Argentina: Comunicado sobre represión a trabajadores de Kraft/Terrabusi

El viernes 25 de setiembre, casi simultáneamente con el caluroso abrazo de Cristina Kirchner, en la cumbre del G-20 en Pittsburg, con el presidente de los Estados Unidos, Barak Obama, en Argentina se iniciaba el operativo represivo de desalojo de la planta de Terrabusi (propiedad de la estadounidense Kraft), ocupada por los obreros. 65 detenidos y 10 heridos fue el resultado de la acción policial diseñada por el ministro del Interior del gobierno nacional, Aníbal Fernández, y el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli.



DESESTABILIZACIÓN ES GOBERNAR CONTRA LOS TRABAJADORES Y EL PUEBLO

A lo largo de este conflicto entre los trabajadores argentinos y la patronal yanqui, el gobierno nacional violó constantemente las leyes, al no hacérselas respetar a la empresa extranjera y al emplear la violencia contra los trabajadores que luchan en defensa de su fuente de trabajo. La presidente Kirchner se pone contenta porque en la declaración final del G-20 no figura el trabajo flexibilizado y sí se habla de trabajo digno, pero al mismo tiempo, en el país que representa se ataca a los obreros que resisten las políticas de flexibilización de las patronales. Por su parte, la oficialista Confederación General del Trabajo repudia la represión pero hace un “llamado a los trabajadores organizados a no caer en la provocación ni en el reclamo desmedido, que sin dudas es funcional a la derecha económica”, o sea que para la CGT la reincorporación de los despedidos es “un reclamo desmedido”. Según la CGT los obreros que fueron echados de su trabajo deben hacer un aporte solidario a la “estabilidad” del país, y aceptar mansamente su nuevo destino de desocupados. Otra actitud es, según la CGT, “funcional a la derecha económica”. Desde el FAR nos preguntamos si no es “de derecha” echar a trabajadores y que el gobierno nacional, en vez de enfrentar resueltamente a la empresa yanqui, castigue a los obreros. En medio de las repercusiones sociales y políticas de la represión, el ministerio de Trabajo actuó prácticamente como vocero de Kraft, leyendo la declaración de esa empresa donde se “compromete” a mantener los puestos de trabajo… ¡de los que no fueron despedidos!; y donde anuncia que los salarios serán pagados regularmente, como si eso fuera una concesión, cuando es el deber de la empresa que, actualmente, se demora en los pagos, adeuda quincenas y ha realizado lockouts en más de una ocasión en medio de este conflicto. O sea, esta declaración de la empresa es una tomadura de pelo porque pone como “anuncio” algo que no es ningún anuncio, sino más de lo mismo. Por su parte, el sindicato de la alimentación, integrante de la CGT, estuvo ausente en esta lucha, o dicho correctamente, estuvo del lado de la patronal, traicionando a su clase. Lo mismo ocurre con la UTA (también integrante de la CGT), en subterráneos. Cuando se da la situación de que hay un cuerpo de delegados combativos, que impulsan la unidad consecuente de los trabajadores y que son eficientes para conquistar sus reivindicaciones (porque hasta el momento siempre han venido ganando sus luchas), ¡oh casualidad!, la UTA está en contra de ellos y, conjuntamente con el gobierno, hace todo lo posible por desarticular la organización sindical combativa. Esta actitud es típica de la burocracia, cuyo accionar es oportunista y demagógico. De la misma forma y por su parte, el gobierno nacional le niega a los trabajadores de subterráneos la personería legal para poder actuar independientemente de UTA, el sindicato que los traicionó. Lo mismo ocurre para con la Central de los Trabajadores Argentinos y la siempre prometida por el gobierno, y jamás cumplida, personería gremial para esa Central.
Los que desestabilizan el país no son los trabajadores, que son el sujeto de la Patria, sino los gobiernos provincial y nacional con sus decisiones al servicio de los capitalistas. Los despidos y el hambre, resultado de la política burguesa, son los que desestabilizan a la sociedad y al propio gobierno, no la inevitable y necesaria resistencia popular que las agresiones capitalistas provocan.
En la hipótesis de que Kraft, empresa yanqui, estuviera actuando con fines desestabilizadores contra el gobierno, provocando el conflicto, es el gobierno con su estupidez el que garantiza el éxito de esas maniobras. Son la CGT y el gobierno los que ideologizan la situación cuando se trata de juzgar a los trabajadores en lucha, porque como respuesta al hecho objetivo, incontrastable e indiscutible de los despidos culpabilizan a la resistencia obrera de “ultra izquierdista”, cuando la agresión es claro que es de la patronal.
Desde el FAR manifestamos nuestra solidaridad con los trabajadores de Terrabusi-Kraft y repudiamos terminantemente, al mismo tiempo, al gobierno, a la CGT y a todos aquellos que comulgan con el elitismo burgués que sólo sabe criminalizar la resistencia obrera y popular en vez de enfrentar decididamente a los enemigos del pueblo y la nación.

REPUDIAMOS A LA BUROCRACIA SINDICAL, TRAIDORA A LA CLASE OBRERA
POR LA REINCORPORACIÓN DE TODOS LOS DESPEDIDOS
POR EL PARO ACTIVO NACIONAL CONTRA EL AJUSTE Y LA FLEXIBILIZACIÓN LABORAL

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