FARO Documento 1 - El Uruguay de hoy


2 - PRACTICA

B – El Uruguay de hoy

Las ventajas de clima, ausencia de montañas, tierra fértil, población homogénea y comunicaciones múltiples con el exterior, no fueron suficientes para hacer olvidar la diferencias de clase de nuestra sociedad, que tercamente se mantuvieron mas allá de cierto desarrollo capitalista.
Las reformas efectuadas sólo sirvieron para las épocas de las vacas gordas, que para nosotros son los años de las guerras en otras partes del mundo. Las leyes laborales se convirtieron en una ficción, la previsión social en una estafa, las nacionalizaciones en una burla, la democracia política en un corset de hierro.
En el edificio que se desmorona, solo queda el recuerdo del conformista “como el Uruguay no hay”, o de la “Suiza de América”, y la “Atenas del Plata” es cosa del pasado en un país que tiene un tercio de su población analfabeta o semianalfabeta.
Los males que hoy sufre nuestro pueblo se deben a que el país está cada vez mas tajantemente dividido en dos clases antagónicas; los privilegiados por un lado y el pueblo trabajador por otro, los poderosos económicamente y los débiles, los propietarios de todo lo que se produce y los que nada tienen: los estancieros y sus peones, los industriales y sus obreros, los banqueros y sus empleados, a los que deben agregarse hoy los pequeños ahorristas”
La clase dominante es la que provoca la inflación, aumentando los precios, el interés del dinero, la ganancia de las empresas o la rentad e sus campos, lo que hace ilusorios los aumentos de salarios de sus obreros, el sueldo de sus empleados, la pasividad de los jubilados y los pensionistas, y hace desplomar el poder adquisitivo general de todos los sectores de trabajadores que viven de ingresos fijos.
Mientras tanto, la prensa, la radio, la televisión se encargan de tratar de convencer al pueblo de que son los aumentos de remuneraciones los que provocan la elevación de los precios, o de que si no se gana mas es porque el obrero es haragán o porque hace demasiadas huelgas.
El pueblo ha sido engañado repetidas veces por esta prédica de la reacción, la que al mismo tiempo que se favorece con la crisis, utiliza sus poderosos medios de propaganda para confundir a la opinión, pero a pesar de todo, poco a poco, la verdad se va abriendo camino, y el pueblo va comprendiendo que son los precios los que van siempre mucho más adelante que sus salarios, y que aquellos suben debido a las exorbitantes ganancias de los grandes capitalistas.
El estado dominado por éstos, a su vez, no es un freno a ese desmesurado afán de lucro, y es importante, por más decretos de congelación que dicte, para frenar el aumento de los precios, transformándose en un cómplice aprovechado de los poderosos, ya que por medio de las periódicas devaluaciones del peso, del embarque o la prenda de nuestro oro, o de los préstamos extranjeros a alto interés y a corto plazo, no hace otra cosa que avivar mas y mas la hoguera de la inflación.
Sus planes de austeridad significan, en buen romance “enfriamiento ilusorio de los precios y congelación real de los salarios.”
Los procesos están dentro y fuera, representados por el latifundio y el imperialismo, en una época en que la libre competencia ha sido sustituida por los monopolios.
Cuando la fusión entre gobierno y monopolios se completa, nace lo que muy especialmente en el Río de la Plata se conoce por oligarquía, vieja palabra que designa el gobierno de pocos.
El hecho fundamental de los últimos años fue, en lo político, la aprobación de la reforma naranja y la instalación de la dictadura constitucional de Pacheco Areco. La reforma se llevó adelante como sustitutivo del golpe de estado, para evitar éste, y porque era mejor negocio. Su objetivo principal fue el fortalecimiento del Poder Ejecutivo frente al parlamento. La reforma buscaba fortalecer a los partidos tradicionales frente a los demás partidos ideológicos, pero la rotación de blancos y colorados en el poder los ha exhibido a ambos ante el pueblo como idénticos.
La reforma sacó en parte a los políticos de las Cajas. Esto fue un golpe duro para los caudillos de comités, cuyo poder se ha tratado de sustituir con el de ,os medios masivos de expresión del pensamiento y en especial de la televisión. El dirigente de Club ha pasado así a depender mucho mas si cabe, de los candidatos poderosos, con grandes posibilidades financieras, eliminándose la influencia de los pequeños caudillos, antes decisivos.
Pero lo mas importante de todo, fue que la reforma permitió instalar un gobierno fuerte, que por medio de la aplicación permanente de medidas de seguridad, fue eliminando los derechos individuales paulatinamente y consagrando una verdadera dictadura constitucional.
El Parlamento reducido a un papel inofensivo, por la amenaza de un golpe de estado en los momentos de crisis. El movimiento obrero sofocado en sus conquistas salariales, con muchos trabajadores militarizados, con destituidos y suspendidos s granel, y con una ley de congelación de salarios denominada de la COPRIB. El movimiento estudiantil con varios muertos en las calles, con la universidad allanada, con la autonomía de secundaria seriamente limitada, y ante la perspectiva de un cercenamiento total de su autonomía por medio de un engendro denominado COSUPEN, que sustituiría a la actuales autoridades en la dirección de la enseñanza, para adecuar todos los planes de la enseñanza a al necesidades del imperialismo y sus monopolios, ávidos por formar tecnócratas que se pongan incondicionalmente a sus servicios. La prensa fue reiteradamente censurada, clausurada y asfixiada. El Poder Judicial mediatizada y obsecuente en su más alta jerarquía y los jueces intimidados y acosados constantemente en su independencia de criterio.
Como no podía ser de otra manera, en este marco de crisis política económica y social, apareció por primera vez en el Uruguay un foco de lucha armada, que a pesar de algunos éxitos parciales de la represión, no ha podido ser eliminado. El tema merecerá un tratamiento por separado mas adelante.

a) El latifundio
Es el mas grave monopolio, el de la tierra, que es por lo tanto de la lana y de la carne, y los estancieros son hoy dueños a la vez del 70% de los capitales de la banca privada. Son las famosas 600 familias propietarias del Uruguay.
El monopolio privado hoy lo domina todo: a las fuentes de trabajo públicas y privadas, a nuestros entes autónomos, endeudándolos en el extranjero y aprovechando sus precios y tarifas rebajadas en lo interno, a nuestra producción agropecuaria imponiendo sus precios de ruina , a nuestra industria ahogándola en los mercados exterior e interno, a casi todos los medios de expresión del pensamiento, utilizándolos para engañar o desinformar a la opinión pública, a los obreros por medio del subempleo o de la desocupación, a los campesinos, medianos y pequeños productores rurales, robándoles en los precios o en los intereses de los bancos, a los funcionarios públicos estafándolos con el aumento del costo de la vida, provocados por los precios de monopolio, a los jubilados empapelándoles las Caja , no vertiendo los aportes y configurando deudas multimillonarias, a muchos funcionarios inspectores (Instituto Nacional del Trabajo, Subsistencias, Inspección de bancos, etc,) sobornándolos hasta hacer ilusorio el cumplimiento de las leyes.
El estado ha pasado a ser un cómplice de esos monopolios y el gobierno no es ya el freno a su voracidad, sino un mendicante mas a su servicio.
En el estado blanquicolorado, tantas veces denunciado por los cada día mas combativos funcionarios públicos y municipales, que deben pagar las consecuencias de una política desaforada de acomodos y burocratización.
Es el estado que no tiene para pagarle a sus funcionarios y ha ido dejando que la salud pública se pierde en el desquicio de los hospitales, mantenidos hoy mas por colectas populares que por el propio estado, mientras las mutualistas en profunda crisis, se van haciendo cada vez mas inaccesibles a extensos sectores de la población modesta, ante el aumento exorbitante de sus cuotas.
La educación pública sufre la competencia de la escuela privada, y mientras no haya dinero para la 4.000 plazas de maestros que se necesitan se crean miles de plazas militares y policiales para preparar futuras represiones. La construcción escolar y liceal se paralizó y a la Universidad se lo niegan incluso, los magros recursos que la ley ya ha previsto.
No puede extrañar entonces que la investigación científica no tenga el menor apoyo, o que escritores, poetas y plásticos carezcan de todo para producir y deban dedicar su tiempo al laberinto económico que significa financiar una publicación, una obra o una exposición, cuando no desistir de tales empresas. Menos aún puede sorprender que en este cuadro general, la infancia y la vejez estén en situación de total desamparo y abandono.
Los datos conocidos del censo realizado en octubre de 1963, aunque informados en forma fragmentaria, son de una notable contundencia. En esa fecha había, en una población de 2.600.000 habitantes, nada menos que 102.000 desocupados y 20.000 jóvenes que buscaban trabajo por primera vez. En materia de viviendas, las cifras constituyen una verdadera condena al régimen: existen 304.000 arrendatarios, generalmente agobiados por altísimos alquileres. Aún subsisten en el país, nada menos que 48 mil ranchos, carentes de los mas elementales servicios de salubridad, al mismo tiempo que 11 mil viviendas están construidas de material de desecho. Y además, en Montevideo solamente, hay 20 mil casas de inquilinato, los conocidos “conventillos”, en las que se hace imposible la intimidad de la vida familiar, e incluso, se obliga a vivir en una dolorosa promiscuidad.
En 1955 se presentaron ante la justicia 22 quiebras. En 1964 hubo 974 quiebras de empresas medianas y pequeñas. Es un índice expresivo de la profundidad de la crisis uruguaya.

b) El Imperialismo
Es la otra gran enfermedad, que acompaña al latifundio como a un objeto su sombra. Antes fue inglés, hoy es yanqui. Sus intereses se funden con los de los bancos privados, y uno y otro mal, constituyen los principales frenos de nuestro desarrollo.
Simón Bolívar, el Libertador, pronunció esta profética frase: “Los Estados Unidos parecen destinados a plagar a América
de miserias a nombre de la libertad”
José Enrique Rodó, definió también, en 1900, en la prosa insigne de su “Ariel”, al país de los trust todopoderosos. “La formación de la plutocracia norteamericana”, decía, “Ha hecho que se recuerde el advenimiento de la clase enriquecida y soberbia que, en los últimos tiempos de la república romana, fue uno de los antecedentes visibles de la ruina de la libertad y la tiranía de los Césares”
América Latina ha sido siempre el patio trasero, el coto privado de caza y correrías de los monopolios norteamericanos. La historia de sus relaciones con nosotros es la historia de las agresiones.
El robo a México de 2 millones de kilómetros cuadrados pertenecientes a seis estados, la colonización de Puerto Rico, la secesión de Panamá respecto a Colombia, para hacer el canal y no tener que pagar casi nada a cambio, las siete intervenciones a Santo Domingo, la invasión a Nicaragua y el asesinato del General de Hombres Libres Augusto César Sandino, y en los últimos años la agresiones a Guatemala, a Cuba, y a Santo Domingo, así como la dictaduras militares entronizadas en todo el continente, con el apoyo embozado de los sucesivos gobiernos norteamericanos, muestran que el imperialismo es tanto un problema del pasado como del presente y de nuestro mas inmediato futuro.
El supercapitalismo de EEUU sigue en los últimos años el mismo proceso que el de Alemania de preguerra. De la libre competencia se pasa a los monopolios, primero industriales y luego financieros, y de éstos al capitalismo monopolista de estado, que generó el monstruoso complejo industrial militar.
Los monopolios yanquis, encabezados por los Rockefeller, reyes del petróleo y por los Morgan, reyes del acero, al igual que sucedió con los monopolios alemanes de Krupp o de la I.G. Farben, viven hoy el problema de la acumulación de excedentes provocada por la anarquía de producción y la falta de planificación que son típicos del capitalismo.
Se produce sin cesar, para un mercado y no de acuerdo con lo que se necesita. Cuando ya no se puede seguir abarrotando mercaderías, porque no se tiene donde venderlas, el único recurso es producir para la guerra, y para eso se necesita de los contratos del estado.
Los representantes de los monopolios pasan a ocupar cargos en el gobierno y lo dominan, y el estado se dedica a defender por cualquier medio y con toda su fuerza militar, los mercados y las fuentes de materias primas del extranjero, mientras en lo interno se eleva el nivel de vida de algunos sectores del pueblo norteamericano hoy, alemán ayer, a condición de que no se piense, no se informe y no se interese por los problemas del mundo, merced a la radio, la prensa y la televisión le embotan diariamente con su propaganda, sus seriales, sus historietas, sus películas de cow-boy y demás estupefacientes del espíritu.
Como el pueblo hay que insuflarle algo que lo galvanice y que concentre su atención, se crea o bien el odio, a través de la discriminación racial, en Alemania con los judíos, en EEUU con los negros, los portorriqueños, los mejicanos o los latinoamericanos en general, o bien el miedo, con el fantasma del comunismo para aislar al pueblo y dividirlo.
Cuando el presidente Kennedy intentó tímidamente resistir esta política y firmó un tratado de paz y de desarme nuclear, o cuando esbozó una defensa de los negros, se le eliminó sin más trámite. De este modo se sustituyó a Kennedy por el Hitler que los monopolios necesitaban, Lindón B. Jonson, en el equivalente yanqui del golpe de estado.
Una vez mas consolidado el dominio del aparato del Estado, los monopolios se lanzan a sembrar sangre y fuego, y en un mundo que ya no admite guerras mundiales, porque el arma nuclear se encuentra, hoy también en poder de los países socialistas, agreden a los pueblos que luchan contra el hambre y la miseria, y libran batallas en Vietnam, en el Congo o en la República Dominicana, entronizan camarillas militares, financian sindicatos amarillos y bandas fascistas e infiltran espías en sectas religiosas o a través de los llamados cuerpos de paz. En una mano de lata de leche condensada o la cruz evangélica, que una vez sirvió a la mas nobles ideas de la humanidad, y en la otra el fuego y la metralla, cuando no la guerra bacteriológica.
La escuela de la explotación yanqui y oligárquica en América Latina son el hambre, la miseria, el analfabetismo, las enfermedades crónicas, la niñez desnutrida, la vejez prematura, los salarios ínfimos, el desempleo, la vida gris y sin horizontes de los jubilados, el gansterismo y la prostitución, nacidos de un sistema económico injusto y bárbaro. Acaso la obra de nuestros novelista, poetas y plásticos no es una denuncia permanente, resignada algunas veces, rebelde las más, contra todas estas lacras de nuestra sociedad..
En el lenguaje admirable de la Segunda Declaración de la Habana: “Por cada mil dólares que se nos van, nos queda un muerto. Mil dólares por muerto: ése es el precio de lo que se llama imperialismo!: Mil dólares por muerto, cuatro veces por minuto!”.

c) El imperialismo en el Uruguay
En el Uruguay, los marines yanquis ocuparon dos veces la Aduana de Montevideo, en 1831 y en 1858, y hoy los norteamericanos prohijan la intervención brasileña con el mas completo descaro.
Su intervención en el Río de la Plata se lanza con enorme fuerza a partir de la Segunda Guerra Mundial, y se hace en la forma clásica, por inversiones privadas, por empréstitos, por evasión de utilidades y por el deterioro de los términos del intercambio, que hace perder constantemente valor a nuestras exportaciones de materia primas, frente a los productos manufacturados que debemos importar. Gran parte de nuestra economía está hoy en manos de empresas norteamericanas, aparte de que los grandes capitales criollos les sirven de agentes y cómplices.
Los empréstitos yanquis solo han servido para hipotecar y entregar nuestros entes autónomos, Banco de la República, Ute, Ancap, etc.
La falta de independencia de nuestros gobernantes se mostró en episodios vergonzosos, tales como el de la claudicación en la protección de nuestra marina mercante nacional o en el rompimiento de relaciones con Cuba.
Oligarquía latifundista e imperialista son una misma en el Uruguay de hoy, y son ellos y no el pueblo, quien en realidad gobiernan por medio del aparato político blanquicolorado.
En el Uruguay futuro, el protagonista principal será el pueblo y en él, y solo en él, reside la esperanza mas pura del Nuevo Uruguay que con nuestra mente y con nuestro esfuerzo tendremos que crear.
No queremos terminar este tema, sin transcribir algunos párrafos del medular trabajo del Dr. Pedro Seré publicado en el N. 54 de la Colección Enciclopedia Uruguaya, cuyo título es “El Uruguay en el mundo actual”, cuya lectura completa consideramos imprescindible.
“La evolución social que sigue Uruguay, dice Seré, a partir de la segunda mitad de este siglo, lo va acercando, en más de un sentido, a Latinoamérica. Padecemos el mismo estancamiento económico, la misma desintegración del régimen político y de la ideología liberal que, en mayor o menor grado, padece toda América Latina. La latinoamericanización de Uruguay pues, además de su significado: indica que el país se enfrenta con la problemática del subdesarrollo común a todo el continente, y que sólo en el contexto latinoamericano Uruguay nos aparece como plenamente inteligible.
Más adelante, al analizar el papel del Imperio Británico, en nuestro país, el autor agrega: “ La reorganización que debía sufrir Latinoamérica para ajustarse a los intereses británicos fue costosa, la producción inglesa inundó los mercados americanos y determinó la clausura de industrias locales incipientes, la producción de al colonias debió reajustarse en función de la demanda metropolitana. Nada de eso ocurrió en el Uruguay: no fue necesario efectuar ningún reajuste, no fue necesario desmontar ninguna industria, había sido organizado en función de los británicos. Ese ajuste original evitó a nuestro país los inconvenientes provocados en otros por el cambio de metrópoli.
“A nuestro entender, los perjuicios que nos produce el colonialismo – por demás conocidos – pueden anotarse en dos grandes rubros: el primero consiste en habérsenos desintegrado del resto del continente, el segundo en haber sido estructurada nuestra vida nacional en función de variables absolutamente incontrolables desde el país”.
“Tres factores condicionan, con desigual intensidad, la situación de todos los países de la América Latina durante el siglo XX. En primer término, el sistema capitalista competitivo cuya manifestación internacional era el colonialismo, afines del siglo anterior culmina su evolución y alcanza la fase monopólica, cuya exteriorización es el imperialismo.
“En segundo lugar, la hegemonía británica en A. Latina es sustituida por los EEUU, dicho desplazamiento ocurre a lo largo de un proceso que, si bien reviste formas particulares en cada región americana, en sus grandes líneas ocurre entre la primera guerra mundial y la gran Crisis del 30.
Por último, la crisis del 29 marca el comienzo de un período de la evolución latinoamericana con características propias, dentro del cual se inscribe la situación presente.
“El Uruguay no conoció sino en forma parcial, el aspecto esencial del fenómeno imperialista, que es la exportación de capitales. El país no ofrece fuentes de materias primas que interesen a los monopolios metropolitanos, ni constituye un campo propicio para que las inversiones produzcan las ganancias que exige el sistema.
Y mas adelante: “El Uruguay actual se vincula con el exterior según un esquema de relaciones complejo, mientras su actividad productiva no rompió substancialmente los moldes coloniales, su dependencia financiera, política e ideológica corresponde mas bien a la fase imperialista del capitalismo. Las corrientes de inversión imperialista esquivan a los países pequeños y que carecen de materia primas estratégicas, para desembocar en los demás países del continente americano, pero la seguridad de tales inversiones no tolera compartimentaciones; exige que aún dichos pequeños países no rompan el esquema político e ideológico cuya coherencia constituye la garantía de solidez de todo el sistema dominante.
“La crisis de 1929 obligó a Inglaterra a restablecer las barreras proteccionistas, abolidas a mediados del siglo XIX, para impulsar el desarrollo de su propia producción agropecuaria. Análogas medidas adoptaron los demás países europeos. Desapareció el factor dinámico que para algunos países latinoamericanos significaba la demanda europea y en función de la cual éstos habían organizado su estructura productiva, los EEUU no colmaron el vacío que dejaba su desaparición.
“Las características de la actividad económica norteamericana son muy diferentes a las de la inglesa, en lo comercial, las exportaciones de los EEUU solo representan el 6% de su ingreso, y la importaciones el 3,5%. Se trata pues, de una economía poco abierta y cuya actividad tiende a provocar el desequilibrio comercial en sus dominios económicos. Esa misma diferencia entre exportaciones e importaciones y su magnitud relativa respecto al ingreso, explica que al aumentar su producto EEUU beneficie poco a su periferia, y que el estímulo provocado por el aumento de la demanda de importaciones de la zona dominada, al contrario de lo que ocurría con Gran Bretaña, no sea devuelto ampliado sino disminuido.
“En Uruguay la crisis del 29 penetró a través de la paralización de su comercio exterior. Organizado por Inglaterra como economía agroexportadora y pendiente su prosperidad de la demanda inglesa, el cese de ésta lo dejó a la intemperie. El hecho de que la inversión británica en el país fuera de reducida importancia, facilitó, desde el punto de vista inglés, la ruptura de la ligaduras económicas. Ese mismo hecho, el pleno dominio de sus medios de producción básicos, permitió al país reorganizarse y superar las crisis por medio del proceso de industrialización que termina en la década de los años 50.
“Aquellos países como el Uruguay, donde la relación de dependencia no había pasado substancialmente la fase colonialista, pudieron enfrentar la opción que les planteaban las consecuencias de la crisis del 29 entre comprimir el consumo importado o sustituirlo por su producción nacional, eligiendo esta última alternativa. Una serie de condiciones internas favorecieron el proceso, también, a partir de 1939, la guerra mundial impuso una protección forzada que consolidó la industria incipiente.
“La nueva organización productiva permitió al país no solo recomponer su nivel de vida anterior a la crisis, sino mejorarlo. Durante mas de veinte años el proceso de industrialización fue expandiendo sus efectos dinámicos como un sustituto de la demanda británica, y con la indudable ventaja respecto de ésta de no estar sujeto, aparentemente, sino a las decisiones que se adoptaban en el propio país.
“Uruguay terminó por olvidar las escasas nociones que tenía acerca de su ubicación y de su dependencia. Por considerarse igual a la metrópolis, adoptó ridículas posturas de gigante: colonialista sin colonias – que es la forma mas triste de serlo - apoyó a Francia contra Argelia, tuvo acerca del subdesarrollo la vaga noción que corresponde a un hecho lejano y ajeno, propio de países de negros e indios, consideró el imperialismo como una consigna manejada por los comunista para desprestigiar a EEUU y aún llegó – imperialista sin imperio – a proponer oficialmente la doctrina de la “Intervención Multilateral”.
“La ilusión duró algo menos de tres décadas. La firma por el gobierno uruguayo de la primera “Carta de Intención” dirigido al Fondo Monetario Internacional, puede considerarse como el reconocimiento simbólico que formulara Uruguay de su condición latinoamericana y dependiente.
Posteriormente, agrega Seré: “El tamaño económico de Uruguay trabó la marcha de su evolución industrial, y la trabó, pues impidió la incorporación de aquellas industrias que exigen una gran escala de producción para ser rentables, entre las cuales se cuentan las que fabrican los bienes de capital. La compra en el exterior de los equipos productivos hacer perder al país gran parte de la dinámica provocada por el crecimiento industrial: no se produce toda la movilización de recursos inducida por la demanda de bienes de capital, ni la destinada a la producción física, ni la destinada a promover nuevas técnicas de producción a la investigación científica relacionada con la industria.
“Los países de grandes dimensiones detentan pues, el monopolio de la fabricación de equipos y el de la investigación aplicada, y comparten con los países pequeños la tarea de producir algunos bienes de consumo. Uruguay, como todo país pequeño, debe producir estos bienes en una situación competitiva desfavorable; en primer término, porque no aprovecha las economías de escala, vale decir, las que resultan por múltiples motivos de producir cada artículo en gran cantidad (distribución de costos fijos, capacidad de adquisición de insumos, dominio de las fuentes de materias primas, etc.), segundo, porque no aprovecha las economías externas, o sea las que derivan de la gran concentración geográfica de actividades económicas, lo cual permite el aprovechamiento en común de algunos bienes y servicios, la organización de actividades complementarias, etc., tercero, porque debe comprar caro la investigación que se cumple en el exterior, cuyo precio se paga incorporando al precio de compra de los equipos o en términos de regalías por el derecho de uso de éstos, cuarto, porque debe adquirir equipos apropiados para los países productores de los mismos pero inadecuados para el nuestro, desde que su empleo supone un elevado porcentaje de capital fijo en el conjunto del capital de la empresa, así como un aprovechamiento incompleto en virtud de que su capacidad de producción es excesiva para nuestro mercado, quinto, porque aquellos monopolios permiten a los países de grandes dimensiones introducir constantes innovaciones en la técnica productiva con el objeto de abaratar sus costos, y dicha innovaciones, aún las que no se apoyan en un aumento de la escala de producción, no pueden ser aplicadas por los países dependientes de la tecnología extranjera sino cuando la autorizan los monopolizadores de ésta.
“Nuestro futuro industrial, no se, en resumidas cuentas, promisor. Este hecho ha sido advertido, desde luego, por nuestros capitalistas y explica que, a partir de 1964, la inversión anual bruta fija en el sector no alcance a la mitad de la efectuada en 1955. Uruguay es más que su industria, pero debido a la importancia estratégica que asumió ésta a partir de la crisis del 30, la decadencia industrial ensombrece el futuro del país entero.
“Debido al estancamiento de la producción pecuaria, al aumento de la población – 1.200.000 habitantes que en 1930 – y al aumento, mayor en proporción, del consumo de productos pecuarios ya no contamos con los saldos exportables que posibilitaron aquella hermosa época, ni se avizora en el horizonte político la proximidad, de ninguna reforma agraria capaz de dinamizar la producción. Ya no disponemos tampoco de una demanda segura como hasta el 30 y quienes proponen la solución de todos los problemas uruguayos a la manera neocelandesa, olvidan a veces advertir que Nueva Zelanda forma parte del Commonwealth, y nosotros no, y que la tendencia al autoabastecimiento se divulga por todos los países europeos.
Ya en el trabajo rural no produce aquel alto porcentaje de plusvalía – en comparación con otros países – pues mientras la tecnología agraria avanzó considerablemente en el extranjero, en el país predominan las formas rutinarias de producción.
“¿Cómo puede un país pequeño evitar los inconvenientes que origina su tamaño? Hoy no parece haber sido una respuesta: integrarse con otros países para formar una unidad económica de tamaño suficiente. En A. Latina esta solución se ve favorecida porque no hay ningún país que alcance la dimensión óptima, ni aún los grandes – Brasil, México, Argentina – pasan a ser como dice Methol, tuertos entre ciegos, todo el continente soporta las consecuencias de la compartimentación colonial. La escala de producción óptima actual exige mercados de 200 millones de habitantes, y hoy las plantas no se diseñan de acuerdo con las medidas de mercado, sino que éste es el que debe adaptarse a aquellas: el Mercado Común Europeo es la prueba de que la realidad técnica económica es capaz de forzar barreras políticas más arraigadas que las de Latinoamérica, para lograr un área de demanda suficientemente extensa. La ALALC, en cuanto intención, constituye el reconocimiento de estos hechos. Pero la ALALC, por ahora, no pasa de ser una buena intención.
“Dada la naturaleza competitiva de sus actividades, los empresarios latinoamericanos saben que la integración acarreará la ruina o la desaparición de muchos, por cuyo motivo la apoyan en cuanto se refiere en la región nuevas actividades industriales, pero, prefieren postergarla en cuanto afecta a las que ya se cumplen.
“¿Quien promoverá pues, la integración latinoamericana? El problema de técnica económica desemboca en uno social y político. Si la actual clase dirigente, la burguesía empresaria de A. Latina, no quiere la integración de las actividades existentes, no basta invocar el pensamiento de nuestros próceres ni la radical unidad de los pueblos del continente, para cumplir dicho proyecto. Sin sustituir a esta clase, atrincherada en los compartimientos coloniales para proteger sus intereses, la integración no parece viable, salvo que sea impuesta desde afuera.
La experiencia del Mercado Común Europeo debiera servir de experiencia, ya que también en el Tratado de Roma se tuvo la esperanza de que se crearía una corporación europea surgida de fusiones que rebasarían fronteras, con verdadera dimensión regional y no nacional, pero esa aspiración no llegó a colmarse, y las empresas internacionales, estadounidenses han asumido gran parte de ese cometido.
“No es ésta la integración que conviene a Latinoamérica, la impuesta desde afuera, para acentuar su dependencia, para racionalizar su explotación por el capitalismo monopólico, ni son los actuales grupos dirigentes latinoamericanos, los que cuidan sus intereses al asociarse de bandera “nacionalistas”, quienes cumplirán la magna empresa.
“El camino de la integración independiente de A. Latina apenas ha sido iniciado, la historia del continente alienado y escindido, a partir de una pura negatividad, está por alcanzar el momento de negar la negación, los pueblos americanos recién comienza a edificar esa primaria y radical unidad que resulta de enfrentar a un enemigo común”.

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