FARO Documento 1 - Las clases sociales en Uruguay

18.Oct.05 :: FARO 1967-1985

2 - LA PRACTICA

E - LAS CLASES SOCIALES

II – Las clases sociales en el Uruguay

La estructura de clases uruguaya fue durante mucho tiempo, distinta de la de la mayor parte del continente, pero en los últimos tiempos, las diferencias se han ido borrando, y el Uruguay y el continente han pasado a asemejarse cada día más.
Del Uruguay, país “europeo”, la Suiza de América, se ha ido pasando al Uruguay país latinoamericano, del Uruguay excepción al Uruguay regla general.
La causa fundamental de esta transformación se encuentra en el rápido avance del imperialismo sobre el área del Cono Sur, sobre todo con posterioridad a la segunda guerra mundial, en una verdadera invasión yanqui favorecida en el desarrollo enorme de los medios de comunicación.
La consecuencia más importante desde el punto de vista de las clases fue sin lugar a dudas, la absorción de la burguesía nacional uruguaya por el imperialismo y su integración al sistema político, económico y militar del imperio.
Para efectuar el análisis de la estructura de clases del Uruguay, se hace necesario estudiar: a) las clases enemigas de la revolución; b) las fuerzas o clases de la revolución y c) la naturaleza de la revolución.
a) las clases enemigas: Están constituidas por el imperialismo yanqui, los latifundistas y la gran burguesía oligárquica (banquera, importadora, industrial y burocrática). Los intereses de todas ellas se entrecruzan en la espesa red financiera de la oligarquía.
Sin embargo, hay que tener en cuenta que en el Uruguay hay un desarrollo industrial parcial para satisfacer las necesidades del mercado interno, que tiene tres características definidas: I) un mercado reducido; II) un gran desarrollo de pequeños talleres y fábricas que dan un peso muy grande a la pequeña y mediana burguesía (el promedio de obreros por establecimiento es de cinco); III) visto desde el exterior, el Uruguay es un país proveedor de materia prima para las metrópolis, en cuyas exportaciones la lana, los cueros y la carne rebasan en conjunto el 80% del total.
El Uruguay, como hemos dicho, tenía una débil burguesía nacional, que ha sido absorbida por el imperialismo en los últimos años. Ernesto Guevara ya lo había anunciado cuando decía que: la burguesía nacional no tiene otra salida que ponerse totalmente bajo la tutela del imperialismo” y Vivián Trías corroboró esto cuando afirmó que “las burguesías nativas están incluidas en el complejo imperialista”
No obstante, Arismendi ha sostenido lo contrario, entendiéndose que en la estimación del papel de la burguesía nacional existen dos peligros: el minimizar su papel considerándola como un mero instrumento del imperialismo, lo que lleva al aislamiento del proletariado, o al exagerar su rol creando falsas ilusiones que llevan luego a grandes traiciones y desilusiones. Por otro lado, entiende que debe distinguirse muy bien entre alianza de clases y colaboración de clases, y que sin perjuicio de ser consciente de la cobardía política de la burguesía frente al imperialismo, y su voracidad de clase frente al proletariado, deben aprovecharse hasta el fin todas las contradicciones, para llevarla en todo o en parte al combate, o para lograr de ella una neutralidad favorable.
La gran debilidad del movimiento democrático reside en la distancia entre el nivel organizativo de la clase obrera y su enlace con los campesinos, como también en la insuficiente aglutinación de las capas medias urbanas (estudiantes, funcionarios públicos) en torno al proletariado.
Esas desarmonías deben corregirse, pues el despertar del campo: el logro de la unidad obrero campesino y la unificación de las capas medias junto al proletariado, servirán para definir también el camino de la burguesía nacional.
Frente a esta opinión de cierto eclecticismo de Arismendi, se impone recordar la opinión de la Declaración de la OLAS: “Las mismas contradicciones de la burguesía latinoamericana con el imperialismo yanqui se desarrollan en tales condiciones de subordinación y vasallaje que jamás adquieren un carácter antagónico: su impotencia es absoluta”
Entendemos que a esta altura del proceso en Uruguay, tiene razón la Declaración de la OLAS, votada también por el propio Arismendi.
En los últimos años, en los partidos blanco y colorado se ha visto reflejada fielmente esa impotencia, tanto en cierta experiencia blanca de la UBD cuando Ferrer Serra, como en la experiencia colorada de Vasconcellos, La burguesía uruguaya es hoy impotente para ejercitar su política distinta a la del imperialismo, que impone sus decisiones a través del FMI.
En el actual panorama político están reflejados los cambios de clase hacia la entrega total de la burguesía hacia el imperialismo. El sector mayoritario batllista de Luis Batlle, que representaba años atrás a la burguesía conciliadora (fábricas textiles nacionales, manufacturas de artículos de consumo, etc.) han pasado a representar a la burguesía vendida. Al imperialismo, a través de Jorge Batlle que se ha unido a la derecha riverense colorada, latifundaria e imperialista, y ambos a los restos más conservadores del ex - gestidismo.
Son en cambio minoritarios e impotentes, los sectores que como el de Vasconcellos, Michelini, Segovia o Roballo, representan a la burguesía conciliadora y media.
En cuanto a los blancos, el carácter marcadamente nacionalista, aunque de derecha, que representaba Herrera, ha desaparecido, y en los dos grandes sectores predominaron los más vinculados al imperialismo: Nardone, y los diarios EL País y Nuevo El Plata, aunque hay algunas fronteras están más imprecisas, por haber pasado el partido a la oposición. Pero mientras fueron gobierno, las tendencias fondomonetaristas fueron siempre abrumadora mayoría.
El Uruguay tuvo una burguesía nacional representada a comienzos del siglo por Batlle, que impulsó algunas reformas y nacionalizaciones, pero esa burguesía ha perdido hoy toda independencia y es, realmente, impotente frente al imperialismo de modo que debe descartarse la posibilidad de una alianza con la alta burguesía media, integrada por estudiantes, intelectualidad patriótica y funcionarios públicos.
c) las clases revolucionarias las fuerzas de la revolución están integradas por todas las clases que en la ciudad y en el campo tienen intereses económicos opuestos a las clases enemigas de la revolución. Son los siguientes:

1)El proletariado urbano:
Debe ser la fuerza dirigente del proceso. Es una clase relativamente numerosa en el conjunto de la población, ya que es el 10% del total y en lo esencial está concentrada en Montevideo. Tiene una larga trayectoria de lucha y organización sindical, la que pese a graves omisiones y errores, no deja de ser importante. Los factores negativos de nuestro proletariado son:
I) su enorme dispersión, ya que está diseminada en gran cantidad de talleres y fábricas.
II) Sus grandes deformaciones reformistas, de origen burgués y revisionista, que se ha desarrollado durante decenas de años, en el marco de una democracia burguesa relativamente estable.

2) El proletariado rural
Los asalariados agrícolas integran el proletariado como clase única, pero dado el retraso del desarrollo capitalista en el campo, tienen resabios de campesinos pobres, ya que en una u otra forma disponen de pequeñas parcelas o terrenos que alientan en ellos el desarrollo de la ideología pequeño burguesa, el individualismo del pequeño propietario.
Esta situación es general, salvo en las grandes empresas agrarias capitalistas (arroceras, remolacheras, lechera, etc.). En el campo existe todavía un considerable atraso organizativo político e ideológico. Es frecuente que la izquierda equivoque el análisis de la población rural. A los efectos de orientar correctamente el trabajo político, aconsejamos estudiar tres editoriales de Marcha del Dr. Quijano (Nros. 1463, 64 y 65) de setiembre 19,26 y octubre 3 de 1969) en los que se analiza el censo agropecuario de 1966.

Las conclusiones principales son:
1) la población rural del país es de 327.000, mientras que los trabajadores rurales son 190.000 y se viene reduciendo inexorablemente en un 34% desde 1956 a 1966.
2) En ese mismo período han desaparecido 10 mil establecimientos pequeños, aumentando en cambio los establecimientos de 1000 a 5000 hás; de lo cual debe concluirse que las tareas agrícolas dan cada vez menos ocupación a las gentes, mientras que las explotaciones se concentran.
3) La población desplazada del campo va a la ciudad, pero no a engrosar el sector secundario industrial, sino a los cantegriles y cinturones de miseria de los centros poblados y a aumentar el sector terciario de los servicios.
4) Los patronos y los miembros de sus familias que trabajan con ellos, son el 74%, mientras que los asalariados apenas llegan al 25%.
5) De esos 327.000 que integran la población rural solo trabajan en la ganadería 60 mil y de éstos, 45.000 son patronos o sus familias y solo 15 mil son asalariados.
6) Para cuidar 7 millones de vacunos y 23 millones de lanares en unos 14 millones de hás.; hay por tanto un hombre cada 316 hás., y si se trata de asalariados, hay un hombre cada 1.060 hás.
7) Estimando la población activa del país en un millón de personas, los 60 mil ocupados en la ganadería son el 6% de la población mientras que los empleados públicos son 250 mil (el 25%) y los jubilados y pensionistas 350 mil (35%). Habría que descontar aquí el considerable número de jubilados que mantienen sin embargo otra actividad.
8) En un solo departamento, Artigas, los asalariados superan a los patronos. Los departamentos con más bajo porcentaje de asalariados son, por su orden: Canelones, Maldonado, Colonia, San José, Lavalleja y Rivera, Los departamentos con más alto porcentaje de asalariados son, después de Artigas, Río Negro, Salto, Flores, Treinta y Tres, Durazno y Soriano.
9) La escasa población agrícola trabajadora se concentra en los alrededores de Montevideo: Canelones, San José y Colonia, donde los patrones y sus familias son ocho veces más que los asalariados. En el Uruguay se les denomina pequeños productores o medianos y constituyen el campesinado, dueños o poseedores de predios pequeños, que se diferencian por eso, de los asalariados rurales, tales como los remolacheros, cañeros, arroceros, peones de estancia, braceros, esquiladores, ordeñadores, alambradores, troperos, galponeros, tractoristas, herreros, zapateros, etc. que no poseen medios de producción propios.
De este estudio del Dr. Quijano se extraen muy importantes consecuencias tanto en el plano ideológico como político. Desde el punto de vista ideológico estas realidades tremendas de reservas ganaderas y producción en baja, de 100 mil trabajadores menos, de 10 mil establecimientos chicos que desaparecen, de la concentración de la propiedad rural, y de una estructura de población activa el 6% está en la ganadería y el 29% en la burocracia, de plena razón al reclamo programático de la izquierda de la reforma de las estructuras agrarias, que deben abarcar no solo la eliminación del latifundio, sino además el cambio sustancial de la producción de las materias primas, del crédito rural, de la industrialización y su comercialización.
Desde el punto de vista político, estas estadísticas enseñan como la prédica genérica sobre reforma agraria puede ser mal interpretada por esos miles de pequeños y medianos productores del Sur como a un ataque a su propiedad, aunque ésta no sea más grande que un pañuelo, y como existe un fondo de razón en esto, porque en el Sur el problema fundamental no es el latifundio, sino el problema de los precios, el de la carencia de recursos, el del atraso técnico, el de los arrendamientos rurales. Hasta el precio de la lana, que parecería interesar a los grandes latifundistas, es un problema también de los pequeños productores que tienen unas cuantas ovejitas, y desean estar bien informados sobre el tema.
El fenómeno de Nardone, antes de transformarse en un agente vulgar del latifundio y del imperialismo, con aquélla diferenciación entre botudos y galerudos, puso en evidencia ante todos este gran problema. La desaparición de Chicotazo debe ser debidamente aprovechada, es necesario llenar el vacío que ha dejado. En primer lugar, con los núcleos de asalariados que todavía están necesitando de mayor organización, pero también con los pequeños productores, sobre todo en el sur, que si no son atendidos por la izquierda pueden volver a caer en movimientos como el de la entidades agrarias, dominadas por los grandes productores, o a través de las audiciones de Eduardo Corso, golpista, reaccionario y gran tambero.
Es urgente crear organismos clasistas que agrupen a los pequeños y medianos productores, que por otra parte, constituyen una población muy numerosa e influyente de lo que parece a primera vista (remolacheros, tamberos, pequeños viticultores, queseros chicos, etc.) El contraste agudo entre el gran nivel de organización de la clase obrera industrial y aún de la pequeña burguesía urbana, y el retraso en la organización de los obreros rurales, es el gran factor de retardo de la formación de la alianza obrero-campesina, y por lo tanto, del desarrollo de la revolución.
De la capacidad del proletariado para llegar al campo y forjar la alianza obrero-campesina, dependerá en el trabajo político y de masas el ritmo del proceso revolucionario uruguayo.

3)la pequeño burguesía urbana y la burguesía media
Está constituida por los intelectuales, los pequeños comerciantes, los talleristas y artesanos, los profesionales universitarios, etc.
Este tema, así como el del estudiantado, cuyo origen es predominantemente burgués, será estudiado extensamente más adelante.
c)Naturaleza de la revolución
De acuerdo al estudio de las clases sociales, la revolución uruguaya debe ser caracterizada como antiimperialista, antilatifundista y antioligárquica.
En la caracterización de agraria y antiimperialista que hace el Partido Comunista no se precisa su carácter antioligárquico, lo que es una grave omisión, mientras que el término agrario no aclara nada, pues no apunta hacia los latifundios como objetivo principal, destacado de los demás fines secundarios incluidos en la reforma agraria. También se excluye la caracterización de anticapitalista hecha por los trotskistas, porque hecha contra la revolución a una serie de clases que objetivamente son antiimperialistas y que en esta consigna se ubica como enemigos.
En cuanto a la caracterización de nacional y popular, lo primero corresponde más bien a un país colonial o semicolonial, y no al de país dependiente que es el Uruguay, y lo de popular, no especifica que clases integran el pueblo en esta etapa del proceso, no aclara nada y puede confundir. No resulta correcta para una organización revolucionaria, pero puede ser muy útil en cambio para un frente popular amplio y unido, con postulados programáticos más limitados a la etapa presente, cuya caracterización no puede y no debe ir precisamente, más allá de lo nacional y lo popular.
Por último, recomendamos ver sobre el tema de las clases sociales en el Uruguay, el trabajo de ese mismo nombre publicado en Enciclopedia Uruguaya N. 53, cuyo autor es el Dr. Alfredo Errandonea. Se trata de un enfoque sociológico y estadístico, y no marxista, que apunta sin embargo, con un alto interés, muchas de las características y del comportamiento de las clases de nuestro país.

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