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Yo acuso

Son las 23 horas de una noche calurosa de principios de enero de 1975, estoy aprontando el paquete para llevarle a mi compañero detenido en el Penal de Libertad como preso político; mis padres y mi hijo Marcelo están durmiendo, de repente la puerta de calle pareció estallar con fuertes golpes. ¡¡Abran!!, y seguían los golpes. ¿Quien es? Pregunté. Pero ya lo sabía, me venían a buscar las Fuerzas Conjuntas. Las estaba esperando desde que desaparecieron varios familiares jóvenes de presos políticos. Está detenida, me dijeron, tiene que venir con nosotros, ¡póngase esto! Era una capucha mugrienta, maloliente, que anula, aísla, ahoga y tortura.