1er Encuentro Guevarista (apertura)

Encuentro internacional de organizaciones sociales y políticas revolucionarias, desde el 3 al 6 de diciembre de 2007, donde participa nuestro MRO. El encuentro se tiene lugar en la localidad de Florencio Varela, Pcia. Buenos Aires, Argentina.



1er Encuentro Internacional Guevarista

Florencio Varela, Bs. As., Argentina

3 de Diciembre de 2007

Lugar: Sociedad de Fomento La Esmeralda de Florencio Varela

Participan compañeros de las siguientes organizaciones:

Corriente Política y Sindical de Chile
Cooperativa Nuevo Horizonte de Guatemala
Brigada de Solidaridad y por la Paz de Toscana, Italia
Movimiento Izquierda Revolucionaria (MIR) de Chile
Servicio Justicia y Paz de Colombia
Red de Hermandad y Solidaridad de Colombia
Movimiento Revolucionario Oriental de Uruguay
Propuesta Tatu, Argentina
Movimiento Teresa Rodríguez, BPN, Argentina
Movimiento Teresa Rodríguez 12 de abril, BPN, Argentina
TODU, BPN, Argentina
Movimiento Brazo Libertario, BPN, Argentina
Partido Revolucionario Guevarista, Argentina
La Llamarada, Argentina
AMAUTA, Argentina

El cro. Darío Díaz del Movimiento Teresa Rodríguez inaugura el encuentro con un discurso de bienvenida que transcribimos más adelante.

Luego el cro. Jorge Beinstein expone sobre “Economía Internacional y Latinoamericana”

Luego de un almuerzo preparado por los compañeros del MTR, reanudamos la jornada con la intervención de las delegaciones internacionales donde cada una expone sobre una breve historia de la organización y la lucha de clases en cada país (balance de los últimos tiempos, coyuntura y perspectivas).

Participan los compañeros de:

MRO de Uruguay
Justicia y Paz de Colombia
Corriente Política y Sindical de Chile
Cooperativa Nuevo Horizonte de Guatemala
MIR, Chile
Brigada de Solidaridad y por la Paz de Toscana, Italia

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Intervención de Darío Díaz del MTR

Compañeras y compañeros latinoamericanos

Compañeros y compañeras

A 90 años de la Revolución Rusa –primera revolución proletaria triunfante-, a 49 años de la Revolución Cubana -primera revolución socialista en América Latina- y a 40 años de la desaparición física del Che, les damos la bienvenida en nombre del Movimiento Teresa Rodríguez.

Es para nosotras y nosotros una verdadera alegría poder compartir estos días con camaradas venidos desde distintas partes de nuestra América, como desde Italia y de nuestro propio país.

Varios años han transcurrido desde aquella oleada revolucionaria que arrancara en los `60 y cuyos ecos culminarían entre fines de los `80 y primeros años de los `90, y de la que sólo se reconoce continuidad en la Cuba socialista y la Colombia guerrillera.

Justamente a fines del `89 se produce la “caída” del muro de Berlín y la última gran ofensiva del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional, que no pudiendo quebrar las líneas enemigas, derivará en los acuerdos de Enero del `92, verdadera acta de reconocimiento del dominio oligárquico-imperial en El Salvador y con efectos del mismo signo para toda la zona, mucho más desde la defección de la Revolución Sandinista.

Un mes antes de esos acuerdos –en diciembre del ´91-se había producido la disolución de la URSS y la consiguiente desaparición del llamado bloque socialista. Apenas años antes la reacción había logrado la liquidación del movimiento revolucionario en Italia y Alemania, la implantación de dictaduras genocidas en el cono sur y el aniquilamiento de la mayoría de los procesos revolucionarios.

Sobre la derrota del movimiento revolucionario el capital montó una feroz propaganda buscando convencernos a los pueblos de lo inútil de la resistencia, de lo inútil de las rebeliones.

Eran los años del fin de la historia y del fin de las utopías revolucionarias. De aceptar el parlamentarismo burgués como el desarrollo máximo del régimen político.

De infección de “pacifismo” sobre las conciencias.

Eran años preñados de la lógica confusión que sigue a toda derrota.

Era la coronación de la política imperial del capital. Habían logrado ganar una batalla al movimiento revolucionario en la mayor parte de América Latina como en Europa, y el carácter que adquirió esa derrota temporal les hacía creer que podían hundir para siempre –bajo tierra- las rebeliones.

Eran tiempos en que “todo” parecía augurarle alcanzar el orden que buscaban.

Pero la lógica del gran capital, de creciente desocupación y exclusión social, de flexibilización y precarización laboral, de dominio del capital financiero y destrucción de la industria nativa, eran vientos que animaban la brasa que no pudieron extirpar y que no podía sino producir nuevas resistencias, nuevos auges de la lucha anticapitalista y anticolonial.

Fue el alzamiento zapatista de enero del `94 el que vino a cuestionar profundamente las teorías en boga sobre el fin de la lucha de clases, el fin de la historia y, fundamentalmente, sobre la pretendida inviabilidad de la lucha armada.

Fue esa acción –más que mil tomos escritos- la que derrumbó como castillo de naipes todo el palabrerío burgués y de la que no pocos “intelectuales progres” se habían hecho eco.

El levantamiento zapatista –independientemente de muchos otros juicios de valor que podamos realizar sobre su ideología, propósitos, etc., etc.- vino a señalar el reinicio de un nuevo ciclo en la lucha por la emancipación del proletariado.

Tan fuerte fue su impronta que dos años después Latinoamérica y el mundo se veían sacudidos por la acción del MRTA con la toma de la embajada japonesa en Lima.

El ejemplo de entrega y humanidad del comando emerretista “Edgardo Sánchez” y el de su comandante, Néstor Cerpa Cartolini, golpearon fuertemente al mundo todo, desnudando las condiciones infrahumanas de detención de los presos políticos peruanos al tiempo que daba testimonio de que la llama de la resistencia continuaba encendida.

Néstor Cerpa hijo de familia obrera, y obrero él, había sido Secretario General de su sindicato y justo dieciocho años atrás –también un 4 de febrero (pero de 1979) a las 5 de la mañana- la fábrica en que trabajaba (ocupada por los obreros para impedir su vaciamiento) era asaltada por la policía. Allí murieron 6 obreros y un policía.

Por esa huelga Cerpa Cartolini fue detenido, reprimido y señalado como un “elemento subversivo, enemigo de la patria, peligroso, anarquista, traidor a la civilización occidental y soñador de utopías”. Eran tiempos del Perú gobernado por el general Morales.

Reconocimiento permanente al Comandante Cerpa Cartolini y sus camaradas tupacamaristas, dignos luchadores de la causa proletaria.

Volvamos a la época del levantamiento zapatista. Casi coincidente con el mismo en nuestro país se producía el santiagueñazo, un levantamiento popular espontáneo que con la quema de edificios públicos y de todo lo que tuviera que ver con los símbolos del poder también estaba preanunciando el ciclo de luchas por venir y la rebelión de 2001 en nuestro país.

Duros años de lucha contra el reformismo, pero mucho más, contra el llamado “posibilismo”.

La “guerra del gas” y “del agua” en Bolivia, la irrupción de Chávez en Venezuela, las rebeliones de los pueblos originarios en Ecuador, el accionar del Movimiento Sin Tierra en Brasil y la aparición del movimiento piquetero en la Argentina junto a la batalla de Seattle y demás luchas antiglobalización constituyen –sin lugar a dudas- parte de ese nuevo ciclo del que hablábamos un poquito más arriba.

Pero esa nueva ola de rebeliones –que había sepultado el pretendido fin de la lucha de clases- no vino sola. El gran capital, rápido de reflejos, intuyendo la potencialidad transformadora de este nuevo ciclo se dio a la tarea de mellar lo máximo posible tal filo.

Así es como vimos pulular distintas ideas pero con un solo objetivo: desarmar ideológicamente a los nuevos combatientes. Una de esas ideas es que es posible transformar el mundo sin tomar el poder. Más aún, que hablar del poder ya nos transforma en nuevos dominadores.

Otra, que debemos abocarnos a lo micro. Que la revolución es posible pero en el barrio; que debemos abandonar la pretensión de elaborar una estrategia nacional y ni qué decir de una estrategia internacional.

Otra más es la que nos habla de la pluralidad. De que toda reivindicación tiene el mismo peso en la resolución de la contradicción capital/trabajo. Es más, de que es posible resolver esas cuestiones particulares sin desatar el nudo gordiano que es la abolición del capital.

Así es como se “iguala” la lucha de género, la de los pueblos originarios y las minorías sexuales, etc., para dar sólo unos pocos ejemplos, con la propia lucha política revolucionaria; derivando de hecho en posiciones y propuestas francamente reaccionarias.

Todos estos grupos –de gente bien intencionada la más de las veces- no tienen problema en identificarse como guevaristas, y hasta como marxistas; pero sí tienen en común alergia con el leninismo.

El leninismo es la piedra de toque que no pueden aceptar.

Las mayores tergiversaciones del marxismo han recaído sobre el aporte teórico-político de Lenin y la experiencia de construcción del socialismo en la ex Unión Soviética. Desde el autonomismo posmodernista se plantea que los leninistas luchamos por la toma del poder en el sentido de tomar el poder de Estado de la burguesía para terminar reproduciendo, pero peor, la opresión que ella ejercía sobre todo el pueblo. Lenin en verdad plantea lo mismo que plantea Marx: que necesitamos destruir el Estado burgués por medio de una revolución e instaurar una nueva institucionalidad, un nuevo poder en todo caso, que ya no es un Estado en sentido estricto sino la más amplia democracia jamás conocida, que en Rusia se conoció como poder soviético y en nuestros países se conocerá tal vez como cabildos, asambleas populares o alguna otra denominación, donde decidiremos por consenso o mayoría y llevaremos adelante desde los destinos de la producción y la distribución de bienes materiales hasta las nuevas relaciones sociales en camino a la construcción de mujeres y hombres nuevos, de una nueva y superior disciplina social. La concepción del poder del marxismo-leninismo (y la del Che es tributaria de la misma) es la más amplia y completa que se haya elaborado y con la cual se pudo hasta ahora llevar adelante procesos revolucionarios triunfantes e incluso los primeros pasos en la construcción del socialismo. Diversas circunstancias han llevado a algunos procesos a la derrota, entre las cuales se cuenta fundamentalmente la de no haber podido extender la revolución a una buena cantidad de países y profundizar la construcción de nuevas sociedades en el sentido en que lo planteaba Lenin, y no al revés. Precisamente porque en la Rusia soviética no se siguió el camino de la profundización de los aportes leninistas se terminó como se terminó, y otras revoluciones pueden llegar a terminar de la misma manera, como lo anunciara ese gran leninista que fue el Che en su momento y lo advierte el mismo Fidel en la actualidad.

Otra tergiversación fuerte que viene padeciendo el marxismo de mano de las corrientes posmodernas es la referida a las cuestiones de organización. Se nos acusa a los leninistas de dinosaurios verticalistas por practicar el centralismo democrático, se nos acusa de inhumanos trogloditas por defender la necesidad de construir una organización integrada por cuadros, revolucionarios y revolucionarias profesionales con una férrea disciplina, se nos acusa, en el mejor de los casos, de líricos fuera de época, desubicados, por apelar al sacrificio subordinando los intereses individuales a los colectivos. Y ya en el colmo de las acusaciones, la de ser totalitarios y autoritarios por defender la necesidad de construir una organización de dirigentes, una organización de vanguardia, integrada por los elementos más destacados del pueblo trabajador. Son épocas en que lo políticamente correcto es plantear que nadie tiene que dirigir a nadie, que todos somos iguales, como si no hubiera diferencias de compromiso y formación, que todas las luchas son iguales y que nadie, repetimos, tiene el derecho y mucho menos la obligación, de dirigir a nadie. ¿Con qué autoridad -preguntan los autonomistas posmodernos- una persona le va a decir a otra qué tiene que hacer? Los marxistas, o lo que es lo mismo, los leninistas, los guevaristas, planteamos que nadie le va a decir a nadie qué tiene que hacer cuando luego de lograda la revolución y el tránsito por el socialismo lleguemos al comunismo. Ahí sí seremos mujeres y hombres verdaderamente libres, plenamente autónomos, y nos conduciremos por la vida bajo el lema de dar de acuerdo a nuestra capacidad y recibir de acuerdo a nuestra necesidad. Mientras tanto, mientras en una sociedad como la que vivimos actualmente en casi todo el mundo, reinen en las cabezas de las personas las ideas de la clase dominante, de la clase de los empresarios y los patrones, de la burguesía, o sea, las ideologías del individualismo y de la competencia, plantear que es posible marchar a la nueva sociedad sin más ni más, sin un proceso de autoeducación colectivo, donde el choque entre los nuevos valores que pugnan por nacer y los viejos valores que se niegan a desaparecer adquirirá caracteres hasta violentos, y que por lo tanto es posible construir una organización sin jerarquías y sin responsabilidades de acuerdo a la autoridad que emana de la representatividad de sus miembros, es cuanto menos la propuesta de gente que no ha militado nunca o está dando sus primeros pasos en la militancia, además de desconocer el abecé de la historia de las revoluciones. Es más, plantear las cosas al modo posmoderno a lo que lleva es a la aparición no de dirigentes sino de caudillos, aun contra su voluntad y aun cuando se plantee que eso no es así, pues se evidencia notablemente entre las organizaciones que sostienen esto cuando las personas que aparecen en todos los eventos y encabezan las luchas -cuando no son charlatanes- son siempre las mismas. Por el contrario, la concepción leninista de una organización construida sobre la base del centralismo democrático lo que permite precisamente es la promoción de militantes permanentemente, la responsabilidad por la aptitud y la actitud puesta a prueba ante el juicio del pueblo de numerosos luchadores que pasarán a engrosar con honor los primeros puestos en las filas del combate por el triunfo revolucionario. De la otra manera, donde todos somos aparentemente iguales, nadie manda a nadie y nadie rinde cuentas ante nadie, lo que sucede es que terminan dirigiendo realmente siempre unos pocos y siempre los mismos. Por otra parte, si alguien se plantea seriamente por lo menos destruir el poder del Estado burgués, ¿cree acaso que podrá enfrentar con éxito a esa tremenda maquinaria altamente disciplinada, entrenada y armada hasta los dientes sin una organización que contemple distintos niveles capaces de enfrentar con éxito a los distintos niveles del aparato represivo, en particular el de la policía política o los llamados “servicios de inteligencia”? En los tiempos del “Echellon”, pretender que se lo puede vencer con una organización horizontal y de un único nivel, es propio de charlatanes irresponsables, que no otra cosa son los posmodernos en política.

Hay más tergiversaciones, pero brevemente hemos expuesto las que creemos las fundamentales en la actualidad por ser las que más se utilizan desde las posiciones anarquizantes para intentar desarmar a los revolucionarios. Además, claro está, de lo que ya no son tergiversaciones sino las propias posiciones posmodernas, entre las cuales la principal ya nombráramos antes y que consiste en sostener que se puede transformar el mundo sin tomar el poder o que el poder está distribuido en todas partes y todos y todas contamos con una cuota de él…

Sin dudas, estas posiciones, que no son nuevas, han resurgido como producto de que venimos de una dura y profunda derrota por parte del campo revolucionario. Pero nuevamente en el horizonte se avizoran condiciones para un reverdecer y generalización de las luchas revolucionarias. Como consecuencia del empantanamiento en Afganistán, de los golpes que recibe en Irak y de la crisis económica que arrastra hace varios años, la hegemonía norteamericana a nivel mundial se ve seriamente cuestionada. El mundo se encamina –lo más probable- hacia una nueva multipolaridad. Rusia y China por un lado, y en menor medida Alemania por otro, se afirman cada vez más rápidamente como polos alternativos a la dominación yanqui. El alto y sostenido crecimiento anual de las economías rusa y china, sumado al poderío militar que ambas potencias aún mantienen, y desarrollan, más la propuesta insistente de los alemanes por constituir un único y poderoso ejército europeo para fortalecer posiciones frente al norteamericano, son algunos de los datos que demuestran esto.

Esta tendencia a la agudización de las contradicciones en el bloque de poder mundial puede reeditar una situación de enfrentamiento interburgués bastante favorable al encauzamiento de procesos revolucionarios, como fue el caso de la situación abierta como consecuencia de la Primera y la Segunda Guerras Mundiales. No estamos anunciando que sobrevendrá una Tercera Guerra Mundial, pero sí está claro que se está agudizando el enfrentamiento interimperialista, que vamos hacia una reestructuración capitalista en el sentido de un nuevo reparto del mundo entre las potencias. Y esto, hasta ahora en la historia, se ha logrado sólo a través de grandes y terribles guerras.

En este marco nuestra Latinoamérica arde de rebelión. Los alzamientos contra gobiernos abiertamente neoliberales han dado paso al establecimiento de administraciones con fuerte arraigo popular, algunas identificadas con el socialismo del siglo XXl.

Esa marea anticapitalista requiere de la constitución de una alternativa revolucionaria de masas en cada uno de nuestros países para poder cumplir acabada y consecuentemente con esa tarea.

He ahí uno de nuestros grandes desafíos, sabedores de nuestra pequeñez y nuestras limitaciones.

Pero he ahí también la tarea, que al decir del Cte. Guevara, nos permitirá alcanzar el peldaño más alto al que puede aspirar el ser humano hoy, el de convertirse en revolucionario.

Memoria permanente para los caídos en la lucha por la liberación

Lucha inclaudicable para arrancar de las cárceles a los prisioneros políticos.

Por la senda de Marx, Engels, Lenín y el Che.

Queda abierto el Primer Encuentro Guevaista.

Buenos Aires, 3 de diciembre de 2007

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