación del derecho de huelga a los funcionarios estatales, procesamientos, sumarios, utilización de la policía y el ejército para sustituir huelguistas, represión a los piquetes, etc.
El estado intento regimentar la actividad sindical en 1947, pero la resistencia de los trabajadores logro que la medida fuera abandonada.
Sin embargo una de las fuentes más grandes de la debilidad del sindicalismo clasista era su fragmentación. El movimiento se caracteriza por poner en primer lugar las diferencias tácticas por encima de toda posibilidad de acción común más allá de estrategias diferentes:
Por un lado estaban los anarco sindicalistas, que actuaban en la FORU y en sindicatos autónomos. Por otro lado los comunistas que actuaban en la UGT, los socialistas que actuaban en la CSU y en los sindicatos autónomos.
Los sindicatos autónomos presentaban una compleja formación ideológica, había trabajadores sin definición partidaria (votantes de partidos tradicionales en muchos casos), anarquistas, anarcosindicalistas, socialistas, marxistas independientes y en menor medida trotskistas.

Por otro lado existían corrientes abiertamente reaccionarias como las impulsadas por el imperialismo al interior de la CSU, tendencias cristianas organizadas en torno al periódico juventud obrera, y los intentos de conformar un sindicalismo peronista a partir del periódico CGT, intentos que fuera resistidos fundamentalmente por la izquierda en los sindicatos, así como los intentos de un sector del Partido Colorado de conformar un brazo sindical a través de la fundación de la Acción Gremial Batllista, intento abandonado ante el escaso interés despertado en los trabajadores ante la propuesta y el rechazo al proyecto de la mayoría del Partido Colorado.

El PS presento en esa época un cierto grado de heterogeneidad a la interna, donde existen algunos destacados dirigentes sindicales clasistas, pero sin embargo la tendencia dominante fue la de apoyo al imperialismo norteamericano en su enfrentamiento con la URSSS, consecuencia natural de su ideología reformista.
De esta manera la mayoría de los sindicalistas del PS aparecen vinculados al “sindicalismo libre”, integrado a las centrales internacionales dominadas por los sindicatos norteamericanos, rechazando todo contacto con sindicatos donde primaran los comunistas.

La ubicación del lado norteamericano en el enfrentamiento con la URSS se hace explicito en la resolución del congreso del 51 donde se expresa “en la lucha entre el hemisferio político democrático que encabezan los Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia, y el hemisferio totalitario que encabeza, o mejor dicho absorbe con su influencia única la Unión Soviética, el PS no puede menos de tomar posición a favor del primero.”

Al avanzar este periodo, por los años 52-54, se presentan sin embargo matices en esta política del PS, donde se dan posturas como las de enfrentamiento a las Medidas Prontas de Seguridad, la oposición al pacto militar y la denuncia de la intervención norteamericana en Guatemala.

No faltaron en nuestro país los intentos de infiltración del imperialismo en el movimiento obrero.
Los intentos de penetración directa del imperialismo en el plano sindical latinoamericano se dieron principalmente a través del IADSL, Instituto Americano para el Desarrollo del Sindicalismo Libre.
En nuestro país su influencia se da a través de la CSU que ya había surgido, con el propósito de combatir la “infiltración comunista” en las organizaciones sindicales.
Inicialmente apoya a la CSU el Partido Socialista, con su prensa y sus militantes sindicales.
Desde sus orígenes esta organización practica una política divisionista, con el fin de debilitar el movimiento, lo que hizo que no lograra un arraigo relevante en las masas.
En la época, los sindicatos autónomos clasistas y los de la central de trabajadores del Uruguay (clasista con mayoría del PC) contaban con la enorme mayoría de los sindicatos de masas del Uruguay

A mediados de la década del 50 el Partido Socialista rompió sus vínculos con la CSU y condeno su política y sus acciones

LA LUCHA DE LOS GREMIOS SOLIDARIOS: 1951-1952

Mientras los sindicatos anarcosindicalistas ortodoxos de la FORU excluían a quienes no compartían su ideología y su programa finalista, y en los sindicatos de la UGT (que se autodefinían como “unitarios”) prevalecía el monolitismo, un régimen en el que los que se oponía a su orientación política eran definidos como enemigos de la clase obrera, en los sindicatos autónomos había mas variedad de tendencias, mas alternancia en los cargos de dirección y mas participación de la masa de trabajadores.
Sectores importantes en este espacio serán la Federación Naval y el conjunto de los gremios portuarios, así como La Federación Obrera de la Industria de la Carne.

En el seno de este sector se fue procesando una nueva convergencia sindical que mas tarde será conocida como los “Gremios Solidarios”.
En 1949 surge, a instancias de la Federación Naval una coordinación sindical bajo la consigna de “Defensa de la libertad sindical y de los derechos obreros y el compromiso de que nadie traicione una huelga, sea del sector que sea”. Será antecedente inmediato de la que se forjará en torno a la solidaridad con el conflicto de ANCAP en 1951.

En junio de ese año el Directorio de ANCAP decreta el despido de varios dirigentes de la recientemente creada Asociación de Obreros Empleados y Técnicos de ANCAP ante una medida de boicot tomada solidariamente contra un barco de una empresa en conflicto con sus trabajadores.
Ante estos despidos estalla la huelga en la planta industrial. El Directorio aplicando el código penal creado pro Terra despide a 28 trabajadores, dirigentes del sindicato.
Estallado el conflicto se dispara la coordinación entre los gremios solidarios que agrupa a los Sindicatos de Acción Directa y parte de los Sindicatos Autónomos (entre ellos la Federación Autónoma de la Carne, el sindicato más fuerte del país en ese periodo). Van a la huelga los demás sindicatos portuarios, los obreros de BAO, el sindicato del automóvil, la Unión obrera textil, los sectores autónomos del transporte, la construcción, el sindicato de artes graficas, bajo la consigna “Por la libertad sindical, contra la represión estatal”. Hacia el 15 de octubre alrededor de 40 mil trabajadores están en huelga en solidaridad con ANCAP. La UGT, que respondía al PC empeñado en su política de conciliación de clases, no va a apoyar la huelga a la que califica de provocación y aventura. Sin embargo la mayoría de los trabajadores y de las barriadas obreras como el Cerro y la Teja y aun del movimiento estudiantil (la FEUU) van a tomar para si esta lucha donde se estaba no solo ante un conflicto mas, sino enfrentando a la reacción encarnada en este caso en el Directorio de ANCAP y los sectores políticos mas retrógrados, ante elementos fundamentales para los trabajadores como son el derecho a sindicalizarse y el derecho a la huelga.
Al cabo de varias semanas de huelga general el Parlamento sanciona una ley de amnistía para los trabajadores de ANCAP procesados, los despedidos son reintegrados y el sindicato es reconocido.
El año 51, aparte de registrar esta primera gran lucha de un sindicato estatal, registra también la primera huelga del magisterio que comienza a acercarse cada vez más a las posiciones de la clase obrera tanto en sus reivindicaciones como en sus métodos.

En el año siguiente se presentara al proletariado la experiencia de enfrentar las medidas prontas de seguridad tomadas por el gobierno batllista encabezado por Martinez Trueba.
La bonanza económica vivida en el país a raíz del auge de exportaciones y precios a causa de la 2º guerra mundial y en el periodo de post guerra se esta acabando y ya la lucha por arrancarle a las patronales mejoras o incluso la mantención del salario y condiciones laborales se hace mas dura. Está presente también el interés del gobierno de responder ante el triunfo huelguístico del 51.
El año comienza con varias luchas: FUNSA, metalúrgicos, bancarios.
El gobierno comienza una campaña apoyada por los medios de prensa haciendo referencia a un “ambiente subversivo”, se habla de infiltración comunista y de infiltración peronista en el movimiento de los trabajadores.
El 10 de setiembre, ante una provocación de la Intendencia de Montevideo, se desata la huelga del transporte. Al día siguiente la represión feroz se desata contra los trabajadores a partir del decreto de Medidas Prontas de Seguridad tomada por el Consejo de Gobierno.
Persecuciones, detenciones, prohibición de toda actividad sindical son las armas que usa el gobierno para quebrar al movimiento.
Gran parte de los gremios autónomos, y los gremios de acción directa fueron los que dieron esta pelea, impulsados a partir de la dirección de pequeños grupos, anarco sindicalistas y marxistas independientes sobre todo, los grandes protagonistas fueron las bases obreras por lo que el movimiento se caracterizaba por una importante improvisación y debilidad organizativa.
La UGT comunista coherente con su política conciliadora y por supuesto la USU pro yanqui se mantuvieron al margen de la lucha.
Las luchas de estos años cuentan con la introducción del elemento estudiantil a partir de las acciones de la FEUU, que encontrándose ya en pie de lucha por la autonomía universitaria en el 51, conjuntamente con estudiantes de secundaria, adopta una actitud solidaria ante las luchas obreras. La FEUU apoyara también la huelga del 52 enfrentado las medidas prontas de seguridad.
Esto en el marco de un proceso que había arrancado ya en la década anterior donde se va construyendo la posibilidad de la unidad obrero estudiantil. Varios sindicatos habían apoyado huelgas estudiantiles y la FEUU había ido marcando posiciones muy claras de apoyo a posiciones clasistas de los trabajadores (rechazando la política de apoyo a los aliados en la 2º Guerra Mundial, enfrentando el PC por ejemplo).

CONCLUSIONES:

Ante el ya reconocido reformismo del Partido Socialista y la bancarrota total del Partido Comunista, que se ha transformado rápidamente en un partido reformista también, el movimiento obrero uruguayo sigue sin tener una organización de vanguardia, que le permita dirigir sus luchas con perspectivas revolucionarias.
De esta manera, las luchas reivindicativas, que a veces se dan por temas netamente políticos, como la defensa de las libertades de los trabajadores, por heroicas que llegan a ser, terminan necesariamente por ser derrotadas.
Aun cuando se consiguen victorias parciales estas son capitalizadas por los partidos reformistas o aun por los partidos burgueses que hegemonizan políticamente al proletariado. El mismo continúa de esta manera supeditado a la política de conciliación de clases, que tiende a reforzar el sistema y no a cuestionarlo.

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