Organizar la lucha, superar la fragmentación (Editorial Construyendo N° 25)

09.Ago.07    Mensuario Construyendo
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Las ilusiones han venido disipándose, lenta pero sostenidamente. A tal punto, que sectores significativos de la clase trabajadora perciben, nítidamente, que sus condiciones de vida no han mejorado sustancialmente y que la pobreza “llegó para quedarse”. Contemplan como el gobierno posterga sus demandas y necesidades más urgentes, mientras que prioriza el “buen clima de negocios” para los empresarios y cumple, por adelantado, con los acreedores internacionales.

En este nuevo momento político, donde se mezclan protesta y lucha, repliegue y desazón, el “campo mayoritario” del Frente Amplio (liderado por el MPP y su ministro Mujica), vuelve a insistir con la idea de que el “rumbo económico”, continúa siendo parte de una “disputa”. (Ver artículo en página 4) Hay, entonces, “medidas favorables” y “otras que no tanto”, el péndulo se inclina un poco a la derecha y un poco a la izquierda. Hoy “ganan” unos ministros y mañana otros. Como si todo se tratara de un inocente juego de truco entre amigos del mismo club.

Obviamente, está preocupación del “campo mayoritario” por el “rumbo económico” tiene, sin duda, las miradas puestas en el calendario electoral. Porque ese desencanto popular con el “progresismo”, puede tener consecuencias fatales en 2009. Es lo que piensa entre tantos otros, uno de los principales escuderos parlamentarios del gobierno, el diputado vertientista Edgardo Ortuño: “Si no cumplimos lo prometido, no hay candidato que nos salve”. (Citado por Víctor H. Abelando en la nota “El rumbo cuestionado de la economía progresista”, Brecha, 27-7-2007).

A dos años y medio de asumir el gobierno, el saldo es un fracaso. No lo decimos solamente nosotros, “ultraizquierdistas” incurables. Para Héctor Tajam, diputado del MPP, “no se ha podido quebrar el modelo de un país productor de commodities. Los puestos de trabajo generados son mayoritariamente de baja calidad, muy a menudo precarios (62 por ciento del total), y escasamente remunerados, un promedio de cuatro mil pesos nominales”. (Citado en la misma nota de Brecha) Para el estudio del Instituto de Economía, titulado “Evolución de la pobreza en el Uruguay 2001-2006” (elaborado por Verónica Amarante y Andrea Vigorito), los ricos se apropiaron de los mayores ingresos en 2006, y el ingreso de los más pobres volvió a caer. Es decir, que la brecha entre ricos y pobres continuó ensanchándose.

Es decir, que los datos inapelables de la realidad socio-económica, no permiten afirmar que los trabajadores sean los principales beneficiarios de la política del Frente Amplio-gobierno. Todos los indicadores son elocuentes al respecto: salarios comprimidos, ingreso de hogares disminuidos, desempleo, subempleo y pobreza de masas. Mientras que en el reverso de la moneda, hay mayor concentración de la riqueza, más sobreexplotación de la fuerza de trabajo (disfrazada bajo el eufemismo “aumento de productividad”) y ganancias patronales que no paran de crecer.

A todo esto, hay que sumarle el impacto de la Reforma Tributaria (ver resoluciones de sindicatos en páginas 10, 11 y 12), con su correlato de injusticia social (distribución desigual del ingreso), donde la clase trabajadora y los jubilados, sufrirán los efectos directos en sueldos, pasividades, alquileres y precios de la canasta familiar.

De este gobierno solo puede esperarse el doble discurso. Práctica a las cuál es adicto, por ejemplo, el ministro Mujica, que un día “amenaza” con imponer detracciones a los frigoríficos exportadores y al otro día (ante el no rotundo de los empresarios), dice como si tal: “siempre fui contrario a las detracciones” (declaraciones en radio El Espectador, 1-8-2007). Por eso, tanto la “solución” de eliminar el IVA (solo por 60 días) al asado y la falda (que apenas alcanzan el 15% del consumo popular), como la promoción del INAC de las hamburguesas elaboradas (en lugar de la carne picada que “contiene mucha grasa”) no pasan de gestos populistas que eluden golpear en el centro del problema: las cadenas capitalistas formadoras de precios. En verdad, si de un gobierno de izquierda se tratara, se debería haber decretado la eliminación del IVA a toda la canasta familiar y un congelamiento inmediato de los precios, como vías de evitar que la especulación montada en una inflación descontrolada, continúe robando a los asalariados.

La estrategia “progresista” es que la menor cantidad de trabajadores reaccionen y se movilicen. Que la mayoría digiera el cuento de la “disputa” y espere, pasivamente, el supuesto desenlace. O peor, que las demandas y reivindicaciones sean canalizadas a través de sindicatos “que se regulan y ocupan menos” y de mecanismos como los Consejos de Salarios que, en dichos del ministro Bonomi, han servido para establecer “grandes condiciones para la tranquilidad social”. (Entrevista en El País 31-7-2007)

Denunciar el programa capitalista del gobierno, es imprescindible. Tan imprescindible como organizar una resistencia conciente y masiva. Un resistencia que debe envolver a los sectores que están a la izquierda del Frente Amplio, como a los que todavía no rompen con él y mantienen un grado de ilusión sobre el “cambio posible”. En la medida que se consiga esa unidad de acción, que permita superar la fragmentación de la izquierda y de los movimientos que luchan, esa resistencia se ira extendiendo a otros sectores de la clase trabajadora.

Se trata entonces, de articular un plan de lucha y un programa de soluciones populares en respuesta a las “batería de reformas” que el gobierno anuncia. Es decir, levantando una oposición de izquierda, de lucha, clasista y combativa a la política confiscatoria del trabajo y el salario. Ese programa de soluciones populares, pasa, en primerísimo lugar, por poner fin a la transferencia de riqueza desde el trabajo hacia el capital. Es decir, por frenar el ataque contra las condiciones de vida del pueblo trabajador.