“Informe Político” del PIT-CNT… En función del gobierno

Editorial del Construyendo Nº 27. Octubre de 2007. Coordinadora de Unidad Revolucionaria.



Se cumplieron tres años de aquella victoria electoral del 2004. Esta vez, a diferencia de aquel 31 de octubre, no hubo manifestaciones masivas de júbilo, ni expresiones multitudinarias de adhesión y esperanza. Apenas, un ritual frenteamplista en la plaza Libertad con algunos centenares de personas. Es la mejor fotografía del “balance de gestión”. Y de un estado de frustración.

Sería una pérdida de tiempo desojar la margarita sobre el “desgaste” del gobierno. Porque a este parece importarle poco. Por eso “festejó” el aniversario como correspondía. Nada menos que “habilitando” a Botnia, la pastera transnacional que, además de saquear tierras y envenenar ríos y aire, tendrá entre otros beneficios una espectacular “rentabilidad”: por cada dólar invertido se llevará 4,5 para Finlandia.

El hecho, de por sí indecente, no debería sorprender a nadie. Pues el llamado “modelo de desarrollo” (eufemismo que designa el actual patrón de acumulación capitalista), tiene como uno de sus pilares el “fomento” de la inversión extranjera directa o asociada a los grandes grupos económicos locales, favoreciendo a unos y a otros con todo tipo de prebendas aduaneras y exoneraciones tributarias, para el caso de Botnia en 100 millones de dólares anuales. La misma cantidad que el “progresismo” destina a subsidiar la pobreza y la indigencia popular a través de un Plan de Emergencia que, según Ana Olivera, subsecretaria del MIDES, es considerado por el Banco Mundial “como el mejor y el de mejor éxito en Latinoamérica”. (Entrevista en 1410 AMLibre, 11 de noviembre 2007)

Este patrón de acumulación capitalista es compartido por las clases dominantes, por sus representaciones políticas (blancos y colorados), y por los “organismos multilaterales de crédito” (eufemismo que esconde el papel usurero de las instituciones financieras internacionales). Porque se trata de un proyecto que les permite a los empresarios crear condiciones optimas de producción (de revalorización del capital) y, a la vez, de desvalorización del trabajo mediante el aumento de la sobre-explotación (salarios devaluados, desempleo masivo, precarización laboral, reproducción de la pobreza, y suba de precios). Es decir, un patrón de acumulación que se muestra tal cual es: puramente capitalista. O sea, donde el antagonismo entre las fuerzas del trabajo y las fuerzas del capital, aparece, nítidamente, acentuado e irreconciliable.

Sin embargo, la lucha contra este patrón de acumulación capitalista, antagónico e irreconciliable con los intereses y las demandas de la clase trabajadora, no está entre las prioridades de las corrientes mayoritarias del PIT-CNT. La estrategia de este sindicalismo burocrático privilegia el apoyo a un gobierno que “no es igual a los anteriores”, que no es “abiertamente neoliberal”, y que ha permitido “el acceso de otras fuerzas sociales al timón del Estado”. De allí, que las “disputas” y “tironeos” por mejorar la “distribución del ingreso”, nunca vayan asociadas, integralmente, a una lucha de clases contra este “modelo de desarrollo” capitalista que el “progresismo” garantiza.

El reciente “Informe Político del Secretariado Ejecutivo” del PIT-CNT, a discusión en la Mesa Representativa, ratifica una vez más esa estrategia pro-gubernamental y reformista. Los avales a la gestión “progresista” predominan, largamente, por sobre cualquier crítica: desde los Consejos de Salarios hasta el Plan de Emergencia, pasando por los Derechos Humanos, el Presupuesto Nacional, la Reforma Impositiva y la Reforma de la Salud. En todo caso, “producto de la falta de experiencia” (del gobierno), el documento marca tibiamente la ecuación “no siempre correcta” de querer armonizar “una política de inclusión donde se contemple a empresarios, agropecuarios, compromiso con los organismos multilaterales de crédito y paralelamente hacer una redistribución social y más justa del ingreso”.

Si algo faltara para confirmar este abandono de una perspectiva de lucha de clases contra el actual patrón de acumulación capitalista, alcanza con remitirse al posicionamiento del “Informe” sobre el “conflicto rioplatense” por las pasteras: para el Secretariado Ejecutivo del PIT-CNT, se trata de un “problema delicado” que “no se soluciona a corto plazo, ni tampoco con el pronunciamiento del tribunal de La Haya”. Así de simple. Ni una denuncia contra la destrucción medioambiental, ni una propuesta de acción contra Botnia y el capital transnacional. Y, mucho menos, un pronunciamiento de solidaridad con la lucha del pueblo de Gualeguaychú y con las (pocas) organizaciones sociales uruguayas que han tenido la valentía de oponerse a la instalación de las pasteras.

Este sindicalismo no solo ha perdido toda autonomía frente a la estrategia y el programa del gobierno. Sino que es uno de los principales factores de confusión política, fragmentación de las demandas y retroceso de una conciencia clasista, que ha llevado la “conflictividad laboral” (eufemismo para describir el antagonismo de clase entre trabajadores y patrones), a uno de sus puntos más bajos de los últimos años. Este momento de retroceso, se comprueba, incluso, en la campaña por Anular la Ley de Impunidad. El propio “Informe”, debe reconocer que el compromiso del movimiento sindical de aportar en los tres primeros meses, “la cantidad de firmas equivalentes al número de afiliados de cada sindicato del PIT-CNT (…) está lejos de cumplirse y se nota una asombrosa falta de resultado en la mayoría de los gremios”. Decir entonces, que el momento que vive el movimiento sindical “es maravilloso” porque “implica un salto cualitativo en un proceso histórico de acumulación de fuerzas de las organizaciones obreras”, como lo hace Marcelo Abdala (Entrevista en CX14 El Espectador, 7-11-2007), es sencillamente una patraña.

Ni los discursos “subidos de tono” contra Astori o críticos de algunas medidas del gobierno, ni las reiteradas apelaciones sobre la “independencia de clase”, ni los esporádicos “apoyos” a los numerosos sindicatos que pelean por sus reivindicaciones, certifican el compromiso de la dirección del PIT-CNT con un programa de los trabajadores y sus aliados oprimidos. Alcanzarían, a modo de prueba irrefutable, dos ejemplos: su más absoluta pasividad ante el proceso inflacionario que actúa como mecanismo expropiatorio de los trabajadores y los sectores sociales más pobres; y su negativa a organizar una lucha centralizada y a escala de todo el país, por la derogación, lisa y llana, tanto del IVA como del impuesto a los salarios y jubilaciones. Es decir, una lucha por la defensa del ingreso popular.

La función de esta burocracia sindical, está vinculada a la defensa de sus intereses específicos, corporativos, alineados en las “razones de Estado” del gobierno del Frente Amplio. Por lo tanto, “exigirle” a esta dirigencia un plan de lucha contra sus socios políticos, no pasa de ser un ejercicio tan declarativo como inútil.

Las luchas de resistencia, antipatronales y contra el programa del gobierno frenteamplista, exigen la construcción desde las agrupaciones clasistas y combativas del movimiento sindical, de una alternativa programática y de acción. Visible y organizada, implantada socialmente y con legitimidad. En ruptura no solamente con la “metodología” de los dirigentes del PIT-CNT, sino con su estrategia conciliadora y con su programa reformista. De esta “tarea” depende la perspectiva de modificar - a favor de los trabajadores y sus aliados oprimidos - el curso de las relaciones de fuerzas entre las clases antagónicas e irreconciliables. De ello, también depende que la Reforma (neoliberal) del Estado propuesta por el gobierno, y la pretensión de establecer un pacto de “paz social” (entre gobierno, patrones y trabajadores) hasta después de las próximas elecciones nacionales, no sea contrabandeada en los sindicatos.

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