Presentación

25.Oct.05    Noticias
   

FRENTE REVOLUCIONARIO POR UNA ALTERNATIVA SOCIALISTA

ACUERDOS EN LAS DEFINICIONES POLITICO IDEOLÓGICAS

Esto espacio que buscamos construir se identifica antes que nada como anticapitalista y de intención revolucionaria. Vemos al capitalismo como un sistema social basado en la explotación del trabajo humano, y por ello injusto e insultante de la dignidad humana. En él, la relación capital - trabajo es la base para la división de los seres humanos en clases sociales. Su existencia lleva implícita su lucha, con la conformación de elementos antagónicos, no reconciliables: explotados y explotadores, y en un sentido más amplio oprimidos y opresores. La intención revolucionaria se debe plasmar en la lucha a distintos niveles (económico, político, ideológico) contra el capitalismo, por su destrucción y superación.
Su destrucción implica eliminar las relaciones de producción existentes basadas en la explotación, eliminar las instituciones políticas burguesas, y eliminar el orden jurídico que las sostienen y combatir las creencias que lo justifican y refuerzan. Ese cambio, esa destrucción y construcción se darán inevitablemente por medio de la fuerza, implica el uso de la violencia contra los opresores.
La construcción del Socialismo, de una sociedad sin explotados ni explotadores, tiene como elemento imprescindible la destrucción del estado, la eliminación de la institución estatal burguesa, suprimir las funciones de los cargos estatales (dedicados al control, recaudación, etc.), eliminar los cuerpos armados del estado. Esta destrucción de la organización estatal debe ir acompañada de la creación, fortalecimiento y consolidación de instancias de organización de la sociedad que permitan la reapropiacion, por parte de los trabajadores y los oprimidos todos, de la conducción de su propio destino, que posibilite eI uso de las riquezas que pertenecen únicamente a la humanidad toda.
Estas nuevas instancias creadas por el pueblo en lucha deben brindarle el control político económico que permita reorganizar la producción en base a nuevas relaciones sociales, fundadas sobre la igualdad y la solidaridad, que posibiliten combatir la reacción contrarrevolucionaria con el pueblo en armas, que habilite el defender las conquistas alcanzadas en el proceso revolucionario y profundizarlas. Estas instancias de organización deben tener como objetivo final su desaparición, teniendo en cuenta que su cometido primario de control político - económico debe diluirse una vez extinguidas las clases, pasando de la administración del poder a la administración de las cosas. Es por ello que las mismas deberán basarse en la más amplia democracia para todos los sectores del pueblo, el mayor respeto para todas las expresiones revolucionarias, no deberán permitir la consolidación de ámbitos políticos separados del pueblo, el cual deberá mantener siempre el control directo, deberán impedir la conformación de burocracias y elites de poder. La única garantía de este proceso post-revolucion es la generación, consolidación y extensión del poder popular como una instancia previa a la destrucción del estado burgués.
El proceso de revolución socialista no puede pensarse como un acontecimiento circunscrito a un país; el mismo es un proceso internacional en el cual los oprimidos ven coincidir sus intereses más allá de fronteras. El internacionalismo es un principio irrenunciable, por el cual los oprimidos, saltando las fronteras de los estados nacionales, no deben ver otros limites que los que demarcan las clases.
Esta larga y compleja tarea revolucionaria es exclusivamente obra del pueblo, todas las organizaciones revolucionarias que forman parte de él tienen, por serlo, parte de responsabilidad en esta obra, pero la tarea revolucionaria no puede pensarse identificada con una corriente ideológico - política, sino que resulta de las diversas acciones y pensamientos que en el seno del pueblo se desarrollan.
Hoy por hoy los revolucionarios nos encontramos en un escenario muy desfavorable para llevar adelante nuestra lucha. La actual etapa nos muestra una ofensiva del capital en todos los planos: deterioro de las condiciones de trabajo, aumento del grado de explotación, marginalizacion de amplios sectores, ataque político al campo popular, consolidación en el imaginario social del actual orden social.
Dentro de la izquierda se constata un notable predominio de posiciones socialdemócratas, con sectores reformistas que continúan planteando la necesidad del gradualismo, de adaptar ritmos, de abrir los ojos a la coyuntura, y sectores que directamente plantean la inevitabilidad de la adaptación, la imposibilidad de superar el actual orden establecido, y ante esto el deber de trabajar para modificar sus aspectos más negativos. Este crecimiento está amparado por la necesidad del sistema de rotaciones políticas que lo fortalezcan en el imaginario social, teniendo como garantía que no serán cuestionados los pilares fundamentales ni las condiciones que actualmente resultan necesarias imponer a los oprimidos.
Para el proyecto revolucionario resulta una necesidad estratégica el desarrollo de un polo de la izquierda revolucionaria, de un espacio donde se trabaje hacia la unidad de los revolucionarios, con toda su diversidad, que permita la visualización desde el campo popular de una alternativa política, que sea un cemento fortalecedor para la acumulación de tuerzas dirigidas hacia la superación de la atomización y que se identifique como una opción clasista y combativa.