FARO Documento 1 - Revolución el único camino

18.Oct.05 :: FARO 1967-1985

2 - LA PRACTICA

C – La revolución es el único camino

En un reciente informe al IX Congreso del PC de China Mao Tse Tung señalaba: “ En cuanto al problema de la guerra Mundial no existen más que dos posibilidades: o la guerra hace estallar la revolución o la revolución impide la guerra”
Esto se explica, comenta Lin Piao, porque existen en el mundo contemporáneo cuatro grandes contradicciones: la contradicción entre las naciones oprimidas por una parte y el imperialismo y el social-imperialismo por la otra; la contradicción entre el proletariado y la burguesía ente los países capitalista y revisionistas. La contradicción entre los países socialista por una parte y el imperialismo y el revisionismo por la otra.
Según la experiencia histórica de la Primera y Segunda Guerras Mundiales, se puede afirmar que si el imperialismo, el revisionismo y la reacción imponen una tercera guerra mundial a los pueblos del mundo ello sólo servirá para acelerar enormemente el desarrollo de estas contradicciones e impulsan a los pueblos del mundo a levantarse en revolución y a sepultar a todos los imperialista, revisionista y reaccionarios.
“El único camino verdadero es el cambio de la estructura actual, capitalista, por un sistema donde los medios de producción sean de propiedad de los que trabajan.
El único camino es la revolución patriótica, agraria anti-latifundista y nacional, para nosotros oriental, anti-imperialista en marcha hacia el socialismo.
Es el conjunto de soluciones preconizadas para América Latina por la Segunda Declaración de La Habana, del 4 de febrero de 1962 y que el Movimiento Revolucionario Oriental adoptó un mes después, en su carácter de Carta Ideológica para la América Latina.
Es la solución a que llegó la gloriosa isla de Cuba, conducida por el genio y la acción revolucionaria de Fidel Castro, en un proceso heroico y deslumbrante. Las enseñanzas de la Revolución Cubana son decisivas, pues echan luz sobre aspectos de la lucha hasta ahora confusos.
Cuba nos enseña que hoy es posible hacer la revolución, no solo en un país grande, sino incluso en uno pequeño; que la única garantía segura para que la sociedad se transforme y progrese, consiste en entregarle el poder a los obreros y a los campesinos; que no existe un tercer camino entre el gobierno de la oligarquía y gobierno del pueblo y que el mundo liberado y el mundo por liberarse deben marchar unidos y no separados, y ayudarse en todas las formas recíprocamente, contra el enemigo común imperialista.
Cuba enseña que para alcanzar el viejo ideal de la unión federativa de los pueblos de América Latina, es necesario antes terminar con la opresión imperialista y oligárquica y transformar la sociedad.
Cuba enseña, en fin, que son las fuerzas reaccionarias quienes en defensa de sus privilegios, desencadenan la violencia, haciendo de la persecución, la cárcel, la tortura y el crimen, sus “argumentos” favoritos, en un vano intento de frenar el avance impetuoso de los pueblos, pues cuando todos los camino pacíficos se encuentren cerrados, éstos tienen el irrenunciable derecho a la rebelión, consagrado incluso, en la Carta de las Naciones Unidas.
Esta lección ya la han aprendido los pueblos latinoamericanos, que hoy organizan por todas partes sus movimientos de liberación.
América Latina vive hoy la época de su segunda independencia, y en el verbo del poeta “se siente ya el olor a pólvora de 1810”. El sueño de los héroes que de los Andes al Plata nos liberaron de España y concibieron la idea de la unidad continental en el Congreso de Panamá de 1826 o más cerca nuestro, en la Federación Artiguista, readquiere hoy toda su vigencia, para hacerse realidad en ésta, nuestra gesta definitiva.
Es la lucha del mundo oprimido, colonial y subdesarrollado, que hoy despierta en África, Asia y América Latina, para que su liberación, a la par que sirva a nuestros pueblos, contribuya a empujar a los patriotas de los grandes países capitalistas, a deponer a sus opresores, consolidando en el mundo un sistema más justo y más libre, en una humanidad mejor cuyo primer fin sea el hombre mismo.

D – La revolución en el Uruguay

La revolución, pues, será el camino que terminará en el Uruguay con la explotación y las penurias del pueblo. Y en esta tarea por la transformación de la sociedad, no sólo el programa, sino también el método deben ser revolucionarios.
El programa es el cambio de la estructura económica, y por tanto política, social, moral del Uruguay, para lo cual deberán nacionalizarse tierras, bancos y monopolios comerciales e industriales.
Es la solución reclamada hoy por los jubilados, de que se les entregue la dirección de la Cajas, saqueada por blancos y colorados, es la exigencia de los trabajadores bancarios de que se nacionalice la banca privada, son los cañeros pidiendo la expropiación de 30 mil hectáreas de Bella Unión, es la solución de los obreros tabacaleros de que ANCAP se haga cargo del estanco del tabaco, son los maestros pidiendo la dirección del Consejo de Primaria, son los funcionarios de los entes autónomos exigiendo la dirección de los mismos. Son todos aspectos del clamor general porque se expropien los grandes medios de producción, hoy en manos de minoría privilegiadas.
Es que esta estructura no se puede cambiar por evolución, porque no se podrá planificar, mientras haya señores monopolistas que se rían de los planes y no los cumplan. El desarrollismo pretendidamente evolutivo y pacífico, al estilo Frondizi o Belaúnde, que se es diferente de la “revolución en libertad” de Frei, no es más que un intento desesperado de la oligarquía para contentar al pueblo, para ganar tiempo, para desgastar sistemáticamente por medio de la propaganda, todos los postulados de las fuerzas populares, y por eso, aunque jamás estén dispuestos a hacer una reforma agraria, hablan de ella incesantemente y presentan proyecto tras proyecto.
La experiencia del mundo, que al generalizarse se ha convertido en teoría, enseña que la estructura ha cambiado, solo cuando los trabajadores toman el poder, confiscan los privilegios y no transan con ellos para alcanzar el gobierno.
La expropiación de los grandes medios de producción que hoy se encuentran en manos privada, a la par que evitará la evasión de la riqueza forjada con el sudor de los trabajadores, hacia los bancos de Suiza o de Nueva York, o su dilapidación en el lujo de los balnearios de moda, permitirá destinar las ganancias de las empresas económicas a cargo del estado, a la salud, a la educación, a la promoción agropecuaria e industrial, a la vivienda, para que sin necesidad de préstamos extranjeros de carácter leonino, se pueden abrir muchas fuentes de trabajo, se ensancha el mercado interior, se frene el alza de los precios y se eleve el nivel de vida de toda la población.

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