FARO Documento 3 - Táctica Reformista


A LOS COMPAÑEROS
Este es un trabajo colectivo, producto del esfuerzo de muchos años de diversas organizaciones, partidos y dirigentes políticos y militares, dentro y fuera del país.
La recopilación de los materiales teóricos que le ha servido de base, es patrimonio con carácter general para cualquier organización revolucionaria, por la cual un equipo de compañeros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias “orientales”, le han agregado una definición concreta sobre cada tema objeto de controversia, así como sobre otros puntos que hemos juzgado conveniente completar o ampliar.
Una y otros son el resultado de la lucha revolucionaria, que con sus reveses y sus éxitos, con sus presos y sus torturados, con sus mártires y con sus muertos, han logrado transformar la dura experiencia, en luminosa teoría de la liberación.
Nuestra más cara aspiración es que esta labor de estudio y sistematización contribuya a forjar, en la difícil lucha que nos espera, la unidad de todos los revolucionarios, como un anticipo precursor de la unidad más amplia de todos nuestros pueblos en la guerra popular.

B – LA TÁCTICA

Si la estrategia era el estudio de lo general, la táctica tiene que ver con lo particular, con lo concreto, también el tiempo y en el espacio.
En el tiempo, mientras la estrategia atiende a los fines, a la toma del poder por el proletariado, la táctica se refiere a los medios de lucha. En el espacio, mientras la estrategia estudia la lucha continental y regional, la táctica se refiere específicamente al Uruguay.
La conocida consigna del MLN de “aquí y ahora”, encierra una gran verdad táctica, que no se refiere a la estrategia, y que como lo dicen sus propios documentos, no excluye la posibilidad de la lucha continental y regional.
Pero en lo táctico, el “aquí y ahora” lo expresa todo, ya que en resumen significa: “Lucha armada aquí y ahora”, con lo cual se está pronunciando y poniendo todo su énfasis sobre el medio de lucha que debe prevalecer.
El marxismo-leninismo enseña que los revolucionarios deben utilizar todos los medios de lucha, lo que es absolutamente correcto, pero cuando se dice todos, significa todos, y no sólo los medios pacíficos, como lo viene sosteniendo, negando a Lenin, el reformismo de los Partidos Comunistas. Porque la lucha armada es un principio táctico y no meramente estratégico o para las calendas griegas, como lo sostiene por ejemplo R. Arismendi, cuando se dedica a distinguir con bizantina suficiencia entre medios de lucha, vías y caminos, con la muy elemental finalidad de postergar para un futuro indefinido la lucha armada.
El problema táctico de los medios de lucha es el que divide hoy profundamente los campos en el problema de la liberación nacional, dando lugar a la formación de dos grandes corrientes:
a) el reformismo, que aunque proclama en lo estratégico y para quien sabe cuantos teóricos años a la lucha armada como la vía más probable del proceso de liberación, en lo táctico, en el “aquí y ahora “ se pronuncia sólo por los medios de lucha pacífica.
b)la revolución, que afirma que deben utilizarse todos los medios de lucha, incluyendo desde ahora la lucha armada.

1 – LA TÁCTICA REFORMISTA
Las diferencias entre ambas concepciones deben ser analizadas en los dos planos: el político, y el social o de masas. En lo político, el reformismo afirma en los hechos como medio fundamental de lucha el electoral y parlamentario, en tanto que la revolución entiende como fundamental la lucha armada. En lo social o plano del movimiento de masas, a través de la “concientización” de los medios culturales y de la motivación reinvindicativa, mientras que la revolución desarrolla el concepto de frente de masas o de acción directa, que es un frente de acción de nivel elevado que va hasta la acción armada de masas.
En estas etapas todavía incipientes del proceso revolucionario, ambas formas de lucha se confunden a veces, por un lado, los reformistas proclaman su apoyo teórico y “estratégico” a la lucha armada, y los revolucionarios no han abandonado todavía totalmente algunas formas de lucha de la etapa legal, ya que el desarrollo del proceso todavía no se los ha exigido y existe una obvia conveniencia en combinar formas de lucha de la etapa legal, ya que el desarrollo del proceso todavía no se los ha exigido y existe una obvia conveniencia en combinar formas de luchas legales con las ilegales.
Pero esto no impide distinguir uno y otro campo, de acuerdo con la diferencia existente en las prioridades que cada uno da a uno y otro medio de lucha. Mientras los reformistas sacrifican todo lo que sea necesario y llegan incluso a la traición, para conservar su legalidad y poder participar en las elecciones, tratando a toda costa de evitar que les cierren sus locales y su diario, por medio de una política de mansedumbre y diálogo, en la que sólo agitan consignas defensivas y a la vez siguen trabajando para realizar alianzas con sectores de la burguesía llamada liberal, para todo lo cual se ven obligados a entregar uno tras otro los movimientos reivindicativos de los sindicatos, los revolucionarios en cambio, prosiguen su lucha poniendo en primer término las acciones armadas, aunque ello les vaya significando cada vez más la pérdida de la legalidad de sus organizaciones y medios de expresión, y el pasaje de cada vez más cuadros a la clandestinidad, porque esto tiene la ventaja grande de ir preparando a los cuadros para futuras luchas, de ir aprendiendo las nuevas formas de propaganda ilegal, de mantener la iniciativa armada y la ofensiva política, y de encauzar a las masas sin renunciamientos, aumentando incesantemente su agresividad.
Para todo esto, se hace necesaria caracterizar prolijamente una y otra política, la reformista y la revolucionaria, en el movimiento político y en el movimiento social o de masas.

En lo político: (a los efectos de caracterizar bien el reformismo o revisionismo, transcribiremos un excelente artículo del chileno Galvarino Guerra, con múltiples citas de Lenin, sobre el tema: “La unidad popular y el marxismo-leninismo”, que pensado y escrito para Chile, tiene sin embargo la más rigurosa actualidad también para el Uruguay).
“Los trabajadores oprimidos por las clases dominantes en la sociedad capitalista, solo poseen su fuerza de trabajo. Las industrias, las tierras y las riquezas en general, los medios publicitarios, prensa, radio, televisión, etc. las fuerzas armadas, el Parlamento y otras instituciones, pertenecen o están bajo control de los patrones, de un sector minoritario de la sociedad. El control del poder por dichos sectores dominantes no es más que la cristalización suprema de su dominio sobre la sociedad entera.
“Los sectores explotados, sin embargo, poseen para liberarse de sus opresores, una ventaja fundamental: la fuerza de su número. Ellos constituyen la mayoría aplastante de la población y quienes los sojuzgan son apenas un puñado insignificante. Esa fuerza de número, transformada en lucha revolucionaria sobre la base de una orientación correcta, es un factor esencial para derrotar a las clases dominantes arrebatándoles el poder.
“Las masas populares, sin embargo, para hacer pesar la fuerza de sy número necesitan unirse, de manera de poseer y oponer al máximo de fuerzas posibles contra sus enemigos de clase. Los sectores explotados dispersos y divididos no pueden enfrentar con éxito la lucha por su emancipación.
“Una de las razones básicas por las que el proletariado está destinado a ser la fuerza dirigente del pueblo en la lucha revolucionaria, es porque la industria y las otras actividades donde trabaja tiende a agruparse, a unirlo. Esta concentración del proletariado, producida por el propio desarrollo de la sociedad capitalista, crea hábitos de lucha colectiva, a diferencia, por ejemplo, del pequeño burgués que labora disperso, en reducidos núcleos y a menudo aislado individualmente.
“Los sectores explotados, por la propia práctica de la lucha, aprenden a valorar la importancia de la unidad y la fuerza que les da a sus demandas y acciones el actuar colectivamente. Esto engendra en ellos un aprecio por sus organizaciones y un sólido espíritu de disciplina de cuerpo del que carecen frecuentemente los sectores pequeño-burgueses.
“En nuestro país, este sentimiento unitario de los trabajadores tiene ya una larga tradición, en general, los intentos de los sectores reaccionarios – nacionales y extranjeros – de abrir paso al paralelismo sindical han fracasado.
“La unidad de los explotados, sin embargo, no tiene ningún valor positivo si ella no se construye y desarrolla en torno a objetivos y métodos revolucionarios de acción. La gente en la sociedad humana no se une por mero instinto gregario. Se une en torno a principios y propósitos comunes. Son éstos principios y métodos comunes de acción de los trabajadores los que determinan si esa unidad servirá o no a sus intereses de clase. Si los explotados se unen en torno a principios y procedimientos de acción contrarios a sus intereses, toda la fuerza, toda la eficacia de la unidad, actuará en contra de ellos, se transformará en un formidable obstáculo a su liberación en lugar de ser un arma eficaz de esa liberación.
“De lo anterior se desprende que la pregunta más fundamental que deben plantearse los trabajadores respecto a su unidad es para qué estamos unidos y en torno a qué principios y métodos de lucha?
“Sin responder a esta pregunta es imposible aclarar si la unidad está sirviendo los intereses de los explotados o está jugando a favor de los explotadores.
El vociferar, por lo tanto, por la “unidad”, por cualquier género de la unidad, negándose a examinar y a rendir cuenta ante las masas de las razones de principio y de los métodos de acción que inspiran dicha unidad, oculta siempre el propósito de aprovechar el sentimiento unitario de los trabajadores en contra de sus intereses, puesto que la unidad debe ser consciente, nadie – salvo los oportunistas – pueden negar el derecho a las masas populares a conocer claramente porqué y para qué esta unidad.
“Para valorar el planteamiento anterior es preciso tener en cuenta que en toda guerra y la guerra de clases no es una excepción, el enemigo actúa tanto combatiendo frontalmente al adversario, como infiltrándolo en sus filas para descomponerlo. Es un hecho, por consiguiente, que las clases explotadoras harán el máximo de esfuerzo para infiltrar a sus agentes en el seno de las organizaciones unitarias de los trabajadores, para que desvíen y tergiversen la orientación de dichas organizaciones, poniéndolas al servicio del enemigo de clase. “Hacemos constar el hecho, escribe Lenin, indiscutible de que los obreros de la mayor parte de los países europeos han sido engañados por la unidad ficticia de los oportunistas”.
“Si ocurre lo que hemos señalado, si los agentes del enemigo se han infiltrado en las filas de los trabajadores, más aún si ocupan puestos dirigentes en sus organizaciones y son ellos los que están orientando la acción de sus organismos unitarios, esa “unidad” estará sirviendo sin duda alguna a los explotadores. Al “unirse con oportunistas (aunque sean renegados que provienen de las propias filas del pueblo), los trabajadores no se están uniendo entre sí y en beneficio de éste, sino que de hecho se están uniendo con el enemigo y en beneficio de éste.
Tales oportunistas al servicio del enemigo se esfuerzan siempre por aprovechar el sentimiento unitario de los trabajadores para impedir de que se les pida cuenta de la orientación reaccionaria que ellos imprimen a los organismos de los trabajadores que controlan. Una vez lograda esta unificación de las masas en torno a una política contrarrevolucionaria, serán los más fervientes defensores de esa “ unidad” tan favorable a sus patrones de la burguesía. Todo aquel que se les oponga, que critique su orientación retrógrada o siquiera que les pida cuenta de sus actuaciones será tildado de “divisionista”, de “antiunitario”, de “enemigo de la organización de los trabajadores”. Realizan de este modo un verdadero chantaje por un falso concepto de unidad y terminan ellos – agentes del enemigo – por apoderarse de la representación total de las organizaciones de masas calificando toda oposición a su actividad y línea reaccionarias como un ataque a la “unidad” y a la organización misma.
“Esta es la conducta precisamente de algunos dirigentes máximos de la Central Unica de Trabajadores (CUT), cuyo papel de servidores de las clases dominantes resulta cada vez más claro y más resistido por los trabajadores de base de dicha central.
“En el fondo lo que se trata es de hacer un ruido ensordecedor en torno a la palabra “unidad”, para que los trabajadores no se pregunten hacia adonde se les arrastra en nombre de la unidad. “No debemos descarriar, señalaba F. Engels, por el clamor a favor de la “unidad”. Quienes pronuncian con mayor frecuencia esta palabra son quienes sembraron las mayores disensiones… Estos fanáticos de la unidad son, o bien gentes de inteligencia limitada que quieren resolverlo todo en un complot sin precedentes, que en el momento adecuado haga que las diferencias se tornen una oposición más aguda aún… o bien son gentes que, consciente o inconscientemente, quieren tergiversar el movimiento. Por esta razón, concluye, los más grandes sectarios y los más grandes camorristas y pillos” son en ciertos momentos los que gritan más fuerte a favor de la unidad”.
Nadie nos ha dado en la vida tanto que hacer y nadie ha sido traicionado como los gritones por la unidad. La causa de que los gritones por la “unidad”, que denuncia Engels sean precisamente los más grandes oportunistas y divisionistas, son perfectamente claras: ellos no pueden fortalecer la real unidad de los trabajadores apelando a su conciencia, por la sencilla razón de que están invocando una línea al servicio de sus enemigos. Por lo mismo, se limitan a levantar un griterío reclamando “ la unidad” a cualquier precio, para que no se discuta y se ponga en evidencia su papel de agentes reaccionarios. Por ello, Lenin, por su parte, señalaba: “ le diré francamente que estoy más temeroso que de todo, en estos días, de este unificacionismo indiscriminado, que, en mi convicción, es el más peligroso y el más perjudicial para el proletariado”.
El argumento del número. Luego que estos oportunistas levantando su griterío por la “unidad” y engañando a los trabajadores, logran agrupar a amplios sectores de masas en torno a una orientación revolucionaria tergiversada, utilizan como argumentos para afianzar sus posiciones y su actuación, este mismo hecho. Las masas nos siguen, dicen, y esto demuestra que tenemos razón, que nosotros somos los verdaderos representantes de la “unidad” de los trabajadores y que el resto son divisionistas. La fuerza del número, que mide la profundidad de su engaño oportunista, la esgrimen como argumento para justificar y ocultar dicho engaño.
Sin embargo, el número de trabajadores que sigan una orientación contraria a sus intereses, no cambia el carácter reaccionario de esa orientación. Un hecho de esta especie sólo marca el retraso en que se encuentra el proceso revolucionario, señala lo mucho que hay que hacer aún para que los trabajadores se unan en torno a una línea correcta, y muestra, de paso, el nefasto papel que juegan los servidores del enemigo infiltrados en el pueblo. Con razón, Lenin decía: “ La práctica ha mostrado que estas gentes activas en el movimiento obrero que adhiere a la tendencia oportunista son mejores defensores de la burguesía que la propia burguesía. Sin si dirección de los obreros, la burguesía no podría permanecer en el poder”.
No se trata, por lo tanto, de aliados de segundo orden de la burguesía, son, como lo señala Lenin, sus mejores defensores, son elementos indispensables para que los explotadores puedan mantener su dominación. El número de los trabajadores que hayan logrado engañar, por lo tanto, lejos de justificar que se acepte que sigan encaramados en puestos dirigentes de los organismos de los trabajadores, indica la urgencia de desenmascararlos y expulsarlos de ellos.
Es posible que la reunificación de los trabajadores en torno a una línea y a acciones favorables a sus intereses, comience por un núcleo reducido de ellos. Sin embargo, ésa será la verdadera unidad, la única que tiene futuro, la que sin duda, será adoptada tarde o temprano por la mayoría de los trabajadores. ¿Debilidad numérica? Decía Lenin.
Pero desde cuando plantean los revolucionarios su política en función de “que si constituye una mayoría o una minoría”. Cuando en noviembre de 1914 nuestro partido anunció la necesidad de separarse de los oportunistas… a muchos esa declaración les pareció una mera extravagancia sectaria de gente colocada al margen definitivamente de la vida y la realidad. Han pasado los años y ved lo que sucede”
Ningún revolucionario consciente, por lo tanto, puede hacer el menor caso a los oportunistas que pretenden justificar su actividad antipopular contabilizando a cuantos trabajadores han logrado temporalmente engañar o cuando intentan minimizar a quienes sostienen una posición revolucionaria y de denuncia a su traición, calificándolos de “grupúsculos, de pequeños grupos de aventureros,
etc.”. Los auténticos internacionalistas revolucionarios son numéricamente débiles? Señala Lenin. Qué me cuentan!… pero al cabo de algunos años esas mismas unidades, esa misma minoría, según dicen tan insignificante, sirvió de guía a las masas, a millones y decenas de millones de hombres. Porqué? Porque esa minoría representaba efectivamente los intereses de esas masas, porque creían en esa revolución venidera, porque estaba dispuesta a servirla con una fidelidad sin reservas”
Sin duda que si las grandes masas explotadas estuvieran ya ganadas y unidas en torno a principios y acciones revolucionarias, el momento del derrocamiento de los explotadores estaría más cercano. La lucha contra el engaño de los oportunistas, por lo tanto, no es un proceso ajeno o colateral al desarrollo de la revolución, es una parte fundamental e ineludible de este proceso. Esa batalla, por consiguiente, hay que darla resueltamente y sin vacilación alguna, cualquiera sea la magnitud de la influencia de los oportunistas.

Las causas del oportunismo
Los dirigentes oportunistas del pasado y ahora – aunque sean por extracción de clase, obreros, no pertenecen al movimiento proletario. Han renunciado a los intereses y a la ideología de su clase para servir a sus enemigos. Se puede suponer que un obrero de base, con insuficiente formación política, siendo honesto y de buena fe se encuentre engañado por las prédicas de los oportunistas. Al seguir esas orientaciones dicho obrero de base está de hecho perjudicando sus intereses y empeorando sus condiciones de vida. El no recibe ninguna prebenda por seguir al oportunismo y no lo hace concientemente. No ocurre lo mismo, sin embargo, con los dirigentes. Las denuncias de los marxistas-leninistas contra las tesis y las actuaciones de los oportunistas se han desarrollado por más de un siglo y ningún dirigente medianamente informado puede alegar – para disculpar su oportunismo – que desconoce dichas denuncias. Es un hecho claro, además, que tales dirigentes no se perjudican a título personal con su oportunismo y, por el contrario, que ese oportunismo es el medio que les permite gozar de una serie de prebendas y franquicias con que la burguesía compra sus servicios. Los propios métodos torcidos que utiliza para mentiras, intrigas, sobornos, etc. Indican muy claro que no se trata, precisamente, de gentes honestas, y de buena fe engañadas. Se trata de individuos plenamente conscientes de su papel de renegados.
Las causas del oportunismo o para decirlo más claro, los medios con que la burguesía compra traidores en el seno de los trabajadores, han sido también ampliamente analizados por los grandes líderes revolucionarios marxistas. Entre ellos se cuentan: la influencia de la ideología y de la moral pequeño-burguesa y burguesa en las filas del proletariado, el desclasamiento de ciertas capas privilegiadas del proletariado, el soborno directo de los patrones, el temor a la lucha revolucionaria y el anhelo de conquistar un reconocimiento legal de la burguesía, conciliando con ella la burocratización de algunos dirigentes políticos o sindicales que vegetan como funcionarios por años de años, desligados del trabajo productivo y de la explotación que sufre su clase, el usufructo de negociados tolerados por las clases dominantes, así como de los beneficios de instituciones burguesas como el Parlamento y otras, etc.
“Los oportunistas – dice Lenin – son en efecto un elemento no proletario, hostil a la revolución socialista. Es indudable, agrega, que este elemento social ha crecido con rapidez en los últimos años: funcionarios de sindicatos legales, parlamentarios y otros intelectuales cómodos y obreros mejor retribuidos, etc.” las instituciones políticas del capitalismo moderno - señala en otra parte – prensa, parlamento, sindicatos, congresos, etc. han creado privilegios y dádivas políticas, correspondientes a las económicas, para los obreros respetuosos, mansitos, reformistas y patrioteros. La burguesía imperialista atrae y premia a los representantes y partidarios de los partidos obreros burgueses con lucrativas sinecuras en el gobierno… En el Parlamento y en diversas comisiones, en las redacciones de periódicos legales serios, o en la dirección de sindicatos obreros menos serios y obedientes a la burguesía.
“A estos sobornos que emplea el gobierno capitalista para descomponer y utilizar en su beneficio a algunos dirigentes obreros, se agregan los que utilizan por su cuenta los propios capitalistas en cada una de sus empresas. Estos van desde la adulación al arribismo, hasta la concesión a esos dirigentes “respetuosos”, “mansitos”, “reformistas”, de toda clase de granjerías materiales, mejores salarios, modificaciones extras, facilidad para adquirir o arrendar casas, viáticos, movilización, etc.

El disfraz de marxista
Si los dirigentes oportunistas se presentaran ante las masas como lo que son: como servidores de los patrones y de sus gobiernos, es obvio que cumplirían muy mal su papel de engañar a los trabajadores. En tal caso sólo podrían – como ha sucedido algunas veces en nuestro propio país – permanecer en sus cargos protegidos por la policía y en medio de una dura represión a los trabajadores. Sin embargo, los explotadores y sus gobiernos se esfuerzan porque los trabajadores no adviertan que la represión y el engaño sirven a los mismos intereses reaccionarios e intentan presentar estos procedimientos básicos de la explotación por separado y aún a los que los aplican en aparente oposición.
Por lo mismo, los oportunistas aparecerán muchas veces realizando protestas (de los labios para afuera) contra la represión, mientras de hecho le abren sembrando la conciliación de clases y frenando la lucha de masas que puede oponérsele. La actitud de ciertos dirigentes amarillos de la CUT frente a la prisión de los obreros de SABA es muy ilustrativa de esta conducta hipócrita de los oportunistas.
Más aún, los oportunistas, para embaucar a las masas no trepidan en presentarse como “marxistas” y como “revolucionarios”. Mientras están haciendo en la práctica la más grosera falsificación del marxismo. Incluso la sistematización de este engaño llega al punto de que constituyan “partidos obreros burgueses”, que levantan la bandera del “marxismo”, naturalmente de un marxismo adulterado, “revisado por ellos” por eso se les llama “revisionistas”, para castrarlo de todo su contenido revolucionario. “Donde el marxismo es popular entre los obreros – dice Lenin – esta corriente política, este partido “obrero burgués” invocará a Marx y jurará en su nombre. No hay modo de prohibírselo, como no se le puede prohibir a una empresa comercial que emplee cualquier etiqueta, cualquier rótulo, cualquier anuncio. En la historia ha sucedido siempre que después de muertos los jefes revolucionarios cuyos nombre son populares en las clases oprimidas, sus enemigos han intentado apropiárselos para engañar a esas clases”. “El revisionismo – señala en otro punto Lenin – o “revisión” del marxismo es una de las principales manifestaciones, sino la principal de la influencia burguesa sobre el proletariado y de la corrupción burguesa de los proletarios” Y en otro lugar: “La dialéctica de la historia es tal, que el triunfo teórico del marxismo obliga a sus enemigos a disfrazarse de marxistas”.
No es novedad histórica, por lo tanto, que los más redomados oportunistas que comandan los “partidos obreros burgueses”, utilicen engañosamente los nombres de “marxistas, “comunistas” o “revolucionarios”. No es difícil, sin embargo, examinando sus puntos de vista y sus acciones determinar si lo son realmente o solo se trata de impostores como es el “partido obrero burgués” bajo el falso rótulo de Partido “comunista” de Chile. El tongo que realiza la burguesía - que a lo sumo tiene con ellos una contradicción electoral – presentándolos como auténticos comunistas y atacándolos, no es más que parte del juego y está destinado a “prestigiarlos” facilitando su engaño a las masas.

Plataforma de los oportunistas de derecha
“Aunque la mona se vista de seda mona se queda” dice un conocido refrán. Aunque los oportunistas se disfracen de “marxistas”, es suficiente conocer sus planteamientos y afortunadamente – como decíamos antes – la lucha de los marxistas –leninistas contra los oportunistas lleva ya más de un siglo. Como éstos, por lo general, no han hecho en la actualidad más que reiterar los planteamientos y acciones de sus antecesores, no es difícil descubrirlos y desenmascararlos”.
Veamos algunos de los planteamientos clásicos de los oportunistas y constataremos que se parecen como una gota de agua a otra, a los del señor Corvalán y Cía. “ Los señores oportunistas…, escribe Lenin, se burlan de la doctrina de Marx y “enseñan” al pueblo que el proletariado debe primero, conquistar la mayoría mediante el sufragio universal, recibir, después, el poder estatal merced a los votos de esta mayoría y, finalmente, sobre esta base de la democracia “consecuente” – otros la llaman pura – organizar el socialismo. Pero nosotros que nos basamos en la doctrina de Marx y en la experiencia de la revolución rusa, decimos: el proletariado debe derribar primero a la burguesía y conquistar el Poder Estatal, utilizando después ese poder estatal, es decir, la dictadura del proletariado, como instrumento de su clase a fin de conquistar la simpatía de la mayoría de los trabajadores”.
En otro punto Lenin opina: “La sola idea de subordinar a los capitalistas pacíficamente a la voluntad de la mayoría de los explotados, de la transición pacífica y reformista al socialismo, no solo es una extrema estupidez filistea, sino además un engaño directo a los obreros, un embellecimiento de la esclavitud asalariada capitalista, un ocultamiento de la verdad, la verdad es que la burguesía, aún la más instruida y democrática, no vacila en recurrir a cualquier crimen, en masacrar a millones de obreros y campesinos, con el objeto de salvar la propiedad privada de los medios de producción. Solo el derrocamiento violento de la burguesía, la confiscación de su propiedad, la destrucción de todo el aparato estatal burgués, de arriba abajo: parlamentario, judicial, militar, burocrático, administrativo, municipal, etc. hasta la misma expulsión general e internación de todos los explotadores más peligrosos y obstinados… sólo semejantes medidas pueden asegurar la subordinación real de toda clase de explotadores.”
En otras partes de su obra, Lenin, describiendo más en detalle la labor de los oportunistas, señala: “ negar la revolución socialista y sustituirla por el reformismo burgués, negar la lucha de clases y su ineludible transformación en determinados momentos, en guerra civil, y propugnar la colaboración entre las clases, predicar el chovinismo burgués bajo el nombre del patriotismo y en defensa de la patria…, limitarse, en la lucha contra el militarismo, al punto de vista sentimental pequeño burgués en vez de reconocer la necesidad de la guerra revolucionaria de los proletarios de todos los países contra la burguesía de todos ellos, convertir en un fetiche la necesidad de transformar el parlamento y la legalidad burguesa, olvidando con ello la obligatoriedad de las formas ilegales de organización y agitación en la época de crisis”. En otro lugar de la misma obra, Lenin señala sobre los oportunistas: “Ellos no tienen una gota de fe en la revolución, ni una partícula de interés o atención para observar cómo la revolución madura en la conciencia y el estado de ánimo de las masas… Su atención está del todo absorbida por las reformas y las componendas entre partes de los gobernantes y a ellas se dirigen, a ellas tratan de “convencer”, a ellas tratan de adaptar el movimiento obrero”.
Es posible demostrar que estos métodos torcidos de los oportunistas para frenar la revolución, son incluso muy anteriores a la época de Lenin. Veamos los comentarios que hacen Marx y Engels en su correspondencia comentando un artículo de oportunistas, publicado en un periódico de Zurcí.
“Ellos plantean, dicen Marx y Engels, “ que no hay que combatir de modo alguno a la burguesía, sino que hay que ganarla mediante una enérgica propaganda”, que “ si se quiere ganar a las capas superiores de la sociedad, o únicamente a sus elementos bien dispuestos, a ningún precio hay que asustarlos”, que “el Partido debe demostrar que no se inclina a seguir el camino de la violencia y sangrienta revolución, sino que está resuelto…, a seguir el camino de la legalidad y actuar en forma pacífica”, que “para quitarle a la burguesía la última traza de temor, debe demostrársele claramente y en forma convincente que el espantajo rojo solo es, un espantajo y que no existe”, No hay que abandonar el programa, sino únicamente postergarlo…, para una época indefinida. Se lo acepta, aunque no en verdad para uno mismo y para la época en que se ha de vivir, sino póstumamente, como legado a trasmitir a los hijos y nietos” Entretanto prosiguen: uno dedica toda la fuerza y energía a toda clase de pequeñas basuras y a remendar el orden social capitalista, para poder producir, por lo menos, la apariencia de que algo pasa, sin amedrentar al mismo tiempo a la burguesía”
Creemos que para demostrar la completa identidad de Corbalán y los suyos con los más redomados oportunistas de todos los tiempos, es suficiente transcribir las súplicas realizadas por Luis Corbalán en 1957 en el vigésimo cuarta sesión plenaria del Comité Central a la burguesía para lograr la legalidad del Partido “Comunista” (Revisionsita). Dijo en tal ocasión: “Queremos y reclamamos nuestra libertad. Y declaramos solemnemente que, otra vez libres para actuar en la vida política no constituiremos una amenaza para ningún interés respetable. Somos partidarios para que todo se resuelva democráticamente de acuerdo a la voluntad de la mayoría del país dentro del libre juego de todos los partidos y corrientes. No aspiramos hoy a la sustitución de la propiedad privada de los capitalistas chilenos, por la vía pacífica y garantizando el bienestar y los derechos de los capitalistas esto es, indemnizándolos debidamente”.
Lo menos que puede decirse es que Corbalán es un modelo de espíritu sintético. Es difícil reunir en tan pocas líneas un mayor número de conceptos oportunistas y antimarxistas. Solo agregaremos a modo de comentario, lo dicho por Marx y Engels de otros renegados que hicieron declaraciones semejantes en el pasado para lograr la legalidad de su partido: “ Pruebe, pues, el Partido, por su humilde y arrepentida actitud, que ha dejado de lado, una vez por todas, las “ incorrecciones y excesos, que provocaron la ley antisocialista “Si promete voluntariamente que sólo se propone actuar dentro de los límites de la ley antisocialista, Bismark y la burguesía tendrán seguramente la amabilidad de derogar esta ley, pues entonces será superflua”
Fue precisamente lo que hizo Ibáñez al derogar la ley maldita en Chile.

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