Jornadas de reflexión sobre pensamiento emancipador en los 70. Universidad de Cuyo, Mendoza, Argentina. Intervencion del SP del MRO-FRAS

08.Oct.09 :: Internacionales

El evento tuvo por tema: “El pensamiento emancipador: discursos y prácticas políticas de los setenta, su significado en el marco del Bicentenario” y se encuentra dentro del ciclo “La UNCUYO en el debate social”. Se planteó para generar la oportunidad de debatir y analizar los “discursos de la memoria” construidos sobre la década del ’70; “la teoría de los dos demonios”, “la teoría de no confrontación”, entre otros.



El jueves 10 de septiembre en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales estuvieron presentes el Sociólogo e investigador Pablo Bonavena y el Vice-Rector de la Universidad de Artes y Ciencias Sociales (ARCIS) de Chile Dr. Alexis Meza.

El viernes 11 de septiembre en el Centro Cultural Israelita, expusieron el historiador y docente de la Universidad de Chile, Dr. Igor Goicovic, junto al pensador uruguayo Mario Rossi, Secretario Político del Movimiento Revolucionario Oriental.

Documento base, presentado por los organizadores

Los setenta: los discursos de la memoria del olvido

el día o la noche en que el olvido estalle
salte en pedazos o crepite /
los recuerdos atroces o los de maravilla
quebrarán los barrotes de fuego
arrastrarán por fin la verdad por el mundo
y esa verdad será que no hay olvido
El gran simulacro. Mario Benedetti

¿En qué pensamos cuando hablamos de los setenta? El sentido común nos ofrece dos respuestas. La primera de ellas dice que fue una época violenta en que grupos de subversivos se rebelaron contra la sociedad, provocando una respuesta aún más violenta, la de la última dictadura militar de nuestra historia argentina. La segunda coincide con la anterior en que fue una época violenta, sólo que en vez de postular dos terroríficos enfrentándose nos dice simplemente que aquella última dictadura que se inició en 1976 secuestró, torturó y desapareció a nada menos que treinta mil víctimas de un terror encarnado en el Estado, que entregó niños nacidos en los campos de concentración a otras familias, que les quitó a éstos su identidad.

Ambas respuestas son más conocidas como “la teoría de los dos demonios” y la segunda es el discurso de “las víctimas del terrorismo de Estado”. Ambas teorías tienen sus autores. La primera nace inmediatamente regresada la democracia, con el “alfonsinismo”. La teoría de los dos demonios venía a mostrar que aquella guerra entre monstruos armados era ajena a la sociedad y que nada tenía que ver con esa nueva época que se abría; mientras que la otra teoría se convirtió en el discurso propio de las organizaciones de Derechos Humanos. Esta última venía, en defensa de la democracia y los derechos humanos, a defender que la dictadura había sido feroz con seres inocentes.

Junto a estas dos visiones, no contrapuestas sino políticamente complementarias en el sentido que ocultan aspectos fundamentales de la historia de los setenta, que sirven para legitimar el régimen democrático actual y que colocan en una posición pasiva al pueblo siempre ajeno a los “demonios” o a los militantes como simples “víctimas inconscientes”, en estos últimos años la tergiversación histórica ha culminado con el kirchnerismo. El oficialismo se ha atribuido a sí mismo la herencia de esos años de lucha verdaderamente popular, pero ha borrado de esa memoria los planteos por el Socialismo por el que se luchaba, reduciendo la militancia setentista a una simple lucha contra la dictadura y por la democracia que “disfrutamos”.

¿Qué significa todo aquello? Significa que nos han querido devolver una memoria falseada. Entre los olvidos cometidos se encuentra el hecho de que los setenta fuera una época de franca disputa política, que existieron dos proyectos de país opuestos y que la guerra que se estaba librando era esa. Que amplios sectores del campo popular, organizados en diferentes organizaciones políticas y de diverso espectro ideológico (marxismo, peronismo, etc.) luchaban ya no por una democracia que sabían sin garantías, pues lo habían vivido en carne propia, sino por una sociedad socialista; y lo que es aún más importante es que lo hicieron con absoluta conciencia de su proyecto y de los riesgos del mismo.

Esto desmiente tres puntos fundamentales: el primero, que la lucha no era entre demonios que nada tenían que ver con el “ciudadano común”, sino por el contrario, que la disputa era verdaderamente entre clases sociales, por lo cual no era, no podía ser y no lo es hoy, ajena al pueblo. Segundo, que los militantes desaparecidos, torturados, asesinados no fueron “víctimas”, sino hombres y mujeres que perdieron una guerra y que se sabían conscientes de las represalias, porque las torturas y desapariciones no comenzaron en 1976, basta recordar a los fusilados de José León Suárez, basta recordar la Triple A de López Rega, anteriores al genocidio del último proceso. Y por último, muestra que los opuestos de la lucha no eran democracia-dictadura como nos ha enseñado el sentido impuesto, sino socialismo-capitalismo.

Lo que queda por responder es ¿qué sentido tiene tanto ocultamiento, tanto olvido deliberado, tanta farsa construida? Pues, por el puro interés político. Era necesario, para detener el avance del pueblo en los setenta, desarmarlo ideológicamente, quitarle su historia, sus organizaciones, asimilar de una manera inofensiva aquella experiencia. Para que el pasado no despertara las mentes, sino que las durmiera. Hoy, tales son las consecuencias. El desarme ideológico fue óptimamente logrado y una vez efectuado ya no fue necesario recurrir al obsceno uso de la violencia castrense, sino que alcanzaba con una democracia que simulara no pertenecer a aquel pasado oscuro, que fuera límpida, clara. Incluso tuvo el atrevimiento de enjuiciar a sus creadores, luego los perdonó. Volvió a arremeter contra ellos, etc. Lo importante era que el pueblo estaba domesticado.

Ante tal amansamiento es necesario hacer memoria, criticando la memoria de lo que dicen recordar pero que ocultan y falsean para dejarnos sin historia. Éste es el sentido de estas Jornadas.

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TEMA PRESENTADO POR MRO-FARO, por intermedio del Secretario Político MARIO ROSSI en el FORO-DEBATE efectuado los días 10 y 11 de Setiembre de 2009 en la UNIVERSIDAD DE CUYO –MENDOZA (ARGENTINA).

LA EMPECINADA LUCHA DE CLASES EN LA FASE SUPERIOR DEL CAPITALISMO: EL IMPERIALISMO

La explicación de la lucha de clases en nuestros países latinoamericanos de la década del 70, solo puede interpretarse a la luz del instrumento científico de análisis de la clase trabajadora: el materialismo dialéctico e histórico.

Por la principal ley de la dialéctica de lucha y unidad de los contrarios, en los 70, se vivió una etapa de la contradicción fundamental que rige nuestra época, la lucha entre el capitalismo y el socialismo.

Esta contradicción se caracteriza por ser, por su resolución, antagónica e irreconciliable, por lo que se resuelve violentamente.

El capitalismo desarrolla en su seno una contradicción principal, que en los países imperialistas es burguesía-proletariado y en los países dependientes es imperio-naciones. Estas contradicciones también por su resolución son de carácter antagónico e irreconciliable.

No existen intereses comunes entre el socialismo (socialización de los medios de producción) y el capitalismo (privatización de los medios de producción) como tampoco existen intereses comunes entre los objetivos de la burguesía (acumulación privada, ganancia, plusvalía) y los objetivos del proletariado (reparto social de la riqueza, salario) y de la misma forma entre los objetivos del imperialismo (explotación y opresión de los pueblos) y los objetivos de los pueblos (liberación y lucha por el socialismo).

De estas contradicciones, la fundamental es la que abarca todo el arco histórico de la lucha entre capitalismo y socialismo y la contradicción principal es la que agudiza una etapa de ese arco histórico. Esta varía de acuerdo al desarrollo del capitalismo. En la primera mitad del siglo XX la contradicción principal era las guerras inter-burguesas que facilitaron la revolución soviética, la china y el proceso de descomposición del sistema colonial y que se transforma esa contradicción de guerras inter-burguesas, tras la Segunda Guerra Mundial, en la contradicción principal de imperio-naciones que generan los procesos de guerras de liberación en la segunda mitad del siglo XX hasta nuestros días.

Por lo expuesto, los procesos revolucionarios en la década del 70 fueron analizados a la luz de la aplicación de principios ideológicos del proletariado (materialismo dialéctico e histórico) y posteriormente llevados a la práctica de la lucha de clases con una estrategia y tácticas políticas revolucionarias determinadas.

La estrategia de liberación nacional y social de la clase trabajadora junto a los sectores populares hacia la toma del poder político y la destrucción del aparato burocrático militar de la burguesía aliada al imperialismo es el resultado de la estructura económica social y política, es el factor objetivo y la coyuntura permite en circunstancias determinadas pegar saltos históricos hacia los objetivos de la revolución social.

En aquellos años, en los sectores de la lucha por el socialismo, había mucha identidad en el diagnóstico de las condiciones objetivas, donde saltaban las diferencias era cuando se discutía el factor subjetivo o sea la construcción del partido revolucionario, el lanzamiento de la lucha armada, insurrección o frente guerrillero, revolución en dos etapas (democrático-nacional y posteriormente construcción del socialismo o en una sola etapa ininterrumpida) los métodos, etc.

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