MRO-FARO: AMÉRICA O MUERTE

Aproximación a la historia de las Fuerzas Armadas Revolucionarias “Orientales” y del Movimiento Revolucionario Oriental a partir de una entrevista con Mario Rossi Garretano, secretario político del MRO



MRO-FARO: AMÉRICA O MUERTE

Por Eudald Cortina

Centro de Documentación de los Movimientos Armados (CeDeMA)

¿En qué contexto se produce el surgimiento del Movimiento Revolucionario Oriental?

El movimiento es la expresión en la década del 60 de un conjunto de organizaciones revolucionarias. En el contexto latinoamericano se vive en la década del 60, dentro del imperialismo, una ofensiva que se traduce en una serie de intervenciones militares en diferentes regiones del mundo y, en América Latina, ante el auge de los procesos de lucha, la implementación de los golpes militares.

La Revolución Cubana, que marca un corte dentro de cómo se venía relacionando el imperialismo con América Latina, implica que ellos rápidamente tienen que conjurar el ejemplo cubano y se da en nuestro país en esos momentos una ofensiva del imperialismo en el sentido de aggiornar el gobierno de acuerdo a las pautas que ya comenzaban a desarrollar en el mundo la recuperación en el mundo de los países imperialistas, tras la Segunda Guerra Mundial, y al fenómeno de la Guerra Fría.

Qué sucedía en nuestro país a fines de la década del 50, principios del 60. Nosotros disponíamos en el Uruguay de un gobierno batllista, de tinte keynesiano, con una alta protección del Estrado en ciertas áreas sociales. Y ese paso político, que nace como el peronismo en la Argentina, sustentado en la mejora de los precios de nuestros productos tradicionales, la carne, la lana, productos textiles, fruto de la Segunda Guerra Mundial y luego de la guerra de Corea, es un momento histórico donde los altos ingresos que le entraban al Estado, permitían hacer un reparto de la cuota de ganancias del sistema latifundista y capitalista y mejoras en los sectores populares. Eso dura en nuestro país hasta el año 50.

¿Por qué? Porque se recompone el imperialismo, los países van cayendo del 55 al 58, varios países de América Latina caen sobre la égida del Fondo Monetario Internacional. El Gobierno batllista, de Luis Batlle, se resiste a la apertura que implicaba las exigencias y condicionamientos del Fondo Monetario. Nuestro país comienza a endeudarse. Comienza ya en esa etapa a bajar los precios de las materias primas. Nosotros teníamos el mercado brasileño del trigo. La Ley 480 de Estados Unidos que subsidia la exportación del trigo, la perdemos. El trigo se pudre en los graneros en esos años. Todo un sector de pequeña y mediana producción, que estaba sustentada por el Estado, genera una resistencia de las capas medias y de los sectores de la producción del campo. Y por otro lado, los Estados Unidos, donde nosotros colocábamos textiles y carne, nos cierra los mercados y sectores tradicionalmente batllistas comienzan grandes huelgas y movilizaciones, de tal manera que con el nuevo programa del Partido Nacional, luego de 90 años de oposición sin haber asumido el Gobierno, ganan las elecciones en 1958, en función de las premisas que el imperialismo subsidiaba a ese nuevo sector de la administración de la burguesía con el tema de la apertura, todas medidas de tipo neoliberal. En el año 61, bajo el primer gobierno blanco, se introduce el Fondo Monetario en nuestro país.

¿Qué sucede en la realidad nacional? Grandes movilizaciones estudiantiles por la autonomía universitaria. Sin hacer comparaciones mecánicas, nuestro pueblo vive una euforia con el triunfo del nacionalismo, como ahora, después de 30 años de resistencia a los partidos tradicionales, la izquierda progresista accede al Gobierno. Había una expectativa de un cambio, de unas mejoras, que rápidamente no se reflejan. Estamos ya en la década del 60, el imperialismo nos ha puesto bajo la pata del Fondo Monetario, comenzamos los préstamos condicionados, el endeudamiento, pero además, en el plano nacional, se da una resistencia que está en función de movilizaciones de trabajadores por salarios, movilizaciones de estudiantes y lo que representa el ejemplo de la Revolución Cubana.

Contradicciones internas de movilizaciones populares, donde las centrales de trabajadores, dominadas por el anarquismo, el Partido Socialista y el Partido Comunista, generaron una movilización que termina en el año 1962 con la creación de los primeros pro-frentes anteriores al Frente Amplio. Es ahí que nuestro Movimiento nace en abril de 1961 con desprendimientos de los partidos tradicionales, donde diputados, senadores y ministros van tomando conciencia del nuevo proceso de entrega cuando ellos habían sido educados desde el punto de vista del nacionalismo de que iba a haber un planteo si bien de apertura, pero de mayor defensa de la soberanía.

Nuestro Movimiento nace con una confluencia de gente que se desprende del Partido Socialista, la Guerra Fría y la crisis del estalinismo hace retroceder mucho al Partido Comunista. Las mieles de la Guerra Fría, de una visión socialdemócrata, de un tercerismo, como hacía el Partido Socialista, hace que haya un trasvasamiento de un electorado a otro. Entonces, corrientes de militantes socialistas, pero sobre todo un desprendimiento de un conjunto de abogados, donde había un diputado, Ariel Collazo, uno de los diputados más jóvenes, que viajan a conocer la Revolución Cubana y el proceso de descomposición del Partido Nacional por sus posiciones pro-imperialistas, se funda un movimiento con características de mucho intelectual, de muchos abogados, dirigentes gremiales, como una expresión de capas medias más que de fuerte impronta obrera. Pero qué sucede. Ahí se gestan la posibilidad de unir los viejos partidos de clase, el Socialista y Comunista, en un proyecto electoral que no prospera en el 62 porque un ministro blanco, Enrique Erro, que se separa hacia la izquierda, plantea que con los comunistas no. Diez años más tarde será cofundador, con los comunistas, del Frente Amplio. Como nosotros teníamos la concepción de la unidad, sin exclusiones, nos juntamos con el Partido Comunista y se crea el Frente de Izquierda de Liberación en 1962.

Revolución Cubana y Acuerdo de Época

Después de la visita a Cuba, pasa nuestro movimiento a tener relaciones cada vez más estrechas con el proceso cubano, de tal forma que en el año 1964-1965 quedamos integrando el plan del Che, como una base de apoyo en el Uruguay, mientras otras organizaciones en Argentina, el Perú o Bolivia desarrollaban el planteo del Che. Al entrar, desde el punto de vista estratégico en el plan del Che, vamos tomando la Tricontinental, la primera y la segunda Declaración de La Habana lo vamos tomando como documentos políticos estratégicos, mientras nos vamos integrando a ese proceso.

Este compromiso mutuo estratégico entre nuestra organización y la Revolución Cubana dejaba la tranquilidad de la construcción estratégica de una organización político-militar, mientras utilizaba un proceso democrático burgués, justamente para que esta tarea táctica en nuestro país, desde el punto de vista de la utilización de la legalidad burguesa, estuviera al servicio del proyecto estratégico. Con todo lo que eso implica desde el punto de vista de recursos, hombres, proyección y educación política.

Es así porque en la documentación nuestra considerábamos que el camino era el desarrollo de la lucha armada revolucionaria en contra del imperialismo. En el 64 había habido un golpe en Brasil, en el 65 en la Argentina. Nuestra concepción de estar en el plan del Che alimentaba ideológicamente esa idea.

En el 67, con todos los movimientos de América Latina de proyección revolucionaria se gesta la reunión de la OLAS. En esa reunión se coordinan más los esfuerzos en todo el continente en el sentido que la lucha armada revolucionaria y la guerrilla eran el instrumento principal. ¿Por qué? Porque ya en el 67 venían avanzando los golpes militares y la fascistización en América Latina. Fruto de eso se genera en nuestro país, una especie acuerdo entre varias organizaciones que venían sufriendo el propio proceso de lucha ideológica en el seno del movimiento obrero. Se había creado el Movimiento de Izquierda Revolucionaria, fruto de la escisión chino-soviética. El Partido Socialista venía radicalizándose a la luz de la Revolución Cubana, con los desprendimientos de Sendic y de otros dirigentes socialistas en los inicios de las acciones de los Tupamaros. La Federación Anarquista Uruguaya, con Hugo Cores, Gatti, toda una serie de dirigentes que van girando del anarquismo al marxismo y que, años más tarde, acabarán conformando el Partido por la Victoria del Pueblo. Gestamos lo que se llama el Acuerdo de Época, donde nos comprometemos a llevar las resoluciones políticas de la OLAS en el plano nacional.

Se hace a mitad de año la reunión de la OLAS y nosotros formamos el Acuerdo de Época con un periódico cuya tarea es preparar las condiciones políticas porque ya el MLN estaba ahí. Eso dura tres o cuatro números y muere. Ese acuerdo era en el plano político, en el plano sindical y desde el punto de vista estratégico, desde el punto de vista revolucionario, porque ya casi todas las organizaciones veníamos desarrollando aparatos político-militares y solamente en las condiciones preparatorias, mientras el MLN venía más avanzado como estructura clandestina. En cambio, el resto éramos todas organizaciones legales que estábamos generando las condiciones de organismo político-militar. Cada uno con su tendencia ideológica determinada. Los compañeros pro-chinos haciendo importancia en el partido. La FAU con la acción directa del anarco-sindicalismo y nosotros vinculados a un plan estratégico regional y a largo plazo. Los Tupamaros insistiendo en la posibilidad de la victoria a través de la lucha urbana. Eran todas variantes que apoyaban un mismo objetivo.

¿Cómo se estructuraba entonces el MRO?

Teníamos estructurada la organización en tres frentes. Un Frente Armado, que me correspondió a mi desarrollar porque rápidamente tengo que pasar a la clandestinidad al caer detenido por los primeros asaltos bancarios, una expresión política legal, con toda la estructura del MRO, y en el medio un Frente Clandestino de Masas. Viendo que se venían los golpes de Estado o ilegalizaciones parciales, lo único que garantizaba no era la estructura de los locales, sino un sector de izquierda masiva, vinculado a sindicatos a barrios, a organizaciones sociales. Eso era lo que te iba a alimentar cuando la legalidad burguesa te liquidaba.

Mientras, desde el punto vista estratégico, teníamos el problema solucionado en la formación de cuadros, y desde el punto de vista táctico se iba desarrollando una organización político militar, donde el grueso de la tarea era de formación en el ámbito del guerrillero urbano, de manera que quien se destacaba o pasaba a la clandestinidad tenía un respaldo.

La organización política, que nace como un movimiento legal, siempre tiene un desarrollo mayor que desde el punto de vista armado. Eso se empieza a revertir a partir del 67. Pero las elecciones del 71 vuelcan nuevamente un esfuerzo de militancia y de recursos.

Asumíamos, desde una visión leninista, que era imposible enfrentar al imperialismo si no se daba la lucha contra el oportunismo dentro del movimiento obrero. En aquel momento, considerábamos que el Partido Comunista y el Partido Socialista influenciaban sobre las masas con concepciones reformistas. Era una lucha entre etapistas contra una concepción de revolución ininterrumpida. Nosotros estábamos en la tesis guevarista de un proceso de liberación nacional ininterrumpido hacia el socialismo. Nada de dos etapas, porque se podía pudrir en la primera.

No es una casualidad que el Golpe venga en el 73, cuando todos los demás países prácticamente los tienen a mediados del 60. Las condiciones en nuestro país de una izquierda reformista que se amparaba en la vocación democrática de las fuerzas armadas hacía que hubiera como varios resortes que soportaban la posibilidad de la destrucción de la legalidad burguesa. Esto es muy importante tenerlo en cuenta porque en la OLAS, se establecen las dos excepciones. Corvalán y Arizmendi arrancan en la OLAS que con la vocación democrática de las Fuerzas Armadas en Chile y en el Uruguay existía la posibilidad de que no se produjeran golpes de Estado.

Nosotros establecemos que el Uruguay no es una excepción. Pero esa concepción primaba dentro de la izquierda legalista.

Por lo tanto, nosotros tuvimos una expresión electoral, sindical-social y armada, donde en una estrategia a largo plazo y considerando que en las condiciones de nuestro país el deterioro del proceso democrático burgués iba a ser más lento, no había una preocupación especial pura y exclusivamente en el accionismo. Considerábamos que en algunas ocasiones se avanzaba por acciones armadas exitosas y a veces con la otra pata, que es el trabajo cotidiano en el seno del pueblo. Cosa que el MLN no compartía.

Nosotros entendíamos que no había posibilidades de victoria si las masas seguían influenciadas por el reformismo. Por eso es que en nuestra documentación se hace hincapié en que mientras las masas sigan dominadas por el reformismo, las posibilidades de victoria frente al imperialismo o la burguesía es muy difícil. Los Tupamaros, si bien compartían esto, ellos no hacían una disputa ideológica con el oportunismo en el seno del movimiento obrero.

Ideológicamente, ¿cómo se caracterizaba el MRO?

Nosotros nacemos desde el punto de vista de un nacionalismo popular, pero asumiendo ya las declaraciones del proceso cubano. Asumimos la necesidad del materialismo dialéctico ideológico, la construcción de una organización político-militar centralista democrática, asumimos desde el punto de vista ideológico el marxismo-leninismo. Ahora, la expresión política, a diferencia de los partidos comunistas, para nosotros era el nacionalismo popular revolucionario latinoamericano. En los ejemplos de los movimientos de liberación nacional, asumir la concepción interna de la ideología del proletariado, la construcción del partido, pero en un ámbito más amplio.

Esa concepción es la que nos permite una unidad en el conocimiento previo de coordinación que siempre tuvimos con las demás organizaciones revolucionarias, como con la OPR-33, de tendencia anarquista. Ahí se podía coordinar, pero no se podía avanzar hacia un frente de liberación nacional. Donde teníamos mayor identidad era con el Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros. En varias oportunidades tuvimos encuentros de ambas direcciones, peor cuando pusimos la documentación encima de la mesa, hubo discusiones en las cuales el MLN criticaba nuestra postura respecto al marxismo-leninismo y la dictadura del proletariado. “Ustedes van a ser eternamente un partido chiquito”, nos decían. Nosotros les manifestábamos que si ellos no se definían corrían el peligro de que todo eso terminara al servicio de la burguesía. Fue una discusión que se tuvo con Sendic, Eleuterio, Candán Grajales, Efraín Martínez Platero.

Fruto del desarrollo de una lucha urbana exitosa de los Tupamaros, se generaba un salto de calidad también de la represión. Nosotros habíamos comenzado más tarde, dedicados más a la proyección estratégica regional, entonces el desarrollo de nuestro aparato urbano iba haciendo experiencia de alguna manera con retraso a los saltos de calidad que daban los tipos de acciones del MLN. Por lo tanto, fuimos golpeados en los primeros años. Con todo, se operó, se participó porque además nosotros le dábamos importancia a la lucha legal y a la lucha militar.

En una estrategia regional y a largo plazo, para nosotros era muy importante ir combinando al desarrollo de la fuerza en el Uruguay con el internacionalismo regional. Además, había legalidad burguesa, elecciones, teníamos un espacio de esa naturaleza. Por lo tanto, recursos materiales y tiempo había que dedicarlo a la tarea sindical, a la tarea política. No era pura y exclusivamente el desarrollo de la lucha armada. Por eso que para nosotros no fue ningún drama la creación del Frente Amplio. En cuanto a las demás organizaciones, la FAU no participa, el PVP se crea en 1976 y en el MLN se producen una serie de discusiones internas. Nosotros estábamos presos en Punta Carreta y vivimos toda la discusión interna. No fue fácil el tema del Frente Amplio. Algo que el Bebe, si bien lo aceptó, tuvo sus cosas. Tal es así que en el ochenta y pico cuando se vota la entrada del MLN al Frente Amplio, en el proceso de reconstrucción, el vota en contra. Había una oposición a no entrar en ese frente.

Había diferencias ideológicas, diferencias de concepción estratégica. Nosotros pensábamos que la lucha urbana era una ratonera, en la medida que no haya un espacio estratégico más amplio. Ellos consideraban que la ciudad era una selva. Nosotros, enmarcados en el plan del Che, teníamos otra concepción de cómo ir desarrollando la guerra.

Sin embargo, las acciones realizadas por las FARO siempre tuvieron lugar en el ámbito urbano…

Sí, en el ámbito urbano. ¿Por qué? Había gente reclutada cuyo destino era las columnas de la guerrilla en Bolivia. Por eso es que las acciones tenían pura y exclusivamente un contenido táctico. En esos años, se hacen acciones de expropiación, de recuperación, operaciones de castigo, se toma un cine, acciones de propaganda armada. Pero llegábamos hasta ahí. Porque cuando el MLN lanza ya operaciones por encima de la propaganda armada, ya entra el Ejército, entra otro sistema represivo que nosotros no estábamos capacitados para enfrentar. Sufrimos golpes y es ahí que en Punta Carretas se plantea la unidad. Bueno, no prospera.

Pero qué sucedía. El éxito de las acciones de los Tupamaros generaba tensiones en nuestra organización porque aquel compañero que no nos daba tiempo de formarlo para que entendiera la diferencia ideológica estratégica inmediatamente se pasaba para el MLN. Hubo mucho de eso. Le pasó a todas las organizaciones porque el éxito de los golpes Tupamaros hizo magisterio hasta para otros procesos revolucionarios.

La formación marxista leninista, la concepción de la importancia del trabajo oscuro, cotidiano, en el seno de los sindicatos, no tiene la brillantez de lo otro. Por eso es que la autocrítica que nosotros hacemos de ese periodo hasta el 73 es que no hicimos una tarea suficiente, como expresión de capas medias, dentro del movimiento obrero. Pero aprendimos, con las alianzas con el Partido Comunista y el Partido Socialista, a descubrir la importancia que tenía el trabajo social. Porque nace con lo superestructural de lo electoral, pero desde el momento en que vos te clandestinizan ya es el pueblo el que te ampara. Además, habíamos tenido años de trabajo en listas sindicales, junto con los comunistas, en los que nuestra militancia se había convertido en dirigentes sindicales. Es un periodo en el que la guerra y el avance de la ideología proletarizan al MRO.

En el 72, nos rompieron todo. Unos meses habían liquidado al MLN. Pero la expresión política, el MRO, eso viene después con el golpe de Estado. Luego viene la diáspora, gente en Suecia, en Argentina. Esa situación provoca que desde el 73 hasta el 84 se sobreviva en las condiciones que se pueda. Del 85 en adelante comienza el proceso de reencuentro, en el que hacemos un balance autocrítico en el que afirmamos que el MRO era una expresión política de las clases medias, que se había proletarizado, que había reclutado gente en los sectores más humildes, pero que no dio tiempo porque la dinámica, tanto de la burguesía como del imperialismo hacia el golpe de Estado, como la dinámica llevada por el MLN, no permitió consolidar. Había situaciones que se arrastraban de la lucha de clases en nuestro país y carencias propias.

Deslumbre tupamaro

Siempre tuvimos una coherencia ideológica. No hubo tendencias al interior del MRO, pero sí escisiones, en función del deslumbre del acccionismo tupamaro. Absorbían compañeros que, según me han manifestado dirigentes del MLN, eran los que después jodían con el tema de la ideología, la importancia de la construcción del Partido. Hay muchos compañeros desaparecidos, muertos, que arrancaban de las juventudes del MRO o de las estructuras partidarias nuestras. Compañeros que pertenecían a nuestras filas y que fueron absorbidos por la capacidad combatiente del MLN.

¿Por qué se forman las Fuerzas Armadas Revolucionarias Orientales?

¿Qué sucede en el 67? Muere Gestido que es el presidente que venía temperando un poco las cosas, intentando frenar las presiones del imperialismo hacia un golpe militar y homogeneizar las dictaduras en el continente. Sube Pacheco y una de las primeras medidas es la ilegalización de todas las organizaciones. Viene un periodo, hasta las elecciones de 1971, conocido como la dictadura pachequista, más allá de que estuviéramos en el marco de una legalidad burguesa, porque algunos partidos de izquierda estaban legales y algunos diarios no se habían clausurado. Comienzan en este periodo a operar los aparatos paramilitares.

Es ahí cuando nosotros consideramos que las condiciones de la legalidad burguesa se pueden expresar en una organización político-militar mientras seguimos más allá de la derrota del Che teniendo vinculaciones con la gente de Marighella, con Lamarca, con las FAL argentinas, con los Peredo en Bolivia, con miras a reestructurar ese plan estratégico a largo plazo.

Ahí creamos las Fuerzas Armadas Revolucionarias Orientales. A partir del 67 se empiezan a realizar acciones expropiatorias, de recuperación de armas. Hay todo un período que se trabaja en silencio porque el MRO, si bien estaba ilegalizado, teníamos un diputado. Por lo tanto, él pasa a ser la expresión política de línea del MRO clausurado.

Son años, del 67 al 71, de una combinación muy particular en nuestro país. Un potente movimiento de masas, el desarrollo de la guerrilla de varias organizaciones y una propuesta política donde desprendimientos de partidos liberales se suman a la construcción del Frente Amplio en el 71. Se había dado un proceso a mediados de los 60 donde la descomposición del Partido Nacional y después de 90 años de Partido Colorado, el movimiento popular, influenciado mucho por la izquierda, genera un gran debate nacional, el Congreso del Pueblo en 1964, y un año más tarde todas las centrales que estaban divididas se unifican en una sola central de trabajadores, la CNT.

Entonces, se dan el desarrollo de la lucha armada, la unificación del movimiento obrero y una presencia importante de los partidos socialista y comunista en la juventud, la cultura y los sindicatos. Esas vertientes son la que gestan en el año 1971.

Las Fuerzas Armadas Revolucionarias Orientales surgen como resultado coyuntural y táctico del planteo estratégico comprometido antes. ¿Por qué no se crean en el año 61 las FARO? Porque justamente el MRO se conforma como un desprendimiento del Partido Nacional en el que lo que primaba era una concepción nacionalista. Tal es así que el movimiento nace con una reforma constitucional donde se planteaba, desde el punto de vista del programa, la reforma agraria, la nacionalización de la banca, mediante un proyecto constitucional. Cuando esa línea sólo se podía llevar más adelante a través del desarrollo de la lucha revolucionaria.

Va madurando en esos años al calor de todas esas luchas. Del 62 al 65 hay medidas prontas de seguridad, los sindicatos eran intervenidos, fue madurando al calor de la lucha de clases, la radicalización de la Revolución Cubana y con la educación política al lado del Partido Comunista y Partido Socialista.

Las FARO son el resultado del compromiso estratégico con el plan del Che y es se define en el segundo Congreso, en el año 1964-1965. Quiénes iban a eso. Eran los mejores militantes del aparato político, pero también comenzaban unas tareas preparatorias de contenido político-militar que eran una forma de ir probando. Hay una etapa primera en la que se extrae a los mejores militantes en el frente político. Después, en el 66-67 son seleccionados por el propio desarrollo de las acciones preparatorias que no tenían una expresión política. Era la etapa de clandestinización total de la organización hacia la construcción de esa organización político-militar. Pero siempre en el sentido de que no considerábamos desarrollar una estructura armada bajo la legalidad burguesa. Seguíamos trabajando en el plano electoral y en el plano social, mientras se iba desarrollando lo otro en condiciones preparatorias.

El proyecto organizativo implicaba que, por ejemplo, en una célula de la organización clandestina, unos militantes estuvieran dedicados al frente político, otros en el plano social y otros al frente armado. La estructura era dos, dos y dos. Dos del frente político, dos del frente social y dos del frente armado. Eso siempre se mantuvo, salvo cuando caían los compañeros. El sector que sufría más era siempre el aparato militar. La recomposición de eso en las condiciones que imprimía el desarrollo operativo del MLN, hacía que la reconstrucción fuera muy difícil. Pero siempre cabía la posibilidad de ir a reclutar al frente político o al social.

Siempre se planteó, desde antes del 67, una estructura permanente. Siempre hubo estructuras permanentes, con las limitaciones de cada periodo. No pudimos estructurar más de dos columnas con 30 combatientes cada una. Eso fue lo máximo en el periodo de mayor auge, de mayor participación desde el punto de vista armado, de acciones de una cierta envergadura, que fue en el 70. Después tenías todas las estructuras políticas. Ahí se mide en forma diferente, porque vos hacías un acto de masas y llenabas el Platense, 3.000 personas. Teníamos una convocatoria de masas que hoy no podríamos hacer. En aquel momento, esos actos políticos te garantizaban de 1.500 a 3.000 personas. De tal manera que cuando el plebiscito del año 71, la lista 1811, que refrendaba el MRO saca de 13.000 a 14.000 votos.

Nosotros teníamos individuos que estaban profesionalizados, clandestinizados, y después los combatientes tenían obligación de tener inserción social o inserción política. La inserción política implicaba muchas normas de seguridad, porque era una fuente de infiltración. Pero nosotros lo teníamos como criterio, porque no entendíamos que el problema de la lucha armada fuera de un comité militar o de una estructura, era toda la organización en su conjunto la que debía asumir el desarrollo y cada uno con tareas específicas.

¿De esos 60 combatientes, cuántos estaban profesionalizados?

Tipos dedicados exclusivamente al área militar estaban los dos comandos de columna, de seis y seis, eran individuos que estaban buscados. De los 60, unos 10 o 12 estaban dedicados pura y exclusivamente a la planificación y a la formación.

¿Qué cauces existían para vincularse a las FARO?

Había tres formas de vincularse. Gente que se reclutaba en el aparato político o en el sector social, o algunos que eran avalados directamente por las estructuras de la columna. Ahora, ¿cuál era el proceso? Nosotros teníamos un periodo de pre-ingreso, en el que se hacía mucho hincapié en la importancia de la comprensión política. Pero la dinámica hacía que la discusión y la documentación estuviera muy linda, pero nosotros no podíamos marcar los tiempos. Pero sí había una especial preocupación por la formación ideológica-política. Porque en una estrategia regional y a largo plazo, donde ya se nos había ilegalizado en el 67, ya habíamos sufrido medidas prontas de seguridad, considerábamos que la formación política y la inserción social eran muy importantes. Por eso que cada uno de nosotros, si bien teníamos profesionalización, eran los menos porque considerábamos que para un combatiente era tan importante hacer un discurso en una asamblea como asaltar un banco.

¿Todo militante del MRO era combatiente de las FARO?

No lo podíamos imponer. Había todo un crecimiento de gente que aún tenía responsabilidades dentro de la organización, más allá de que muchos tenían entrenamiento en otros lados. El paso de la teoría a la práctica no es fácil. Cuando nos ilegalizan, el Comité Central se reúne y por muy pocos votos se decide el desarrollo de las FARO ya como una estructura táctica en el Uruguay. Una cosa es arrancar como conspiración y otra estar dentro de las estructuras del Estado y eso tiene que ir girando hacia una concepción político-militar. El MRO no nace en 1961 para desarrollar la lucha armada. Son cosas que se van definiendo en un proceso y después el planteo teórico hay que llevarlo a la práctica. En todos esos saltos de calidad no te acompaña la cantidad anterior. Entonces, para no generar fracturas, la fuimos llevando de forma escalonada, de manera que no hubo escisiones ni traiciones, pero sí desprendimientos hacia otros sectores políticos, tanto el MLN como el Partido Comunista. Eran momentos en que la prédica del “izquierdismo como enfermedad infantil del comunismo” prendía. Nosotros veníamos de capas medias. Ahora, eso fue minoría, el grueso de desprendimiento pasaron al MLN.

¿Qué preparación militar existía?

El tipo de preparación, la mejor era la que se realizaba en otros países. La de acá era pura y exclusivamente en función de cierta teoría. Manejábamos mucha documentación de formación militar, todo lo clásico desde el punto de vista teórico. Fue una experiencia no particular porque los contactos con la OPR o con el MLN, eso te ayudaba. Por ejemplo, el ingeniero Almirati, del MLN, a nosotros nos enseña a hacer amonal. Hubo una experiencia compartida pero no operamos en conjunto. Sólo llegamos a operar en conjunto en el período donde se dan discusiones en el penal de Punta Carreta y para hacer la discusión más honesta, más transparente, ponemos algunos compañeros en acciones más importantes del MLN. En ese periodo, algunos compañeros nuestros participan, con el MLN, en algunos secuestros. Justamente, ese es uno de los factores de mayor deslumbramiento en esos compañeros, de los que algunos, después, se pasarían al MLN.

¿Qué papel jugaba la lucha armada en la estrategia política del MRO?

Para nosotros, desde el punto de vista ideológico, decimos que existen contradicciones antagónicas y no antagónicas. Las antagónicas se resuelven por la violencia. Las no antagónicas por la tolerancia, la persuasión. La lucha de los pueblos contra el imperialismo es antagónica y, por lo tanto, se resuelve por la violencia. De acuerdo a la coyuntura o al momento histórico, esa violencia se expresa por lucha armada guerrillera, por un asalto al poder. Ahora, lo que queda bien claro es que el problema del imperialismo es un problema de la violencia organizada de las masas, donde juegan un papel la vanguardia, el partido. ¿Qué papel jugaba antes y qué papel juega ahora? Nosotros lo hemos mantenido así, en nuestros 45 años de existencia.

¿Qué tipo de actividades armadas desarrollaron?

Nosotros no pudimos pasar de la propaganda. Primero, años de trabajo silencioso, de recuperación. Como una de las grandes acciones realizadas habría que mencionar la toma del Cine Plaza, donde se estaba pasando la película Zeta. Se realizaron, también, acciones de expropiación a la cadena de almacenes Manzanares, con posterior reparto de comestibles en las zonas marginales. Cuando yo caigo, en el 70, se siguen desarrollando otras acciones, que desconozco. Estamos, justamente, en esta etapa en un proceso de reconstrucción histórica. Se han perdido partes de guerra, comunicados, etc.

¿Se puede considerar a las FARO como una organización foquista?

Nosotros arrancamos en ese período de consolidación ideológica y de estructura político-militar creciendo y desarrollándonos. Entre el 64 y el 65 los documentos ideológicos de ‘América Latina’ incluyen los artículos de Regis Debray. Pero en el año 66 y 67, cuando comenzamos a reestructurar la organización y dotarla de ideología, nosotros nos hacemos eco de una autocrítica que está dando vuelta en esos años, donde dos integrantes del Partido Comunista Cubano consideran que la versión de Regis Debray no es la síntesis ni de la estrategia del proceso de la Revolución Cubana ni la propuesta cubana para el desarrollo de la revolución. Esto luego se refleja en los sucesivos encuentros de la Tricontinental y de la OLAS.

Para nosotros, la estrategia del foco, sin partido, sin trabajo político al reformismo, no tiene sentido. La estrategia del foco desprecia ese tipo de cosas y hace de la acción como el catalizador de una situación revolucionaria. Nosotros no compartíamos esa visión y así lo recogen los documentos de las FARO, sobre todo en el Documento 2, cuando hablamos del papel de la estrategia. Ese documento no hace una gran crítica, pero sí un cuestionamiento a esa concepción porque si vos estás asumiendo el marxismo-leninismo y le estás dando importancia al partido, si le das importancia a la lucha contra el oportunismo, el foquismo no tiene cabida.

A nivel interno de las FARO, ¿qué estructura existía?

La organización era en columnas. Cada columna tenía un área de logística, una de combatientes y otra área donde había que hacer trabajo social o electoral. La estructura en su conjunto, de esas tres grandes áreas, se tenía que reproducir porque si era golpeada la organización, una columna tenía que reproducir la organización. Entonces tenía una estructura logística, una militar y una social o electoral. También dependía de la coyuntura. Cuando hay un mayor desarrollo de las FARO estamos ilegalizados, por más que el frente de izquierda donde nosotros estábamos no estuviera ilegalizado. Vos te podías cobijar por los comités del FIDEL, que tenía una estructura legal.

En cuanto a la columna, ¿cómo estaba organizada la dirección?

La dirección era de tres, seis o nueve. Generalmente, llegaron a seis.

¿Cómo se producía la relación entre ambas columnas?

A nivel de dirección.

¿Las dos columnas operaban en Montevideo?

Sí. Montevideo y Canelones. No pasamos de ahí. Pero había también operaciones conjuntas con organizaciones argentinas, tanto allá como acá.

¿Cómo se combinaba la actividad militar clandestina de las FARO con una actividad más abierta del MRO?

La estructura de la célula era compartimentada. Lo que provocaba el trabajo político o electoral era que automáticamente había alguno dentro de las estructuras clandestinas que era conocido. Podía suceder dentro de la estructura de la célula. ¿Cómo se coordinaba en una célula el trabajo de masas? Ahí había que trabajar, rendir cuentas, se tenían directivas, y la dificultad era que era necesario sostener la compartimentación porque el trabajo de venir de una estructura electoral, con gente que había estado en los diarios o en procesos electorales, por más que vos sostuvieras cierta compartimentación, automáticamente esos compañeros quedaban descompartimentados dentro de la estructura. Bueno, era el precio que nosotros considerábamos que había que pagar para mantener la estructura homogénea de la organización donde todo el mundo asumiera el proyecto estratégico ideológicamente y algunos hasta del punto de vista organizativo. Porque después había estructuras del MRO y del FIDEL que no estaban vinculadas a las columnas ni a la estructura armada. Eran o colaboradores o, sencillamente, tenían que desarrollar la línea política en ese frente sin tener ningún tipo de vinculación con la estructura armada.

¿No era contradictorio impulsar una vía electoral y al mismo tiempo la vía armada?

No, no. Una cosa es la estrategia y otra cosa es la táctica. Nosotros teníamos como estrategia la violencia organizada de las masas. Para nosotros es importantísimo utilizar todos los espacios que la legalidad burguesa te ofrece. ¿Por qué? Porque los espacios no son brindados por la burguesía. Son el resultado de las luchas históricas del proletariado. En el seno de la sociedad vieja va naciendo la nueva. Para poder dar el salto de calidad hay que destruir la vieja, pero en el seno de la vieja van apareciendo todas esas libertades obreras, democráticas, que no son fruto de una dádiva. Entonces, las elecciones, la posibilidad de tener un partido en el marco de la democracia burguesa, en ese periodo de consenso más que de contradicción flagrante, hay que utilizarlo. Ahora, hay que utilizarlo para denunciar que estamos bajo un régimen de esclavitud de los trabajadores y que todo eso se resuelve rompiendo eso. Si vos profundizas, consolidando los valores de la democracia burguesa, entonces sí que es falso que vayas a avanzar hacia la concientización y preparación de las condiciones para desarrollarlo mediante la confrontación.

Para nosotros, el tema electoral es un paso táctico, como luchar en un sindicato, como luchar en una cárcel. El fundamental, el eje articulador de todos es el desarrollo de la lucha armada. Y el desarrollo de la lucha armada no responde a que un día somos legales y otro día clandestinos, sino que los dos polos van unidos en la lucha y en cada momento histórico, se hace hincapié en uno u en otro. Por eso es que no veíamos contradicción. No hubo drama. Una de las cosas que establece Lenin es que una organización se pone a prueba en los virajes tácticos. Por lo tanto, tener elecciones o no tener elecciones, tener locales o no tenerlos, está en el desarrollo de los avatares del desarrollo de la lucha revolucionaria. Ahora, lo que vos nunca podés dejar de lado es organizarte desde el punto de vista de la necesidad de la confrontación violenta. Que el desarrollo del instrumento pasa por periodos de preparación, de operativo abierto, de reflujo y retroceso, eso lo va marcando la lucha de clases.

¿Qué vínculos existían con otras organizaciones revolucionarias?

Desde el punto de vista nacional, siempre hubo vínculos con otras organizaciones. Relaciones estrechas, de coordinación, lo que nunca se pudo armar en el Uruguay fue un frente porque el éxito del MLN, no digo que lo ensoberbeció, pero le introdujo las características de todo movimiento pequeño burgués, digamos una autosuficiencia. Los dos polos históricos para avanzar son la unidad y la lucha. El MLN fue campeón de la lucha, peor las instancias de unidad se le impusieron por los acontecimientos. En donde ellos podrían haber unificado todo un espectro político-militar no hubo condiciones. Después en 1989 el MLN tomaría la iniciativa para conformar, en el Frente Amplio, el MPP, con la unificación de todo un espectro radical. Justamente, en vez de ser consecuente con esa línea y ese programa, fue demostrándolo y se fueron bajando un montón de organizaciones conforme el MLN crecía en función de la rebaja del programa y de alianzas mucho más amplias. O sea, aquello que no se hizo en la década del 60, lo promueve, ya con otros objetivos, en la década del 80.

¿Qué diferencia había entre el accionar político-militar de las FARO y el de otras organizaciones armadas revolucionarias?

Nuestro tipo de operatividad estuvo siempre en operaciones comando, salvo algunas operaciones que funcionaron varios comandos a la misma vez. No pasamos de eso. La diferencia con el MLN es, justamente, que ellos consideraban que el desarrollo de la línea militar era la garantía de, como me dijo Candán Grajales, “ser los convidados de piedra de la política nacional”. Si uno analiza el desarrollo de la línea político-militar del MLN, la propia dirección hoy dice que en el 72 se quedaron sin estrategia.

Además, el MLN tenía toda una elaboración teórica sobre la lucha urbana. Nosotros la considerábamos una ratonera. Entendíamos que era necesario desarrollar una estrategia de zona regional rural. Había una concepción del paso táctico diferente a como lo entendía el MLN.

Y desde el punto de vista de la OPR-33, con la que yo me veía con el Hugo Cores, con Gatti y otros compañeros que estaban en la clandestinidad, ellos le daban suma importancia a que la acción armada tenía que estar de apoyo a todas las movilizaciones de masas. Entonces crearon lo que se llama la Resistencia Obrero Estudiantil, donde la mayoría de las acciones de ellos, más allá del robo de la bandera, estaba ligada a conflictos. El grueso de su actividad estaba enfocado a eso. Por ejemplo, el secuestro de Molaguero por el conflicto del calzado.

Nosotros teníamos una mayor vinculación, desde el punto de vista no de línea sino de trabajo concreto, porque nosotros también hicimos acciones de apoyo a conflictos en aquel periodo histórico, ya que entendíamos que había que desarrollar una línea alternativa al reformismo. Porque el MLN también hacía acciones de apoyo a conflictos, pero no había una especial preocupación por desplazar al Partido Comunista de la conducción del movimiento popular.

Además de con el MLN y con la OPR-33, ¿hubo algún acercamiento con otras organizaciones?

No. Lo que hubo después fueron desprendimientos de ambas organizaciones. Vivimos periodos de desprendimientos del MLN en el que nosotros tratábamos de tratarlos de igual manera, independientemente de que fueran muchos o pocos. Ahora, la mayoría de las coordinaciones se dieron con el MLN y con la OPR-33. Para nosotros el tema de la unidad sin distinciones y de la solidaridad militante hacia cualquier organización golpeada era un principio, aunque pusiéramos en peligro lo poco que teníamos.

Y a nivel regional, ¿con qué organizaciones se mantenía coordinación?

Con las FAL argentinas, en un principio. Después, con el ELN boliviano. Hay un libro, ‘Historia de una pasión política’, de Ariel Collazo, donde esto queda bastante bien registrado. En esa época yo era dirigente sindical bancario y estaba más dedicado a las cosas de dentro de casa. Pero hubo relaciones con el ELN de Bolivia, con las FAL argentinas, con Marighella y Lamarca en Brasil. Mantuvimos relación con un movimiento guerrillero que era desprendimiento del Partido Febrerista de Paraguay. También con el MIR chileno y con un sector del peronismo revolucionario en Argentina. Pero era toda una relación que se gestaba en todos los encuentros que había en Cuba.

¿Hubo alguna operación militar conjunta con alguna de estas organizaciones?

No, no. Excepto con las FAL. Todas las primeras expropiaciones, en el 66 y 67, son con ellos. Son prácticamente los que nos dan un mayor apoyo de planificación de operación comando y ese tipo de cosas. Generalmente, nos enseñaron a hacer acciones expropiatorias, recuperación de vehículos. Hubo mucha relación que no quedaba estructurada en lazos orgánicos concretos. Por ejemplo, nosotros tuvimos conocimiento de la organización de la guerrilla de Taco Ralo. No la veíamos. Daba la impresión que lo manejaba mucha gente. Se había como descompartimentado. Veíamos cierta desprolijidad en cómo se había encarado esa situación. Tuvimos conocimientos antes de que sucediera, pero yo no manejé esos contactos.

¿Cómo afronta el MRO y las FARO la represión y de qué manera afronta la dictadura militar?

Las FARO, a medida que van saliendo compañeros, lo hacen con el cometido de reestructurar la organización bajo la dictadura, existir políticamente, sin condiciones de dar la lucha armada. Había que continuar lo que habíamos establecido: Inserción y resistencia. Había compañeros que prácticamente tenían que irse del país. No había condiciones de sostenerlos en la clandestinidad. La figura máxima del MRO es Ariel Collazo, que es detenido en 1972. Dos o tres años más tarde es liberado y se exilia en España. Pero después, el resto de compañeros pasaron muchos años en cana. Unos quince, otros doce, siete. Las condenas estaban en función de las responsabilidades que se habían tenido. Entonces, hubo una diáspora muy grande. Quedó gente acá que fue destituida en sus lugares de trabajo porque estaban en el aparato político, que no fue detenida ni procesada, pero sí perseguida. Había exilio en la Argentina, exilio en España, en Suecia. Hubo gente que fue a Italia, a Venezuela.

Como existía un aparato político más desarrollado que el aparato armado, hubo mucha gente que se integró al proceso de resistencia del Frente Amplio.

Entre 1973 y 1985 no existe operatividad militar. Desconozco la última acción que realizamos porque yo ya estaba preso. En 1971, después de la fuga de Punta Carretas yo caigo en acciones tres meses más tarde. Después, durante todo ese período, continúa operando un sector de las FARO. En el 72 se hacen acciones. Después de abril del 72, cuando el MLN lanza la ofensiva, nosotros seguimos en toda la etapa de infraestructura y de recuperación de fondos.

Como organización política, desde el punto de vista histórico, las FARO responden a un cierto periodo. Pero el proyecto político con el cual nacen las FARO y el MRO no se modifica en nada. Los nombres responden a coyunturas, a circunstancias. Para nosotros, el planteo estratégico no ha cambiado en nada. Si desde el punto de vista ideológico el imperialismo existe, las naciones dependientes existen, si es una contradicción antagónica que se resuelve con la violencia organizada de los pueblos, la tarea está inconclusa. ¿Cómo será? Guerrilla urbana, rural, semiurbana, doble poder. No sé.

Guerrillas rurales fueron derrotadas y guerrillas urbanas fueron derrotadas. Ahora, las que tuvieron situación de éxito o de doble poder, fueron guerrillas rurales.

¿Qué balance realiza el MRO en la actualidad sobre lo que significaron las FARO?

Nosotros consideramos que saldó el tema de la teoría y la práctica de una organización política que se denomina revolucionaria y que asume una ideología revolucionaria, una estrategia revolucionaria y una práctica revolucionaria, donde hay un conjunto de aciertos y errores. Los aciertos están en función de que 45 años más tarde esta organización sigue viva y tiene un reconocimiento de coherencia y consecuencia en su planteo programático y estratégico. Desde el punto de vista de errores, nos faltó un mayor conocimiento de la fuerza del enemigo, un mayor conocimiento del enraizamiento del nivel de conciencia y de estado de ánimo del pueblo.

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